El velo de la ignorancia de John Rawls

John Rawls fue quizás el filósofo analítico de mayor renombre en la segunda mitad del siglo XX. Con su velo de la ignorancia pretendía alcanzar unos principios de justicia sobre los que edificar una sociedad equitativa. Imagen de Philosophyink (CC BY-SA 4.0).
El ejercicio del velo de la ignorancia puede realizarse en cualquier momento y por cualquier persona, y siempre llegará, según Rawls, a las mismas decisiones y acuerdos, puesto que las partes «tendrán que escoger aquellos principios con cuyas consecuencias estén dispuestas a vivir». Imagen de Philosophyink (CC BY-SA 4.0).

John Rawls fue uno de los filósofos más influyentes, a la vez que criticado, en el panorama norteamericano del siglo XX. Profesor de filosofía moral y política en diferentes universidades de gran prestigio como Princeton o Harvard, Rawls contribuyó a la tradición liberal con conceptos como el velo de la ignorancia: con él pretendía alcanzar unos principios de justicia sobre los que edificar una sociedad equitativa.

Por Mercedes López Mateo

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Teoría de la justicia, de Rawls (Fondo de Cultura Económica).

El cometido principal de John Rawls (1921-2002) fue, a lo largo de su vida, encontrar una manera de reconciliar la libertad y la igualdad en nuestro sistema político del estado de derecho liberal. A esta idea la denomina habitualmente «justicia como equidad» en su obra más conocida, Teoría de la justicia (1971). Así, partiendo de que todos deberíamos ser libres e iguales, y de que la sociedad debería ser, en consecuencia, justa, se opone a la tendencia mayoritaria del pensamiento político moderno: el utilitarismo.

Si tuviéramos que resumir el utilitarismo en una frase podría ser algo como «la mayor felicidad para el mayor número de personas». Sin embargo, para Rawls, de esta máxima no se deduce que haya también justicia, pues puede darse el caso en el que las preferencias o el bienestar de una mayoría suponga la vulneración de los derechos de una minoría. Por ejemplo, que unos leones se comieran a unos cuantos cristianos en el siglo III d. C. no supondría ningún problema a los utilitaristas, pues el beneficio generado para el entretenimiento de tantos romanos era mucho mayor cuantitativamente.

Pero volviendo a la Teoría de la justicia de Rawls, él mismo en el prefacio del libro admite que «la teoría resultante es de naturaleza sumamente kantiana». «Lo que he tratado de hacer es generalizar y llevar la teoría tradicional del contrato social representada por Locke, Rousseau y Kant, a un nivel más elevado de abstracción». Precisamente en esta línea y como equivalente al estado de naturaleza de los contractualistas, Rawls presenta su «velo de la ignorancia», también llamado posición original.

Principios justos

Lo principal que hay que tener en cuenta a la hora de comprender el velo de la ignorancia que Rawls plantea es su objetivo: el consenso bajo condiciones de igualdad para establecer unos principios justos sobre los que edificar nuestras sociedades. Para lograrlo, Rawls propone el siguiente ejercicio mental de abstracción: supongamos que todas las partes, es decir, todos los individuos que vayan a tomar partido en la toma de decisiones sociales, políticas o económicas, se encuentran bajo un velo de ignorancia.

En un nivel elemental, esto implica que nadie sabe, en la futura sociedad que van a constituir, cuál será su género, clase, raza, ni siquiera cuáles serán sus capacidades intelectuales, motoras o sociales. Sin embargo, las características que desconocen llegan a complicarse mucho más, pues no solo hacen referencia a su identidad: no saben si nacerán en una familia culta, si será o no en Occidente, bajo qué sistema económico de producción o en qué generación y situación medioambiental será.

Para lograr unos principios justos sobre los que edificar nuestras sociedades, Rawls propone el ejercicio mental de abstracción que conocemos como velo de la ignorancia

Por otro lado, aunque la información relacionada con su posición individual esté velada, sí saben ciertos datos básicos sobre la sociedad, necesarios para la toma de decisiones a la que se enfrentan. «Entienden las cuestiones políticas y los principios de la teoría económica; conocen las bases de la organización social y las leyes de la psicología humana. En verdad, se supone que conocen todos los hechos generales que afectan la elección de los principios de justicia». Por supuesto, aquí Rawls parte de la premisa de que existen principios tanto políticos como económicos incuestionables en los que todo el mundo estaría de acuerdo en cualquier circunstancia.

El objetivo de esta ignorancia es evitar la arbitrariedad y las posturas egoístas que busquen únicamente el beneficio propio condicionado por unas características específicas. El ejercicio del velo de la ignorancia puede realizarse en cualquier momento y por cualquier persona, y siempre llegará, según Rawls, a las mismas decisiones y acuerdos, puesto que las partes «tendrán que escoger aquellos principios con cuyas consecuencias estén dispuestas a vivir».

