¿Qué ocurre cuándo somos excluidos del juego social no por lo que hacemos, sino por lo que somos? ¿Qué papel juega en ello la filosofía? © Ana Yael
¿Qué ocurre cuándo somos excluidos del juego social no por lo que hacemos, sino por lo que somos? ¿Qué papel juega en ello la filosofía? © Ana Yael

La igualdad ha sido, es y será uno de los grandes anhelos de la humanidad. Un concepto en teoría sencillo, que sin embargo se nos ha resistido a lo largo de toda la historia. Es necesario un análisis concienzudo al respecto, por lo que en esta parte del Dosier nos vamos a centrar en el papel que las ideas filosóficas tienen en su implantación, en su impacto en la persona.

Los seres humanos hemos usado prácticamente cualquier aspecto de nuestra naturaleza para discriminarnos entre nosotros: raza, sexo, poder, clase social, riqueza, religión, lengua, cultura, tradiciones, territorio, aspecto, etc. Hemos sido capaces de encontrar en cada distinción un motivo para dividirnos, condenarnos, pelearnos y masacrarnos. Todo ello, básicamente, por el deseo de imponer nuestra voluntad unos a otros. Buena parte de la historia de la humanidad ha estado determinada por los conceptos de igualdad-desigualdad. Por un lado, las luchas de unos por dominar a sus semejantes, y por otro, las luchas de los oprimidos por liberarse y tener los mismos derechos. Pese a que la igualdad-desigualdad es un tema en el que sería lógico que nos pusiéramos todos de acuerdo, la realidad es que no es así en absoluto. Demasiado “ruido” entorno a este tema.

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