El actor Francesc Orella (Barcelona, 1957) en un momento de esta entrevista-charla.
El actor Francesc Orella (Barcelona, 1957) en un momento de esta entrevista-charla.

El filósofo Miquel Seguró habla con Francesc –o Cesc, como prefiramos, dice– Orella, el actor que dio vida durante tres temporadas al famoso Merlí, el profesor de filosofía de la serie del mismo nombre que emitió TV3 primero en Cataluña y ahora ofrece Netflix en todo el mundo (y de la que Movistar+ prepara un spin off como continuación: Merlí: Sapere Aude). Ambos mantienen una interesante charla acerca del papel de la filosofía y las humanidades y de la relación de estas con otras formas de cultura.

Por Miquel Seguró

Esto no es una entrevista. Más bien es una conversación café por medio entre dos… ¿filósofos? Vale, no, pero bien podría ser. Francesc Orella, actor, ha sido profesor de filosofía a los ojos de todos durante tres temporadas. Y no cualquier profesor de filosofía. El más valorado, el más polémico, el más querido, el menos ortodoxo, el más cuestionado… Y el más seguido por los espectadores desde que la serie Merlí se estrenó en TV3, la televisión autonómica catalana, luego dio el salto a La Sexta, en toda España, y finalmente llegó a Netflix, lo que le permitió ser vista en el mundo entero, con gran éxito también en Hispanoamérica.

Una mañana barcelonesa, Orella y Miquel Seguró, filósofo «de verdad», charlan tranquilamente en una terraza sobre filosofía, sobre humanidades, sobre cultura. Y este es el resultado.

Filosofía& Co. es un portal que trata de divulgar la filosofía en el mejor sentido del concepto, y quizá ahí se encuentre la primera consideración que tendríamos que tratar, pues normalmente se entiende por «divulgar» hacer las cosas «fáciles» para la gente, de manera que tengan nociones rápidas y directas de cosas más complejas y difíciles. Así, encontramos la divulgación de las ciencias, de la psicología, de la filosofía, etc. Pero eso nos puede llevar a dar una visión simplista de lo que son las cosas. Recetas demasiado sencillas, autoayuda… ¿Usted ve como algo importante el divulgar la filosofía para una sociedad como la nuestra?
Sí, siempre y cuando usemos el término «divulgar» al contrario de como tú lo has planteado. Y, además, creo que es aplicable, la filosofía quiero decir, a la vida. A esta vida, terrenal, al presente. Es aplicable como método de análisis, como método para poder funcionar en la vida.

¿Significa eso que la filosofía, a priori, no es práctica?
A mí me parece que no (risas) o, al menos, no como entiende por «práctico» el común de los mortales.

Bueno, a usted le ha ocupado mucho…
¡Claro! Porque mi personaje es un profesor de filosofía. Lo que no significa que yo sea filósofo, ojo, pero tampoco quita para que yo me haya reciclado a raíz de la serie y que la filosofía sea algo que siempre me ha interesado.

Pero es que parece que hoy hay una visión de que se trata de algo que se encuentra «en el mundo de las ideas», y, por tanto, alejada de la praxis o el día a día. Y no, nada más lejos de la realidad. Eso que le parece a la gente desde fuera es un tópico. Ya quizá la propia terminología parece llevarnos a un mundo de reflexión, pero está claro que hay una filosofía de todo, de todas las cosas. Una filosofía de vida, de la manera de comportarnos, de la actitud, de los fenómenos que vivimos, sean del tipo que sean (sociales, personales-privados, políticos, etc.). La filosofía claro que es aplicable al presente, al día a día de nuestra vida. En ese sentido, sí es más útil que nunca y, por tanto, tiene sentido divulgarla como tú decías: desde el punto de vista de la utilidad y el espíritu crítico/analítico.

«Parece que hoy hay una visión de la filosofía de que se trata de algo que se encuentra ‘en el mundo de las ideas’, alejada del día a día. Y no»

Orella y Seguró durante la entrevista, en Barcelona.
Orella (dcha.) y Seguró (izda.) durante la entrevista, en Barcelona.

