«La nación tardía»: un clásico en dos tiempos

Helmuth Plessner en su oficina en Groningen, 1939. Bajo licencia bajo la licencia CC BY-SA 3.0
Helmuth Plessner, autor de «La nación tardía», en su oficina en Groningen, 1939. Imagen bajo licencia CC BY-SA 3.0.

De entre los muchos géneros literarios que enriquecen la cultura, los libros de filosofía adquieren no pocas veces un rasgo distintivo, eminente, que consistiría en tener más de una vida, es decir, otros renacimientos más allá del hecho editorial propiamente dicho. Esa fue la suerte que corrió La nación tardía, de Helmuth Plessner. En este artículo se repasa su historia.

Por Kilian Lavernia, profesor en la Facultad de Filosofía de la UNED

Los tempos de muchas recepciones filosóficas son inescrutables, en efecto, como lo son los caminos de las ideas que cruzan fronteras lingüísticas y espacios culturales, igual que la latencia de problemas irresueltos o coerciones externas que solo una siguiente generación está en condiciones de abordar con renovada inteligencia y razón crítica.

Creo honestamente que tal fue la suerte del libro de filosofía que aquí esbozamos. Muchos ciudadanos alemanes lo considerarían hoy un lugar de memoria inmaterial de la República Federal, un Erinnerungsort elevado a rango de clásico, pero lo cierto es que no siempre fue así. A fin de cuentas, cuando La nación tardía, del filósofo y sociólogo Helmuth Plessner, se convirtió en un éxito en la todavía joven democracia, allá por 1959, muchos de los lectores que se acercaron a esa obra desconocían que su primer nacimiento había ocurrido en 1935, en un difícil contexto de exilio en Groningen, Holanda.

La nación tardía, del filósofo y sociólogo alemán Helmuth Plessner, se  gestó en el exilio holandés, se publicó en Suiza en 1935 y se convirtió en un éxito a finales de los 50

Indagando el espíritu alemán

Expulsado en abril de 1933 de la Universidad de Colonia por la ascendencia judía de su padre, Plessner encontró cobijo académico entre estudiantes y colegas holandeses, en lecciones magistrales que fueron desplegando una indagación sobre las causas y raíces profundas de esa trágica claudicación de un espíritu alemán que, pese a su extraordinario potencial, jamás había terminado de reconciliarse con la forma democrática occidental. En ellas se gestó.

La nación tardía, de Helmuth Plessner (Biblioteca nueva). Edición de J. L. Villacañas y  J. Fischer, trad. de Kilian Lavernia.
La nación tardía, de Helmuth Plessner (Biblioteca nueva). Edición de J. L. Villacañas y  J. Fischer, trad. de Kilian Lavernia.

El resultado fue un libro de título bastante trágico: El destino del espíritu alemán al final de su época burguesa, publicado en la neutral Suiza en 1935. Por otro lado, era un producto intelectual coherente con un recorrido consolidado durante sus años de Weimar, cuyo principal eje teórico había constituido una original antropología filosófica fijada en su obra magna Los límites de lo orgánico y el hombre, de 1928, así como las obras que orbitaron a su alrededor.

Así, después de defender tempranamente la joven República contra los nuevos radicalismos sociales en Límites de la comunidad, en 1924, y tras reclamar desde la propia filosofía una urgente civilización y dignificación de la política en Poder y naturaleza humana, en 1931, el epílogo en Groningen cerraba el círculo de lo advertido. No un libro explícito sobre el Tercer Reich, ni sobre el fenómeno del fascismo en general, sino algo más propio: una investigación filosóficamente orientada sobre aquellas condiciones de larga duración e históricamente diferenciadas que, en su devenir, habían permitido, finalmente, el triunfo del nacionalsocialismo entre las capas burguesas, allí donde se acreditaba el ambivalente potencial de la mentalidad alemana y sus ámbitos de expresión culturales nacidas en el proceso de secularización moderna de su tradición luterana.

Ello implicaba, cuando menos, diferentes niveles teóricos de indagación: nación y comunidad política, religión y religiosidad mundana, economía y burguesía, y desde luego el propio rol de la filosofía: pero estos, a su vez, eran contrastados, a la manera weberiana, con aquellas otras naciones clásicas como Francia e Inglaterra, sus instituciones religiosas, políticas, sociales y culturales, sus prácticas y dispositivos, símbolos y mentalidades, en cuanto representantes de ese humanismo ilustrado de Occidente que Alemania no había integrado plenamente en su devenir histórico.

