Quino, un dibujante y humorista con alma de filósofo

El dibujante y humorista gráfico argentino ha muerto a los 88 años

Quino, humorista gráfico e historietista argentino, dedicando un libro en 2004 en París. Imagen distribuida por Wikimedia Commons bajo licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 2.5 Genérica (CC BY-SA 2.5).
Quino, humorista gráfico e historietista argentino, dedicando un libro en 2004 en París. Imagen distribuida por Wikimedia Commons bajo licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 2.5 Genérica (CC BY-SA 2.5). Autor: ByB (Bruno Barral) at fr.wikipedia.

En enero de 2019 publicamos en Filosofía&co. un dosier sobre filosofía y humor. La tercera parte de ese dosier, Humoristas que parecen filósofos (y filósofos que parecen humoristas)comienza hablando de Mafalda y su creador, Quino, que ha muerto a los 88 años. Recuperamos aquí el inicio de ese texto como homenaje y recuerdo al dibujante y pensador argentino. 

«¿Qué es la filosofía, papá?», le pregunta Mafalda a su padre después de llevarle agua y ponerle una mesita delante para que se tome su tiempo en la explicación cómodamente sentado en su butaca. Ella se prepara para escuchar sentada en una silla. La niña ya intuye que la cosa no va a ser fácil ni rápida. Pero la respuesta, ay, va a resultar aún más larga y difícil de lo que ella esperaba. En la siguiente viñeta, Mafalda le comenta a su amigo Felipe (el espíritu imaginativo, soñador, aventurero, infantil), de visita en su casa: «Ayer le pedí a mi papá que me explicara qué es la filosofía». «¿Y?», le pregunta Felipe. Pero Felipe ya no necesita una respuesta. Él mismo la descubre cuando ve al padre de Mafalda en el salón rodeado de libros, enfrascado en la lectura, abrumado y sin entender muy bien; «¿Eh?», piensa el padre. Felipe comprende su pensamiento y solo dice: «¡Ah!».

Podríamos hacer este tercer capítulo del dosier escribiendo uno detrás de otro un chiste o describiendo una viñeta que nos provoque pensar y lo llenaríamos. No necesitaríamos añadir nada más. El mundo del humor está lleno de escenas que, además de sonreír, nos hacen reflexionar.

Repensar Argentina… y el mundo entero

Las tiras de Mafalda más feministas: Mafalda. Femenino singular (Lumen).
Las tiras de Mafalda más feministas: Mafalda. Femenino singular (Lumen).

El humorista gráfico argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino para todo el planeta, es el otro padre de Mafalda, el de fuera de las viñetas, el que le dio vida de lápiz y papel en septiembre de 1964, cuando se publicó por primera vez en la revista Primera Plana la tira protagonizada por esta niña enormemente reflexiva, muy crítica, de una familia de clase media argentina, que odia la sopa («la sopa es una alegoría de algo que nos quieren imponer y hemos de aguantarnos día tras día, como los gobiernos militares que nos teníamos que comer todos los días por estas latitudes», explicó en una ocasión a los lectores de El País el propio Quino); una niña muy interesada en temas en principio poco habituales en las preocupaciones de los niños de su edad: la paz del mundo, la libertad, la deriva de la humanidad, la política y sus protagonistas, la economía, la salud del planeta… La portavoz perfecta para plasmar las inquietudes de su creador en aquella Argentina y aquel mundo de los años 60, 70… y eternos. Y a Quino ya se le fue de las manos. Del papel y el lápiz, Mafalda y sus amigos pasaron a ser personajes casi casi reales, la conciencia, los ojos, el pensamiento, el alma de tantos de carne y hueso que los mirábamos y admirábamos…

