El feminismo del 99%, como lo explica de Nancy Fraser en esta entreista se diferencia y se opone al liberal,
El feminismo del 99%, como lo explica Nancy Fraser en esta entrevista, se diferencia y se opone al liberal, "cuyas principales beneficiarias son mujeres directivas. En contraste con esta aproximación, el feminismo para el 99% se centra en las preocupaciones de las mujeres pobres, de clase obrera y media, incluyendo las inmigrantes y las de color". © Ana Yael

Separar, por un lado, la alianza neoliberal progresista y, por otro, el bloque populista reaccionario es el plan de Nancy Fraser a la búsqueda de nuevas mayorías progresistas. ¿Spoiler? Si acaso del 1% de esta entrevista. Queda un 99% de interesantísimas ideas sobre política, economía, feminismo y otras desigualdades con el sello de la pensadora norteamericana. Este fin de semana pasó por Madrid, ahondando en algunas de ellas.

En estos días se presenta en media Europa el Manifiesto de un feminismo para el 99% (editado en España por Herder) que Nancy Fraser ha escrito junto con Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya. En él defienden un feminismo transformador que aspire a algo más allá que colocar a mujeres en los puestos directivos. Ellas quieren un movimiento que se mezcle con las perturbaciones políticas, que enfrente –por ejemplo– la precariedad laboral a la búsqueda de la justicia y la igualdad sociales y reales. Creen que otro feminismo es posible y que otro mundo también debería serlo. Sobre las imperfecciones de este y sobre las opciones que plantea Fraser versa esta charla que mantuvieron con ella los periodistas Nils Markwardt y Dominik Erhard. Se publicó en la revista alemana Philosophie Magazin #06/2018 y la recuperamos como pieza clave de este dosier.

Usted dijo que se le podía llamar filósofa, pero que se veía a sí misma más como una crítica del presente. ¿Por qué?
Toda mi formación académica es en filosofía, así como mi ejercicio profesoral. Pero también tengo un pasado como activista de izquierda que me marcó profundamente. Con mi pasado como sesentayochista gravité, casi de forma natural, hacia la Escuela de Frankfurt. Lo que resonaba en mí era la idea de una teoría de crítica social interdisciplinaria, encaminada a clarificar las profundas raíces de la injusticia social y las perspectivas de superarlas. Esa es la idea que ha guiado todo mi trabajo. De ninguna manera soy una filósofa de sillón, aunque, de todas formas, mi escritura refleja ineludiblemente mi formación filosófica.

«Elaborar una teoría de crítica social interdisciplinaria, encaminada a clarificar las raíces de la injusticia social y las perspectivas de superarlas, es la idea que ha guiado todo mi trabajo»

¿Cómo descubrió la Escuela de Frankfurt?
Fue en mi época de estudiante en la universidad. El motivo fue un seminario sobre pensamiento político contemporáneo para el que tuvimos que leer El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse. Me explotó la cabeza. Su descripción detallada de la «sociedad del capitalismo tardío» como superficial, conformista y acrítica parecía muy certera. Definía las formas predominantes tanto en la cultura como en la política estadounidense que yo detestaba. Sin embargo, también era consciente, incluso entonces, de que la argumentación de Marcuse se autodestruía. Por un lado, era muy pesimista, denunciando que cualquier tipo de impulso crítico había sido extirpado de la sociedad. Por otro, el propio Marcuse fue capaz de entender la situación: su libro tuvo un éxito tremendo, fue recibido como una llamada a las armas para la nueva izquierda, lo que contradecía el diagnóstico del libro. Aun así, ese primer encuentro con la Escuela de Frankfurt me causó una fuerte impresión y me dejó con ganas de saber más. De todas formas, no fue hasta más tarde, cuando empecé el posgrado, cuando descubrí a los Horkheimer, Adorno, y Habermas. En general, la Escuela de Frankfurt fue y es una de mis mayores influencias.

