Rousseau siente, luego existe

"Ensoñaciones de un paseante solitario", de Rousseau. Editorial Plaza y Valdés.

En esta obra, Rousseau y sus ensoñaciones. Ensoñaciones de un paseante solitario y otros escritos autobiográficos (Plaza y Valdés), encontramos una semblanza sincera de uno de los autores más influyentes de la modernidad. Un libro perfecto para acercarse por primera vez al filósofo suizo.

Por Jaime Fdez-Blanco

Si de algo está plagada la Ilustración es de nombres famosos que ofrecieron un nuevo modo de pensar. Sabios que se atrevieron a olvidar pensamientos rancios y poner en marcha su razón como principal herramienta para sacar todo el partido posible del hombre. De entre todos ellos, una de sus más destacadas figuras fue Jean-Jacques Rousseau.

El maestro de la paradoja

Mientras que otra de las grandes figuras del período era el rey de la ironía y la chanza hiriente contra sus enemigos (Voltaire), Rousseau se desmarcó como el maestro de la paradoja. Y es que la vida y la obra de este hombre fueron, ante todo, un campo sembrado de fracasos y descalabros sociales.

A Rousseau le hubiera gustado ser un aventurero seductor al estilo de Giacomo Casanova, y sin embargo, sus fantasías eróticas nunca fueron más allá de su imaginación literaria. También le hubiera gustado ejercer de padre amante, pero sus cinco hijos terminaron en la “antigua casa de expósitos”, es decir, en el orfanato. Y, pese a su vocación musical (de hecho, compuso algunas obras), nunca fue reconocido en este aspecto.

La vida de Rousseau fue un campo de fracasos y descalabros sociales

"Rousseau y sus ensoñaciones", editorial Plaza y Valdés.
“Rousseau y sus ensoñaciones”, editorial Plaza y Valdés.

Pero, ante todo, lo que más deseaba Jean-Jacques era ser un hombre popular, querido y con muchos amigos. Y, salvo Diderot tal vez, nunca fue capaz de conseguirlo. Muy al contrario, terminó por convertirse en un hombre paranoico y lleno de rencor que decidió encerrarse en sí mismo, a pesar de que, como dice en estas páginas, era el hombre más sociable y afectuoso del mundo… hasta que todos aquellos que apreciaba le volvieron la espalda o le apuñalaron por ella. Causa o consecuencia, lo cierto es que Rousseau terminó tomándose a sí mismo como objeto de estudio, de ahí que buena parte de su obra sea autobiográfica, como demuestran los 12 tomos de la misma.

A lo largo de sus paseos, Rousseau aborda diferentes tema, compartiendo con nosotros sus reflexiones y opiniones. Un buen ejemplo sería el capítulo Esperanza, en el que Jean-Jacques nos asegura que la vida no le dejó otra opción que renunciar a ella, habiendo de someterse a su destino sin seguir forcejeando contra la necesidad. Durante los años que confió en poder comunicarse con una generación mejor aún por venir, se sintió indefectiblemente sometido al sobresalto de las pasiones, por lo que terminó abandonando y dejándose llevar por el destino. Y ahí es cuando entra en juego la desesperanza: con ella nadie puede dominarlo. Comprendió que los males imaginados son peores que los reales y que la expectativa es cien veces peor que el presente. Así, sin esperanza, encontró algo de paz, pues como nadie podía empeorar su estado, se encontró totalmente a salvo de la inquietud que el deseo le había generado siempre.

¿Racionalista o romántico?

La palabras de Rousseau son importantes porque se trata sin duda de uno de los personajes más influyentes y representativos de la modernidad. Será uno de los pocos ejemplos intelectuales que no perdieron ocasión de disputarse tanto los racionalistas (el mismísimo Kant se proclamará discípulo suyo) como los románticos. En este último caso porque no existió otra figura de la Ilustración que otorgase mayor valor a los sentimientos (ni siquiera Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales).

Rousseau asegura que la vida no le dejó otra opción que renunciar a ella

La premisa de Rousseau, y puede que también su gran problema, fue la de “siento, luego existo”, giro copernicano total con respecto al “pienso, luego existo” cartesiano y que tanto afectó a su existencia. Como él mismo relata en otro capítulo, Libertad, por mucho que decenas de filósofos hablaran del autocontrol de las pasiones y del dominio de uno mismo, a él siempre le fue difícil –por no decir imposible– actuar de manera contraria a sus sentimientos y convicciones. Un antiguo Freud que, si bien valora y respeta el papel que juega la razón en el alma humana, no niega el peso que los sentimientos tienen a la hora de moldear nuestra vida y la imposibilidad/riesgo de reprimirlos.

Existen otras obras más detalladas sobre la vida de Rousseau, como su monumental Confesiones, pero la mayoría se trata de libros más bien densos y excesivamente largos, por lo que estas Ensoñaciones nos ofrecen una visión más nítida y cercana. Una excusa perfecta para conocer y familiarizarnos con el filósofo “marginado” de la Ilustración.

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