Esto me hace pensar en los tópicos contrafilosóficos de que «la filosofía no vale para nada». En esto yo creo que con el resto de las hermanas de las ciencias humanas compartimos situación. Por ejemplo, ¿alguna vez le han dicho que el teatro no sirve ya para nada? Y si lo dijeran, ¿qué les respondería?
¡No se han atrevido! (Risas). Hombre, a un actor, decirle que «eso que tú haces no vale para nada»…

A mí me lo han dicho.
Con nosotros igual no se atreven tanto. O te lo dicen de otra manera. Sí me han preguntado si de verdad creo que una cosa como hacer teatro consigue algo, o si es simplemente algo con lo que mirarnos el ombligo los actores.

A ver, el teatro, el arte dramático, fue inventado por los griegos hace mucho tiempo y, por lo tanto, parte de una literatura dramática: algo escrito para ser representado. Y a pesar de que estamos en la era audiovisual y tecnológica y de las crisis que ha tenido el teatro, este ha seguido haciéndose. Ahora bien, nuestro país, al contrario que nuestras vecinas Francia e Inglaterra, está a años luz…

Hay muchos tópicos, cuando el teatro no es nada más que el autor poniendo un espejo ante el espectador, que se ve representado por seres de carne y hueso que dan vida a esos papeles. Es una acción que puede ser hasta catártica.

Eso decía Aristóteles…
Es que puede ser muy importante. Pasan muchas cosas en el escenario y en la platea. Yo llevo cuarenta y un años de profesión y he tenido tiempo de experimentar momentos muy interesantes, algunos capaces de provocar reacciones muy fuertes en el público: desmayos, un ataque al corazón, reacciones estentó… Claro que el teatro sirve. No solo para entretener, sino también para provocar, emocionar, hacer que la gente mueva el culo en su butaca, se sienta inquieto, se le revuelva el estómago, reflexione, ría o se emocione. Son muchas cosas.

No olvidemos que el teatro es un arte que proviene de la literatura. Hay que cuidarlo a nivel de escuela. Cuando dicen: «¿Quién coño va al teatro?»… Han acostumbrado tanto a los niños a ver películas en pantallas de tabletas y móviles que miran al teatro y dicen: «¿Qué es eso? Una gente subida a un escenario, hablando. ¿Esto qué es, antropología?». Parece una cosa arcaica a la que no se le da valor, cuando la realidad es que hay una serie de autores que han dicho, en lenguaje dramático, muchas cosas del ser humano tal y como lo hace la filosofía. Y esto, si no lo aprenden de pequeños, no lo valorarán en el futuro. Es una más de las deficiencias de nuestra educación.

«La cultura no es una necesidad básica, de acuerdo; hay gente que vive perfectamente sin cultura. Pero tampoco tiene que ser un lujo porque tampoco lo es la formación espiritual, ética…»

Para mí la filosofía es una necesidad vital. ¿Lo es para usted el teatro? Existe ese gran tópico de que tenemos que, primero comer, luego tener una casa, vivir… y ya después la cultura. ¿Cree que no, que la cultura forma parte de una necesidad tan vital como lo demás?
No, creo que son distintas. Es evidente que lo primero es sobrevivir y por tanto hay una serie de necesidades básicas. Además, hay gente que vive perfectamente sin cultura. Pero eso no quiere decir que la cultura tenga que ser un lujo. La cultura no es un abrigo de visón o un coche deportivo.

Vamos a valorar qué es: no es una necesidad básica, de acuerdo, pero tampoco tiene que ser un lujo porque tampoco lo es la formación espiritual, ética, etc. La formación cultural es necesaria para alimentar el espíritu, para ser alguien con criterio, para no vivir en este mundo como un puto vegetal. La cultura alimenta, da sentido a la vida.

Filosofía, teatro, arte…, ¿tienen una vocación política inmediata? En ese sentido, y ligándolo a lo que usted comentaba, seguramente lo que peor le va a las humanidades y a la cultura es el dogmatismo, sea cual sea. ¿Cuáles son los dogmatismos más peligrosos o nocivos que ve, en general, en relación al valor de la cultura? Por ejemplo, eso que suele decir la gente de que «las entradas de teatro son muy caras»…
Más que dogmatismos, que también, creo que hay prejuicios concretos. O ideas que se han anquilosado pero que se siguen dando por válidas. Como esa de que la ciencia puede responder a todo o que el teatro es prescindible y un ejercicio del ego de los actores.

No sé, a mí me preocupa la parte de responsabilidad que tiene la gente en el asunto. El que la cultura, en general, se convierta en puro entretenimiento solamente. Que la gente lo tenga definido como ocio, lo que uno hace cuando tiene tiempo libre: jugar en su casa o fuera, ir al teatro o al cine, ver la tele, etc. Que solo sea visto como opción de ocio.

O como negocio…
Sí, las dos cosas. Puede serlo, ¿eh? El fútbol es negocio, es deporte, es espectáculo…

«La formación cultural es necesaria para alimentar el espíritu, para ser alguien con criterio, para no vivir en este mundo como un puto vegetal»

El «opio del pueblo»…
… Y el teatro, las artes escénicas o el cine –vamos a englobar aquí todo– son cosas que parecen puro ocio, únicamente elementos para entretener. Yo creo que es preocupante que eso pase a ser una definición y que se convierta, como he dicho antes, en un lujo prescindible. Creo que si estuviese más presente en la vida cotidiana, sería otra cosa.

¿Pone la cultura en duda el sistema?
Yo diría que puede hacerlo. Su obligación es esa de hecho: poner en duda las cosas…Bueno, quizá esa sea más la función de la filosofía, pero, en general, la cultura para lo que tiene que servir es para hacernos dudar, para alimentar el espíritu crítico y ver las cosas de distinta manera, fomentando la tolerancia, la flexibilidad y poder ser compatible y empático con el otro –la alteridad–. Ponerte tú bajo las perspectivas de los demás.

El actor Francesc Orella (izda.) y el filósofo Miquel Seguró (dcha.) charlan sobre filosofía y humanidades.
El actor Francesc Orella (izda.) y el filósofo Miquel Seguró (dcha.) charlan sobre filosofía y humanidades.

¿Cuál sería su filósofo de cabecera? Yo, por ejemplo, casi siempre vuelvo a Kant o a Jaspers, dos tipos que me resultan fascinantes. No tiene por qué ser filósofo; puede ser un literato o cualquier otro autor concreto.
Personalmente, Bauman (Zygmunt) me fascina. Su concepto de modernidad líquida es algo que me ha entrado muy hondo, quizá por el momento en que lo he conocido como pensador. Estoy muy de acuerdo con su idea, aunque hay muchos más, claro.

De Camus me ha hablado también en alguna otra ocasión…
Es verdad, es verdad… Hay pensadores actuales que han terminado saliendo en la serie y que yo no conocía –como Žižek o Bauman–, pero Albert Camus es algo especial. Lo conocía hace años como lector, pero luego, como actor, he tenido que meterme más.

¿Y por qué esa atracción? ¿Por sus reflexiones existenciales?
Quizá también porque era un hombre militante, aunque no exactamente en el sentido de partido –que también, aunque luego tuviera sus crisis y sus críticas al Partido Comunista francés–, sino de rebelde. El rebelde en toda su esencia, que se cuestiona todo, empezando por él mismo. Pone todo en duda, pero al mismo tiempo está comprometido con las causas, y eso me parece importante: tomar partido. Puedes ser todo lo crítico que quieras, dudar de muchas cosas, pero estás comprometido. Esa filosofía presente en El hombre rebelde… me identifico mucho con ella.

Aparte, Camus fue un tío que no fue solo un pensador/filósofo. Fue un dramaturgo, un novelista, un periodista, ¡y un gran seductor! Un hombre que lo tenía todo. Una lástima que muriera joven. Los grandes… ya se sabe. Hay gente que se va demasiado pronto y Albert Camus fue uno de ellos. Hubiera podido escribir todavía grandes cosas, pero ya lo que hizo fue muy potente.

¿Veremos alguna serie de Camus de su parte?
Me encantaría. Hice una función de Camus, La caída. Ese texto es maravilloso y para mí fue un antes y un después. No solo por el guion, sino por el espectáculo.

«Hay pensadores actuales que han terminado saliendo en la serie y que yo los he conocido por ello, como Bauman o Žižek. Pero, para mí, Albert Camus es alguien especial»

¿Usted cree que la humanidad necesita religiones?
Sí. Necesitamos religiones, modelos a seguir, fe en algo, en alguien. Fe que trascienda nuestra vida terrenal porque nos da pánico pensar en que al morir se acaba todo. Igual que necesitamos respirar, beber y comer, pues resulta que también necesitaremos sentir que hay un guía, un protector. Alguien o algo a lo que remitirse.

