«La metamorfosis»: el juego de la verdad

Así arranca «La metamorfosis», de Kafka: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto». Ilustración de Kafka a partir de la portada de esa obra en Alianza y una imagen de www.flickr.com/photos/pocketshop/albums bajo licencia CC BY 2.0
Así arranca «La metamorfosis», de Kafka: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto». Ilustración de Kafka a partir de la portada de esa obra en Alianza y una imagen de www.flickr.com/photos/pocketshop/albums bajo licencia CC BY 2.0

¿Calificarías como ciencia ficción la historia de un viajante de comercio que se acuesta como ser humano y se levanta convertido en un extraño bicho? Si has respondido que sí es que nunca te has sentido como una cucaracha. El libro La metamorfosis tiene una respuesta para ti. Lo recordamos hoy, en el aniversario del nacimiento de su autor, Franz Kafka, el 3 de julio de 1883.

Los amantes de lo anecdótico dicen que no es una cucaracha aquello en lo que Gregorio Samsa se convierte una noche y que un escarabajo sería lo más parecido. Qué importa. No es esto un tratado de entomología. Pero tampoco es una novela de misterio. Desde la tercera línea ya sabemos lo que pasa con desconcertante precisión: «Al despertar Gregorio Samsa una mañana de sueño intranquilo, se encontró en la cama convertido en un monstruoso insecto». La historia podría haberse acabado ahí y constituir un relato hiperbreve de esos que parecen tan modernos ahora o, si hubiera querido el escritor checo acometer una novela de intriga, bien podría haber colocado la explicación al final del texto. Pero no. Kafka nos plantea un juego, una fantasía si se quiere, un órdago, un ¿lo tomas o lo dejas? Lo tomamos, lo tomamos.

El silencio como respuesta

Kafka es a la literatura lo que Nietzsche a la filosofía; ambos decretan la muerte de Dios ante el mundo, la soledad del individuo ante él. Con reacciones diversas, contrarias si se quiere. La respuesta de Nietzsche es la exaltación y el superhombre al que dará lugar; la respuesta de Kafka es el silencio, una resignada aceptación. Ante los aconteceres más asombrosos (la mutación de un ser humano en bicho, la detención de un sujeto sin ningún motivo, la imposibilidad de acceder a las autoridades de un castillo…), Kafka no ofrece respuestas en sus escritos, ni valoraciones, ni juicios morales; sus obras son todo situación y lucha. Cualquier pregunta, cualquier esfuerzo por hallar la razón de lo maravilloso (cuando lo maravilloso no tiene por qué ser «bueno») está condenada al fracaso y a la desesperación, castigo y represión de quien osara cuestionárselo.  De este modo, ¿buscan los familiares de Gregorio, el bicho, algún médico que les pueda explicar qué ha pasado, ruegan a Dios o le maldicen por su suerte…? En absoluto; lo que hacen es cerrar la puerta y encerrar a Gregorio minimizando su existencia y esperando (deseando cada vez menos en secreto) su muerte. Nabokov, en su Curso de literatura europea, lo expresa muy gráficamente: «Ved la curiosa mentalidad de esos retrasados mentales que nos presenta Kafka, poniéndose a leer el periódico de la tarde a pesar del fantástico horror alojado en el interior de la vivienda».

El filósofo Kafka

El libro «50 pensadores contemporáneos esenciales», editado por Cátedra, incluye a Kafka en su portada.
El libro «50 pensadores contemporáneos esenciales», editado por Cátedra, incluye a Kafka en su portada.

