El mexicano Gerardo Ávalos Tenorio, reconocido especialista en Ciencia política, siembra sus reflexiones en una raíz filosófica. Su forma de trabajo me recuerda mucho a la metodología crítica de los grandes teóricos italianos de la corriente liberal-socialista de la política, pero con ese toque edificante de los grandes sistemas de la filosofía moderna alemana. Con él tuve la fortuna de dialogar.
Un placer que me haya permitido conversar con usted. Admiro su labor, ya que ha desarrollado una forma de escribir poco común en la universidad, atípica dentro de una actualidad que tiende hacia reflexiones laxas, sensacionalistas e inmediatas, o hacia la recapitulación del mero comentario académico. Dentro de la academia, desgraciadamente, lo que se lee últimamente se encuentra construido desde la reflexión lógica y pragmática del asunto; o desde la historia lineal de los grandes conceptos de los sistemas políticos a lo largo de los siglos. Su escritura es diferente. ¿Cuál ha sido la motivación para trabajar de dicha manera? ¿Tiene alguna convicción social o práctica para hacerlo así?
Me alegra que mi escritura pueda ser percibida de la manera en que la dibujas. Estudié en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y cursé un antiguo plan de estudios de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública que, en general, estaba basado en la lectura de los clásicos del pensamiento social y político. A mi juicio, esto era muy formativo. No solo se trataba de leer a los clásicos, sino que se enseñaba a problematizarlos en su historicidad. Esto significa que el pensamiento se inscribe en un contexto histórico y se debe a una época determinada, pero también que las grandes ideas trascienden a su inmediatez: los clásicos son nuestros contemporáneos, nos interpelan, nos conmueven porque sus problemas también son los nuestros. Tener presente esta doble dimensión de la narrativa filosófica de los autores clásicos los convierte en imprescindibles, y con ellos podemos iniciar el planteamiento de los problemas actuales. No es que los autores hayan siquiera atisbado los detalles de nuestro tiempo, sino que nos enseñaron a pensar. En ese sentido, compartimos la comunidad de ideas con ellos. Mi principal motivación ha sido preservar y perseverar en una tradición de pensamiento que no se precipita en emitir juicios y soluciones inmediatas ni se deja seducir por las modas intelectuales, sino que encuentra en la paciencia del pensamiento el mejor medio para contribuir a los diagnósticos de las situaciones más diversas del presente. ¿Para qué hacerlo así? ¿Cuál es mi más profunda convicción política? La libertad, como causa eficiente y como causa teleológica.













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