"No creerse demasiado importante" es el consejo que da Marina Garcés para hacer un buen uso de las redes sociales (ella, que ha sufrido su furia). Retrato de Kim Manresa, por cortesía de la autora.

Con algunos de los libros de Marina Garcés recorremos su experiencia, su pensamiento, su filosofía al fin. Ella pertenece a ese tipo de filósofos que no separan, que no tienen compartimentos estanco para lo que piensan y lo que hacen. Su último libro, Ciudad Princesa, es buen ejemplo de esta filosofía que lo es tanto de teoría como de práctica.

Por Pilar G. Rodríguez 

De pequeños, para aquella generación que fue a EGB, existía un juego llamado “Quién es quién”. Había que dar pistas y hacer preguntas sobre el aspecto de alguien para acabar dando con quién era. Esto es una entrevista –con foto y titular– y se sabe de quién se habla, pero si estuviera permitido un instante de desmemoria y juego, si se leyera el siguiente texto sin saber lo que ya es sabido, ¿dirías que la entrevista es a quien es? “Tengo alergia a cualquier nacionalismo, propio o ajeno. Trabajo en una ciudad española y la gente de esta península (y la de cualquier otro lugar) nunca será mi enemiga. Siempre he pensado que el mapa de los Estados, todos, con sus colores y sus líneas rectas, nos engaña. Sus amables colores son el resultado de una geografía de guerra. No existe Estado sin frontera y ejército. A mí me gustan más los mapas geográficos, donde vemos la forma real de los valles, las montañas y los ríos, que no se detienen en las fronteras. Como estoy explicando hoy, creo en un mundo común, hecho del ir y venir libre de la gente”.

Quizá para sorpresa de algunos –sobre todo de aquellos que hayan podido acercarse a su figura de oídas, sin leerla o escucharla de primera mano– habla Marina Garcés. Habla porque escribió estas palabras pensando en ser dichas en el pregón de las Fiestas de la Mercè de 2017. Forman parte de él. Allí habló de muchas cosas. Habló de lo que significa la fiesta y celebrar; de los reencuentros posibles y los que no lo serán más; de la ciudad donde nació y creció; de sus idas y venidas desde otra, en cuya universidad enseña filosofía. Habló, por supuesto, de cómo entiende la política y de lo que esta significa… Y habló de su abuela, de su madre y su padre. Porque Garcés es filósofa en la universidad y en la calle, en su casa y en el tren. Filósofa a secas, pues, ya que para ella todo es uno, es lo mismo. Si resulta la distinción oportuna es porque no se entiende o no se concibe o sigue pareciendo anómala esta concepción más bien natural u orgánica de la filosofía. Y quizá sea hora de acabar con tanta distinción. Garcés trabaja por ello.

Marina Garcés es filósofa en la universidad y en la calle, en su casa y en el tren. Filósofa a secas, pues, ya que para ella todo es lo mismo

En 2015 publicó en Galaxia Gutenberg Filosofía inacabada, un libro que era una invitación a que la filosofía tomara el fresco, saliera al aire libre donde nació. También era un repaso teórico por los principales filósofos y filósofas del siglo XX. Como la necesaria otra cara de la moneda, como una asignatura que exigiera teoría y práctica, en 2018 apareció Ciudad Princesa. Es el contrapunto lógico, necesario y natural al mencionado anteriormente. Es, en sus palabras, “un relato en primera persona que sirve para ir desplegando una reflexión”. En él se narra una serie de vivencias políticas entre octubre del 96 y octubre del 2017 –desde el desalojo del Cine Princesa en Barcelona hasta el referéndum del 1 de octubre– y se reflexiona sobre las mismas al paso de una realidad que se ha llenado de ruido y banderas. Con la ayuda de este y de otros libros de Garcés se articula esta entrevista.

"Ciudad Princesa", de Marina Garcés, en Galaxia Gutenberg.
“Ciudad Princesa”, de Marina Garcés, en Galaxia Gutenberg.

Ciudad Princesa se abre con el capítulo titulado expresivamente Poner el cuerpo. ¿El hecho de “poner el cuerpo” divide la filosofía en dos: la de la acción vs la de la erudición; la que se vive y se sufre vs la que se estudia y se comenta? ¿Qué valor filosófico significa o añade ese “poner el cuerpo”?
Pienso que toda verdadera filosofía se hace con el cuerpo y afecta a los cuerpos a los que llega. Con esto no quiero decir que toda filosofía se tenga que convertir en acción, sino que es pensamiento encarnado: vida que se piensa desde la convicción de que el pensamiento transforma la vida y que la vida se transforma pensando. En este sentido, no creo que haya una filosofía divida en dos: la erudición y el rigor son imprescindibles para la buena filosofía. Lo que hay es mucho producto estéril, retórico, vacío, tanto en el mundo académico como en el ensayo aparentemente crítico. Me refiero a todos estos escritos y actividades que solo se hacen para complacerse a sí mismos y autoconfirmar sus referentes y posiciones.

