La ciencia es como una berenjena

¿Qué demonios tendrán que ver la física con las berenjenas? Si quieres la respuesta quizá tengas que leer a Andrés Gomberoff.
¿Qué demonios tendrán que ver la física con las berenjenas? Si quieres la respuesta, tendrás que leer este artículo... y a Andrés Gomberoff.

Rogelio Rodríguez hace una defensa a ultranza de la divulgación cultural y científica a través de la obra del físico chileno Andrés Gomberoff Física y berenjenas. Un título curioso… que tiene su porqué.

Por Rogelio Rodríguez Muñoz, licenciado en Filosofía y máster en Educación

La edición de libros de científicos chilenos en cuyas páginas se expongan, de manera grata y con lenguaje al alcance del entendimiento de todo lector, los frutos de diversas investigaciones teóricas y aplicadas realizadas en el campo de la ciencia no es algo frecuente en Chile. Por eso, cuando alguno aparece en nuestras librerías es, ciertamente, motivo de aplauso.

Física y berenjenas, de Gomberoff (Debate).
Física y berenjenas, de Gomberoff (Debate).

No se trata de enseñar ciencia en este género conocido como de divulgación científica; se trata de mostrar qué es la ciencia y para qué sirve. Se trata de hacer comprender a un público no especializado lo que hacen los hombres de ciencia: qué les apasiona, qué les asombra y a qué dedican sus mayores afanes intelectuales. Es, ciertamente, un género necesario y valioso, aunque no siempre bien considerado por los mismos científicos.  Algunos investigadores estirados –de esos que creen que el saber solo se despliega en laboratorios y aulas universitarias– designan estos esfuerzos como poco serios, como una pérdida de tiempo, como un subproducto de segunda categoría. Sin embargo, estas obras de divulgadores –y los hay grandes y brillantes como un Carl Sagan, un Stephen Hawking o un Richard Dawkins, por ejemplo– son realmente un estímulo para atraer a centenares de jóvenes a engancharse en las diversas carreras científicas y hacerlos destacar después en las disciplinas de la biología, la química, la física o la astronomía.

«La tecnología es un subproducto del corazón de la actividad: la sed de conocimiento, la curiosidad». Andrés Gomberoff

En defensa de la divulgación

Andrés Gomberoff, licenciado en Ciencias Físicas y doctor en Física por la Universidad de Chile, se integra –y de muy buena forma– a este conjunto de escritores científicos de divulgación con su libro Física y berenjenas (Penguin Random House/ Aguilar, Santiago de Chile, 2016). Aduce al respecto: «La divulgación no solo es importante para atraer a las nuevas generaciones de científicos. También es un modo de retribuir a la sociedad lo que ella misma ha pagado con sus impuestos. Una forma de hacerlo es responder algunas de las preguntas sobre el universo que naturalmente surgen en el público. Porque, aunque muchos lo olviden, esto no se trata solo de avances tecnológicos. La tecnología es un subproducto del corazón de la actividad: la sed de conocimiento, la curiosidad».

Componen las 233 páginas de su libro unos cuarenta textos breves sobre diversos hechos o fenómenos investigados, descubiertos o tratados por la ciencia: desde el calor que nos agobia en verano (tema del primer artículo), hasta un vistazo al universo estrellado con una copa de vino en la mano (tema del último y que finaliza con una cita del físico norteamericano Richard Feynman sobre que en el vino podemos encontrar la inmensidad del cosmos), pasando por la ineficacia de la pseudociencia frente a las explicaciones basadas en el método científico; la relación entre el universo y la alta cocina; la belleza de los números y la alegría de los números primos; la nueva revolución de la industria cuántica; el universo de la percepción cromática; la ciencia de los ascensores versus el pensamiento mágico de quienes los retan por demorarse; la información digital y genética; el chocolate y su relación con el cambio climático; la física de la sopa; los chantas de las teorías conspirativas y el esoterismo televisivo; las matemáticas de la democracia; el movimiento antivacunación inmune a la ciencia; la teoría de la relatividad como base científica del GPS; Google; los agujeros negros o los eclipses, entre varios otros igual de instructivos, interesantes y amenos.

Efecto berenjena: a la mayoría no le gusta, pero no por ello podemos culpar a la berenjena

Mal recuerdo

¿Y por qué ese título? Lo explica el autor: «Paradójicamente, este placer y pasión por la ciencia no son compartidos por muchos. Al contrario, es como si le temieran. Parecen percibir, en particular a la física y a las matemáticas, como un mal recuerdo escolar. No tengo la más mínima pista de por qué una actividad humana que me ha seducido con tanta fuerza desde mi infancia resulta tan poco atractiva, tan intimidante, tan repulsiva para tantos. Intuyo, sin embargo, que se trata de una reacción que nosotros mismos hemos generado por la forma que enseñamos la ciencia y la comunicamos. Algo que podríamos llamar el efecto berenjena: a la mayoría no le gusta, pero no podemos culpar a la berenjena. Es claro que solo puede deberse a la ignorancia que existe de cómo cocinarla. O a la falta de costumbre, por la carencia a la que hemos sido sometidos en nuestra infancia».

Este libro invita a probar, sin prejuicios, la berenjena; es decir, hace una llamada a enfrentarnos sin resquemor a las maravillas de la ciencia, a no considerarla como algo complejo, exótico y lejano, y a no privarnos de la seductora aventura de recorrer sus senderos plagados de inspiración, poder y belleza.

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