La filosofía vuelve a su sitio

El libro «Filosofía en la calle», del profesor de Gijón Eduardo Infante, nace con el objetivo de devolver la filosofía a su lugar de origen: la plaza pública.
El libro «Filosofía en la calle», del profesor de Gijón Eduardo Infante, nace con el objetivo de devolver la filosofía a su lugar de origen: la plaza pública.

La plaza pública, de donde salió. En esta ocasión, reseñamos uno de los libros que mayor sintonía ha mostrado con el proyecto de Filosofía&co. Estamos hablando de Filosofía en la calle, el libro del filósofo y profesor Eduardo Infante.

Por Jaime Fernández-Blanco

Del mismo modo que este portal cuando echó a andar, Eduardo Infante decidió en su día que quería acercar la filosofía al gran público. Primero lo hizo desde su trabajo diario, como profesor, y ahora a través de la literatura con este libro que ha publicado Ariel: Filosofía en la calle.

Filosofía en la calle, de Eduado Infante (Ariel).
Filosofía en la calle, de Eduardo Infante (Ariel).

La premisa que ofrece es sencilla, lógica y práctica: ¿de dónde salió la filosofía? No de las clases, como quizá piense más de uno, sino de las calles de las ciudades de la antigua Grecia. Como explica el filósofo Michael Sandel, «la filosofía no pertenece sólo al aula, sino también a la plaza pública, donde los ciudadanos deliberan sobre el sentido común». Realmente no es algo nuevo, y la prueba está en que nos lo mostró hace mucho el maestro por antonomasia: Sócrates. El sabio griego no enseñaba en una clase, sino en las calles, en los mercados, etc. En los lugares donde estaba la gente, toda ella. Con los listos, los tontos, los guapos, los feos, los filósofos y los no filósofos.

Qué cuenta

Desde hace demasiado tiempo, la filosofía tomó la decisión –absurda, tal vez– de que para hacerse respetable debía hacerse inhóspita. Incomprensible para aquellos que se acercaran a ella de primeras. Quizá con la intención de que unos pocos tengan las llaves del conocimiento –como sugiere Infante–. Sea como fuere, lo cierto es que la filosofía se alejó del mundo «real» y cada vez parece más necesario hacer que vuelva. Para ello, además de esas cuestiones que a la mayoría nos parecen lejanas e incomprensibles, tienen que mirar también al aquí y al ahora.

La filosofía puede, y debe, observar y ayudar a resolver los problemas cotidianos con los que lidiamos habitualmente, y ese es el camino para que vuelva a congraciarse con el gran público. Como explicaba la filósofa estadounidense Martha Nussbaum -citada en el libro-: «la filosofía originalmente era concebida como el medio para afrontar las dificultades más poderosas de la vida humana». Hay que recuperar esa visión de ella que tenían los grecolatinos y que parece que hemos olvidado.

«Los profesores corremos el peligro de convertir las aulas en cavernas, desconectadas de los problemas e inquietudes de nuestros alumnos: algunos libros de texto de filosofía parecen diseñados para aburrir, como si el propósito fuese evitar que los estudiantes piensen». Eduardo Infante

¿Y en qué sentido hace eso este libro? Pues de la manera que siempre se ha hecho: preguntando. Así es como se estructura el texto. Cada capítulo plantea al lector una pregunta relacionada con la actualidad de nuestra época, para después desarrollar las respuestas según el sinfín de enseñanzas que la filosofía nos ha ofrecido durante siglos. Ahora bien, quien espere encontrar dogmas y reglas claras ya se puede ir olvidando. Esto no es un libro de matemáticas o de historia. El objetivo principal es motivar al lector para que él mismo busque respuestas. Como dice el famoso refrán, «el que quiera peces que se moje el culo».

Infante explica ya en el prólogo que preguntó a sus alumnos qué temas eran los que realmente les interesaban en su día a día, y las respuestas fueron las que uno puede esperar de un grupo de adolescentes normales y corrientes: el amor, la muerte, el miedo, el fracaso, la mentira, Dios, etc. Temas que en los comienzos eran merecedores del interés de la filosofía, pero de los que se fue alejando de las calles para recluirse en las universidades y bibliotecas, hasta convertirse en lo que hoy, aparentemente, es: una asignatura de bachillerato en la que los profesores vuelven una y otra vez a comentar textos ininteligibles que los alumnos «tienen que estudiar obligatoriamente, pero que nadie sabe muy bien para qué sirven». Teniendo eso en mente, es fácil de entender el objetivo con el que nace este proyecto que nos ofrece Eduardo Infante: demostrar que esta maravillosa disciplina aún tiene el interés y el potencial para cambiar los aspectos más íntimos y personales de nuestra vida.

Por qué hay que leerlo

Ya desde las primeras páginas el lector será consciente de que el texto «habla» a un público muy concreto: adolescentes y jóvenes, principalmente –lo que no significa que los que estamos más «talluditos» no podamos disfrutarlo–. El tono, las palabras escogidas y el desarrollo de la narración es claramente informal, tratando de alejarse de cualquier estilo puramente académico. Y es algo de agradecer, pues el libro se lee con una fluidez y un placer envidiables pese a tratar cuestiones profundamente filosóficas y hacer gala de una erudición importante. El ser capaz de plantear todas esas tesis de un modo atractivo y que mantenga la atención del lector es uno de los grandes méritos de esta obra.

Otro aspecto que nos ha gustado del planteamiento de Infante es la estructura del libro. La mezcla de preguntas ligadas a la actualidad con reflexiones filosóficas funciona muy bien, máxime si tenemos en cuenta que la mayoría de los capítulos no pasa de las 10-12 páginas. Esto se traduce en una lectura muy dinámica, que engancha más de lo que probablemente uno podría pensar para un libro de filosofía.

«Si alguien te pregunta para qué sirve la filosofía, responde que para nada; porque la filosofía no es útil, sino valiosa. Un sacacorchos es útil; disfrutar de una copa de vino conversando con alguien es valioso. Todo saber que te ayude a entender el mundo en el que vives es valioso». Eduardo Infante

Por último, destacamos otro aspecto que nos ha llamado la atención: el uso de las nuevas tecnología que propone el libro. Los lectores encontrarán que al final de cada capítulo hay un código QR que pueden escanear con su teléfono móvil. Estos códigos van directamente enlazados a una serie de hilos en la red social Twitter, de manera que los lectores pueden interactuar entre ellos y con el autor respecto a las ideas que acaban de leer, y así opinar, debatir, hacerse recomendaciones, etc. (Tengamos en cuenta que Eduardo Infante, el autor, es en Twitter @eledututor, el profesor que propone cada día un #FiloReto a sus alumnos a través de la red). Un guiño más del libro a las nuevas generaciones y un suplemento que seguro que agradará a más de uno.

Con todos esos ingredientes, se comprenderá que nos haya entusiasmado este trabajo, que recuerda a algunas obras que en los últimos años han intentado poner la filosofía en manos del público de a pie (como podría ser Más Platón y menos Prozac, el best seller del canadiense Lou Marinoff). Un trabajo más que notable que es ideal para cualquiera que quiera comenzar a observar su vida bajo el escrutinio de la filosofía.

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