"Filosofía inacabada", de Marina Garcés, en Galaxia Gutenberg.
“Filosofía inacabada”, de Marina Garcés, en Galaxia Gutenberg.

A la filosofía definida en Filosofía inacabada como la “formulación cambiante de problemas eternos”, añadía en una entrevista en Filosofía Hoy uno radicalmente nuevo: la posibilidad real de extinguir la vida humana como consecuencia de la forma de vida actual. ¿Alguno más desde entonces?
Los problemas filosóficos están siempre abiertos y transformándose, porque su eternidad es concreta. A lo que yo me refería en Filosofía inacabada es a la posibilidad de un apocalipsis de causa humana. La humanidad siempre ha imaginado su destrucción. Es una idea de la muerte ampliada a la totalidad de lo viviente, la idea del fin del mundo. Pero lo que estamos viviendo desde la mitad del siglo XX, con la invención de la bomba atómica y con el desarrollo de un capitalismo depredador de ecosistemas y formas de vida, es la posibilidad real de una destrucción total del mundo conocido por obra de nuestra propia acción. Aún estamos ahí, por supuesto. No solo sigue existiendo la bomba atómica, sino que esta destrucción tiene lugar en tiempo real. Muchos de los problemas de nuestro tiempo (desigualdades, guerras, hambrunas, desertización, cambio climático, flujos migratorios, nuevos poderes autoritarios, etc.) tienen que ver con esta situación radical.

Tapas filosóficas

Un cambio de ritmo en la entrevista, un “picoteo” filosófico con Marina Garcés a base de preguntas directas y respuestas que se contestan con una frase.

¿Es posible una política sin partidos? Es posible y necesaria.
¿Abrir las fronteras solucionaría en todo o en parte el problema de la inmigración? Abrir fronteras con vías seguras no es solo una solución, es una exigencia, un clamor humano.
Un eslogan, una frase para las manifestaciones que vienen o ¿qué le pide al feminismo que viene? Nuestra violencia es existir (no es mío, es de El Pressentiment).
Una receta para usar bien (con libertad y sin miedo) las redes sociales después de las crisis y amenazas a las que ha tenido que hacer frente. No creerse demasiado importante.

"Un mundo común", de Marina Garcés, en Bellaterra.
“Un mundo común”, de Marina Garcés, en Ediciones Bellaterra.

En Un mundo común, capítulo Yo me rebelo, nosotros existimos, unas palabras que parecen proféticas, incluso en la forma, a la vista de las nuevas reivindicaciones feministas: “En ese umbral abierto por la fuerza de un ‘no’ compartido, ya no entran en consideración las circunstancias de cada uno. Desde ahí se conquista un nuevo individualismo en el que cada uno se ha convertido en un arco tendido que soporta, luchando, una dignidad que nunca será solo suya, pero que depende de cada uno de nosotros”. ¿Qué ha aportado el empuje del feminismo a la dignidad?
El feminismo es un conjunto de luchas de largo recorrido que en nuestros tiempo está viviendo un nuevo empuje de tan amplio alcance que aún no hemos visto las consecuencias de todo lo que está transformando y desplazando. Pienso que esta nueva centralidad del feminismo tiene que ver con la crisis de civilización que estamos viviendo. Están en cuestión las formas de vida (instituciones, valores, modos de producción, especies vivas etc.) que nos han llevado hasta este impasse y el feminismo da una respuesta integral al problema. Ya no se trata solamente de reivindicar los derechos de la mujer y su igualdad, sino de proponer otra relación con la sostenibilidad de la vida, con la violencia y con el poder.

Mujeres en la calle, mujeres en la filosofía

Confiesa Marina Garcés en Ciudad Princesa que a ella le gusta observar a las mujeres. A las mayores que ella y a las más jóvenes. A estas últimas “por descaradas y feministas, por transgresoras del género”. Porque “ya no se reivindican mujeres, sino que nos muestran, con su transformismo, los límites que aún arrastramos creyéndonos mujeres libres o, lo que es peor, liberadas”.
A las mayores es maravilloso verlas cuando llega el momento en que por fin son ellas, “ellas sin tener que mirar por nosotros, sin tener que justificarse a través nuestro y sin tener que excusarse por nada (…)”. Cuando la sociedad productiva, reproductiva y mediática las retira del mercado, ellas toman las calles y los saberes. Más libres que nunca, más ellas que nunca. Dice la estupidez del tópico (y no solo la del tópico, sino la concreta de un señor escritor francés llamado Yann Moix también) que, a cierta edad las mujeres, desaparecen de la vista. Que ya no las mira nadie. Y ellas responden ¡por fin! Y en vez de reivindicarse todavía jóvenes se reapropian de sus vidas contra toda edad”.

De las mujeres en la filosofía, en la historia de la filosofía, mejor dicho, o de su ausencia, aún más precisamente dicho, comenta Garcés en la mencionada entrevista de Filosofía Hoy: “Las mujeres han compartido la filosofía como práctica de vida, pero en muy escasas ocasiones han tenido las condiciones sociales y materiales para ser generadoras de obra. La filosofía, a través de su canon de obras, las ha condenado al silencio y al anonimato. Puede haber habido filósofas, pero no autoras de obras de filosofía ni, hasta muy recientemente, profesoras. Por eso su rastro me resulta tan desconocido como a cualquiera. Curiosamente, aún hoy la filosofía sigue siendo la más masculina de las disciplinas de humanidades y el más masculino de los géneros ensayísticos. Y esto es porque la incorporación de las mujeres en el debate filosófico público cambia los problemas, los conceptos y el tono de la filosofía misma”.

También en Un mundo común apuesta por un ‘qué nos separa’ en vez de formular ‘qué nos une’. ¿Tiene esa respuesta: qué es lo que nos separa?
Nos separan los miedos. Siempre. Por eso, más que insistir en buscar qué nos une y construir identidades cerradas que luego nos oprimen, pienso que la vida colectiva se refuerza y se enriquece cuando combatimos juntos nuestros miedos. La vida en común es más libre cuando aprendemos a perder nuestros miedos juntos. En esto consiste la emancipación. El miedo va con lo humano, en continuidad por supuesto con el mundo animal. Pero toma formas perversas cuando se convierte en la cuna de formas de discriminación, de estigmatización o de expulsión. Nunca nos libraremos del abismo de desconocimiento que nos separa de los demás, pero podemos convertirlo en un territorio a explorar en vez de en una frontera a fortificar.

Las preguntas por el procés parecen siempre ir por detrás del mismo. ¿Qué hechos, acciones y reacciones significarían en su opinión pasos o avances sustanciosos a la hora de resolver este conflicto?
Para mí la respuesta es muy sencilla: parar la represión policial y judicial y aceptar la celebración de un referéndum. Todo lo demás es crueldad, pérdida de tiempo y tacticismo político.

¿Qué frase, enseñanza o teoría de qué filósofo o filosofía podría servir de ayuda a la hora de acometer esa tarea?
Yo recordaría esa bella imagen de Deleuze y Guattari en la que nos enseñan que para vivir juntos es mejor dejar crecer la hierba entre nosotros que querer ser un solo árbol.

Según Marina Garcés, “parar la represión policial y judicial y aceptar la celebración de un referéndum” serían avances sustanciosos a la hora de resolver el procés

Usted es profesora. La generación del 2000 está llegando a las aulas de la Universidad. ¿Qué potencia cree descubrir en las nuevas generaciones? ¿Hay algo que le dé miedo de ellas?
La gente joven no me da ningún miedo, me da miedo la sociedad en la que deben intentar hacer su camino. Veo gente estupenda, bien formada y con convicciones fuertes a la que la sociedad de su tiempo le está diciendo que sus esfuerzos no valen nada y que su vida, con suerte, le servirá para consumir y consumirse un poco más. Algunos se desaniman y parecen desorientados, pero confío sobre todo en los más jóvenes, en los “hijos e hijas de la crisis”, que han crecido teniendo muy claro cuáles son las mentiras de la cultura del éxito individual. Saben ayudarse y contar con los demás. Y no quieren arruinar sus vidas por un puñado de euros más.

Clasicismo ‘punk’

"Cultura en tensión", VV.AA. coordinador por Jordi Oliveras, en Rayo verde.
“Cultura en tensión”, de varios autores coordinados por Jordi Oliveras, en Rayo verde.

La idea de clasicismo punk la expresa y explica Garcés en la obra Cultura en tensión, donde escriben varios autores (Nando Cruz, César Rendueles, Lucía Lijtmaer, entre otros) coordinados por Jordi Oliveras. En su aportación, Garcés reivindica una forma de hacer cultura capaz de superar sus mil muertes anunciadas y resucitar de nuevo con vigor, brío y en beneficio de todos. Una cultura nueva que escape a las tiranías del presente, de la novedad, de la velocidad y los espacios cerrados. Una cultura que abra las puertas del campo (cultural) y arrastre sus manifestaciones allá donde vayan quienes las crean y quienes las usan y disfrutan. Solo así el clasicismo y el punk “en una alianza perversa e ingenua” se pueden convertir en “aspiraciones existenciales: por un lado, la de buscar y expresar las medidas comunes de la existencia, con ambición de universalidad, es decir, de interpelación del fondo común de la experiencia humana; y, por otra parte, la de afirmar la irreductible libertad de acción, de pensamiento y de expresión que esta aspiración debe tener como condición. Solo se pueden cuidar y transmitir las formas si estamos dispuestos a perderlas del todo para volverlas a encontrar”.

En Cultura en tensión habla de tres punkies clásicos: Diderot, Nietzsche y Artaud. ¿Qué nombre de persona viva podría continuar esa lista? ¿Por qué es necesario continuarla?
Pienso que el pensamiento crítico tiene que ser exigente e irreverente al mismo tiempo. Estamos en un momento de mucho apocamiento, de moderación temerosa, de hipocresía bienpensante. El pensamiento tiene que ser insumiso para poder romper los códigos de dominación. Para nombrar dos punkies ilustrados escojo a dos de mi círculo más cercano y querido: Brigitte Vasallo y Santiago López Petit.

De postre, una de frases

Epílogo de El peligro de la historia única, de Ngozi Adichie (Random House):
“Soy mujer, soy catalana. Tengo menos de 50 años. No soy rica. Mirando la historia de la filosofía, sus destinos y sus caminos, no me corresponde ser filósofa”.

“La Historia de la Filosofía, esa que nos cuenta una sola historia para un solo pensamiento universal, estableció un corte entre quienes cuentan historias y quienes piensan (…). Pero este corte yo no me lo he creído nunca”. 

Cartas a jóvenes filósofas y filósofos (Continta me tienes):
“Nuestra obediencia me avergüenza. Solo tenemos dos opciones; o huimos de aquí o hacemos de nuestra extravagancia un desafío”.

“Tengámoslo claro: el valor, en términos de calculo que obtendréis de esta carrera, es cero. Pero la riqueza que podréis sacar será, si se quiere, inagotable. El rendimiento no depende de vosotros. La riqueza, sí”.

Nueva ilustración radical (Anagrama):
“En lo político, crece un deseo autoritario que ha hecho del despotismo y de la violencia una nueva fuerza de movilización. Se le puede llamar populismo, pero es un término confuso. De lo que se trata es de un nuevo autoritarismo que permea toda la sociedad”.

“Hemos llegado a aceptar, como un dogma, la irreversibilidad de la catástrofe. Por eso, más allá de la modernidad que diseñó un futuro para todos, y de la posmodernidad, que celebró un presente inagotable para cada uno, nuestra época es la de la condición póstuma: sobrevivimos, unos contra otros, en un tiempo que solo resta. ¿Y si nos atrevemos a pensar, de nuevo, la relación entre saber y emancipación?”

Filosofía inacabada (Galaxia Gutenberg):
“La filosofía no es nada si se la aísla”.

“Curiosamente, la pasión por acabar con la filosofía también ha formado parte de la propia actividad filosófica”.

“La filosofía no es un arte de salón, sino que tiene que volver a ser un arte callejero, como en sus inicios”.

“Con su muerte (habla de su madre) aprendí algo que en la filosofía no había sabido leer o comprender. Que nuestra finitud, la humana, no es nuestra mortalidad. Que no somos finitos cuando morimos, sino cuando nos sentimos impotentes y arrastrados por la inercia de lo que no queremos vivir. Y que solo el pensamiento, que no es rebelión contra la muerte sino contra la impotencia, puede hacernos infinitos y mortales a la vez”.

Un mundo común (Bellaterra):
“La potencia de una situación se levanta como una exigencia que nos hace pensar, que nos pone en una situación que necesita ser pensada. Pensar no es solo elaborar teorías. Pensar es respirar, vivir viviendo, ser siendo”.

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