NosOtros para Latinoamérica… y la disolución del Estado-nación europeo

«El Estado-nación europeo llegó para quedarse… El 'laberinto de Ariadna' no es fácil disolverlo en uno de sus pliegues. Tenemos que vivir con ese Estado 'a pesar de'… Un Estado que pase por NosOtros, en el co-diseño, por instituciones que estén a la altura del acontecimiento. Por 'espíritus libres latinoamericanos' que puedan vivir en la diferencia y desde allí oxigenar el pesado y asfixiante Leviatán europeo», escribe el filósofo chileno Ricardo Espinoza.
«El Estado-nación europeo llegó para quedarse… El 'laberinto de Ariadna' no es fácil disolverlo en uno de sus pliegues. Tenemos que vivir con ese Estado 'a pesar de'… Un Estado que pase por NosOtros, en el co-diseño, por instituciones que estén a la altura del acontecimiento. Por 'espíritus libres latinoamericanos' que puedan vivir en la diferencia y desde allí oxigenar el pesado y asfixiante Leviatán europeo», escribe el filósofo chileno Ricardo Espinoza.

Estamos en tiempos muy difíciles para millones de humanos en el planeta. La pandemia de la Covid-19 llegó desde Oriente y, por lo que se ve, para quedarse un tiempo muy largo en Latinoamérica. Además, ha llegado en tiempos del capitalismo más global e imperialista que se recuerde (por ejemplo, el Imperio inglés de la reina Victoria es minúsculo al lado de lo que hoy impera) en todo el planeta y, en especial, en este continente.

Por Ricardo Espinoza Lolas, filósofo

No hay espacio que se le resista a su dominación soberana: ni empírico, ni virtual, ni inconsciente. Todo se ha vuelto un territorio que produce y distribuye capital: ¡todo! Todo territorio está en tensa disputa; en especial, el inconsciente, pues ganando esa «batalla» es más fácil poder ganar la «guerra» por el capital.

En el humano que somos, y «demasiado humano», en esa producción y distribución de capital es obvio que nos producimos y nos distribuimos a nosotros mismos como productos. Nos volvemos mercancía y el mundo mero mercado, y la verdad, reconocimiento narciso que genera más valor agregado y, por ende, se acumula todos los días. Y en esta acumulación, que se vuelve inalcanzable como el «infinito malo» de Hegel, cada humano se siente solamente su «yo» (el «invento» más grande jamás creado y realizado por Europa); un yo que todo lo puede y que anhela infinitud; un yo que se «inventa» la Naturaleza para hacerla trabajar para así, como la «hacienda» de Latinoamérica.

El yo moderno europeo, para dominar, necesita lo que es dominable, eso inmediato que está delante de cada uno de nosotros: ha nacido la Naturaleza. Y así se realiza un yo dominador en la hacienda natural ya no solamente latinoamericana, ni europea, sino global. Y en esa hacienda-naturaleza todo queda bien determinado. Todas las posiciones del tablero están como ontológicamente determinadas. En la hacienda no hay nada que no lo vea el patrón (y pase por su decisión), el gran señor, el nuevo Dios en la tierra. Y todo lo demás es servidumbre; pensemos, por ejemplo, en Brasil, en Colombia, en Chile. 

Todo se ha vuelto un territorio que produce y distribuye capital: ¡todo! Todo territorio está en tensa disputa; en especial, el inconsciente, pues ganando esa «batalla» es más fácil poder ganar la «guerra» por el capital

Ya estamos en esa «invención de la naturaleza» que lleva la «invención de la hacienda». Es el capitalismo hacendal. No hay nada que acontezca en la hacienda que no sea para el beneficio del amo. Y allí se «inventa» todo el sistema patriarcal, por excelencia, de este capitalismo latinoamericano.

En esa hacienda patriarcal se va construyendo día a día un cierto tejido socio-histórico que, como dije, pende siempre del amo: es un «nosotros» que busca reconocimiento del amo para tener éxito y poder albergar dentro de la hacienda su propia hacienda y así acumular (es tan patético como decir que el humano de la hacienda es como Gollum, que quiere el anillo solamente para mirarlo).

