Nelson Mandela: el largo camino hasta la igualdad

Nelson Mandela (1918-2013) luchó toda su larga vida contra la discriminación racial, y nunca respondió al racismo con racismo. Imagen distribuida por Flickr bajo licencia creative commons CC BY 2.0.
Nelson Mandela (1918-2013) luchó toda su larga vida –95 años–contra la discriminación racial. Imagen distribuida por Flickr bajo licencia creative commons CC BY 2.0.

Mandela nació un 18 de julio de hace hoy cien años. Comenzaba ese día una larga vida llena de pensamiento, convicción y lucha para poner a toda una raza en el lugar que merecía: exactamente el mismo que el de los blancos. “La libertad nunca se puede dar por sentada. Cada generación debe salvaguardarla y extenderla. Tus padres y abuelos sacrificaron mucho para que tuvieras libertad sin sufrir lo que ellos sufrieron. Utiliza este precioso derecho para asegurarte de que la oscuridad del pasado nunca vuelve (…). Que reine la libertad. El sol nunca se puso en tan glorioso logro humano”, dijo el hombre que nunca respondió al racismo con racismo.

Por Amalia Mosquera

El 13 de agosto de 2017 el expresidente de Estados Unidos Barack Obama recordaba estas palabras de Nelson Mandela a través de su cuenta de Twitter: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”. Obama, el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, el hombre que tanto había aprendido de Mandela (“Él nos mostró el poder de la acción; de asumir riesgos en nombre de nuestros ideales”), tuiteaba ese pensamiento el día que un grupo racista de supremacistas blancos se manifestaba en Charlottesville, Virginia (Estados Unidos). Uno de los manifestantes arrolló con su coche a varias personas y mató a una mujer. Si Mandela hubiera vivido habría recordado, seguro, él mismo esas palabras, que recogió en su biografía El largo camino hacia la libertad, que escribió en la cárcel. Tuvo tiempo, mucho tiempo, para hacerlo. Veintisiete años.

Sueño de libertad

"Nelson Mandela y Mandla Langa. El color de la libertad. Los años presidenciales", publicado por Aguilar.
“Nelson Mandela y Mandla Langa. El color de la libertad. Los años presidenciales”, publicado por Aguilar.

“He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. Siempre he soñado con la idea de una democracia y una sociedad libre en la cual las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Un ideal que quiero ver hecho realidad. Pero, si es necesario, un ideal por el que estoy preparado para morir”. Era el 20 de abril de 1964 y Nelson Mandela hablaba así en su discurso ante el tribunal. Su pensamiento y su autodefensa le sirvieron para mantener intacta su dignidad y para legar a todas las generaciones posteriores del planeta una lección de ética y compromiso con los derechos humanos y la libertad, pero no para librarlo de la prisión. Pasó 27 años de cautiverio en la cárcel de máxima seguridad de Robben Island, frente a la costa de Ciudad del Cabo, y en otras dos. Veintisiete años, con sus días y sus noches, con todas sus horas, por defender que las personas de raza negra son iguales que los blancos. La alta traición de la que se le acusó: su lucha contra el apartheid.

Sudáfrica, siglo XX. El régimen oficial de discriminación mantenía separados a los blancos de los negros, literalmente separados: sitios diferentes para estudiar, sitios diferentes para moverse, sitios diferentes para vivir. Y luego, además, estaban todas las prohibiciones a los negros, a los que se les negaba el derecho a casi todo: al voto, a mantener relaciones con blancos y, por supuesto, a casarse… Y sigamos sumando: todo esto en un país en el que la raza blanca era aplastante minoría opresora; el 21% de la población sometía y humillaba al 79% restante.

A los negros se les negaba el derecho a casi todo: al voto, a relacionarse con los blancos… Y esto en un país, Sudáfrica, en el que la raza blanca era minoría: el 21% de la población sometía y humillaba al 79% restante

Discursos que hablaban de justicia

"Conversaciones conmigo mismo", de Nelson Mandela, con prólogo de Obama, publicado por Booket (Planeta).
“Conversaciones conmigo mismo”, de Nelson Mandela, con prólogo de Obama, publicado por Booket (Planeta).

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión”, decíamos que pensaba y escribió Mandela. Pero él vivió el odio y la discriminación y los sufrió en sus carnes y en su alma. Porque si naces blanco en una atmósfera racista, te crías viendo odiar y creces y te educas en ese ambiente, qué sencillo es aprenderlo y asumirlo como propio, sobre todo cuando quien engendra y ejerce ese odio tiene el poder. Y así el odio se perpetúa. A menos que aparezca alguien que diga ¡basta ya!, se enfrente a él y lo frene. Cueste lo que cueste.

