Heidegger: deshaciendo el olvido del Ser

El filósofo alemán, autor de Ser y tiempo, Martin Heidegger en la fuente cercana a su cabaña de Todtnauberg en la Selva Negra. Imagen de Flickr (CC BY 2.0).
El filósofo alemán Martin Heidegger, autor de «Ser y tiempo», en la fuente cercana a su cabaña de Todtnauberg en la Selva Negra. Imagen de Flickr (CC BY 2.0).

El alemán Martin Heidegger (1889-1976) se encuentra entre los filósofos más importantes del siglo XX. Su preocupación por los caminos que había tomado la tradición metafísica le llevó a realizar una nueva propuesta para intentar enmendar el mayor error que se había cometido: el olvido del Ser.

Por Mercedes López Mateo

Heredero de Grecia y los presocráticos, apasionado de la poesía alemana y discípulo de Husserl, el filósofo alemán Martin Heidegger llegó a ser uno de los pilares fundamentales del pensamiento del último siglo. Esto no se debe únicamente a su mirada crítica a la historia de la filosofía (en especial a Kant, Hegel y Nietzsche), sino también al gran rastro que ha dejado en la filosofía contemporánea. Pensamientos como los de Gadamer, Derrida, Levinas o Vattimo no serían comprensibles sin su diálogo con la herencia de Heidegger.

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Ser y tiempo, de Heidegger (Trotta).

1 Fenomenología. El modo que Heidegger tenía de abordar las cuestiones que le intrigaban estaba muy influido por los últimos textos de Husserl y su fenomenología, es decir, la ciencia que estudia los fenómenos del mundo que están correlacionados con una conciencia que los percibe.

En Ser y tiempo, Heidegger insiste en que la fenomenología no habla del «qué» de los objetos filosóficos sobre los que investiga, sino del «cómo» de la investigación (la cual, en el caso de Heidegger, como veremos, se centra en el Ser). En otras palabras, la fenomenología es el método que permite ver lo que «no aparece» por quedar oculto: el Ser de los entes. Así, la fenomenología es el método de la ontología.

El «mundo de la vida» —o Lebenswelt en el vocabulario de Husserl— es el escenario donde cada «yo» se encuentra ante el mundo. Heidegger le dará mayor importancia a este concepto y criticará la interpretación de Husserl por reducirlo a un objeto que abarca al resto, a un marco espacial. En su lugar, el mundo debe entenderse como aquello que hace al «yo» ser como es. Nuestro modo de existencia es ser-en-el-mundo.

Desde Platón y Aristóteles, la metafísica ha cometido el error de igualar los entes y los seres, olvidando que hay una diferencia entre ellos y que es necesario preguntarse por los últimos

2 Olvido del Ser. Esta es la preocupación principal que lleva a Heidegger a escribir Ser y tiempo en 1927. Estudiando la tradición filosófica de Occidente, llega a la conclusión de que el mayor problema de esta es haberse centrado en el estudio de los entes (el plano óntico) cuando el objetivo último era el estudio de los seres (el plano ontológico). Desde Platón y Aristóteles, la metafísica ha cometido el error de igualar los entes y los seres, olvidando que hay una diferencia entre ellos y que es necesario preguntarse por los últimos.

Heidegger identifica tres prejuicios por las que la pregunta por el Ser ha quedado en el olvido: la universalidad del Ser, su imposibilidad de ser definido y, por último, que damos por obvio un concepto que no comprendemos realmente. Los tres apuntan a la misma confusión: en nuestro uso del lenguaje y comprensión del mundo empleamos el verbo «ser» constantemente, dando por hecho que sabemos lo que significa —y, en consecuencia, que no es necesario preguntárnoslo—, cuando se trata de un concepto indefinible. Nuestras definiciones remiten a los entes, no tenemos un lenguaje específico para hablar del Ser.

3 Dasein. Heidegger explica que, aunque el Ser no pueda reducirse al ente, sí necesitamos elegir un ente desde el cual empezar a interrogar al Ser. Para el alemán, el ente por excelencia y cuyas cualidades son más idóneas para este cometido es el ser humano, que denomina Dasein, que, literalmente, significa «ser-ahí».

El Dasein es un ente muy particular, pues está determinado por su existencia (una dimensión óntica), lo que le permite estar en un contacto más directo con el Ser (una dimensión ontológica) y, por tanto, en su actuar y comportamiento nos alcanza la comprensión de su ser (una dimensión óntico-ontológica).