No fue un libro explícito sobre el Tercer Reich, ni sobre el fascismo en general. La nación tardía fue una investigación filosófica sobre las condiciones (…) que, en su devenir, habían permitido el triunfo del nacionalsocialismo entre las capas burguesas

La culpa antes de la culpa

Con todo, aquella genealogía de las estructuras de profundidad que definían las vicisitudes del espíritu burgués en Alemania nació en un impasse que condicionó su corta vida. No olvidemos que es un libro sobre la culpa antes de la culpa (Auschwitz), y eso definió su inicial olvido a la vista de la catástrofe. Cercenado su impacto en la Alemania nazi, sepultada en el olvido posterior —junto a la desmemoria inicial de quienes callaron tras la guerra y aquellos que legítimamente consideraron que Auschwitz dislocaba el centro de gravedad moral desde el que releer todo lo acaecido—, aquella obra del exilio holandés solo pudo renacer tardíamente, en el arranque del Wirtschaftswunder, cuando el reconvertido catedrático de sociología de Göttingen decidió reeditarlo con su nuevo título (el no menos sugerente subtítulo —Sobre la seducción política del espíritu burgués— también contribuyó también con su parte). Pues tras aquella primera década de división territorial y polarización ideológica, de silencios cómplices, velos de ignorancia, problemas de desnazificación de facto y no solo de iure, rebrotes de antisemitismo, La nación tardía renacía como renacen muchos clásicos de la filosofía, convocados por la urgencia desacompasada de pensar el pasado reciente:

«Hoy, ante la aparente rehabilitación retroactiva de la ideología nacionalsocialista, pesa sobre nosotros la pregunta acerca de su origen. Lo demuestra el hecho de que, en la Alemania occidental que ha per­manecido capitalista, y pese a su preservada libertad de expresión, esta pre­gunta, al menos hasta ahora, haya sido debatida solo de un modo vacilante (…) El resultado de este cultivo de la pérdida de memoria colectiva nacional, encubierto y alentado por la bonanza económica, es un clima de restauración sin verdadera conciencia histórica; es la estabilización de la indecisión entre el ayer y el mañana, en la que se refleja un ínterin político que no tiene el valor de reconocer su provisionalidad y aclararse sobre sí mismo». 

La tesis principal de aquel libro abordaba una cuestión nodal para el joven federalismo constitucional de Bonn, a saber: la nación alemana había sido incapaz de darse una forma y un estilo de vida políticos estables en la esfera pública republicana weimaresa, precisamente porque había llegado tarde a una unidad política sin fuerza mística. Era un retraso constitutivo y constituyente. Su tardía construcción como realidad estatal-nacional remitía, pues, al problema de una nación que el filósofo de Wiesbaden consideraba incapaz de operar de manera responsable dentro del Estado democrático y de la comunidad de Estados occidentales. De hecho, a la primera irrupción de una crisis sistémica en el espacio liberal europeo, Alemania en general, y sus clases medias burguesas en particular, no pudieron o no supieron dar ninguna respuesta desde un poder constituyente eficaz y compartido, renovable y corresponsable.

La tesis principal de aquel: la nación alemana había sido incapaz de darse una forma y un estilo de vida políticos estables en la esfera pública republicana weimaresa, precisamente porque había llegado tarde a una unidad política sin fuerza mística

Hoy, transcurridas seis décadas desde su renacimiento, disponemos de mayores elementos para celebrar ese camino tardío de la memoria reconstructiva que fue de Bonn a Weimar. A la vista de la importancia generacional del exilio, principalmente judío, para la reconstrucción democrática, esto es, moral y política, de Alemania, de su imagen de sí y su relación con Europa, esta obra de Helmuth Plessner permite el consuelo de todo desiderátum filosófico: por tarde que lleguen los libros de ese género —pero no solo, claro—, su problematización reflexiva del presente, su razonamiento filosófico sobre los estratos profundos de toda actualidad, acaba encontrando los oídos de la libertad a la que en el fondo apelan contra la barbarie vivida; como Arendt, Neumann, Adorno o Horkheimer, la catadura de la inteligencia alemana exiliada en tiempos sombríos termina calando, frente a la barbarie misma, como ese sedimento sin el cual la ambigua configuración de memorias colectivas seguiría perdiendo aguas.

El pensamiento judío que nos marcó

Ante la catástrofe. Pensadores judíos del siglo XX, editado por Roberto Navarrete y Eduardo Zazo (Herder).
Ante la catástrofe. Pensadores judíos del siglo XX, editado por Roberto Navarrete y Eduardo Zazo (Herder).

La nación tardía, de Helmuth Plessner: una presentación interpretativa es el título de la contribución del profesor Kilian Lavernia al libro Ante la catástrofe. Pensadores judíos del siglo XX. Publicado por Herder, reúne artículos de especialistas como José Luis Villacañas, Candela Dessal, José Emilio Esteban Enguita, Nuria Sánchez Madrid, Miguel García-Baró u Olga Belmonte García coordinados por los editores Roberto Navarrete y Eduardo Zazo.

Ante la catástrofe trata de un periodo de conflictividad excepcional en la historia como es la primera mitad del siglo XX y de sus consecuencias. Ese fue el contexto en el que surgió una extraordinaria generación de pensadores europeos de origen judío. El propósito de este libro, por tanto, es ofrecer una muestra suficientemente representativa de ellos para dar una aproximación e introducción a algunos «momentos estelares» del pensamiento judío contemporáneo.

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