San Agustín, el mal y Theon Greyjoy

El Kraken, propio de la mitología escandinava, es el símbolo de la casa Greyjoy, de la que Theon es el último heredero varón.
El Kraken, propio de la mitología escandinava, es el símbolo de la casa Greyjoy, de la que Theon es el último heredero varón.

«La noche es oscura… y alberga SPOILERS», que dirían nuestros colegas de La Constante. Miguel Antón Moreno nos ofrece una curiosa lectura del fenómeno Juego de tronos en donde la maldad, el sufrimiento y la épica se funden con el pensamiento de San Agustín de Hipona. Pero, ¡CUIDADO!, porque para ello el autor destripa algunas de las tramas más interesantes del universo creado por George R. R. Martin, así que si no estás al día con la última temporada de la serie, no sigas leyendo; apárcalo hasta que la veas. ¡Estás avisado! El resto, disfrutad.

Por Miguel Antón Moreno

Canción de hielo y fuego/ I: Juego de tronos, de George R. R. Martin (Gigamesh).
Canción de hielo y fuego/ I: Juego de tronos, de George R. R. Martin (Gigamesh).

Probablemente cuando George R. R. Martin creó la saga Canción de hielo y fuego –concretamente su primer libro, Juego de tronos–, el autor norteamericano no se hacía una idea del impacto que su obra literaria y la posterior serie de televisión tendrían. Hoy, Juego de tronos es una de las grandes gestas televisivas de la historia, con un universo que ha enamorado a millones de personas en todo el planeta. Un universo que, tras ocho largos años, acaba de poner su punto final.

Una de las claves del apabullante éxito de esta saga radica en la perfección de sus personajes. Martin –al igual que los creadores de las serie televisiva, David Benioff y D. V. Weiss– consiguió dotar a estos de una profundidad tremenda y una personalidad única, lo que, unido a una trama sólida, bien asentada sobre unos principios morales concretos, era imprescindible para crear un universo que funcionase correctamente. Y para elaborar esos principios tiene que haber detrás el componente que a nosotros nos interesa: filosofía. Y el ojo bien entrenado puede encontrarla a raudales en esta obra, concretamente en un personaje.

«Lo que está muerto no puede morir»

De todos ellos, Theon Greyjoy es sin duda uno de los personajes de Juego de tronos que sufre más calamidades a lo largo de la trama. De niño lo alejan de su hogar, las Islas del Hierro, para ser educado por Ned Stark en Invernalia, donde, a pesar de ser tratado como uno más de sus hijos, jamás llega a sentirse del todo integrado. Esto es algo que Tyrion Lannister se encarga de recordarle en su primer encuentro, con una hiriente perspicacia, refiriéndose a él como «el escudero de sus enemigos». Cuando Theon regresa a su tierra, su padre lo recibe con una frialdad desmedida y una clara decepción, algo a lo que se suma la humillación de haber intentado seducir (sin saberlo) a su propia hermana.

«Actúas como si me hubiera ido por propia voluntad. Tú me entregaste, ¿recuerdas? El día que hincaste la rodilla ante Robert Baratheon […] (su padre, Balon, lo abofetea) ¡Tú me entregaste! ¡A tu hijo… tu último hijo! ¡Me entregaste como si fuera un perro que ya no querías! ¿¡Y ahora me maldices por volver a casa!?».

Sintiéndose en tierra de nadie, su vida se convierte en una continua búsqueda de hogar y aprobación de los demás. En ese intento, el desgraciado Theon comete toda una serie de atrocidades que, recordemos, van desde la injusta y sucia ejecución del noble Rodrik Cassel a la quema de dos críos inocentes para hacerlos pasar por los niños Stark. Cuando es capturado por el sádico Ramsey Bolton, los espectadores nos llegamos a sentir aliviados con las desgracias que comienza a sufrir el joven Greyjoy, considerándolas incluso una forma de justicia. Pero cuando el bastardo Bolton muestra su cara más diabólica con las mutilaciones y los juegos psicológicos para aniquilar la personalidad de Theon y convertirlo en Hediondo, nos es imposible no compadecernos de su triste figura.

Cuando es capturado por el sádico Ramsey Bolton, los espectadores nos llegamos a sentir aliviados con las desgracias que comienza a sufrir el joven Greyjoy, considerándolas incluso una forma de justicia

Habiendo hecho este pequeño repaso de su vida, nos es fácil señalar a Theon como ejemplo paradigmático de la idea de mal en San Agustín de Hipona. En su obra De libero arbitrio, el padre de la Iglesia católica plantea, en forma de diálogo y como respuesta a la pregunta formulada por Evodio, que hay dos maneras generales de entender el mal:

«Uno, cuando decimos que alguien ha obrado mal; otro, cuando afirmamos que alguien ha sufrido algún mal».

El primero se ha denominado tradicionalmente «mal moral», y el segundo «mal físico». Como vemos, Theon Greyjoy encarna a la perfección estas dos nociones, ya que, por una parte, fue el responsable del sufrimiento y la muerte de inocentes, y por otra, el sufridor de las mayores desgracias que uno puede imaginarse. Incluso en términos biográficos podemos encontrar similitudes. San Agustín, en sus Confesiones, declara lo que sigue:

«Desde los diecinueve de mi edad hasta los veintiocho viví engañado y engañando a otros; y entre la variedad de mis deseos y apetitos, tan pronto era engañado como engañador […] siendo allí soberbio, aquí supersticioso, y en todas partes vano. Por una parte seguía continuamente el humo y aire de la gloria popular, queriendo llevarme siempre los aplausos del teatro, y ser preferido a todos los demás competidores y llevarme las despreciables coronas con que eran premiados los que salían vencedores en las contiendas de ingenio, y finalmente, sobresalir en las locuras de los espectáculos y en la destemplanza de los apetitos, y por otra parte deseando purificarme de todas estas manchas […] Y ¿qué es cualquier hombre, sea el que fuere, si al fin no es más que un hombre? Pues búrlense de mí en hora buena esos espíritus fuertes y poderosos».

«Theon no… Hediondo»

Juego de tronos y la filosofía, de W. Irwin y H. Jacoby (Roca).
Juego de tronos y la filosofía, de W. Irwin y H. Jacoby (Roca).

Ante estas palabras de San Agustín, refiriéndose siempre a él mismo, recordemos que Balon Greyjoy, el padre de Theon, rechaza ayudar a su hijo cuando es criado/prisionero mutilado del sádico Ramsey, diciendo con dureza que «ya no es un hombre».

Una de las motivaciones de San Agustín para escribir La ciudad de Dios fue precisamente la de encontrar un propósito ante el sufrimiento del mundo, en un intento de dar respuesta al grito de angustia del salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Como él mismo reconoce, la obsesión por el problema del mal fue lo que le hizo caer en la herejía de los maniqueos, secta en la que se postulaba la lucha eterna entre los dos principios rectores del universo, opuestos entre sí, el bien y el mal, representados alegóricamente como la luz y las tinieblas. San Agustín, convertido ya al cristianismo, defiende el libre albedrío, y con ello que el ser humano es dueño de sus malos actos, pues le resulta inadmisible plantear que Dios pueda ejercer el mal de modo alguno. Ahora bien, ¿cómo puede ser posible que el mal provenga de las decisiones libres de las personas y no de Dios, si este es su creador y el que les proporciona la facultad de ejercer el mal? Él mismo se encarga de plantear el problema:

«Pero quisiera me dijeras si el mismo libre albedrío, del que estamos convencidos que trae su origen el poder pecar, ha podido sernos dado por aquel que nos hizo. Porque parece indudable que jamás hubiéramos pecado si no lo tuviéramos, y es de temer que por esta razón pueda ser Dios considerado como el verdadero autor de nuestros pecados».

¿Es Theon Greyjoy el responsable del mal que comete o la culpa recae en realidad sobre el Dios Ahogado, la divinidad a la que veneran en la Isla de Hierro? Lo que San Agustín diría es que la acción de su Dios no sería justa si no permitiese las acciones libres de los hombres. La divinidad, para San Agustín, no solamente es infinitamente buena, sino que también es infinitamente justa, y no podría serlo si no castigase a aquellos que han cometido injusticias. De este modo, la justicia no podría impartirse en caso de no concederse antes el libre albedrío, porque entonces nadie merecería la gloria, en tanto que no se la habría ganado. Así, a través de la libertad, nos la podremos ganar, o al contrario, desmerecerla. Sin libre voluntad el ser humano no podría ejercer la justicia y el bien, y por eso es necesaria la libertad para que puedan darse, aun con el inconveniente de que en el ejercicio de ese libre albedrío las personas puedan cometer injusticias. En palabras de San Agustín: «Porque no sería ni pecado ni obra buena lo que se hiciera sin voluntad libre». Ante la objeción que se puede plantear a continuación, es decir, si no hubiera sido mejor que pudiésemos elegir únicamente lo bueno, San Agustín apunta que esto sería caer en contradicción y volver de nuevo al anterior problema, pues ya se había reconocido anteriormente que era necesario estar dotados de la capacidad de elegir libremente entre lo bueno y lo malo para que las acciones fuesen verdaderamente justas.

San Agustín defiende el libre albedrío, y, con ello, que el ser humano es dueño de sus malos actos, pues resulta inadmisible plantear que Dios pueda ejercer el mal de modo alguno

«Eres un buen hombre»

Confesiones, de Agustín de Hipona (Alianza).
Confesiones, de Agustín de Hipona (Alianza).

Con todo, parece que nos es imposible salvar el problema cuando nos acordamos de que Theon quemó a dos niños inocentes, o al recordar las penurias que tuvo que soportar siendo prisionero de Ramsey. Ante el sufrimiento innegable que acontece en el mundo, la respuesta de San Agustín es afirmar que no existen males como tal, sino que, en realidad, aquello que identificamos con el mal es un bien menor, una carencia de bien, necesaria para el cumplimiento de un bien supremo. En el caso de Theon, el bien mayor que justifica todos los males anteriores es obvio. Bran Stark, es protegido hasta el último momento por Theon, que lucha con valor para salvarle la vida. Cuando Theon pretende disculparse, Bran lo interrumpe diciendo que todo lo que hizo lo trajo hasta donde está ahora, donde debes estar, le asegura. De esa forma, con todas sus luces y sus oscuridades, Theon queda absuelto antes de dar un último suspiro ante la mirada inevitable del Rey de la Noche, tras haber escuchado unas últimas palabras: Eres un buen hombre. Gracias.

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