Una mirada renovada al maestro Ortega

«Leemos a Ortega por placer y para comprender lo incomprensible, la vida. Leemos a Ortega para entender nuestro tiempo. Leemos a Ortega y pensamos con alegría» (Agapito Maestre).
«Leemos a Ortega por placer y para comprender lo incomprensible, la vida. Leemos a Ortega para entender nuestro tiempo. Leemos a Ortega y pensamos con alegría». Agapito Maestre.

Una de las más atractivas novedades en el panorama editorial de los últimos meses ha sido Ortega y Gasset, el gran maestro, el libro que firma el filósofo, profesor y articulista español Agapito Maestre. Una obra en la que el autor aporta una visión renovada acerca de los mitos creados en torno a quien ha sido el gran filósofo español de los últimos siglos.

Por Jaime Fernández-Blanco

A lo largo de las páginas de este volumen, Maestre nos acerca no solo al pensamiento filosófico de nuestro protagonista, sino también a su faceta personal. Es decir, nos encontramos con un análisis que abarca todo Ortega, desde sus virtudes como persona y filósofo, hasta su faceta como político y ciudadano. Lo cual no es poco, habida cuenta del importantísimo papel que jugó en aquellos años, los más convulsos de la historia reciente de España.

Qué cuenta

Ortega y Gasset, el gran maestro, de Agapito Maestre (Almuzara)
Ortega y Gasset, el gran maestro, de Agapito Maestre (Almuzara).

Y es que Ortega, fiel a su famosa cita «Yo soy yo y mi circunstancia», no puede ser analizado sin tener en cuenta su época, la cual ha estado tan sujeta al sesgo ideológico de unos y otros por los sucesos que ocurrieron entonces que apenas vislumbramos ya la verdad de su figura. Y es ahí donde entra con valentía Agapito Maestre, pues abre de par en par las ventanas de la vida de Ortega para analizar, de nuevo, si lo que se ha venido diciendo del gran maestro es real o no, si se ha dicho con intereses particulares, o si esas críticas y halagos estaban sustentados con hechos.

Una labor encomiable y compleja, pues Ortega es un personaje del que se ha dicho –y se sigue diciendo–prácticamente de todo. «A él (Ortega) se le reivindica y se le cita en los días de fiesta, pero se le oculta en los laborables», nos comentaba el propio Agapito Maestre a Filosofía&Co. Y es que a Ortega y Gasset se le ha pintado de todas las formas posibles, tanto buenas como malas: como el magnífico profesor que supo despertar el ansia del conocimiento de una de las generaciones intelectualmente más fructíferas de la historia de España; como el político que, ante el auge del totalitarismo, la violencia y el desorden de su época, dio un paso atrás; como el intelectual que, ante los nubarrones que se forman en el horizonte, huye de su patria cuando empezó la guerra; como el hipócrita que retornó aunque siguiera vigente la dictadura que decía odiar; como el genio de incalculable valor que alcanzó la fama internacional por el valor de su obra filosófica. Todos esos son los Ortegas que unos y otros han presentado a lo largo de las décadas que siguieron a su muerte. Y este libro es el que levanta la alfombra haciendo las grandes preguntas: ¿cuál es el verdadero? ¿Qué versiones se han creado y con qué motivos?

Este libro hace las grandes preguntas: ¿cuál es el verdadero Ortega? ¿Qué versiones se han creado de él y con qué motivos?

Al hablar de José Ortega y Gasset es imposible obviar su labor docente, error en el que, obviamente, no cae Maestre. Más que ningún otro pensador español de su época, Ortega representó el papel de gran maestro universitario, capaz no solo de enseñar a sus alumnos, sino de motivarlos y hacer crecer en ellos el afán de conocimiento para que se convirtieran, a su vez, en grandes referentes filosóficos e intelectuales por sus propios méritos. Así lo atestigua su larga lista de discípulos, entre los que destacan Julián Marías, Xavier Zubiri, María Zambrano, Manuel García Morente, José Luis Aranguren y un larguísimo etcétera. Todos pensadores de renombre que fueron después también grandes maestros con multitud de seguidores. De ahí que el mapa de discípulos de Ortega sea amplísimo y sumamente fecundo.

Pero no solo tuvo Ortega seguidores entre sus jóvenes alumnos de España, sino que su figura fue alabada por medio mundo. En palabras del premio Nobel de Literatura de 1976, Saul Bellow, «si Ortega hubiera escrito en inglés sería el autor más citado de su época». Y lo cierto es que contó entre sus seguidores y lectores con auténticos pesos pesados de la intelectualidad del siglo XX, como podían ser el filósofo y escritor francés Albert Camus o el escritor mexicano Octavio Paz (dos premios Nobel más, por cierto).

Más que ningún otro pensador de su época, Ortega representó el papel de gran maestro universitario, capaz no solo de enseñar a sus alumnos, sino de motivarlos para que se convirtieran, a su vez, en grandes referentes filosóficos e intelectuales

La gran pregunta que se nos plantea en cierto punto del libro es: si tan grande fue Ortega y tan valioso su pensamiento y papel, ¿por qué nos queda esa sensación de pensador siempre «a punto» de alcanzar la cima? ¿Cómo es posible que figuras menos brillantes gocen de mayor fama y despierten mayor entusiasmo, pese a ser menos dignos de admiración que él? Quizá porque, como la misma filosofía de Ortega reza, tanto él como su vida y sus circunstancias no pueden ser desligadas de su época y aquella no pudo ser más convulsa y dramática. El peso de las dos Grandes Guerras (y en España, de la Guerra Civil), las grandes ideologías totalitarias y los movimientos intelectuales/culturales/filosóficos de donde surgieron, afectaron al mundo en todos los órdenes imaginables, contaminando, alterando y condicionando de manera injusta los hechos, las personalidades y los trabajos no solo de los que tuvieron la desgracia de vivir aquellos años, sino también de todos los que vinieron después. Unas huellas que aún hoy son bien visibles.

Por qué hay que leerlo

Por suerte, nos quedan las obras de Ortega, punto fundamental que debe ser analizado en detalle, puesto que el filósofo español fue, además de un académico brillante y una figura intelectual de primer orden, uno de los mejores ensayistas, columnistas y escritores de su época. El estilo de Ortega brilla, principalmente, porque tiene muy poco que ver con el de otros filósofos. Sin perder su tono académico y la profundidad de sus razonamientos, Ortega es uno de los pocos autores que escriben para todos. La claridad, la concisión y el rigor de sus fuentes y reflexiones son las grandes claves de su escritura, logrando así enganchar tanto al experto como al lector novel. Algo, por cierto, que muy pocos autores de su mismo gremio han logrado.

Es este uno de los grandes méritos de Ortega: el conseguir hacer la filosofía atractiva incluso para aquellos que, de primeras, no se sienten atraídos por la filosofía. Lectores de toda condición pueden acercarse –y, de hecho, así lo han hecho durante décadas– a su obra por su impecable claridad expositiva y su tono cercano. Mientras que muchos otros filósofos parecen hacer un esfuerzo consciente para oscurecer sus obras, haciéndolas innecesariamente abstrusas e incomprensibles –con la intención quizá de que ese tono incomprensible les haga parecer misteriosos y, aparentemente, inteligentes–, Ortega es capaz de jugar con la divulgación sin caer tampoco en la exagerada deformación de esta: llegar a la simpleza y tratar al lector como si fuera idiota.

José Ortega y Gasset fue, además de un académico brillante y una figura intelectual de primer orden, uno de los mejores ensayistas, columnistas y escritores de su época

Todos estos aspectos de la personalidad y la obra de Ortega son analizados y valorados en su justa medida por Maestre en este libro que nos ofrece la editorial Almuzara. Un título que pone de relieve la permanente actualidad del pensamiento de Ortega, además de ser una magnífica oportunidad de acercarnos al mismo con una mirada nueva, limpia, libre de perjuicios y basada únicamente en hechos objetivos de la vida del gran filósofo español.

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