Mandela había nacido el 18 de julio de 1918, hace un siglo, en Mvezo, un pequeño pueblo de Sudáfrica. Hijo del jefe de una tribu, lo llamaron Rolihlahla, que quiere decir “revoltoso”, pero cuando tenía 7 años su maestra lo renombró Nelson, de acuerdo con la costumbre de dar a todos los escolares un nombre cristiano. Su padre murió cuando él solo tenía 9 años y Nelson se fue a vivir con el gran jefe Jongintaba, su primo. Creció empapándose de discursos que hablaban de justicia. A los 16 años entró a formar parte del consejo tribal. Él aún no lo sabía, pero se empezaba a gestar su futuro político. A los 19 ingresó en el internado para negros –sí, claro, solo para negros– de Ford Hare para hacer sus estudios superiores, pero no pudo completar el grado allí al ser expulsado por unirse a una protesta estudiantil, según puede leerse en la web de la Fundación Nelson Mandela.

Amor y política

En 1941 le informan de que su primo Jongintaba ha concertado un matrimonio para él. Así eran las cosas. Pero para Mandela las cosas que no deben ser se pueden cambiar. Rechaza aquel matrimonio no elegido y se marcha a Johannesburgo. Allí se instala en un suburbio y conoce a quien iba a ser una persona esencial para el resto de su vida: Walter Sisulu. Se hacen grandes amigos. Walter le ayuda a terminar sus estudios de Derecho y encontrar trabajo en un despacho de abogados, le inculca sus ideas políticas y le presenta a su prima Evelyn Mase, enfermera, con la que se casa, ahora sí, por amor, en 1944. El matrimonio dura hasta 1958. Tienen cuatro hijos, dos niños y dos niñas; una de las hijas muere de pequeña.

Walter introduce a Mandela en el Congreso Nacional Africano, movimiento que lucha contra la opresión de los negros de Sudáfrica. En 1948 llega al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que crea el apartheid, oficialmente “el desarrollo separado de cada raza en la zona geográfica que le es asignada”, un sistema de discriminación social, económica, cultural, política y territorial contra la mayoría negra. Un decreto de 1949 prohíbe los matrimonios mixtos, se separan los espacios que pueden utilizar en los transportes públicos, las fábricas, las playas… Y con ello viven día a día los negros sudafricanos. Y con ello vive Mandela.

Siete territorios para aislar a la mayoría negra

En 1952, Mandela llega a presidir la federación del Congreso Nacional Africano. Es el líder del movimiento que se enfrenta al régimen. Y acaba detenido. En 1955 reaparece promoviendo la aprobación de una Carta de la libertad, en la que se pide un Estado multirracial, igualitario y democrático y una política de justicia social en el reparto de la riqueza. Lo esencial para cualquier sociedad, pero tan lejano en la Sudáfrica de la época…

En 1955 Mandela promueve la aprobación de una Carta de la libertad, en la que se pide un Estado multirracial, igualitario y democrático y una política de justicia social en el reparto de la riqueza

Las cosas van a peor. En 1956 se endurece aún más el régimen: el gobierno crea siete territorios para “encerrar” en ellos a la mayoría negra, que de allí no puede salir. Solo les queda marginación y hambre, porque en esas tierras no pueden encontrar un modo de ganarse la vida y la comida.

En medio de esta lucha, Nelson conoce a una asistente social, Winnie Madikizela, con la que se casa en 1958 y para el mundo entero pasa a ser conocida como Winnie Mandela, incluso después de su divorcio, en 1996. Tuvieron dos hijas.

El prisionero Madiba

Winnie Mandela estuvo casada con Nelson desde 1958 hasta 1996.
Winnie Mandela estuvo casada con Nelson desde 1958 hasta 1996.

La vida de Mandela ya está completamente entregada a la lucha para defender los derechos y la dignidad de su raza. Nelson es Madiba para todos los que lo admiran: así lo llaman en honor al nombre de su clan, en señal de cariño y respeto, pues el título es signo de una vida honorable. Pero tanta entrega política y social le pasó factura en lo personal: “Cuando tu vida gira alrededor de la lucha, sobra poco tiempo para la familia”, dijo.

Mandela viaja a Pietermaritzburg para hablar en la Conferencia All-in Africa, que resolvió que se dirigiera al primer ministro solicitando una convención nacional sobre una constitución no racial. Mandela empieza a planificar una huelga nacional para los días 29, 30 y 31 de marzo. En junio de 1961 le piden que dirija la lucha armada.

Madiba es detenido en multitud de ocasiones… hasta el encarcelamiento final, en 1963. Había viajado por diferentes países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda de su causa; fue uno de los dirigentes declarados culpables de traición y conspiración para acabar con el gobierno. Fue acusado de abandonar el país sin permiso e incitar a los trabajadores a la huelga. El 9 de octubre de 1963, Mandela y otros diez fueron juzgados. Lo condenaron a cadena perpetua, una cadena perpetua que duraría 27 años. Su madre murió en 1968 y su hijo mayor, en 1969. No le permitieron asistir a sus funerales.

Invictus

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.

Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:

Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

Este poema de William Ernest Henley acompañó a Mandela durante sus 27 años de cautiverio

El primer presidente negro

"Mandela. Mi prisionero, mi amigo", escrito por Christo Brand, su carcelero, y Barbara Jones, editado por Península.
“Mandela. Mi prisionero, mi amigo”, escrito por Christo Brand, su carcelero, y Barbara Jones, editado por Península.

“Era imposible no sentirse atraído por el carisma de ese hombre que no parecía resentido a pesar de afrontar una condena a perpetuidad, a trabajos forzosos y al aislamiento”, escribió Christo Brand, el carcelero de Mandela y de quien se hizo amigo personal, autor junto a Barbara Jones del libro Mandela. Mi prisionero, mi amigo. Como publicaba el diario El País, en él explica cómo el factor humano acabó siendo pieza fundamental de la transición hacia una democracia multirracial.

Con Madiba en la cárcel, la presión interna e internacional es cada vez mayor. En 1985 el presidente sudafricano, Botha, le ofrece la libertad con una condición: que renuncie a la lucha. Y Mandela responde: no. Su hija Zindzi es la encargada de comunicar sus palabras sobre esta oferta: “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Solo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos”.

“¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Solo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos”

En 1990 se legaliza el Congreso Nacional Africano. El presidente sudafricano, Frederik de Klerk, libera a Mandela el 11 de febrero de ese año. Juntos, Mandela y De Klerk empiezan a trabajar en las negociaciones que llevarían al fin definitivo del apartheid en 1991. Los dos compartieron el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1992 y el Nobel de la Paz en 1993.

Las elecciones de 1994 llevan a Mandela a la presidencia: el 10 de mayo se convierte en el primer presidente negro y el primer presidente elegido democráticamente de Sudáfrica. “Ha llegado el momento de curar las heridas. El momento de salvar los abismos que nos dividen. Nos ha llegado el momento de construir (…). Debemos actuar como un pueblo unido. Que haya justicia y paz para todos. Que haya trabajo, pan, agua y sal para todos”, dice en su discurso de investidura. Dirigió el país hasta 1999. Hasta ahí lo llevaron su capacidad de liderazgo, la fuerza de la razón, su creencia en los valores de igualdad y justicia y en los derechos humanos, su voluntad férrea, su no desfallecer, su coraje, su arrogancia. “Yo era un joven agresivo y arrogante. Mis 27 años de cárcel me hicieron comprender lo importante que es la tolerancia”, dijo. “La celda es el lugar idóneo para conocerte a ti mismo. Me da la oportunidad de meditar y evolucionar espiritualmente”, escribió en una carta a su mujer, Winnie, durante su encierro.

Mandela para los más jóvenes

"Nelson Mandela. El camino a la libertad", de Antonio Lozano, publicado por Anaya.
“Nelson Mandela. El camino a la libertad”, de Antonio Lozano, publicado por Anaya.

Porque es importante que conozcan la figura de una persona que luchó de forma incansable por la igualdad y la defensa de los valores y los derechos humanos. Con motivo del centenario de su nacimiento, Anaya publica Nelson Mandela. El camino a la libertad, de Antonio Lozano, en su línea de libros infantiles y juveniles. Un biznieto de Nelson Mandela, que tenía trece años cuando este murió, es consciente de que ha crecido junto a un ser extraordinario, una fuente de sabiduría, y vive con el dolor de no haberle hecho en su momento mil preguntas y aprender de él. Al recuperar el contacto con su abuela y conocer al guardián del museo Mandela de Qunu, antiguo compañero de su bisabuelo en la prisión de Robben Island, descubre la interesante vida de quien luchó por la libertad en Sudáfrica y acabó con el apartheid.

Hasta siempre, Madiba

"El largo camino hacia la libertad", la autobiografía que Nelson Mandela escribió durante sus 27 años de cautiverio. Editada por Aguilar.
“El largo camino hacia la libertad” (Aguilar), autobiografía que Mandela escribió en sus 27 años de cautiverio.

En 1998, con 80 años, Nelson Mandela se casa con Graça Machel y un año después deja la presidencia del país. Poco a poco se va retirando de la actividad pública. El 5 de diciembre de 2013, la vida del hombre que nunca había respondido al racismo con más racismo, sino con justicia, derechos humanos y un discurso conciliador, se acaba en Johannesburgo después de seis meses de graves problemas pulmonares. Tenía 95 años. Hasta ahí había llegado. El cuerpo de Nelson no aguantó más, aunque el espíritu combativo de Madiba se mantuviera intacto y firme hasta el final de sus días. No había sido corto ni fácil el camino. “He andado ese largo camino hacia la libertad. He intentado no flaquear; he dado pasos en falso a lo largo del camino. Pero he descubierto el secreto de que después de escalar una gran colina, uno solo descubre que quedan muchas más por escalar”. Estas palabras de Nelson Mandela en su libro El largo camino hacia la libertad son un buen resumen de su vida y su lucha.

“He andado ese largo camino hacia la libertad. He intentado no flaquear; he dado pasos en falso a lo largo del camino. Pero he descubierto el secreto de que después de escalar una gran colina, uno solo descubre que quedan muchas más por escalar”

Obama, ese expresidente de Estados Unidos que tanto debía a la lucha de Mandela, dijo en su discurso de despedida el día del funeral de Madiba en Sudáfrica, el 10 de diciembre de 2013, en el estadio de Soweto, ante los miles y miles de personas, ciudadanos sudafricanos, mandatarios del mundo entero, allí congregadas:

“Fue un gigante de la historia que llevó a una nación hacia la justicia (…). Teniendo en cuenta el movimiento de su vida, el alcance de sus logros, la adoración que con tanta razón se ganó, es tentador recordar a Nelson Mandela como un icono, sonriente y sereno, separado de los asuntos de mal gusto de los hombres inferiores. Pero el propio Madiba resistió fuertemente tal retrato. En su lugar, Madiba insistió en compartir con nosotros sus dudas y sus miedos, sus errores de cálculo, junto con sus victorias. “Yo no soy un santo”, dijo, “a menos que usted crea que un santo es un pecador que persiste en el intento”. (…)

Mandela nos mostró el poder de la acción; de asumir riesgos en nombre de nuestros ideales. Nos enseñó también el poder de las ideas, la importancia de la razón y los argumentos; la necesidad de escuchar no solo a aquellos con quienes estamos de acuerdo, sino también a los que no piensan como nosotros. Entendió que las ideas no pueden ser contenidas por muros de la prisión, o extinguidos por la bala de un francotirador.

Mandela comprendió los lazos que unen el espíritu humano. Hay una palabra en Sudáfrica, Ubuntu, que captura el mayor regalo de Mandela: el reconocimiento de que todos estamos unidos en formas que son invisibles para el ojo, que hay una unidad de la humanidad. (…)

Hace treinta años, cuando todavía era un estudiante, aprendí sobre Nelson Mandela y la lucha que realizó en estas bellas tierras. E inspiró algo en mí. Me hizo despertar para tomar conciencia de mis responsabilidades hacia otros y hacia mí mismo, y me embarcó en un viaje inimaginable que me ha traído hasta aquí hoy. Y aunque me quede muy lejos del ejemplo de Madiba, él me hace querer ser una mejor persona”.

Palabra de Mandela

Mandela en una imagen del 6 de abril de 2000. Foto distribuida por Flickr (LSE Library).

“Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es el que no siente miedo, sino el que vence ese temor”

“Un ganador es un soñador que nunca se rinde”

“Debemos usar el tiempo sabiamente y siempre darnos cuenta de que el tiempo está siempre a punto para hacer lo correcto”

“Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de que hayamos vivido. Es la diferencia que hemos hecho a las vidas de otros lo que determinará el significado de la vida que llevamos”

“Mi respeto por los seres humanos no se basa en el color de la piel de un hombre ni en la autoridad que pueda ejercer, sino en su mérito”

1 COMENTARIO

DEJA TU COMENTARIO

Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre