El tiempo es oro, o la vida de Benjamin Franklin

Benjamin Franklin: de la fábrica de velas y jabones a los billetes de 100 $
Benjamin Franklin: de la fábrica de velas y jabones a los billetes de 100 $.

Hizo de todo. Así de sencillo. La vida del inventor, político, periodista, impresor y pensador estadounidense Benjamin Franklin es la envidia de cualquiera. Se dedicó a tantas áreas y tuvo tanto éxito que no podemos menos que admirar la capacidad de este hombre, que ascendió desde lo más bajo hasta convertirse en una de las referencias ineludibles de la historia norteamericana.

Por Jaime Fdez-Blanco Inclán

Ben Franklin es probablemente uno de los mejores referentes de vida que uno puede tener como modelo. Entendió rápidamente que el tiempo es oro y que con inteligencia, prudencia y esfuerzo uno podía lograr lo que fuera. Supo moverse en las arenas de la política y en las empresariales, sin dejar de lado sus inquietudes personales y su ansia de conocimiento. El resultado fue una vida para enmarcar, aprovechada al máximo pero siempre desde la guía de la razón.

Benjamin Franklin nació en Boston, Estados Unidos, en 1706. Hijo de Josiah Franklin y Abiah Folger, fue el decimoquinto hijo de los 17 que tuvo el matrimonio. En contra de lo que uno pudiera pensar, visto su futuro, el pequeño no gozó de una buena educación, sino de una más bien básica en el South Grammar School, que abandonaría a los 10 años para ponerse a trabajar con su padre en su fábrica de velas y jabones. No sería ese su único empleo, pues trabajaría también como marino, carpintero, albañil, tornero… El joven Franklin probó de todo hasta que encontró su vocación, o al menos una de las muchas que tendría a lo largo de su vida: aprendiz en la imprenta de su hermano James.

De la mano de su hermano llegaron también los primeros escritos publicados, ya que James sería quien fundó el New England Currant, el primero de los diarios independientes de las colonias americanas. Y para él creó Franklin el seudónimo Silence dogwood (el entrometido silencioso), cuyos artículos serían muy críticos con la política y la moral de los –aún no nacidos– Estados Unidos de América.

El joven emprendedor

“El almanaque del pobre Richard”, de Benjamin Franklin (Forgotten Books).

No obstante, Franklin era demasiado ambicioso para vivir a la sombra de su hermano. Dotado de una inteligencia viva y unas rutinas de trabajo muy marcadas (como llegar el primero y ser el último en marcharse, o no malgastar el tiempo y el dinero), era su intención establecerse con su propia imprenta. Para ello se marchó a Filadelfia en 1923, aunque decidió un año después trasladarse a Inglaterra una temporada, con el fin de mejorar su formación. De allí regresó en 1926, dedicándose a la administración mientras fraguaba sus planes. En 1927 funda el club intelectual Junto, y un año después, su propia imprenta con un contrato de verdadero lujo: imprimir el papel moneda de las colonias norteamericanas. Como le sobraba el tiempo, aprovechó para casarse con Deborah Read (con quien tuvo 3 hijos) y comprar el periódico Pennsylvania Gazette.

En esos años, Franklin también se hizo famoso escribiendo el Almanaque del pobre Richard, una especie de magazine en la que el autor incluía máximas, consejos de vida, pasatiempos, problemas matemáticos, etc. Todo cabía en la pequeña publicación, cuyo rasgo más característico era la fina ironía que Franklin conseguía transmitir a sus páginas. Además, comenzó a escribir ensayos, como su Disertación sobre la libertad y la necesidad, el placer y el dolor.

Una existencia prolífica

La vida de Ben Franklin no puede entenderse sin la cantidad de proyectos que emprendió. En 1731 decide colaborar en la creación de la Biblioteca Pública de Filadelfia, además de hacerse miembro de la masonería. Unos años después, en 1736, le da por crear la Union Fire, el primer cuerpo de bomberos voluntarios de América, siendo también ese año cuando decide entrar en las arenas de la política, como miembro de la Asamblea General de Filadelfia.

Franklin fue una imparable fuerza de la naturaleza

Con el aumento de la tensión, crea la milicia voluntaria de la ciudad y decide embarcarse de nuevo hacia Europa con el fin de defender la independencia de los Estados Unidos en suelo inglés. No será su única labor política, pues también viajó a Francia como representante oficial de Estados Unidos, donde firmó el tratado de libre comercio y consiguió el cargo de ministro, firmando el tratado de París que ponía fin a la guerra de independencia americana. Y, por si fuera poco, entre medias, fue uno de los colaboradores de la Declaración de Independencia de 1776 y la Constitución de los Estados Unidos de América (centrada en el derecho de los ciudadanos a cuidarse del poder, un hito para la historia) en el 87, cuando fundará la Sociedad para Promover la Abolición de la Esclavitud. Franklin se interesaba por todo y todos, sin perder nunca la oportunidad.

Un científico aficionado

La energía de Franklin para alcanzar sus objetivos era realmente increíble. Era una fuerza de la naturaleza. A todas sus labores profesionales hay que añadir su principal afición, la ciencia. En la década de los 60 recorrió el noreste de EE. UU. para mejorar el sistema de correos (terminaría siendo el primer director general del servicio de correos del país). Sus estudios sobre la electricidad le llevaron a la invención del pararrayos y, debido a sus problemas de visión, terminó interesándose por la óptica, que dio su fruto cuando inventó las lentes bifocales (para no tener que cambiarse de gafas cada vez que miraba cerca o lejos). Además, de su mente salió el horno Franklin (una especie de estufa, más segura que las chimeneas tradicionales), el humidificador, el catéter urinario flexible (para la enfermedad de su hermano John), el cuentakilómetros, las aletas para nadar y la armónica de cristal. ¡Ah!, y fue el primero en describir la corriente marina del golfo.

“Cuando reflexiono, cosa que hago frecuentemente, sobre la felicidad que he disfrutado, a veces me digo para mí mismo que si se me ofreciera de nuevo la misma vida, volvería a vivirla de principio a fin. Todo lo que pediría sería el privilegio de corregir en esa segunda edición algunos errores de la primera.” Benjamin Franklin

Filosofía para el día a día

“Autobiografía de un hombre feliz”, de Benjamin Franklin (Editorial Taller de éxito).

Franklin murió en 1790 a causa de una pleuritis, poniendo punto y final a una carrera llena de éxitos. Pocas veces la historia nos ha brindado un ejemplo mejor de una vida vivida al máximo y mejor aprovechada. Fue un hombre feliz –como declara en su Autobiografía, uno de las más atractivas y ejemplares obras de este género– que supo vivir con pasión alcanzando sus metas en todos los campos que afrontó. Franklin dedicó a “algo” cada instante de su vida.

La filosofía que siempre guió a Franklin puede resumirse en una sola palabra: pragmatismo. No tal y como la entiende la corriente filosófica del mismo nombre (fundada por Charles Sanders Peirce), pero sí en lo que se refiere a la vida diaria. Más allá de postulados y metodología, lo que este fundador de EE. UU. persiguió durante toda su vida era la absorción de virtudes que le ayudaran a encontrar la felicidad, de manera que se esmeró en buscar aquellas que le daban los resultados que deseaba.

Como explica en sus obras, se marcaba varias virtudes a alcanzar (templanza, ahorro, iniciativa…) y trabajaba a diario para mejorar en todos los aspectos, por pequeño que fuera el avance. Fue también capaz de analizar su contexto histórico y sus consecuencias más allá de cualquier dogmatismo, pensando siempre en cuáles serían los resultados de dichas aplicaciones. En definitiva, Franklin fue lo más parecido a un utilitarista, a la manera de Jeremy Bentham y John Stuart Stuart Mill, aunque es poco probable que él mismo se refiriera así a la filosofía que rigió su vida. No obstante, sus ideas en torno al bien común, a la consecución de los propios objetivos como manera de alcanzar una vida feliz, el equilibrio entre placer y dolor y la prudencia en todos los aspectos de la vida, son recurrentes tanto en la filosofía de Franklin como en la de los filósofos ingleses.

Su vida es el ejemplo perfecto de que, cuando se quiere, se puede

De una manera u otra, consiguió dedicar tiempo y esfuerzo a todos los campos que le interesaron, dándole a cada uno la puntada necesaria para sacarlo a flote. Benjamin Franklin es el ejemplo perfecto de que, cuando se quiere, se puede. Ajeno a la rigidez de normas y métodos fue capaz de enfrentar la realidad y adaptarse a la misma, en lugar de cerrarse en banda frente a ella. Y al final hasta consiguió poner su cara en el billete de más cuantía de su propio país… No está mal para un aprendiz de impresor, ¿verdad?

9 citas de Franklin muy rotundas 

  1. “De aquel que opina que el dinero puede conseguirlo todo cabe sospechar que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”
  2. “Los faros son más útiles que las iglesias”
  3. “En este mundo solo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos”
  4. “Aquellos que renuncian a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad no merecen ni la una ni la otra”
  5. “Es mejor acostarse con hambre que despertarse con deudas”
  6. “La constancia obtiene las cosas más difíciles en poco tiempo”
  7. “Dime y lo olvido. Enséñame y lo recuerdo. Involúcrame y lo aprendo”
  8. “La pereza anda tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla”
  9. “¿Amas la vida? No desperdicies entonces el tiempo, pues es el material del que está hecha”

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