Mafalda colgando sobre un globo terráqueo un cartel de «¡Cuidado! Irresponsables trabajando». Mafalda oliendo a sopa y pensando:
¿Snif? ¡Zas! ¿Estás haciendo sopa, mamá?
-Sí
-Y me obligarás a tomarla, ¿no?
-Exacto
-Pues tendrás una escena, porque te advierto que estoy perdiendo el respeto a la prepotencia.
Mafalda columpiándose feliz y su rictus cambiando por completo para ponerse serio en cuanto el columpio se frena: «Como siempre, apenas uno pone los pies en la tierra se acaba la diversión». Mafalda leyendo un aviso en un parque: «Prohibido pisar el césped». «¿Y la dignidad no?», se pregunta. Susanita –la amiga de Mafalda machista, superficial en sus aspiraciones, como crítica al machismo y la mentalidad que reserva a la mujer el papel tradicional de pensar solo en casarse (bien, con un médico a ser posible…), tener hijos y cuidar su imagen– diciendo: «¡Cuando sea grande quiero tener muchos vestidos!», y Mafalda respondiendo: «Y yo mucha cultura». Mafalda hablando con Manolito, un Rockefeller en ciernes o al menos en deseo, la representación de las ideas capitalistas y conservadoras, realista, sin ningún espacio para la imaginación más allá de la que le permite soñar con tener su propia cadena de supermercados y ser inmensamente rico algún día: «Ahí está… Esa palomita no sabe lo que es el dinero y sin embargo es feliz —le comenta Mafalda mirando a la copa de un árbol—. ¿Vos creés que el dinero lo es todo en la vida, Manolito?». «No, por supuesto que el dinero no es todo. También están los cheques».

Susanita: «¡Cuando sea grande quiero tener muchos vestidos!». Mafalda: «Y yo mucha cultura»

Pero a Mafalda le iba a llegar una nueva amiga, muy baja, pequeñita, chiquitita —cuánta intención en la puesta en escena— y aún más comprometida que ella. Su nombre: Libertad. Su obsesión: que los ciudadanos sean consciente de la situación de su país y hagan una revolución social. «Veamos, Libertad, este es un triángulo, ¿cómo?», le pregunta la profesora en clase delante de una pizarra con un triángulo equilátero dibujado en ella. «Como Dios manda», contesta Libertad. «No, fíjate mejor. Si este lado y este lado y este lado miden lo mismo, ¿es un triángulo…?». ¡Aburridísimo!». «¡¡Pero no!! Un triángulo cuyos lados son todos iguales ¿es…?». «¡Ah! ¡Socialista!».

"Todo Mafalda", de Quino, editado por Lumen.
Todo Mafalda (Lumen).

Quino dibujó a Mafalda durante 10 años —aunque parezca que ha estado dibujándola toda la vida y que aún sigue haciéndolo por su presencia y sus historias de temas tan actuales— en los que reflexionó acerca de los grandes valores universales. «Por la creación del universo de Mafalda (…), por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento y porque su obra conlleva un enorme valor educativo que transciende cualquier geografía, edad y condición social», decía el jurado de los Premios Príncipe de Asturias en 2014, cuando le concedían el de Comunicación y Humanidades, coincidiendo con el 50 aniversario de su personaje más icónico. Era la primera vez que estos galardones reconocían a un dibujante. Premiaban la obra de alguien que trabaja, según él afirma, «para que el mundo vaya del lado de los buenos». No está nada mal el objetivo. Sus personajes, «profundamente humanos, dotados de una inteligente ironía, de una dulce inocencia o un apabullante sentido común», decía el rey Felipe VI en su discurso durante el acto de entrega de los premios, nos adentran desde su vida cotidiana en un mundo de ideas, pensamientos y reflexiones que nos hacen sonreír al tiempo que sacuden nuestros cimientos mentales y nos obligan a hacernos preguntas y replantearnos muchas ideas sobre el mundo, sobre nosotros mismos, la política, la religión… Filosofía. O mejor lo que el escritor colombiano Gabriel García Márquez llamó «quinoterapia» en el prólogo al libro Todo Mafalda, editado por Lumen: «Quino, con cada uno de sus libros, lleva ya muchos años demostrándonos que los niños son los depositarios de la sabiduría. Lo malo para el mundo es que, a medida que crecen, van perdiendo el uso de la razón, se les olvida en la escuela lo que sabían al nacer, se casan sin amor, trabajan por dinero, se cepillan los dientes, se cortan las uñas y, al final —convertidos en adultos miserables—, no se ahogan en un vaso de agua, sino en un plato de sopa. Comprobar esto en cada libro de Quino es lo que más se parece a la felicidad: la quinoterapia».

Puedes leer el dosier completo sobre filosofía y humor aquí.

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