Intelectualismo moral, o la senda del bien

La expresión
La expresión "intelectualismo moral" significa que no hay hombres malos, sino ignorantes, y que quien sabe y conoce qué es el bien ya no dejará de practicarlo, porque se dará cuenta de que ese es el verdadero camino hacia la felicidad.

El conocimiento es virtud. Eso asegura el intelectualismo moral. Quien hace el mal es por ignorancia y quien conoce el bien lo abraza y lo practica siempre. Sócrates fue el impulsor de esta idea.

¿Qué es?

La expresión “intelectualismo moral” significa básicamente que no hay hombres malos, sino ignorantes, y que quien sabe y conoce qué es el bien ya no dejará de practicarlo, porque se dará cuenta de que ese es el verdadero camino hacia la felicidad. El intelectualismo moral identifica conocimiento y virtud y supone una buena dosis de “optimismo antropológico”.

¿Cuáles son su origen y sus principales exponentes?

La primera formulación del intelectualismo moral la hizo Sócrates, cuya moral se reduce a que lo más importante es obrar justamente y a que es mejor sufrir el mal que cometerlo. Para ser bueno es necesario ser sabio, ya que se establece una relación de igualdad entre la verdad, la virtud y la felicidad. Solamente sabiendo qué es la justicia se puede ser justo, y solamente sabiendo lo que es bueno se puede obrar de acuerdo con el bien.

Según Sócrates, es mejor sufrir el mal que cometerlo

¿Cuál es su papel en la historia del pensamiento?

Bajo la influencia de su maestro Sócrates, Platón situará la idea del bien en la cúspide de su Mundo de las Ideas y hará del proceso de conocimiento el eje fundamental de su proyecto filosófico. Platón acepta fundamentalmente la identificación socrática entre virtud y conocimiento, por eso la educación de los gobernantes es esencial para que lleven a cabo su cometido como partícipes de las ideas de bondad y de justicia.

Así como la dependencia con respecto al intelectualismo socrático es clara en la reflexión ética de Platón, la derivada educativa de su propuesta ha condicionado la historia del pensamiento. Si el problema es la ignorancia, la enseñanza debería sustituir al castigo, y la cárcel a la escuela.

Para Platón, la educación de los gobernantes es esencial para que lleven a cabo su cometido como partícipes de las ideas de bondad y de justicia

Para Kant, la educación es la que nos convierte en humanos, ya que el hombre no llega a ser hombre más que por la educación, lo que la convierte en uno de los problemas más complejos en la vida del hombre. Y Emilio Lledó ha reiterado que los humanos somos lo que la educación ha hecho de nosotros.

Además, la cuestión de si se puede enseñar la virtud, ya que no es algo hereditario, ha preocupado y ocupado desde los sofistas, Sócrates, Platón y Aristóteles hasta la denostada asignatura Educación para la Ciudadanía. La disyuntiva trascendental consiste en si la formación, además de buenos profesionales, debe hacer mejores ciudadanos. Nuestra posición es, en este caso, tan moral como intelectualista, obvia mente.

Libro y obra imprescindibles

"Sócrates furioso. El pensador y la ciudad", de Rafael Águila, publicado por Anagrama.
“Sócrates furioso. El pensador y la ciudad”, de Rafael del Águila, publicado por Anagrama.

En Sócrates furioso. El pensador y la ciudad, de Rafael del Águila, editado por Anagrama, dice el autor: “Sócrates es, sin duda, el primer y mejor ejemplo de las tensiones entre el pensador y la ciudad. El mejor ejemplo de los encuentros y desencuentros que se producen entre el pensar y el mundo. No es casual, desde luego, que, ante su desafío reflexivo, la democrática Atenas lo juzgara y condenara: su historia es la mejor demostración de que pensar e intervenir en el mundo no son tareas apacibles y tranquilas. Porque pensar no siempre conduce a que todo encaje, sino que, a veces, empuja hacia la dislocación del mundo, pues exige someterlo todo al logos, al habla, al discurso, a la argumentación racional. Por eso, Sócrates es, sin duda, el primer intelectual de nuestra historia”.

También hay una obra imprescindible: Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano, que representó magistralmente el actor José María Pou bajo la dirección de Mario Gas. “Os vamos a contar lo que Atenas hizo conmigo”, iniciaba la obra con voz rotunda el gran actor José María Pou, quien protagonizó la tragedia de este filósofo que se vio obligado a tomar la cicuta en el año 399 antes de Cristo, después de haberlo puesto todo en duda, desde su papel de tábano de Atenas. Su muerte representa una lección de vida y una elección de intelectualismo moral.

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