«La distinción entre razón y pasión surge con el inicio de la propia filosofía», nos dice el profesor Eduardo Infante. «Ser filósofo implicaba vivir filosóficamente y esta forma peculiar de existencia significaba, entre otras cosas, un autodominio de las pasiones por la razón. En este sentido, podríamos decir que la división es connatural, pero que el gobierno racional de las pasiones es una construcción artificial que exige un entrenamiento y un esfuerzo constante». © Ana Yael.
«La distinción entre razón y pasión surge con el inicio de la propia filosofía», nos dice el profesor Eduardo Infante. «Ser filósofo implicaba vivir filosóficamente y esta forma peculiar de existencia significaba, entre otras cosas, un autodominio de las pasiones por la razón. En este sentido, podríamos decir que la división es connatural, pero que el gobierno racional de las pasiones es una construcción artificial que exige un entrenamiento y un esfuerzo constante». © Ana Yael.

Razón y pasión constituyen dos polos fundamentales de nuestra naturaleza. Sin embargo, la racionalidad se asoció desde muy temprano con nuestra vertiente más humana, mientras que la pasión (o emotividad) pasó a convertirse en una enemiga a la que había que frenar, reprender e incluso combatir. Repasamos en este dosier algunas de las posturas teóricas más relevantes para entender esta dicotomía que, quizá, no haya que considerar desde la oposición, sino desde la complementariedad.

La historia de la filosofía nos ha malacostumbrado a pensar bajo el (cómodo) paraguas de dicotomías cuyos elementos resultan excluyentes: cuerpo y alma, palabra y pensamiento, acción y reflexión… o razón y pasión. Estas parejas se han vehiculado, en ocasiones, como componentes separados y bien diferenciados, de entre los cuales hay que decantarse por uno de ellos: es decir, «o» somos animales racionales «o» somos animales pasionales, eminentemente emotivos. Otras veces, la mayor parte de ellas, tales duplicidades se han desarrollado para describir la complejidad de lo humano, en cuyo caso ya no hay que decantarse por uno de aquellos elementos, sino saber alinearlos, enfrentarlos y complementarlos de manera conveniente y saludable.

Es lo que ocurre con la razón y la pasión. Quizá esta distinción tenga su origen en la radical oposición que se creó, desde muy pronto, entre humanos y animales no humanos como seres pertenecientes a dos mundos diametralmente opuestos. Aristóteles es aquí el precursor a tener en cuenta, cuando puso sobre la mesa observaciones del comportamiento de los animales y nos definió como el único «animal racional», aunque ya antes Sócrates, con su moral intelectualista, defendió que solo el ser humano puede distinguir entre lo bueno y lo malo gracias al conocimiento racional.

Nietzsche.
Lechuza.

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1 COMENTARIO

  1. Existe un exelente libro llamado “TRATADO DE LAS PASIONES” de Carlos Gurmendez, filologo y filosofo, basa su libro en las obras literarias que han sido iconos de la literatura, las pasiones son sentimientos humanos llevados al extremo, por lo que se convierten en UNA PATOLOGIA, por lo que se requiere la educación humanista para racionalizar los sentimientoss.

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