Nancy Fraser en 4 ideas

Filosofía & co. - 7dee3e00a24d4e36924652d63091e9ba 2

  1. Nacida en Baltimore en 1947, Nancy Fraser es filósofa, profesora de filosofía y activista política.
  2. Si en el 68 comenzó a participar en las protestas por los Derechos Civiles en Estados Unidos, el compromiso la ha llevado recientemente a idear y defender movimientos como el feminismo para el 99%.
  3. Doctorada en Filosofía en la City University de Nueva York, es profesora de Ciencia política y filosofía en la New School University de esa misma ciudad.
  4. En su trayectoria ha hecho importantes aportaciones al concepto de justicia social y a los estudios de género, siendo decisivo su renovación del feminismo. Por ello ha recibido numerosos galardones, entre los que destaca el Premio Alfred Schutz en Filosofía Social 2010, que otorga la Asociación Americana de Filosofía.

Pero también hay otras grandes influencias en su trabajo. En su primer libro Unruly Practices (Prácticas rebeldes), de 1989, se embarcó en un «pragmatismo democrático-socialista-feminista», algo que puede parecer poco común porque el pragmatismo se percibe, con frecuencia, como contrario al activismo y a la teoría crítica.
Para mí, el pragmatismo no conlleva ninguna orientación política específica. Lo tomo, más bien, como una forma de poner el acento en el carácter mundano del pensamiento. La idea básica es que el pensamiento está anclado a un contexto histórico y debe reaccionar a los atolladeros específicos de su tiempo. No debería levitar por encima de su época a la búsqueda de una perspectiva divina. Su objetivo debería ser, en vez de analizar los conflictos de la época, localizar las características de la situación problemática que van más allá de ella y que pueden contribuir a su transformación. En otras palabras, para mí, el pragmatismo está próximo al hegelianismo de izquierda y comparte algo del espíritu de la Teoría Crítica. Esta última se diferencia, sin embargo, en que no solo se ocupa de problemas sociales aparentemente no relacionados, sino también de la estructura subyacente. A diferencia de los pragmáticos más habituales, los teóricos críticos persiguen estos problemas hasta las contradicciones profundas, sistémicas del orden social.

Una idea que Fraser toma del pragmatismo: «El pensamiento está anclado a un contexto histórico y debe reaccionar a los atolladeros específicos de su tiempo»

A la hora de analizar el presente, uno de sus conceptos clave es «neoliberalismo progresista». ¿Qué quiere decir con ello?
Desarrollé esta categoría para entender la crisis actual. Tal y como lo veo, estamos viviendo uno de esos raros momentos históricos de crisis generalizada, en los que todo el orden social pierde la apariencia de normalidad y se revela como disfuncional e insoportable. Uno de los elementos de esto es el colapso de la credibilidad de los partidos políticos tradicionales y la emergencia de alternativas políticas que eran marginales en la época anterior. Los ejemplos incluyen Trump y Bernie Sanders en Estados Unidos, el Brexit y el cambio de dirección del Partido Laborista Británico con Jeremy Corbyn en el Reino Unido, Mélenchon y el Frente National en Francia, Alternativa para Alemania, Podemos en España, etc. Estoy incluyendo aquí con toda intención populismos de izquierda y derecha y es porque en todos ellos veo aspectos del mismo fenómeno: el derrumbe de la hegemonía del neoliberalismo progresista. Todos sabemos qué es el neoliberalismo: el proyecto de liberalización, globalización y financiarización de la economía capitalista mundial; de liberar las fuerzas del mercado del control del estado; y de priorizar los intereses de los inversores por encima de todos los demás. Pero es crucial entender que no todos los neoliberalismos son iguales. Una política de distribución neoliberal (que favorece al capital y enriquece a los ricos) se puede combinar –y lo hace– con varias políticas de reconocimiento diferentes e incompatibles entre sí.

Tomemos el ejemplo de los Estados Unidos. Hasta la década de 1970, este país presumió de fuertes corrientes de pensamiento herederas del New Deal y de potentes movimientos progresistas. En este contexto, un proyecto de desregulación agresivo no habría logrado nada. Para que triunfara, tenía que ser empaquetado de nuevo y vinculado con algo más que pudiera darle un significado ético y una legitimación más amplia. La solución fue unir políticas regresivas de distribución con políticas progresistas de reconocimiento. He ahí el «neoliberalismo progresista» como resultado de la alianza entre dos extraños compañeros de cama; por un lado, las secciones más dinámicas, posindustriales y simbólicamente orientadas como Silicon Valley, Wall Street and Hollywood; por otro, corrientes liberales mayoritarias de los nuevos movimientos sociales progresistas –feminismo liberal y derechos LGTBQ, antirracismo liberal y muticulturalismo, ambientalistas liberales–. Aunque eran los compañeros más jóvenes de la alianza, los progresistas aportaron algo indispensable: un barniz emancipatorio que servía de coartada para las depredaciones del capital.

Aunque nadie le había puesto nombre, el neoliberalismo progresista ha dominado la política de Estados Unidos en los últimos 30 años. Se consolidó durante la presidencia de Bill Clinton, se mantuvo fuerte con Bush, volvió con fuerza bajo la presidencia de Obama y Hillary Clinton la encarnó a la perfección: una política que hablaba el idioma del feminismo, mientras andaba el camino de Goldman Sachs.

«Tanto en los populismos de izquierda como de derecha veo aspectos del mismo fenómeno: el derrumbe de la hegemonía del neoliberalismo progresista»

¿Y fue ese neoliberalismo progresista el que favoreció el auge del populismo de derechas?
Correcto. Hasta hace muy poco, la principal oposición al neoliberalismo progresista fue el tipo de neoliberalismo reaccionario fundado en el partido republicano de los Estados Unidos. Tenían una política económica similar, pero diferente política de reconocimiento: antiinmigración, etnonacionalista, procristiana. Así que las posibilidades de elección quedaban muy limitadas en la práctica a dos tipos de neoliberalismo: uno reaccionario, el otro progresista. Uno podía elegir entre etnonacionalismo y multiculturalismo, pero quedaba atrapado en la financiarización y la desindustrialización. Visto desde hoy, es sorprendente que tardara tanto en surgir la oleada populista, porque la combinación fue realmente devastadora para dos tercios de la población cuyas condiciones de vida se deterioraron seriamente. ¿No es sorprendente que esa golpeada clase media y trabajadora respondieran culpando de sus problemas al progresismo liberal, a su desprecio por los intereses de la clase obrera y a su desdén por la cultura de la clase obrera? A sus ojos, la política progresista de reconocimiento y la política neoliberal de distribución eran la misma cosa. Al no ver ninguna diferencia entre ambas, rechazaron todo, y lo que surgió, en el caso de Trump, fue una alternativa reaccionaria y populista, que parecía negar tanto los elementos neoliberales como los progresistas del bloque dominante.

«Aunque las políticas económicas neoliberales sigan vigentes actualmente, en términos de hegemonía, el neoliberalismo progresista está de capa caída»

Pero también hubo populismo de izquierdas en la campaña de Bernie Sanders.
Así es. Bernie Sanders representaba algo diferente: la alternativa populista progresista al neoliberalismo progresista. Antes de 2015, como dije, solo había dos opciones: neoliberalismo progresista y neoliberalismo reaccionario. Con Sanders y Trump obtuvimos dos más: populismo reaccionario y populismo progresista. Fue una expansión importante del universo político que significó un desafío frontal para el neoliberalismo. Ahora que no se trata de negar, por cierto, que las políticas económicas neoliberales sigan vigentes actualmente: estas figuras populistas que han llegado al poder les han dado continuación solo que con otro traje. El caso paradigmático es Trump, que no está gobernando como un populista reaccionario, sino como un neoliberal hiperreaccionario. Pero hablando en términos de hegemonía, el neoliberalismo progresista está de capa caída. Ha perdido autoridad moral y capacidad de persuasión. Por supuesto, he usado el ejemplo de los Estados Unidos, pero la historia es mucho más amplia e implica a muchos países y regiones en todo el mundo.

Lo que significa una crisis. Nancy Fraser en Madrid

En un contexto de crisis del presente, generalizada, es preciso más que nunca una teoría crítica. La filósofa norteamericana la aborda en tres fases que explicó en la sesión del viernes 22 de marzo en el museo Reina Sofía, de Madrid, pero antes de exponerlas (y repasarlas aquí brevemente) hizo una reflexión sobre el significado de las crisis. Dijo que «no significan que las cosas estén mal; que haya guerras, refugiados, problemas ambientales…, sino el sufrimiento que implican todos estos hechos». Recordó que «ese sufrimiento tiene sus razones, una causalidad enraizada en un sistema, que es algo más que mera economía». Por eso se puede y se debe hablar de crisis estructural y generalizada. Ella la analiza a través de tres conceptos: capitalismo, género y lucha social.

Respecto del primero, empezó por explicar que lo que conocemos como «un sistema económico basado en relaciones monetarias, de producción, distribución…» es algo más. La referida es una visión restrictiva del capitalismo, que es más que un sistema económico: «es un orden institucional, que guarda en sus entrañas un secreto: el sucio secreto de la acumulación y la explotación». Un orden que entraña «un complejo despliegue de relaciones sociales no económicas –pero imprescindibles para el desarrollo de una economía capitalista– sin las cuales no podría existir».

Una de estas fuerzas es la reproducción social, en la que Fraser hizo mucho hincapié al hablar de género, pues los trabajos de reproducción (opuestos a la producción, pero integrantes como estos del orden capitalista) han sido absorbidos mayoritaria y tradicionalmente por las mujeres. Han supuesto «un tipo de dominación estructural, no secundaria, y tan compleja, que no se puede entender aplicando los mismo parámetros que la dominación y desigualdad de clase». Sin embargo, sí es posible adoptar algunos términos y hablar por ejemplo de «esclavos de la reproducción social» sin los cuales no se puede mantener el sistema. «Sus costes no se hacen explícitos y se da por supuesto que se regalan al sistema capitalista», explicó Fraser. Durante las pasadas décadas, el esfuerzo del estado del bienestar supuso una «eficaz concesión al capitalismo para garantizar su supervivencia». pero ahora que está en proceso de desmantelación afloran las tensiones de la dicotomía entre producción y reproducción.

La lucha es el tercer punto fuerte de la teoría crítica de Fraser. En un momento en que «todas las contradicciones del capitalismo han alcanzado hoy su punto álgido» se hace imprescindible la contestación. La respuesta puede venir de movimientos como el del «feminismo para el 99%, al tratar de conseguir que todo el mundo de cualquier género, raza y condición pueda combinar las tarea de reproducción social con un trabajo acorde a sus intereses. ¿A dónde nos puede llevar? El futuro no es un terreno conocido, pero sí el presente, un presente en el que «se impone una transformación y la habrá, pero ¿quién la guiará? ¿Quién transformará las contradicciones del capitalismo en oportunidades». Para Nancy Fraser, el sistema solo es capaz de desplegarlas, pero no de solucionarlas. Para iniciar el camino de la resolución es preciso avanzar y ahondar en las propuestas de la teoría crítica que tiene en Nancy Fraser uno de sus mayores exponentes.

Desde que Trump fuera elegido, el populismo reaccionario está en alza en todo el mundo. ¿Cómo se debería contrarrestar? El historiador americano Timothy Snyder ha escrito hace no mucho un libro de repercusión mundial titulado Sobre la tiranía donde insta a unirse a todos los demócratas –desde los neoliberales hasta los de izquierda– para defender las instituciones liberales.
Timothy Snyder es un pensador original al que admiro, pero estoy en profundo desacuerdo con su análisis de la situación política actual y con su recomendación estratégica sobre la respuesta que debemos darle. La propuesta de Snyder consiste en reinstaurar las viejas y restrictivas posibilidades políticas: redoblar la política de reconocimiento liberal-individualista, excluyendo incluso las formas progresistas de populismo, y dejar la política de distribución a las finanzas globalizadas. No toca un punto crucial: la hegemonía neoliberal progresista es lo que permitió el ascenso de Trump. Si la «resistencia» aboga simplemente por la defensa de las instituciones políticas liberales y omite la dirección de la economía política neoliberal que dio fuelle al populismo reaccionario, lo mejor que logrará será restaurar el statu quo anterior. Pero eso prepara el terreno para un futuro aún peor que con Trump. Lejos de sugerir que la izquierda debería cerrar filas y defender el liberalismo, diría justamente lo contrario. Deberíamos seguir una política de separación encaminada a lograr una nueva mayoría populista progresista.

«Lejos de sugerir que la izquierda debería cerrar filas y defender el liberalismo, diría justamente lo contrario: deberíamos seguir una política de separación para lograr una nueva mayoría populista progresista»

¿Qué quiere decir con separación?
En el núcleo de esta estrategia está precipitar dos divisiones. La primera, la alianza neoliberal progresista, al separar la masa de mujeres, inmigrantes y gente de color menos privilegiada de quienes se han apropiado de sus intereses: feministas liberales, antirracistas y antihomófobos meritocráticos, predicadores de la identidad corporativa y apologistas de un capitalismo verde. Pero también, en segundo lugar, esta estrategia quiere dividir el bloque populista reaccionario al separar las comunidades obreras de los intereses corporativos y las fuerzas sociales que promueven el militarismo, la xenofobia el etnonacionalismo que, mientras se presentan a sí mismos como defensores del ‘hombre común’, son en realidad criptoneoliberales.

En el primer caso, esto significa abandonar la política de reconocimiento liberal individualista que ha dominado en los movimientos progresistas de épocas recientes. Sustituir la meritocracia por la igualdad real que la política había enfocado como una diversificación de las jerarquías corporativas en vez de abolirlas o disminuirlas. La alternativa que propongo puede ilustrarse con el ejemplo del feminismo. Durante los dos últimos años, mi compromiso ha sido el de promover un feminismo para el 99% como alternativa al feminismo liberal-corporativo.

«Habría que separar, primero, la alianza neoliberal progresista: la masa de mujeres, inmigrantes y gente de color menos privilegiada de quienes se han apropiado de sus intereses». La segunda ruptura es la del bloque populista reaccionario. Fraser quiere «ganar para el populismo progresista a esas familias de clase media o trabajadora que han votado por los populistas de derecha pero no son racistas, homófobos o misóginos irremediables»

En el segundo caso, el objetivo es ganar para el populismo progresista a esas familias mixtas y de clase media o trabajadora que han votado por los populistas de derecha pero no son racistas, homófobos o misóginos irremediables. Esto significa separarlos no solo de los gurús neoliberales corporativos, sino de los verdaderos supremacistas blancos e islamófobos. Retomo el ejemplo de los Estados Unidos. Hay, sin duda, racistas recalcitrantes entre quienes apoyan a Trump, pero los votantes cambiantes, veleidosos, que lo eligieron en realidad no pertenecen a ese grupo. Pertenecen mayoritariamente a la gente obrera blanca de áreas industriales que fueron golpeados por la desindustrialización. No olvidemos que 8,5 millones de estas personas votaron a Obama en 2012 y algunos de ellos a Sanders en las primarias demócratas. Esto demuestra que no son racistas convencidos, sino más bien racistas oportunistas: no les importa votar a un racista siempre que diga algunas de las cosas que les importan y si no hay ningún candidato antirracista alternativo que está diciendo esas otras cosas. Esa es la gente que puede ser desgajada de Trump y sumada al populismo progresista.

Resumiendo, mi propuesta es diametralmente diferente a la de Snyder. Donde él propone resucitar el neoliberalismo progresista yo propongo desarrollar el populismo progresista. Más que por cerrar filas, opto por dividir en aras a construir un nuevo bloque contrahegemónico.

Un feminismo para el 99%

"Manifiesto de un feminismo para el 99%", de Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, publicado por Herder.
«Manifiesto de un feminismo para el 99%», de Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, publicado por Herder.

Uno de los aspectos  más importantes de la trayectoria teórica de Nancy Fraser es el feminismo. También lo es en términos de activismo. Teoría y práctica se unen ahora en el llamado feminismo del 99%, que Fraser explica con estas palabras:

«El feminismo para el 99% es un proyecto político y una intervención activa. Representa la alternativa al feminismo liberal, ese de ‘romper el techo de cristal’ cuyas principales beneficiarias son mujeres directivas. En contraste con esta aproximación, el feminismo para el 99% se centra en las preocupaciones de las mujeres pobres, de clase obrera y media, incluyendo las inmigrantes y las de color. Su expresión más conocida hasta el momento es la huelga internacional de mujeres que en los dos últimos años ha organizado, en numerosos países, paros, manifestaciones y otras acciones en el Día Internacional de las Mujeres, el 8 de marzo. Comenzó en Polonia y Argentina en 2016 bajo la forma de acciones callejeras masivas a favor de la libertad reproductiva y en respuesta a la violencia contra las mujeres. Ese espíritu pronto se extendió a otros países, especialmente de América Latina y el sur de Europa. Llegó a Estados Unidos tras la elección de Trump. Probablemente recuerden las masivas marchas de mujeres que tuvieron lugar en todo el país. Aquella enorme movilización estaba llena de promesas, pero le faltaba una agenda política real, así que el movimiento feministas de izquierda al que pertenezco decidió intervenir. Hicimos un llamamiento a una huelga internacional de mujeres el 8 de marzo de ese año en nombre de un feminismo para el 99%. Acuñando esa frase, queríamos señalar que era hora de acabar con el feminismo de las élites empresariales para el que la igualdad de género significa superar la discriminación, de modo que las mujeres de talento puedan llegar a lo más alto. Este feminismo ignora la dimensión estructural de la subordinación femenina en la sociedad capitalista. Olvida que las Sheryl Sandbergs (economista y directora operativa de facebook) del mundo se pueden apoyar en los tableros de dirección porque también se están apoyando en las labores domésticas que realizan mujeres mal pagadas, migrantes o de otras razas. El feminismo para el 99% se opone frontalmente a la austeridad neoliberal, que interpretamos como un asalto a la reproducción social. La reacción a esto debe ser, por lo tanto, feminista y antineoliberal o anticapitalista al mismo tiempo, por lo que nuestra reivindicación principal es subordinar los intereses de beneficio capitalistas a las necesidades sociales».

"Capitalismo. Una conversación desde la Teoría Crítica", de Fraser y Jaeggi, en Morata.
Capitalismo. Una conversación desde la Teoría Crítica, de Fraser y Jaeggi, en Morata.

En su libro Capitalismo. Una conversación desde la Teoría Crítica, publicado junto con Rahel Jaeggi, sostiene que el capitalismo no es solo un sistema económico sino una forma de sociedad…
Entiendo el capitalismo como un orden social institucionalizado que también abarca relaciones y prácticas aparentemente no económicas, pero que sostienen, de igual modo, la economía oficial. Detrás de las instituciones oficiales del capitalismo del trabajo asalariado, de la producción, del intercambio y de las finanzas, se encuentran también los apoyos necesarios y las condiciones propiciatorias: las familias, las comunidades, la naturaleza, los estados territoriales, las organizaciones políticas y las sociedades civiles; y lo que no es menos importante, cantidades enormes y múltiples formas de trabajo no remunerado y expropiado que todavía realizan, en gran parte, las mujeres y la gente de color, y que a menudo no reciben compensación. Estos también son elementos constitutivos de la sociedad capitalista y lugares de contradicción y crisis.