Ese «nosotros» pende de lo que sea, pero de algún amo debe estar sujeto. Y allí surgen las «instituciones hacendales» naturalizadas de este capitalismo patriarcal: Chile exporta ese tipo de instituciones a toda Latinoamérica. La institucionalidad patriarcal de este capitalismo hacendal debe funcionar siempre de la mano de la violencia (estamos aburridos de golpes de estado, de estados de excepción, campos de concentración, etc.). 

Y toda hacienda está cerrada respecto de un afuera, de un posible enemigo exterior; y, radicalmente, cerrada al interior, por un posible y peor enemigo interno. La hacienda tiene doble cerradura. Y por eso la violencia para mantener la cerradura, a saber,  la militarización se vuelve necesaria. Ella funciona día a día. Para mantener el orden por el «bien de todos».

El amo no solamente es patriarcal y patrón y lo domina todo, sino que es soberano. Su soberanía debe estar articulada por la militarización, la cual también es doble. Es una militarización real y efectiva con un sistema de represión constante y de intimidación tanto hacia afuera como hacia adentro. Y también, y esto es más importante, para militarizar necesita militarizar a los peones, siervos, dominados de la hacienda. Ellos mismos deben estar sometidos a esa militarización y buscarla, ejercerla, quererla, pedirla. 

Para que la militarización opere, es menester más que nunca que se construya todo tipo de lenguaje que permita generar al enemigo, en especial al enemigo interno. A ese posible enemigo también se le inventa. Y para ello la chapuza del lenguaje, de los medios de comunicación, de las redes, de las conectividades, de la publicidad, etc. es fundamental. La chapucería es necesaria para mantener como los romanos a los peones del sistema satisfechos; el circo ha llegado, «bienvenido, míster Bolsonaro, Piñera, Duque, Bukele, etc.» (imitadores del emperador Trump). En esa chapuza total que tiene mil rostros y se da por todos los territorios vivimos día a día.

Es el capitalismo hacendal militarizado chapuza. Otra invención humana que llegó para quedarse y cuyas mutaciones son momentos para ir haciendo más infalible el sistema. Estamos ante el «laberinto del capitalismo», porque cuando creemos salir seguimos dentro y, a veces, estamos más dentro que nunca. Cuando pensamos que estamos saliendo nos hemos vuelto a meter dentro o, a lo mejor, nunca hemos salido (es una trampa). Y lo que es más horroroso, somos nosotros mismos los que mantenemos al laberinto funcionando; somos sus operadores, somos ese «hilo de Ariadna» del laberinto.

Es el capitalismo hacendal. No hay nada que acontezca en la hacienda que no sea para el beneficio del amo. Y allí se «inventa» todo el sistema patriarcal, por excelencia, de este capitalismo de Latinoamérica

El «laberinto de Ariadna» se muestra en uno de sus rostros como el Estado-nación. Nos hemos dado una de las formas de organizarnos más delirantes y nociva para la humanidad. ¿Cómo es posible? Es tan simple que los que tienen el poder dominante y someten a otros. ¿Es así de sencillo y esto no ha cambiado desde la Antigüedad? Pero ¿es posible pensar esto en nuestros días, en donde se reclama más Estado para todos? ¿Es posible pensarlo en Latinoamérica? ¿Es posible pensarnos sin el Estado-nación europeo? Y más en estos tiempos de pandemia. A lo mejor esa es la respuesta.

Con la pandemia todos pedimos más Estado para tener en lo público: en la sanidad, en la educación, en la alimentación, en lo laboral, en lo que sea, un sostén que nos permita vivir o por lo menos llegar a fin de mes (o a fin de un mísero día; la pobreza en nuestra región es cruel e inhumana). Al parecer esa ficción del Estado-nación es una necesaria y permanente abstracción, pues el Estado es para los que nacen en la hacienda (para ellos; así como los antiguos feudos europeos), y por eso el Estado siempre lleva dentro de sí la violencia contra todo lo distinto (debe expulsarlo), en especial, contra sus «hijos», porque la paradoja es que debe reprimir a sus propios «hijos» por querer ser libres.

El Estado, por tanto, vela por la esencia identitaria de la hacienda y la violencia institucional es necesaria para mantener sometido a sus hijos y/o eliminar cualquier forma de resistencia de ellos que pueda socavar la identidad nacionalista, esa identidad inmediata y naturalizada que nos constituye abstractamente. Y es eso lo que buscamos que nos salve en tiempos de peligro.

