El miedo es una de las emociones más poderosas y determinantes del ser humano. © Ana Yael.
El miedo es una de las emociones más poderosas y determinantes del ser humano. © Ana Yael.

De las emociones que los humanos experimentamos, puede que ninguna haya despertado en nosotros mayor fascinación que el miedo. Leemos novelas de miedo, disfrutamos de películas que nos provocan miedo y nos apuntamos encantados a experiencias que tienen el miedo como principal atractivo. ¿Por qué el miedo resulta tan fascinante cuando es una emoción que no deberíamos desear? ¿Qué misterio oculta? ¿Lo necesitamos? ¿Por qué?

Antes de nada, hemos de sumergirnos en el maravilloso mundo de las emociones humanas, y más concretamente en esa categoría que serían las emociones “malsanas”: la angustia, la timidez, la inquietud, el terror, la vulnerabilidad, etc., un conjunto muy bien relacionado entre sí, hasta el punto de que llegamos a veces a confundirlas o curar unas con tratamientos para resolver otras.

A pesar de que parezca que el funcionamiento de las emociones es lógico y básico, no es tal. Se trata de fenómenos muchos más complejos de lo que podríamos pensar. Por ejemplo, por nuestra condición, los seres humanos tendemos a pensar de un modo lineal, atribuyendo a una causa un determinado efecto. Algo que, sin embargo, no siempre se cumple en el caso de las emociones, que parecen tener su propia causalidad –por ejemplo: ¿nos gusta algo porque es bonito, o algo nos parece bonito porque nos gusta?–, lo que nos impide establecer unas reglas concretas y comprenderlas adecuadamente.

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