En el libro 50 pensadores contemporáneos esenciales, editado por Cátedra, se leen en portada los nombres de Adorno, Agamben, Badiou, Chomsky, Deleuze, Derrida, Lacan, Levinas, Serres… Y Kafka (y Joyce, como acompañante en la intromisión). ¿Qué hace el escritor checo en un libro dedicado a la filosofía contemporánea? Decantar de su lado el devenir del pensamiento. Las ficciones de este singular escritor se situaron más allá del tiempo de su época para describir el futuro que vendría y sus ítems de pensamiento; «el nihilismo de una sociedad sin Dios, el hiperracionalismo del dominio burocrático que estrangula al inocente (…) y el fin de todos los idealismos». Más allá, John Lechte, el autor del libro, habla del «colapso de la trascendencia» y de una situación de desnudez resultante en la que ha desaparecido «el origen de la ley, el del cambio, el de la sexualidad, la causa en la relación de causa-efecto». Frente a toda esa anomalía, Kafka asume el papel en sus ficciones de crudo revelador de los peligros y engaños que ocultan las relaciones sociales y personales. No en vano su figura y su trascendencia han atraído la atención de filósofos como Deleuze, Guattari, Blanchot o Bataille, que le han dedicado diversos ensayos.

El disfraz que muestra la realidad

A menudo las máscaras sirven para, prejuicios a un lado, dejar paso a la verdad. En La metamorfosis, según el escarabajo va tomando posesión no solo del cuerpo (eso lo hace de un golpe) sino del espíritu de la persona, las relaciones del interior de la casa se vuelven más nítidas y transparentes y cada uno de los miembros de la familia se va mostrando tal y como es.

Se podría decir que cuanto más escarabajo se hace Gregorio, más asquerosos resultan los miembros de su familia

La metamorfosis, de Kafka (Alianza).
La metamorfosis, de Kafka (Alianza).

Junto al bicho hay tres protagonistas principales: sus padres y su hermana. Esta, aparece en primer lugar como la cuidadora de Gregorio, aquella que es capaz de soportar su visión, se inmola y se adjudica la sacrificada  tarea de velar por él. Es la encargada de suministrarle comida, limpiar su cuarto… Para Gregorio, ella es la hermana querida, a la que protegía y para la que albergaba el proyecto secreto de mandarla a estudiar música al Conservatorio en cuanto el dinero se lo permitiese… Con el tiempo, Grete pasa de cuidar a Gregorio a  no dejar que nadie más de ocupe de él. Su papel de buena hermana se parece según avanza la narración al de las hermanastras de los cuentos. Finalmente es la que lo condenará a su existencia animalesca, despojándolo de cualquier resto de humanidad. Ella verbalizará la sentencia, que no es sino sentencia de muerte: «No quiero pronunciar el nombre de mi hermano en presencia de este bicho, así que todo lo que tengo que decir es que debemos tratar de librarnos de él».

A la taimada traición de Grete hay que añadir la del padre. Las del padre, pues son varias. En primer lugar, es el personaje que desde el primer momento quiere eliminarlo y se muestra dispuesto a usar la fuerza y la violencia; le patea y le amenaza con un bastón nada más ver su nuevo aspecto. Posteriormente, en una de sus salidas, le lanzará manzanas hasta incrustarle una en el caparazón que le producirá una enorme herida. Pero quizá más sofisticadas son las otras traiciones y engaños; por una lado ha ocultado a su familia unos fondos, lo cual había motivado el penoso trabajo que Gregorio había tenido que aceptar. Ha volcado en  él toda la responsabilidad económica del mantenimiento de la familia y Gregorio la ha asumido con entrega. Por otro lado, mientras Gregorio se ocupaba de la familia, el padre aparecía como un ser cansado, que se arrastraba en vez de moverse con la ayuda de un bastón… En cambio, cuando Gregorio se hace bicho, el padre parece revitalizarse: “ahora estaba allí, de pie y muy tieso; vestía un rígido uniforme…”.

La hermana afirma que deben  librarse de él, del bicho al que no reconoce ninguna humanidad. El padre le amenaza y patea…

Por su parte, la madre, aunque le dé un soponcio cada vez que ve a Gregorio, es la única que parece entender que, si algo humano queda de su hijo, está debajo del caparazón… Pero es la más débil del hogar, se desmaya y no discute; en una ocasión tiene una trifulca con su hija con motivo del acondicionamiento de la habitación. Ante la disyuntiva de dejarla como estaba o despejarla para adaptarla a la nueva anatomía de Gregorio y que este la pueda recorrer sin problemas plantea: «¿No parece que le estuviéramos demostrando, al retirar sus muebles, que hemos perdido toda esperanza en su mejoría y que le abandonamos a su suerte? Creo que sería mejor conservar la habitación como siempre la había tenido, de modo que cuando vuelva con nosotros lo encuentre todo igual y pueda olvidar lo ocurrido». La pregunta demuestra que la madre es la única que tiene esperanza, la única que piensa que en la reversibilidad de la situación. Ni que decir tiene que es Grete la que gana: los muebles desaparecen de la habitación.

Un animal que es buena persona

Ante los cambios que se producen a su alrededor. ¿Cómo reacciona Gregorio? La frase anterior de su madre le produce dolor, pues por una lado sabe que una habitación despejada es más fácil de recorrer para su nueva anatomía escarabajil. Por otro, siente que se pierde su naturaleza humana… Ante las traiciones de su padre, Gregorio no siente deseos de venganza; ni siquiera las siente como traiciones, simplemente se alegra de que su familia tenga cómo mantenerse… sin él. Lo mejor de su naturaleza humana se crece al tiempo que se afianza su ser de escarabajo. No cambia el afecto que siente hacia su hermana; y cuando escucha la música que esta toca hacia el final del libro le viene a la cabeza el propósito del conservatorio… Consciente y lúcido como ninguna otra de las personas que pueblan su casa, Gregorio sabe de la repulsión que puede causar su vista y se oculta cuando entran a verle bajo el sofá. Y más aún: su entrega y su sacrificio no tiene límites; pagará con la muerte el exceso de mostrarse en público, atraído por el violín, ante los tres huéspedes que la familia ha acogido para conseguir ingresos. Tras el estallido final,  Gregorio se inmola para que su familia pueda seguir viviendo una existencia normalizada: «Apenas si notaba ya la manzana podrida en la espalda (…) Pensó en su familia con ternura y cariño. Estaba aún más firmemente convencido que su hermana de que debía desaparecer». La muerte de Gregorio en la ignominia supone el renacer de toda la familia. «Los parásitos se han cebado en Gregor», comenta Nabokov en su libro de apuntes. Ya pueden seguir viviendo como si nada hubiera ocurrido.

¿Qué han dicho sobre Kafka otros autores?

Deleuze y Guattari en la portada de la edición portuguesa de «Kafka, por una literatura menor», publicado por Auténtica.

Deleuze y Guattari. Kakfa, por una literatura menor
«¿Cómo entrar en la obra de Kafka? Es un rizoma, una madriguera (…). Nosotros no creemos sino en una política de Kafka que no es ni imaginaria ni simbólica. Nosotros nos creemos sino en una máquina o máquinas de Kafka, que no son ni estructura ni fantasma. Nosotros no creemos sino en una experimentación de Kafka; sin interpretación, sin significancia, solo protocolos de experiencia (…). Un escritor no es un hombre escritor, sino un hombre político, y es un hombre máquina, y es un hombre experimental».

 

Curso de literatura europea, de Vladimir Nabokov en Ediciones B.
Curso de literatura europea, de Vladimir Nabokov en Ediciones B.

Vladimir Nabokov. Curso de literatura europea
«La belleza de las pesadillas de Gógol y de Kakfa es que sus personajes humanos centrales pertenecen al mismo mundo fantástico que los personajes inhumanos que les rodean, pero el personaje principal trata de escapar de ese mundo, quitarse la máscara, trascender del gabán o el caparazón».

 

 

La literatura y el mal, de Georges Bataille, en edición de Nortesur.

George Bataille. La literatura y el mal
«Se inclina profundamente ante una autoridad que le niega, aunque su manera de inclinarse sea más violenta que una afirmación; se inclina amando, muriendo y oponiendo el silencio del amor y la muerte a lo que no podría hacerle ceder, porque esa nada que a pesar del amor y la muerte no podría ceder, es soberanamente lo que él, Kafka, es».

 

De Kafka a Kafka, de Maurice Blanchot en Oaxaca Universitaria.

Maurice Blanchot. De Kafka a Kafka
«Lo que Kafka nos da, don que no recibimos, es una suerte de combate de la literatura por la literatura, combate cuya finalidad se nos escapa y que al mismo tiempo es tan familiar como extraño».

 

 

 

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