El Estado es el que queremos para que nos ayude en la pandemia y cuide de nosotros: es un Estado que se comporta como madre, es un Estado-naturaleza (por eso el capitalismo ahora se viste de matriarcado de los cuidados: la banca salvará países, empresas, humanos). Bendita pandemia para que el Estado se vuelva más necesario y tratemos de encadenarnos felizmente a él (ella); y así viviremos en la no libertad, la de ser esclavos fieles a la hacienda (zombis), pero cubiertos de nuestras necesidades, y entre ellas la que más nos importa: la propia vida.

El Estado es un buen «invento de Ariadna» porque nos evita pensar y vivir desde nuestra propia finitud, nuestra mortalidad radical que se nos impone todos los días desde nuestra tierra latinoamericana. El Estado, el enemigo de la libertad, es buscado libremente porque no sabemos qué hacer con nuestra libertad; una libertad que nos estructura y nos da pánico. Y en tiempos de pandemia esto aumenta con creces. 

La pandemia ha develado varias cosas que el Estado-nación y sus instituciones estaban totalmente capitalizadas y, por ende, abandonadas y destruidas no solamente en Latinoamérica y en otras regiones, sino en el mismo G7: Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Italia. Y ha develado también que los humanos buscamos Estado para que nos salve de esa intemperie en la que consiste ser un humano; más un humano de nuestra región en donde nunca ha existido un Estado de bienestar (ese proyecto que se dieron los europeos a sí mismos a costa de todos NosOtros). Somos unos animales muy raros que, al ser libres, ya no saben qué hacer y sienten pánico de su propio destino abierto.

Estamos ante el «laberinto del capitalismo», porque cuando creemos salir seguimos dentro y, a veces, estamos más dentro que nunca. Y nosotros mismos los que mantenemos al laberinto funcionando; somos sus operadores, somos ese «hilo de Ariadna» del laberinto

El Estado se vuelve más poderoso que nunca y aprovecha la pandemia para cancelar por decreto cualquier rebelión dentro del sistema (Chile, Ecuador, Colombia, etc.). El Estado por excelencia es el capitalismo, esto es, la banca, el FMI, el Banco Mundial, Davos, las empresas internacionales, los países imperiales empresariales como USA, China, etc.; ellos buscan día a día devorar nuestras tierras y a cada uno de NosOtros. Estos elementos capitalistas totalitarios hacen todo lo posible para que su soberanía quede más fortalecida con la pandemia. El verdadero Estado es el Estado capitalista soberano trans-estado-nación. Ese soberano hacendal capitalista manda sobre los soberanos estatales y manda, finalmente, sobre todos NosOtros. 

El Estado-nación europeo llegó para quedarse… El «laberinto de Ariadna» no es fácil disolverlo en uno de sus pliegues. Nietzsche no pudo, pero mostró varios caminos posibles, como Hegel, Marx, Lenin, Mariátegui, Ellacuría, Dussel, Segato, etc. Entonces tenemos que vivir con ese Estado «a pesar de» (trotzdem)… Un Estado que pase por NosOtros, en el co-diseño, por instituciones que estén a la altura del acontecimiento. Por «espíritus libres latinoamericanos» que puedan vivir en la diferencia y desde allí oxigenar el pesado y asfixiante Leviatán europeo.

Sobre el autor

Ricardo Espinoza Lolas (Valparaíso, 1967) es académico, escritor, teórico crítico y filósofo chileno. Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y catedrático de Historia de la Filosofía Contemporánea de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Entre los libros que ha escrito o coeditado destacan: Realidad y tiempo en Zubiri (Comares), Zubiri ante Heidegger (Herder), Realidad y ser en Zubiri (Comares), El cuerpo y sus expresiones (coord., Universidad de Granada), Hegel y las nuevas lógicas del mundo y del Estado (Akal), Capitalismo y empresa. Hacia una revolución del NosOtros (Libros Pascal), Žižek reloaded. Políticas de lo radical (Akal), Aporías de la democracia (Terra Ignota), NosOtros: manual para disolver el capitalismo (Morata), El espacio público de la migración (Terra Ignota), Conceptos para disolver la educación capitalista (Terra Ignota) y Hegel hoy (Herder).

Dosieres exclusivos, podcasts, libros de regalo, descuento en otros y en más productos… Haz clic aquí.

DEJA TU COMENTARIO

Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre