¿Cuál es el peso que tienen nuestras fantasías utópicas a la hora de determinar nuestro desarrollo? © Ana Yael
¿Cuál es el peso que tienen nuestras fantasías utópicas a la hora de determinar nuestro desarrollo? © Ana Yael

La historia de la humanidad siempre ha corrido pareja, o en total conexión, con nuestro desarrollo cognitivo. La mente humana ha sido, más que ningún otro condicionante, la razón de que los humanos hayamos llegado al nivel en el que nos encontramos hoy, y en ello ha tenido mucho que ver nuestra capacidad de imaginar nuevos mundos.

Desde siempre, las personas hemos soñado con vivir más, mejor, más felices y en mejores condiciones. Algunas veces, esos deseos han ido aparejados a tesis políticas que prometían «cielos en la tierra», mientras que otras veces esos proyectos ideales quedaban en nuestras obras de arte, en nuestros libros, cuadros o películas. De un modo u otro, lo cierto es que la humanidad siempre ha soñado, sigue soñando hoy y, con toda probabilidad, seguirá haciéndolo mañana.

El nacimiento de la utopía

¿A qué llamamos utopía? El primero en usar ese término fue Tomás Moro, aunque no está del todo claro su origen, puesto que dicha palabra no existía en el latín clásico. Podría significar tanto «buen lugar» como «ningún lugar», pero, puesto que ambas traducciones son parte de sus características intrínsecas, no escogeremos ninguna y a lo largo del texto nos decantaremos por ambas según convenga.

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