¿Cuáles podrían ser esos elementos constitutivos del capitalismo?
El capitalismo tiene una estructura institucional única, basada en cuatro divisiones, ninguna de las cuales puede encontrarse en otras sociedades. Primera: el capitalismo separa la producción económica de la reproducción social. Lo que consideramos como dos tipos distintos de actividad estaban completamente entrelazados en las sociedades precapitalistas, donde el cuidado de los niños, el mantenimiento del hogar y la preparación de alimentos formaban parte del mismo espacio social que la agricultura y la manufactura artesanal. En el capitalismo, sin embargo, esas actividades fueron divididas y tratadas como intrínsecamente diferentes, asignadas a esferas contrapuestas (la familia vs la fábrica) y gestionadas de diferentes maneras (por sentimiento vs por dinero), con la reproducción quedando subordinada a la producción.

«Entiendo el capitalismo como un orden social institucionalizado que también abarca relaciones y prácticas aparentemente ‘no económicas’ que sostienen la economía oficial»

En segundo lugar, el capitalismo separa el trabajo remunerado de los trabajadores libres del trabajo obligatorio y no remunerado. Las antiguas sociedades no conocían esta separación. Todos los desposeídos eran simplemente considerados como sujetos dependientes. Solo el capitalismo distingue entre los que son simplemente explotados y los que son sometidos a una expropiación brutal, ya sea en forma de esclavitud, colonialismo o expropiación poscolonial a través de la deuda. Siempre en favor del capital, estos dos grupos se enfrentan entre sí por medio de una lógica de ‘divide y vencerás’.

Tercero: el capitalismo agudiza la separación entre sociedad y naturaleza. Mientras las sociedades anteriores se basaban en la proximidad del ser humano a la naturaleza, el capitalismo ha convertido a esta última en lo que Heidegger llamó la reserva permanente: un recurso en cuya regeneración no se piensa.

Finalmente, el capitalismo separa sus reglas económicas de las políticas. Anteriormente también estos órdenes se habían mezclado, como en el feudalismo, donde la relación señor-vasallo organizaba no solo el poder militar, sino también el trabajo, la producción y la distribución.

Al poner el acento en estas cuatro características de la sociedad capitalista, lo que pretendo es revelar la parte oculta del sistema. Debajo de la explotación de clase sobre la que teorizó Marx existen otras formas de dominación igualmente asentadas y estructuralmente arraigadas: la subordinación de género, la expropiación racial, la depredación ecológica y el dominio antidemocrático de la clase política. También estoy apuntando que el capitalismo alberga múltiples posibilidades de crisis, más allá de las económicas estudiadas por Marx.

«Debajo de la explotación de clase existen otras formas de dominación igualmente asentadas y estructuralmente arraigadas: género, raza, depredación ecológica…»

¿Qué tipo de crisis?
Crisis en la reproducción social, la ecología y la política. No es casualidad que el capitalismo produzca crisis aquí regularmente. A la búsqueda de ganancias ilimitadas, el sistema no solo vive de la explotación del trabajo, sino de la naturaleza, los bienes públicos y del trabajo no remunerado de cuidados. La degradación sistemática de la naturaleza, la instrumentalización de los poderes públicos y la apropiación del trabajo de cuidados no remunerado desestabiliza periódicamente las condiciones que él y todos nosotros necesitamos para vivir. La crisis está programada en su ADN. En general, lo que propongo es una nueva manera más amplia de entender el capitalismo, capaz de integrar las preocupaciones de feministas, antirracistas, ecologistas y demócratas. Mi mayor apuesta es que ninguna de estas causas se puede perseguir de forma aislada y tampoco sin prestar atención al problema del capitalismo.

Sigue leyendo… Un feminismo para la inmensa mayoría (y contra toda desigualdad) (Parte 1)

Sigue leyendo… Desigualdad económica: la filosofía mira al bolsillo (Parte 2)

Sigue leyendo… La (des)igualdad personal vista desde la filosofía (Parte 3)

DEJA TU COMENTARIO

Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre