Martin Luther King: todo por un sueño

Martin Luther King nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta (Estados Unidos) y fue asesinado el 4 de abril 1968 en Memphis. Foto: Pixabay.
Martin Luther King nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta (Estados Unidos) y fue asesinado el 4 de abril 1968 en Memphis. Foto: Pixabay.

«Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda». Y con ellas se topó y contra ellas luchó sin usar la violencia. Con su sueño siempre en mente, Martin Luther King se entregó a fondo para que la pesadilla que vivía despierto se terminara. «Yo tengo un sueño. Que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por su personalidad». No llegó a disfrutarlo. Se lo impidió el 4 de abril de 1968, hoy hace 51 años, un hombre blanco, según la versión oficial, disparándole en la cara. A Luther King lo asesinaban a los 39 años.

Por Amalia Mosquera

Ha pasado más de medio siglo de aquel asesinato y aún hoy esa versión oficial no parece estar tan clara. James Earl Ray, «un ladrón de poca monta», según lo describía el periódico El País hace hoy un año, un hombre blanco, racista, fue declarado único culpable y el autor del disparo. Pero una investigación del Congreso de Estados Unidos y la propia familia de Luther King plantearon dudas sobre la culpabilidad de Ray.

Lo que Martin Luther King soñaba en alto el 28 de agosto de 1963 en Washington, ante más de 250.000 personas, acabó haciéndose ley. Alcanzó a ver firmada la Ley de Derechos Civiles en el año 1964, cuatro años antes de que lo asesinaran. Luther King fue uno de los grandes líderes de este movimiento en Estados Unidos. Costó sangre, sudor, lágrimas y años y años de lucha, sufrimiento, racismo, injusticia y desigualdad. ¿Y si alguien le hubiera dicho al terminar aquel histórico discurso en Washington que, gracias a su lucha, no solo sus hijos iban a tener los mismos derechos que los blancos en su país, sino que, 46 años más tarde, un hombre negro iba a ser presidente de Estados Unidos y la persona más poderosa del mundo? Quizá Martin Luther King era incapaz de soñar tanto. El congresista John Lewis, uno de los colaboradores más estrechos de Luther King, lo dijo en enero de 2013: «Si no hubiese habido un Martin Luther King, no habría un Barack Obama de presidente».

Sociología, teología y filosofía

Michael King nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Estados Unidos. Era hijo de un pastor de la Iglesia baptista, Michael King padre, y de Alberta Williams, también muy unida a la iglesia, donde tocaba el órgano. Durante un viaje a Alemania que hizo la familia en 1934, su padre decidió cambiar su nombre y el de su hijo por Martin Luther, en inglés, en honor al reformador protestante Martín Lutero. Tenía una hermana mayor, Christine, y uno hermano más pequeño, Alfred Daniel Williams. Nació y creció​ muy lejos de ese sueño que él mismo tendría de adulto: en tiempos de discriminación racial, viendo y escuchando que el color de su piel le impedía ser igual a los blancos. A los seis años, dos amigos de raza blanca le dijeron un día que no les permitían jugar más con él. A los 15, ingresó en una universidad reservada únicamente para los negros. En 1948, se graduó en Sociología. Después se licenció en Teología e hizo el doctorado en Filosofía. El 18 de junio de 1953 se casó con Coretta Scott. Tuvieron cuatro hijos: Yolanda, Martin Luther King III, Dexter Scott y Bernice.

«La libertad nunca es dada voluntariamente por el opresor: debe ser demandada por el oprimido». Luther King

La no-violencia que aprendió de Gandhi

"Un sueño de igualdad", antología de Martin Luther King (Catarata).
“Un sueño de igualdad”, antología de Martin Luther King (Catarata).

A los 25 años le nombraron pastor de la Iglesia baptista en Montgomery. Era el sur de Estados Unidos, una zona difícil por aquel entonces, envuelta en una gran violencia contra los negros. El 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks, una mujer negra, acabó detenida por negarse a ceder su asiento en un autobús a un blanco. Luther King inició un boicot contra los autobuses: ningún negro se subiría a ellos. Lo arrestaron. «La libertad nunca es dada voluntariamente por el opresor: debe ser demandada por el oprimido». El boicot duró 382 días de mucha tensión. La mañana del 30 de enero de 1956 atacaron su casa con bombas incendiarias. El boicot terminó en noviembre, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró ilegal la separación por raza en autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos. Martin había ganado una (importantísima) batalla, pero le quedaba mucha lucha por delante para alcanzar su sueño. «Los hombres se odian porque se tienen miedo; tienen miedo porque no se conocen; no se conocen porque no se pueden comunicar; no se pueden comunicar porque están separados», escribió Luther King en La marcha hacia la libertad; la historia de Montgomery.

En 1957, participó en la fundación de la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano, un grupo pacifista que se creó para defender los derechos civiles organizando a las iglesias afroamericanas en las protestas no violentas.​«Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual». King fue su presidente hasta su muerte.

Adoptó la filosofía de la desobediencia civil no violenta, igual que había hecho Gandhi en la India. «He decidido apegarme al amor. El odio es una carga demasiado grande para soportar (…) La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve».

El 20 de septiembre de 1958, mientras firmaba ejemplares de un libro en una tienda del barrio de Harlem, una mujer negra, Izola Curry, lo apuñaló acusándolo de ser «un jefe comunista». En aquella ocasión Luther King escapó de la muerte, por poco, e incluso fue capaz de perdonar a su agresora. Organizó y dirigió marchas por el derecho al voto de los afroamericanos, el fin de la segregación por razas, los derechos básicos de los negros, como el derecho al trabajo. «Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos como del estremecedor silencio de los bondadosos».

«He decidido apegarme al amor. El odio es una carga demasiado grande para soportar». Luther King

Luther King: Premio Nobel de la Paz

En 1960, aprovechando una sentada de estudiantes negros en Alabama, comenzó una campaña que tuvo repercusión en todo el país. Fue encarcelado, pero consiguió para los negros la igualdad de acceso a los comedores, bibliotecas y aparcamientos. «Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol». En el verano de 1963 reclamó el derecho al voto y una mejor educación en los estados del sur. El 28 de agosto lideró una marcha en la capital del país y pronunció su famoso discurso Yo tengo un sueño.

«Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en la que quedará como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación (…) Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero. Esa nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de ‘vida, libertad y búsqueda de la felicidad’. Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. 

(…) Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.

(…) No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio.

(…) Hay quienes preguntan a los que luchan por los derechos civiles: «¿Cuándo quedarán satisfechos?». Nunca estaremos satisfechos mientras el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados por la fatiga del viaje, no puedan acceder a un alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos mientras la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos mientras a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad con carteles que rezan: «Solamente para blancos».

(…) Aunque nos enfrentamos a las dificultades de hoy y de mañana, sigo teniendo un sueño. Es un sueño profundamente enraizado en el sueño americano.

Yo tengo un sueño.

Que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: que todos los hombres son creados iguales. Que un día, en las colinas rojas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y de los antiguos dueños de esclavos podrán sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño.

Que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo un sueño.

Que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel, sino por su personalidad.

Yo tengo un sueño.

Que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación. Sueño que un día, en Alabama, los niños negros y las niñas negras puedan unir sus manos con los niños blancos y las niñas blancas, como hermanos y hermanas.

Yo tengo un sueño.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.

Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

(…) Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo espiritual negro:¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres!».

«Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos». Luther King

Más de 250.000 personas escucharon sus deseos de paz e igualdad para todos los seres humanos. El Premio Nobel de la Paz concedido un año después en Oslo (Noruega), el 10 de diciembre de 1964, reconocía su labor por los derechos civiles de los negros y sus protestas no violentas. Todo por su sueño y el de toda su raza. Un sueño violentamente interrumpido cuatro años más tarde: James Earl Ray, un hombre blanco, lo asesinó el 4 de abril de 1968, a las 18 h, disparándole mientras estaba en el balcón del motel Lorraine en Memphis, Estados Unidos, saludando a sus seguidores durante una congregación. La bala le entró por la mejilla y el cuello.

Cuando le detuvieron, James Earl Ray se declaró culpable y consiguió una condena de cadena perpetua en vez de pena de muerte. Pero tres días después de escuchar su sentencia cambió su confesión. La propia familia de Luther King no creyó que Ray –que murió en 1998– fuera capaz de organizar el asesinato solo; es más, creía en su inocencia. En 1999, presentó una demanda contra el dueño de un restaurante que decía haber participado en una conspiración para matar al líder afroamericano. Y el jurado le dio la razón al dictaminar que la muerte de King se produjo por un complot organizado entre varias personas y un grupo racista. Pero nunca se juzgó a nadie más.

A su entierro acudieron 300.000 personas. «Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos».

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