Sorolla, a todas luces

Sol de tarde, de Joaquín Sorolla (1903). Hispanic Society of America (Nueva York).
Sol de tarde, de Joaquín Sorolla (1903). Hispanic Society of America (Nueva York).

Sorolla, uno de los pintores más célebres de la historia del arte español, no parece cansar jamás al público. El pintor del sol y la luz se ha ganado por méritos propios un hueco entre los más grandes de la pintura de los últimos siglos, algo que acompañó con una fama en vida que pocos lograron. La National Gallery de Londres le dedica ahora una gran exposición.

Por Jaime Fdez-Blanco Inclán

No han existido en España muchos pintores con el éxito de Joaquín Sorolla. Con 40 años, era ya una figura de fama internacional con un prestigio y unas críticas como nunca se habían conocido en nuestro país. Hablar de Sorolla no es solo hablar de arte, técnica y estilo pictórico; es hablar del artista como actor social, la fama como componente de estatus y la pintura como negocio total.

Nacido en Valencia en 1863, Joaquín Sorolla y Bastida se quedó huérfano muy pronto. Fue criado por sus tíos, que pronto tuvieron la certeza de que tenía una enorme vocación artística, encaminando hacía allí su formación. Estudiante de Bellas Artes, presentó distintas obras de corte realista a diversas exposiciones y certámenes tanto provinciales como nacionales, animado principalmente por quien fuera su profesor y maestro, Gonzalo Salvá, quien le motivó para que fijara una de las principales características de su pintura: la técnica al aire libre.

Formación en Italia y París

Clotilde en la playa, de Joaquín Sorolla (1904). Colección Museo Sorolla.
Clotilde en la playa, de Joaquín Sorolla (1904). Colección Museo Sorolla.

En 1884, Sorolla obtuvo su segunda medalla en la exposición nacional de Bellas Artes, lo que le dio la posibilidad de gozar de una beca en Italia, costeada por la Diputación Valenciana. Una oportunidad de oro para el joven Joaquín, que aprovecha la estancia para empaparse de conocimientos en la cuna del arte europeo mientras recorre el país aprendiendo nuevas técnicas e investigando obras y autores. Viaja también a París, donde se acercará al naturalismo. A su vuelta, tres años después, forma una familia con su esposa Clotilde García del Castillo, con quien tendría tres hijos.

Justo entonces comienza su eclosión como uno de los grandes pintores de la época, cuando empieza a plasmar escenas y ambientes típicos de su tierra, Valencia. Influenciado por José Belliure y Gil, su trabajo se volverá francamente costumbrista, hasta el punto de que terminará siendo la nota dominante de su producción pictórica y el aspecto más conocido de toda su obra.

Tras viajar a la exposición universal de París, adapta a su estilo costumbrista el luminismo de pintores nórdicos, pero sin cerrarse a otros estilos que considera poderosos, como el realismo social. Cada uno le reportará algo en determinados momentos: del primero nacerá su primer gran éxito internacional, La vuelta de pesca (1835), y con el segundo cosecha varias medallas y menciones de honor que pondrán de manifiesto su tremendo potencial, que pronto alcanzará el culmen de su pintura.

Con 40 años, era una figura de fama internacional con un prestigio y unas críticas como nunca se habían conocido en España

Epistolarios I, de Joaquín Sorolla (Anthropos).
Epistolarios I, de Joaquín Sorolla (Anthropos).

En la exposición universal de París de 1900 consigue el Grand Prix de los pabellones español y lusitano con su pintura Triste herencia, fiel reflejo de lo que empieza a ser ya un estilo propio con pinturas altamente perceptivas y de rápida ejecución, que captan magistralmente todos los matices de la luz, tema de gran interés para Sorolla y del que se hacen eco, en la misma época, algunos de los diferentes ismos. Es en esa época cuando las imágenes de marinas, tan típicas de su primera producción, dan paso a sus famosas escenas de playa, quizá las más reconocibles de toda su obra.

Pero Joaquín Sorolla se niega a encasillarse. Tontea con otros paisajes naturales y ambientes urbanos, como sus jardines andaluces. Obras, todas ellas, que buscan lo mismo: transmitir al espectador la esencia de la tierra que el autor pisa.

Una superestrella de la pintura

Con los primeros amaneceres del siglo XX, la fama de Joaquín Sorolla despega con toda su fuerza. Los pedidos y las exposiciones son habituales. Sus retratos se convierten en una gran fuente de ingresos para él, pero el caché de superestrella llega con las exposiciones individuales a nivel internacional: París, en Francia, 1906; Berlín, Dusseldorf y Colonia, en Alemania, en 1907; Londres, en Inglaterra, en 1908; Nueva York, Búfalo y Boston, en Estados Unidos, en 1909, y Chicago y San Louis, en 1911. Todas ellas convierten a Sorolla en un autor consagrado y admirado en todo el mundo, como demuestran sus fantásticas críticas y el éxito de sus exposiciones (especialmente las de Nueva York y París), clamoroso desde todos los puntos de vista.

El costumbrismo es la nota dominante de la obra de Sorolla, pero no se cerró a otros estilos

Conquistado el mundo, Sorolla se embarca en otro proyecto singular. En 1911, llega a un acuerdo con la Hispanic Society of America (Nueva York), con la que se compromete a pintar 14 murales para decorar la institución. ¿El tema? Su favorito: España. Sus costumbres, sus gentes, su ambiente, su cultura y su folclore. Sorolla acepta el enorme proyecto y volcará en él todo su genio. Ocho años de duro trabajo, recorriendo y retratando España para describir en los lienzos la realidad desconocida de su patria, que contiene para él todo lo bueno y lo malo que hay en el ser humano.

Este será el último gran proyecto en el que se embarque, pues en 1920 el pintor sufre una hemiplejia que le hace imposible seguir pintando. Poco a poco Sorolla y su salud se van consumiendo, hasta su último suspiro el 10 de agosto de 1923, cuando muere en la localidad de Cercedilla –al pie de la madrileña Sierra de Guadarrama–, donde la calle en la que se ubicaba la casa familiar lleva hoy su nombre.

Retrospectiva de un genio

Desde el pasado 18 de marzo y hasta el 7 de julio, la National Gallery de Londres, en colaboración con la National Gallery of Ireland y el Museo Sorolla de Madrid, presenta una de las mejores exposiciones que se han hecho del pintor valenciano en las últimas décadas.

Sorolla, maestro español de la luz reúne sesenta obras del artista (veintiséis del Museo español), con algunas de sus grandes obras maestras, divididas en varios bloques temáticos: retratos, certámenes internacionales, visiones del mar, paisajes y jardines y los encargos que realizó para la Hispanic Society of America.

Se trata de la primera gran retrospectiva en torno al pintor español que se realiza en el Reino Unido en más de un siglo, y una oportunidad única para conocer los entresijos de la vida y obra de uno de los grandes pintores de finales del XIX y principios del XX.

Exposición Sorolla, maestro español de la luz
The National Gallery, Londres
Hasta el 7 de julio de 2019

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