Frida Kahlo: pinceladas de dolor y vida

La pintora mexicana Frida Kahlo nació en 1907 y murió en 1954. El dibujo es un diseño de Filosofers.
La pintora mexicana Frida Kahlo nació en 1907 y murió en 1954. El dibujo corresponde a una lámina diseño de Filosofers.

Es la pintora latinoamericana más importante del siglo XX. El arte mexicano le debe mucho color, mucho dolor y mucha historia. Sus cuadros son un reflejo de su mala salud y su necesidad de contarlo. Frida Kahlo tuvo una apasionada vida dura y relaciones difíciles, transgresoras, atormentadas. Todo lo narró a través de su obra. Mañana se cumplen 65 años de su muerte.

Por Amalia Mosquera

¿Pueden el dolor, el sufrimiento, la depresión, las emociones profundas e hirientes convertirse en color, belleza, arte? Pueden y seguramente deben, y así ha sido a lo largo de los siglos en infinidad de ocasiones. La historia del arte mexicano quizá estaba esperando a Frida Kahlo, aunque ella no lo sabía. Lo tenía muy claro desde bien joven: iba a estudiar medicina. Pero la fuerza arrolladora de un tranvía decidió que su futuro no iba a ir por ahí cuando el 17 de septiembre de 1925 se cruzó en el camino del autobús en el que ella viajaba, llevándoselo por delante y, con él, sus planes y su salud. Tenía 18 años y su destino acababa de cambiar. Del accidente salió muy mal parada: varias lesiones en la columna vertebral y numerosas fracturas en la pierna, la clavícula, las costillas, un codo y la pelvis. Un hombro dislocado, un pie aplastado. Y la cadera atravesada por una barra. Difícil panorama y difícil recuperación que la obligaban a estar inmovilizada durante meses. La larga convalecencia le permitió reponerse y descubrir su nueva vocación: la pintura. En ella encontró su vida y la forma de curarse también por dentro.

La soledad retratada

Frida Kahlo, de Laura García Sánchez (Tikal).
Frida Kahlo, de Laura García Sánchez (Tikal).

Esas secuelas físicas se sumaban a otras que la joven Frida ya tenía. Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón había nacido el 6 de julio de 1907 en Coyoacán, México, en la casa de sus padres –que después fue la suya y de su marido–, hoy conocida como la Casa Azul, convertida en museo en 1958, cuatro años después de la muerte de la pintora. Hija de Wilhelm (Guillermo), de ascendencia húngaro-alemana, y Matilde, de Oaxaca (México), Frida es la tercera de cuatro hermanas: Matilde y Adriana, las mayores, y Cristina, la menor, con la que solo se lleva once meses y a la que Frida estará muy unida. A los 6 años sufre poliomielitis. Como consecuencia le queda la pierna derecha más corta que la izquierda. La salud de Frida Kahlo hasta los 18 ya había sufrido más sobresaltos de los deseados.

Y llega el accidente en aquel autobús arrollado por un tranvía para sumarse a su ya trastocada vida. La obligada convalecencia inmóvil le aburre mortalmente. Tumbada boca arriba en aquella cama, sin más horizonte frente a su vista que el techo de su habitación, la vida pasa lenta y desesperante, hasta que unas acuarelas que le regala su padre se convierten en el flotador que la saca de su letargo. Haría falta alguna estrategia más: ni siquiera puede incorporarse para utilizarlas. La solución parece que se le ocurre a su madre: ponerle un espejo arriba, sobre la cama, y encargarle a un carpintero un caballete especial que le permita pintar estando acostada.

Sufrió un accidente del que salió muy mal parada que le obligó a hacer un largo reposo en el que comenzó a pintar y a retratarse a sí misma

En esa postura, Frida solo se ve a sí misma, reflejada en aquel espejo. Y eso es lo que empieza a pintar: autorretratos. Así comienza una serie de cuadros que con el tiempo irá ampliando.

«Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el motivo que mejor conozco».

No era solo su imagen; era su imagen con sus circunstancias, sus experiencias, sus vivencias y las huellas que estas le habían ido dejando. Esa será la temática de la mayor parte de su obra: ella misma. Frida Kahlo convaleciente ya es una artista, pero falta que el mundo también se entere.

El amor como salvación y sufrimiento

Frida Kahlo. Una biografía, de María Hesse (Lumen).
Frida Kahlo. Una biografía, de María Hesse (Lumen).

Es el año 1928. Frida Kahlo ya puede levantarse de la cama. A partir de ahora, nada la parará, ni el dolor de su cuerpo, ni siquiera las varias operaciones a las que debe someterse a causa de las secuelas del accidente. La pasión, la actividad, la inquietud mental y unos sentimientos que sienten con fuerza son el motor de su vida.

Sus ideas y convicciones le llevan a ser una importante activista de izquierda, feminista y cercana al Partido Comunista. A través de este círculo de amistades conoce a Diego Rivera, un reconocido pintor de murales mexicano. Decide llevarle sus primeros trabajos, los autorretratos que había pintado en su convalecencia, y Rivera queda impresionado por su talento. Y por algo más. Ella también. En 1929 se casan por primera vez. Diego tiene 43 años, Frida 22. Para él es su tercer matrimonio; el primero para ella.

«¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: yo te cielo».

Es el principio de una relación tormentosa, llena de infidelidades, subidas y bajadas. Tres años después de la boda, Frida se queda embarazada, pero a los tres meses sufre un aborto, el primero. Una deformación en el útero, las secuelas de la polio, las del accidente o todo junto le impedirá tener hijos.

«Yo, al contrario de los pintores surrealistas, no pinto mis sueños, sino mi realidad»

Por entonces su matrimonio ya no era estable ni feliz. Frida había descubierto varias infidelidades de su marido, pero decidió tolerarlas… hasta que llegó la que para ella supuso el punto final (o punto y aparte): se entera de que Diego le es infiel con su hermana Cristina, la pequeña, a la que ella estaba tan unida. Lo recibe como un duro golpe, una traición de ambos que la sume en una depresión. Los problemas de salud y los altibajos en el amor fueron dos constantes en la vida de Kahlo.

El alma desnuda de Frida Kahlo

A más de 10.000 km de México, en la URSS, estaba ocurriendo algo que influiría en la historia de este país y en la personal de Kahlo. Las críticas y la oposición a las políticas del estalinismo del líder ruso León Trotsky llevaron a Stalin a expulsarlo de la URSS. Pasó por varios países hasta que fue acogido en México gracias a la mediación del pintor Diego Rivera ante el presidente mexicano. Pero Rivera hace más que proporcionarle un país para exiliarse: le ofrece su propia casa, la Casa Azul, que el ruso comparte con el matrimonio durante más de dos años.

Frida Kahlo inicia un romance con Trotsky. A pesar de todo, el matrimonio Rivera Kahlo decide continuar juntos, con un pacto: cada uno puede tener otras parejas. Diego, con todas las mujeres que puede; Frida, con todos los hombres y todas las mujeres que puede.

En 1939, ni Diego ni Frida soportan más infidelidades y ponen fin a su matrimonio. Ella sigue manteniendo su relación con Trotsky, hasta que un año más tarde, el 21 de agosto de 1940, lo asesinan. Diego Rivera, que vive por entonces en San Francisco (Estados Unidos), la llama para que se vaya con él. Frida acepta. Se casan por segunda vez y regresan a su casa de México. Durante un tiempo, la cantante Chavela Vargas vive con ellos. «Frida me enseñó muchas cosas y aprendí mucho, y sin presumir de nada, agarré el cielo con las manos, con cada palabra, cada mañana», dijo Chavela de ella.

«¡Mi cuerpo quémenlo! No quiero que me entierren. He pasado demasiado tiempo tumbada. ¡Solo quémenlo!»

Entre el realismo y el surrealismo

Lámina Frida Kahlo de Filosofers. Puedes comprarla haciendo clic aquí.
Lámina Frida Kahlo de Filosofers. Puedes comprarla haciendo clic aquí.

Frida continúa pintando. Su obra se mueve entre el realismo y el surrealismo; las mujeres reales que plasma en sus cuadros y a las que llena de símbolos y alegorías.

«Yo, al contrario de los pintores surrealistas, no pinto mis sueños, sino mi realidad».

Y a través de esa realidad y de esas obras desnuda constantemente su alma. Los problemas de salud para Frida Kahlo nunca se terminarán. En 1953, ante la amenaza de gangrena, le amputan la pierna derecha. «Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?», dice Kahlo. Desde ese momento volará sentada en una silla de ruedas hasta el 13 de julio de 1954, cuando su vuelo se detiene: Frida Kahlo muere en la Casa Azul. Solo tiene 47 años. «¿Qué le gustaría que hicieran con su cuerpo al morir?» dicen que le preguntaron en una ocasión a Frida Kahlo. Y dicen que ella contestó: «¡Quémenlo! No quiero que me entierren. He pasado demasiado tiempo tumbada. ¡Solo quémenlo!».

En sus pinturas y en su manera de vestirse, de peinarse, de arreglarse, de decorar su casa, Frida Kahlo recupera el arte popular mexicano. Su figura se ha convertido en icono del feminismo, de la libertad sexual y de la cultura mexicana.

Un íntimo autorretrato de dibujos y letras 

«Agosto de 1953. Seguridad de que me van a amputar la pierna derecha. Detalles sé pocos, pero las opiniones son muy serias. Estoy preocupada, mucho, pero a la vez siento que será una liberación. Ojalá y pueda ya caminando dar todo el esfuerzo que me queda para Diego. Todo para Diego».

El diario de Frida Kahlo (RM Verlag).
El diario de Frida Kahlo (editado por La Vaca Independiente y distribuido por Editorial RM).

El diario de Frida Kahlo. Un íntimo autorretrato recoge la vida y los pensamientos de los últimos diez años de la artista mexicana, desde 1944 a 1954. Este texto, apasionado, profundo y personal, que se mantuvo en privado durante 40 años, revela de primera mano el carácter complejo y las complicadas experiencias que vivió. Contiene cartas, poemas –«Se equivocó la paloma. En vez de (sic) al norte fue al sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba», de Rafael Alberti–, reflexiones, anhelos, temores, sufrimientos, ilusiones… de Kahlo, escritos de su puño y letra, tachones incluidos. Está ilustrado con 70 dibujos, esbozos y pinturas hechos por ella misma y la introducción del libro es del escritor mexicano Carlos Fuentes.

«¿Quién diría que las manchas viven y ayudan a vivir? Tinta, sangre, olor, no sé que tinta usaría que quiere dejar su huella en tal forma. Respeto su instancia y haré cuanto pueda por huir de mi mundo (…) ¿Qué haría yo sin lo fugaz?».

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