Pensamiento crítico para una posverdad vírica

Mª Ángeles Quesada

¿Cómo entender lo que sucede y filtrar la información que nos llega sobre esta crisis para tomar mejores decisiones?, se pregunta la filósofa Mª Ángeles Quesada en este artículo.

Hace unas semanas, cuando ya teníamos mucha información de China e Italia y todavía no pensábamos en poner nuestras barbas a remojar o sacar nuestros barbijos a pasear, nos decía una voz interna y secreta que era una cuestión de visiones, en realidad, de verdades. La verdad: una visión capitalista, liberal y democrática del virus evitaría que este entrara en nuestras fronteras. ¿Os dais cuenta de lo posverdadero que es esto?

Por Mª Ángeles Quesada, filósofa

Hoy, ¡hijos de la posverdad!, estamos en casa, confinados para no propagar contagios, desbordar sanidades y provocar miles de muertes indignas en aislamiento. ¿Por qué gobiernos del mundo «han negado» al virus? ¿Cómo entender lo que sucede y filtrar la información que nos llega sobre esta crisis para tomar mejores decisiones?

Ahora tenemos más tiempo para pensar, aunque no sea exactamente lo que se estila. Tratamos, más bien, de rellenar el tiempo, que pase rápido e indoloro. No será posible. Aunque, probablemente, ahora es cuando más precisamos una buena dosis de pensamiento crítico: para entender lo que ocurre y tomar las mejores decisiones, para vivir lo más inteligentemente la incertidumbre y quizá también, por qué no, para abrir paso a algún tipo de transformación en nosotros, nuestro entorno y la sociedad en la que vivimos.

Accedemos al mundo de una forma mediada

Para comenzar un camino que nos haga más críticos y mejore la forma en que pensamos, hemos de empezar por entender que, como seres humanos, tenemos una estructura que percibe estímulos y realidades de cosas. La realidad en sí, lo que el mundo es en sí mismo no es tan relevante aquí, incluso puede que no exista como un todo frío e independiente (Markus Gabriel, Por qué el mundo no existe). Me explico: nosotros, seres humanos, siempre accedemos al mundo de una forma mediada. Median nuestras capacidades sensoriales (diferentes en cada animal), nuestras estructuras conceptuales (algunas comunes a la raza, otras más particulares), instrumentos (microscopios, etc.) o representaciones de todo tipo (simulaciones por ordenador, por ejemplo).

Ahora es cuando más precisamos una buena dosis de pensamiento crítico: para entender lo que ocurre y tomar decisiones, vivir lo más inteligentemente la incertidumbre y abrir paso a algún tipo de transformación en nosotros y nuestra sociedad

Así, eso que obtenemos de investigar realidades, objetos de la realidad con nuestros «medios», es información. La información es el resultado de aplicar nuestras capacidades de conocimiento (medios) a las realidades, que, al estilo kantiano moderno, podríamos decir que no sabemos lo que son, o lo sabemos solo y siempre bajo nuestro punto de vista humano. Pero ¡cuidado!; que no sepamos exactamente qué son esas realidades independientemente de nuestros «medios» no quiere decir que no existan. Por supuesto, que el virus y sus comportamientos y efectos sobre nosotros existen y son conocidos a través de informaciones (mediciones, visualizaciones, experimentos, etc.). ¡Y vaya si existen!

El valor de la información

Son la información y su presentación las que hoy se tornan caos existencial. Diremos que actualmente nos encontramos en un mundo de posverdad. Veamos qué quiere decir esto. Alrededor de la segunda mitad del siglo XX podemos identificar un fenómeno heterogéneo llamada posmodernismo que, tal y como argumentan muchos autores, es el germen de la posverdad (McIntyre en La posverdad, por ejemplo). Podría resumirse como aquel movimiento que critica la forma en que se ha conocido y presentado el mundo hasta ese momento y cómo se ha determinado lo que es verdad. Se denuncia la hegemonía imperante de la ciencia, posteriormente la influencia del científico en la construcción de la ciencia; se ensalza la interpretación, la subjetividad, lo local, se argumenta que toda realidad es un texto que puede ser leído por diferentes lectores.

Inmersos en la herencia escéptica de la posmodernidad, nos encontramos con otros varios fenómenos que suman enjundia al asunto: la crisis del periodismo y su transformación marketiniana que nos cuela los clics, los baits y los tips; el ciudadano periodista con legitimidad para contar lo privado, lo minoritario de una verdad no institucionalizada; la intoxicación de la que Byung-Chul Han en La sociedad de la transparencia advierte que «un aumento de información y comunicación no esclarece por sí solo el mundo». Y quizá lo más central: la verdad no interesa tanto, perdió prestigio; quienes nos presentan la información están más interesados en enaltecer los sentimientos de pertenencia, los sesgos de confirmación, las pasiones irracionales, etc. que en aportarnos una argumentación que indague o invite a indagar en la verdad.

Se ensalza la interpretación, la subjetividad, lo local, se argumenta que toda realidad es un texto que puede ser leído por diferentes lectores

Nos encontramos en un mar de artículos de opinión y pocas demostraciones argumentativas que dejen espacio para la duda, la investigación, la pregunta o la refutación. El último escalón de la posverdad que vivimos hoy día es la mezcla de todo lo anterior con el discurso emprendedor y de autoayuda del «yo puedo», «si me lo creo, lo lograré», «tengo una fuerte intuición sobre esto». Este tipo de cultura genera una falsa autoconfianza que elimina todo examen minucioso y crítico de la información y confía en fuentes privadas de verificación que se elevan sin el más mínimo autoconocimiento.

Cinco claves para un buen conocimiento

El coronavirus es posverdadero. Aunque bien puede ser el virus que la haga perecer: los hechos con evidencia recogida a través de nuestros «medios» existen, no solo las opiniones, las ideologías, los sesgos y el capitalismo. Para ver de nuevo las aguas cristalinas, si es que eso es posible, hemos de sortear, recoger, filtrar y limpiar nuestro mar de información. ¿Cómo lo hacemos?

Escapando de los trucos, practiquemos algunos buenos hábitos. En primer lugar, la duda constante nos salvará: al fin y al cabo, el pensamiento crítico es como decía el pedagogo y filósofo John Dewey, suspensión del juicio. Es ganar tiempo y espacio para poder indagar en la búsqueda de la verdad. Así, ante cualquier noticia o información, suspende juicio, duda, haz que el tiempo y el espacio sean elásticos como un chicle.

Esta cultura genera una falsa autoconfianza que elimina todo examen minucioso y crítico de la información y confía en fuentes privadas de verificación que se elevan sin el más mínimo autoconocimiento

En segundo lugar, ponte en alerta sobre aquella información que te despierta las más bajas pasiones o que te hace decir por dentro: «eso, eso, justo lo que pienso, ¡qué gran verdad!». Justo ahí párate a ver por qué esa información mueve eso, qué quiere conseguir o atajar. Ahí justo es el momento de que identifiques argumentos. ¡Puf! ¿Y qué es eso? Un argumento es una conclusión que tiene que ir avalada por premisas, es decir, por otras frases que contengan evidencias, datos, razonamientos plausibles, ejemplos, analogías. Búscalos y valora su validez.

En tercer lugar, haz las preguntas de rigor, quién habla, quién escribe, qué aval tiene, es experto de algo, qué trayectoria tiene, qué tendencias tiene (que tenga tendencias no quiere decir que su información sea poco válida). Elimina de un plumazo, por tanto, esos audios propagados como la pólvora por whatsApp de supuestos médicos, sanitarios. No sabemos quiénes son, nos dejamos llevar por un lenguaje técnico, no te arrastres por la falacia.

La duda constante nos salvará: al fin y al cabo, el pensamiento crítico es como decía el pedagogo y filósofo John Dewey, suspensión del juicio

En cuarto lugar, usa la prueba de la falsación. Ve a por lo contrario de lo que se defiende, intenta falsar lo que se argumenta (el filósofo Popper apostaría por ello). Qué es lo contrario de lo que se dice, qué argumentos lo sostendrían, quién lo podría decir; si es muy inverosímil, puedes confiar más en lo que te están contando. Ya debes estar cansado de buscar tanto, pero la verdad es lo que tiene: nunca se ha encontrado de forma fácil.

Por último, añado una distinción interesante para cruzar con lo anterior: distingue la información viva de la muerta. Cada día te encuentras con gran cantidad de información; mucha es información muerta para ti. Alguna de esta es información saturante: no la puedes abarcar, no dispones de tiempo para comprenderla e investigarla. Eso te genera inquietud o, peor, procedes a una lectura superficial que solo alimenta adhesiones irracionales y posverdaderas. Esa información es excente, sobra para ti en este momento y, por tanto, está muerta.

Otro tipo de información muerta, que genera hábitos poco saludables, es aquella que llamaremos inerte: aunque la has comprendido teóricamente, no la has in-corporado, encarnado, practicado. Esa información tampoco está viva en ti. Trabaja en ella si te interesa, conviértela en información viva. La información viva más útil y sana es aquella que es sabia, aquella que has podido abrazar y acoger, que has comprendido e investigado y que definitivamente te esfuerzas por practicar y realizas siempre que puedes. De nuevo, no vale de nada sostener una posición teórica que no ha sido puesta en práctica en la vida real. De todo lo que sabes del coronavirus, ¿cuál es de este último tipo de información?

La información viva más útil y sana es aquella que es sabia, aquella que has podido abrazar y acoger, que has comprendido e investigado, que te esfuerzas por practicar y realizas siempre que puedes

Reflexión y autoanálisis

Hemos analizado nuestra relación con la información y cómo poner en práctica unos buenos hábitos de pensamiento crítico. En otra ocasión nos meteremos de lleno en nuestros mecanismos mentales y cognitivos de procesamiento (sesgos, argumentos…). Ocurre mucho ahí dentro y es bueno empezar a ser consciente. Y aunque aquí estamos hablando de los procesos humanos, comunes a todos nosotros, es muy pertinente también preguntarnos por cómo cada uno de nosotros procesamos la información y tomamos decisiones. Te propongo que ante la postura de #quédateencasa describas brevemente qué proceso has seguido para tomar tal decisión (¿acaso es porque lo han dicho las autoridades?). ¿Qué pasos sigues cuando te enfrentas a un problema o a una decisión? Conocer tu forma de pensar es el primer escalón para iniciarte en este atractivo paradigma del pensamiento crítico.

Sobre la autora

Mª Ángeles Quesada es filósofa, experta en Diálogo Socrático y Critical Thinking. CEO & cofundadora de Equánima, proyecto que lleva la filosofía a la sociedad y la organización. Trabaja como profesora de Critical Thinking en escuelas internacionales de negocios e innovación (d-health, GBS, 2iinstitute, bspark, etc.) y es pionera en trabajar como facilitadora, consultora y speaker filosófica en el mundo empresarial y directivo. Desde Equánima también organiza diálogos socráticos, retiros filosóficos y eventos con sentido, como las catas socráticas, para animar el pensamiento de la sociedad y público general.

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8 COMENTARIOS

  1. Gracias por el texto. Poner de actualidad y de forma práctica la realidad que vivimos con esta enésima crisis. Saturados de información e incapaces de digerirla.

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