Como hemos visto antes, el método de investigación de Heidegger es la fenomenología, pero se trata de una muy particular. Si lo que debemos alcanzar es una comprensión (una auto-comprensión, porque nosotros también somos seres) de aquello que está oculto, entonces nuestro análisis debe ser interpretativo, es decir, hermenéutico. Concretamente, el análisis que atiende a la especificidad del Dasein es la analítica existenciaria (o existencial, según las traducciones).

4 Existenciarios. De un modo similar al uso de las categorías de los entes en la ontología tradicional, Heidegger hablará de los existenciarios del Dasein. Estos son las estructuras fundamentales de su vida, aquellos modos que constituyen su facticidad como ser-en-el-mundo. Los existenciarios nos permiten detallar el significado de la existencia, nos acercan al Ser del Dasein.

Los existenciarios son muchos y variados; veamos algunos de los más relevantes. El más general ya lo hemos anunciado, el ser-en-el-mundo, aunque este es común a todos los entes del mundo, por lo que no es un carácter único del Dasein. Sí lo es en tanto que ser-con, lo que significa que no somos sujetos encapsulados en el vacío, solipsistas, sino que estamos rodeados de otros.

También es un ser-para-la-muerte, lo cual hace referencia a la posibilidad más inevitable y propia de la existencia, su fin. Ser-para-la-muerte nos recuerda que nos dirigimos hacia el momento extremo en el que ser Dasein sea ya imposible, por eso Heidegger dice: «Su muerte es la posibilidad del ‘ya no poder ser-ahí’». También son existenciarios, entre otros, la temporalidad, el habla y la comprensión, y todos ellos se reúnen y fundan en un único existenciario principal: la cura o cuidado.

El ser-para-la-muerte hace referencia a la posibilidad más inevitable y propia de la existencia, su fin. Nos recuerda que nos dirigimos hacia el momento extremo en el que ser Dasein sea ya imposible

5 Sorge. Con Heidegger suele suceder que las traducciones son complicadas y no siempre exactas, por eso muchas veces se recurre a los términos en alemán. Este es el caso de Sorge, que inicialmente se tradujo por «cura», pero ahora es más común hablar de «cuidado». No se trata de un concepto psicológico, sino del modo de existencia más primario del Dasein en relación con el mundo.

Sorge se encuentra a camino entre el cuidado (en tanto que atención) y la preocupación (en tanto que inquietud). Se relaciona con la temporalidad y con la proyección, pues implica una mirada hacia el futuro. Sorge es el pro-curar como anticipación que va «más allá de sí», que ya se proyecta hacia sus posibilidades. Por esta razón, Heidegger habla de «pre-serse», porque siempre está anticipando su existencia.

6 Alétheia. Comúnmente, el término griego alétheia (ἀλήθεια) se traduce como «verdad». Sin embargo, Heidegger desglosa esta palabra para enseñarnos el significado «oculto» que puede llegar a tener. Para él, alétheia debe entenderse como «desvelamiento» o «desocultamiento», concretamente como desocultamiento del Ser del Dasein. En Ser y tiempo dirá: «La ἀλήθεια […] significa ‘las cosas mismas’, lo que se muestra, los entes en el ‘cómo’ de su ‘estado de descubiertos’». La razón es que la palabra griega tiene dos partes: se compone de un alfa privativa (el equivalente al in castellano e italiano, y al un- inglés) y del término léthé, que significa «olvido».

Alétheia debe entenderse como «desvelamiento» o «desocultamiento», concretamente como desocultamiento del Ser del Dasein

De esta manera, Heidegger nos hace entender que el Ser viene de un estado originario de ocultamiento, en el que está velado, y que, en consecuencia, debe ser descubierto, conocido «verdaderamente» para que se muestre más allá del ente. Como veíamos antes, la fenomenología, entonces, es la forma de acceder a la alétheia, ya que muestra «las cosas mismas».

7 Kehre. En 1933, con la llegada al poder del partido nacionalsocialista de Alemania, a Heidegger se le concede el puesto de rector de la Universidad de Friburgo debido a su adhesión al régimen nazi. El discurso de su toma de posesión, La autoafirmación de la universidad alemana, es muy peculiar, pues habla de una «misión espiritual del pueblo alemán» que debe llevar a cabo el cuerpo de estudiantes.

Desde un lenguaje épico, promueve la aplicación en la universidad del Führerprinzip, la organización jerárquica sometida a las órdenes de un líder. Sin embargo, al año siguiente dimite del puesto y abandona el partido nazi. Heidegger se encuentra entonces decepcionado con el proyecto del Führer o, al menos, con la poca relevancia de su papel en él (según Jaspers, quería «guiar al guía»: den Führer führen).

En esta misma época de cambios vertiginosos tiene lugar lo que se entiende por el giro —llamado en alemán Kehre— del pensamiento del filósofo. Así, después de los años 30, nos encontramos ante un segundo Heidegger. Si el primero se centró en Ser y tiempo (1927) en la cuestión metafísica a través del Dasein y la fenomenología, este segundo abrirá, como veremos a continuación, el horizonte de temas desde los que pensar el Ser en un sentido histórico-interpretativo.

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Carta sobre el humanismo, de Heidegger (Alianza).

8 Carta sobre el humanismo. Aunque en los primeros escritos después de Ser y tiempo ya empieza a notarse ese «giro», el momento decisivo llega con la Carta sobre el humanismo (1946). Desechando el uso habitual del término «humanismo», en ella pretende recuperar un concepto de humanismo más originario en el que el foco se ponga sobre la esencia del hombre, sobre su proximidad al Ser.

Una de las ideas centrales del texto es el lenguaje como manifestación del Ser. «El lenguaje es la casa del Ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada». De este modo, el lenguaje no es algo que el Ser posea, un instrumento del que hace uso, sino el lugar donde habita, la relación misma entre el hombre y su Ser.

Si Heidegger concede a los poetas —como a Hölderlin, a quien admira— la capacidad de manifestar el Ser es porque la poesía ha tenido un cuidado por el lenguaje que la filosofía ha dejado de lado al encorsetarse en los esquemas de la lógica y la gramática de Occidente. «Liberar al lenguaje de la gramática para ganar un orden esencial más originario es algo reservado al pensar y poetizar».

«El lenguaje es la casa del Ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada»

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Caminos de bosque, de Heidegger (Alianza).

9 La obra de arte. El pensamiento estético de Heidegger se opone a la teoría estética tradicional de Occidente. En El origen de la obra de arte, recogido en Caminos de bosque, explica que debemos liberarnos de la disciplina estricta de esta tradición que nos impide fijarnos en el «carácter de obra de la obra».

La obra de arte se encarga de mostrar el Ser de lo ente. Existe para Heidegger, por tanto, una relación entre la verdad y la obra de arte, ya que esta última realizaría ese ejercicio de desvelamiento. Sin embargo, abrir a la verdad no implica solo iluminar una nueva totalidad del ente que estaba oculta, sino que también hace palpable ese ocultamiento previo que no estaba siendo percibido. La obra de arte es el escenario, la brecha, donde esta dualidad tiene lugar.

A esta dualidad Heidegger la llama «conflicto entre el mundo y la tierra». El mundo hace referencia a aquello que está explicitado en la obra de arte, las formas que empleamos para leer la realidad y que son heredadas, tienen un componente histórico. Por otro lado, la tierra es esa parte velada, el contenido oscuro que aún no ha sido iluminado y que se resiste a ser apresado por el mundo y sus estructuras de interpretación. 

10 La pregunta por la técnica. Heidegger emplea su conferencia de 1953, La pregunta por la técnica, para hablar de la Modernidad capitalista y cómo viene definida por su consumo instrumental extremo, incluso de los seres humanos. La técnica es otro modo de desocultamiento de la alétheia. También tiene un sentido metafísico: hace referencia a la relación que tiene el hombre moderno con el mundo, concretamente a la obsesión extrema del primero por dominar y apresar en su conocimiento al segundo. Para Heidegger, en la Modernidad ya no vemos la realidad como algo dado que está ahí fuera, sino como una extensión de nuestras estructuras de percepción porque así nada podrá escapar de nuestro entendimiento.

La esencia de esta técnica es su carácter impositivo, a lo que en alemán Heidegger se refiere como Gestell. En alemán, este término se compone del prefijo equivalente a nuestro «re-» y por el verbo poner o colocar. La Ge-stell no deja a ningún sujeto en pie: solo existen objetos como mercancías fácilmente re-colocables, re-puestas, agotables «hasta fin de existencias». En definitiva, hoy todo está subordinado a la técnica.

Sin embargo, ¡quedan esperanzas! Heidegger recupera las palabras del poeta —de nuevo, son los que nos guían— Hölderlin cuando dice: «Donde está el peligro crece también lo que nos salva». De ser esto cierto, entonces también se encuentra en la im-posición de la técnica la capacidad de salvarnos de ella.

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