Dos principios de justicia

¿Cómo podríamos saber cuáles son los principios parciales que nos beneficiarían a nosotros y no a otros? La respuesta es sencilla: es imposible. Por esta razón, Rawls explica que el método de elección racional de principios será el de maximizar los niveles mínimos de «bienes primarios» (aquellos que todo individuo desea, ya sean naturales como la salud o sociales como los derechos y los ingresos) para todo el mundo en lugar del principio de utilidad media. Como vimos anteriormente, aunque el utilitarismo pueda lograr un beneficio general, no asegura que ciertos grupos minoritarios o vulnerables no se vean perjudicados y, como no podemos saber si nos encontraremos entre dichos grupos, procuraremos no correr riesgos.

El ejercicio del velo de la ignorancia puede realizarse en cualquier momento y por cualquier persona, y siempre llegará a las mismas decisiones, puesto que las partes «tendrán que escoger aquellos principios con cuyas consecuencias estén dispuestas a vivir»

Para Rawls, siempre que se siga esta lógica, se llegará a los mismos dos principios de justicia como equidad: el principio de libertad y el principio de la diferencia. Según el principio de libertad, todo ciudadano tiene garantizado un sistema de libertades básicas compatibles con unos sistemas iguales para el resto de personas. En cuanto al principio de la diferencia, Rawls no espera que desaparezcan las desigualdades económicas y sociales, siempre y cuando sirvan para beneficiar mayoritariamente a los miembros menos aventajados de la sociedad y se den bajo una igualdad de oportunidades para el acceso a todas las funciones y posiciones de la sociedad.

Críticas

Como toda propuesta popular, no han sido pocas las críticas que el velo de la ignorancia como vía hacia la «justicia como equidad» ha recibido. Además de las manidas críticas libertarias o neoliberales según las cuales no hay mejor regulación de la sociedad que la del «libre» mercado, podemos encontrar algunas muy interesantes a la vez que certeras a la hora de poner a Rawls los pies en la tierra. 

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Black Rights/White Wrongs: The Critique of Racial Liberalism, de Mills (Oxford University Press).

Un ejemplo es la crítica comunitarista de filósofos como Michael Sandel, Charles Taylor o Alasdair MacIntyre. En esta línea existe un rechazo a la decisión tan abstracta que propone Rawls tras el velo, ya que la cultura o nuestra posición territorial son variables relevantes para el proceso. Ciertas características que quedan suspendidas en la posición original de Rawls son determinantes a la hora de configurar la identidad y razón de los individuos. Desde el punto de vista comunitarista, todo individuo nace con unos vínculos dados, ya sea a una gente, cultura o valores de un contexto determinado que en ningún caso elegimos y que da forma a nuestra realidad.

Otros como Charles Mills llevan a cabo una crítica o revisión radical de la teoría rawlsiana para poder aplicarla a la cuestión de la justicia racial. En Black Rights/White Wrongs: The Critique of Racial Liberalism, Mills plantea que Rawls —al igual que toda la tradición de pensamiento liberal—, al estar inmerso en la supremacía blanca, ha pasado por alto con facilidad la importancia de la sociología en la teorización moral y política. Para Mills, el tránsito de una supuesta sociedad ideal abstracta a nuestra sociedad real, sustentada durante siglos en la esclavitud y aún en el racismo, no es posible si la justicia racial sigue viéndose como una cuestión tangencial. De este modo, el velo de la ignorancia sigue sustentando «el mito contractual general de que el Estado imparcial fue creado de forma consensuada por personas con derechos recíprocos».

Para la tradición comunitarista, ciertas características que quedan suspendidas en la posición original de Rawls son determinantes a la hora de configurar la identidad y razón de los individuos

El número de filósofos, teóricos políticos y economistas que han puesto en cuestión alguno de los elementos o premisas de la Teoría de la justicia son muchos y conocidos: Jürgen Habermas, Martha Nussbaum, Amartya Sen, Kenneth Arrow… Rawls hizo numerosas revisiones después de los años 70 atendiendo a muchas de esas críticas, pero, en definitiva, todo ello apunta al que fue su mayor logro: la reavivación del liberalismo en la segunda mitad del siglo XX.

Durante la década de 1960, el liberalismo comenzó a sufrir una crisis de credibilidad como discurso filosófico capaz de afrontar los retos sociopolíticos que se estaban produciendo en el marco de la Guerra Fría. Frente a la desigualdad, el individualismo y los vacíos de la representatividad política de su época, la Teoría de la justicia y su velo de la ignorancia volvieron a abrir el debate por la justicia como base del orden político, también en el Estado liberal.

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