Porque usted entiende por fe algo que va más allá, ¿verdad? No fe «en la política» o «en la ciencia», por ejemplo.
No, no. Estoy hablando de algo que va más allá de lo terrenal. Lo trascendente. Yo creo que es una necesidad del ser humano. Estamos hecho de lo que estamos hechos. Tenemos un cerebro que está demostrado científicamente que existe, pero respecto al espíritu y el alma… eso no está demostrado, pero lo tenemos. Algo hay ahí, lo llamemos como lo queramos llamar.

El otro día escuchaba una conferencia muy interesante de un cardiólogo hablando sobre el concepto de energía, que muchos rechazan. Y es algo que yo creo que sí existe. El yoga y el tantra y los chakras y todo eso hablan de esa energía, mientras que la ciencia, por ejemplo, no termina de ser capaz de definirla.

Sin embargo, científicamente, el efecto placebo explica cómo la mente, la creencia, pueden modificarnos…
Y hay conceptos que aún no están descifrados o explicados empíricamente, pero sabemos que existen. Algo hay, y se le ha dado distintos nombres a lo largo de la historia.

«Necesitamos religiones, modelos a seguir, fe en algo, en alguien. Fe que trascienda nuestra vida terrenal porque nos da pánico pensar en que al morir se acaba todo»

Ya para ir terminando: ¿qué es la vida para usted?
Vaya preguntita para el final…

¡No le voy a preguntar por el Barça! (Risas)
Es como eso de «¿Qué es la moral? El árbol que da moras» (risas). Esto te va a gustar: la vida es el guion que hay entre dos fechas en la placa de un cementerio: el nacimiento y la muerte.

Caray… ¿Y quién escribe ese guion? ¿Nadie? ¿Todos?
Tú mismo lo escribes, pero luego hay otras cosas que también intervienen. Fíjate que superficial, ¿eh? Cómo se puede reducir la vida de alguien, que puede haber sido muy intensa, muy rica, muy productiva, a un puto guion. Fulanito de tal, nacido, rayita, y muerto. Eso es la vida, la rayita, el símbolo que separa ambas partes.

Es una reflexión que tuve un día y pensé: «Dios mío… ¿podemos acabar siendo únicamente eso?». Es un suspiro, no es nada. Un guion entre dos fechas en una lápida.

«Quiero pensar que sí hay esperanza, pero me estoy volviendo un pesimista. Con buen humor, pero pesimista. No es que no crea en el género humano. Lo que me parece mal es en qué se está convirtiendo nuestro planeta y, con él, la humanidad»

Muy kafkiano.
¿Algún filósofo lo ha visto así? ¿Nietzsche quizá?

No sé, pero Kafka tiene una frase que no es exactamente esa visión, pero es brutal: estando con Max Brod, este le pregunta a Kafka: «Franz, tú que eres un hombre que sabe, que piensa… ¿Hay esperanza?». Y Kafka le responde: «Por supuesto, pero no es para nosotros». Es brutal, para mí Kafka es un referente.
Uno de los grandes. Otro.

¿Qué opina usted, hay esperanza?
Me da por pensar en los tiempos que corren y estaría casi de acuerdo. Yo quiero pensar que sí hay esperanza, pero me doy cuenta de que me estoy volviendo un pesimista. Con buen humor, pero pesimista. No es que no crea en el género humano, pues sí creo en sus posibilidades. Lo que me parece mal es en qué se está convirtiendo nuestro planeta y, con él, la humanidad.

Filosofía a pie de aula

Merlí es una serie de televisión protagonizada por Francesc Orella y producida por Verada TV que se emitió entre 2015 y 2018 en la televisión autonómica catalana TV3.

A través de sus tres temporadas, el espectador conoce la andanzas de Merlí Bergeron, un profesor de filosofía poco ortodoxo que intenta estimular a sus alumnos para que estos empiecen a pensar libremente.

La serie fue uno de los éxitos de la temporada en su estreno y ayudó a ofrecer una imagen de la filosofía más cercana y enfocada a todos los públicos. Esto hizo que posteriormente fuera emitida en toda España y luego diera el salto a la plataforma digital Netflix.

Haz clic aquí.
Haz clic aquí.

DEJA TU COMENTARIO

Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre