Florencia Abadi es doctora en Filosofía, investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina y profesora de Estética en los Departamentos de Filosofía y de Artes de la Universidad de Buenos Aires.
Florencia Abadi es doctora en Filosofía, investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina y profesora de Estética en los Departamentos de Filosofía y de Artes de la Universidad de Buenos Aires.

La filósofa Florencia Abadi replantea la idea de Narciso, el joven mitológico que se ahogó al arrojarse a un estanque fascinado por el reflejo de su propia imagen. Abadi defiende que en realidad «Narciso no se ama a sí mismo», sino que sacrifica su vida para ser amado por el otro. Así lo expone en su libro El sacrificio de Narciso. Hablamos con ella sobre este mito, el amor, el deseo, el erotismo…

Por Melina Varnavoglou

Florencia Abadi es doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigadora adjunta del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina) y docente de Estética en los Departamentos de Filosofía y de Artes de la UBA. Abocada muy tempranamente al estudio de la obra de Walter Benjamin, en su libro Conocimiento y redención en la filosofía de Walter Benjamin (editado por Miño y Dávila) emprendió la tarea de encontrar un hilo sistemático en la obra del popular pensador alemán, fragmentaria y compleja.

Con un pie en la mitología y otro en el psicoanálisis, hace tiempo que su escritura filosófica ha hecho de ella misma una apuesta por el fragmento: textos que de forma bella y breve discurren (ensayan) sobre grandes temas, como el amor, el deseo, el odio, la imagen y el conocimiento. Este es el caso de El sacrificio de Narciso, su último libro, publicado por Punto de vista Editores, sobre el que nos encontramos para conversar hoy.

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El sacrificio de Narciso, de Florencia Abadi (Punto de vista Editores).

Una de las ideas centrales a la que llega su análisis del mito en el libro es que «contrariamente a lo que suele afirmarse, Narciso no se ama a sí mismo». ¿Cómo llegó a esta lectura?
Llegué por una herida narcisista, un rechazo amoroso: no hay mejor camino para descubrir al narcisismo como estructura. Te diría que el libro es el testimonio de un análisis, de una terapia psicoanalítica. A partir de eso, empiezo a pensar la cuestión del rechazo y se me hace patente la oposición entre narcisismo y egoísmo, que es una de las claves de mi lectura: Narciso no se ama a sí mismo, sino que sacrifica su vida para ser amado por el otro, y en ese sentido no se prioriza, como hace el egoísta, sino que por el contrario se posterga a sí mismo para sostener esa imagen que cree que es condición del amor del otro. El narcisista trabaja para lo que lo amen, y sobre todo pone su cuerpo como variable de ajuste en esa búsqueda de cumplir con el ideal. El egoísmo puede estar incluso en el camino de la cura de una persona narcisista, en el sentido de poder priorizarse frente a los demás y sobre todo frente al ideal. Entonces empiezo a investigar más profundamente el mito.

Leo a Ovidio, que es la fuente principal del mito, busco otras versiones menos conocidas, como las de Conon o Pausanias, leo todo lo que encuentro sobre narcisismo. Encuentro un libro de Denis Knopfler que rastrea una versión muy primitiva de Narciso donde está vinculado a Artemisa, como un claro enemigo de la esfera erótica. Artemisa cuando es chica le pide a Zeus si puede permanecer virgen —alejada de la esfera erótica— y arma un séquito de mujeres vírgenes (es una imagen muy traída por el feminismo). En esta versión queda muy clara la oposición entre Narciso y Eros, y la cuestión del amor propio ni aparece en relación con Narciso. Descubro que esta oposición con Eros está velada en la versión de Ovidio que es la que más nos llega.

«El narcisista trabaja para lo que lo amen, y sobre todo pone su cuerpo como variable de ajuste en esa búsqueda de cumplir con el ideal. El egoísmo puede estar incluso en el camino de la cura de una persona narcisista, en el sentido de poder priorizarse frente a los demás y sobre todo frente al ideal»

Para usted en cambio esta rivalidad con Eros es central: mientras que uno «es amado por su belleza» (Narciso), el otro no es visto jamás por su amante (Eros). Y explica: «Solo a condición de eliminar su enemistad con Eros, puede Narciso enamorarse de sí mismo». ¿Cómo surge y qué se juega en esta lucha entre ellos?
Es interesante que la cuestión surge a partir de una conversación con mi hermana donde ella confunde los dos nombres. Porque Eros también es muy bello y en las representaciones con Psique aparece como un joven. Uno podría pensar que se espejan las dos figuras. Sin embargo, Eros es un Dios y Narciso no. Es una lucha desigual. Eros trasciende a Narciso o, al menos, no hay una simetría entre ellos. Eros es una divinidad que aparece en Hesíodo como una de las primeras divinidades del universo, incluso anterior a su madre Afrodita. Tiene que ver con un principio cósmico, de continuidad de la vida, de fertilidad y de creación. Entonces es una fuerza de la naturaleza, lo que lo coloca en una posición muy desigual con respecto a un joven cazador que anda por ahí rechazando pretendientes.

Cuando Narciso rechaza las propuestas eróticas que recibe, lo que está haciendo es desafiar una fuerza divina, que es la de Eros. En ese sentido está siendo soberbio, en el sentido de la hybris griega, como por ejemplo lo hace Aura desafiando la fuerza de Artemisa. O cuando Aracne desafía a Atenea o cuando Ícaro desafía a Apolo. En todos los casos de hybris hay un humano desafiando una fuerza divina, es decir, es una lucha que podemos esperar que termine con la muerte de aquel que es mortal. En el caso de Narciso, va a morir, y al lado de la fuente de agua donde muere se erige la estatua de Eros vencedor, porque es un mito que viene a contarnos que no podés desafiar la fuerza de Eros, que no podemos vivir más allá del erotismo.

La oposición con Eros, entonces, es para mí la verdadera causa de los rechazos de Narciso: como no puede poner en juego su propio deseo, teme quedar atrapado en el del otro, que se vuelve amenazante. El deseo es de por sí una herida en el narcisismo, como dice la canción «estoy perdiendo imagen a tu lado».

Para encontrar lo que no cuaja con esta versión tan difundida del narcisismo como figura del amor propio, además de rastrear las distintas versiones, también va a interpretaciones influyentes del mito, como la de Otto Rank y la Calderón de la Barca. Ineludiblemente entre estas está la de Freud. Su interpretación la discute directamente…
Para el psicoanálisis, el narcisismo es un tema de libido. El punto para Freud es la libido yoica versus la libido objetal. El narcisista sería el que pone la libido sobre sí mismo, que inviste al yo, por eso Freud dice que es el «complemento libidinoso del egoísmo». En cambio en el amor uno inviste objetos afuera de uno mismo.

Me interesa la idea de «economía libidinal» freudiana, de que administramos una libido que es finita, es decir, que si uno inviste un objeto, con esa libido no inviste otro; pero el punto para mí en relación con el narcisismo es la distinción que existe entre investir un objeto o investir una imagen. El narcisista inviste una imagen, inviste un ideal. Que no es el yo ni un objeto afuera. En eso me interesa trazar una diferencia. Y la definición de Freud del narcisismo en términos de egoísmo claro que la discuto, ya que me interesa sobre todo mostrar la oposición entre ambos.

Esto me recuerda a una de las maldiciones que recibe Narciso: «Que no tenga poder sobre su amor»…
Esa maldición a la que te referís es la que lanza Aminias, uno más de los enamorados despechados de Narciso. Narciso lo rechaza y le envía una espada de regalo, entonces Aminias se suicida con la espada, pero antes lanza esa maldición que le desea que le pase lo mismo, que sufra un amor no correspondido: «Que ame de este modo y no tenga poder sobre su amor», dice.

Creo que la maldición tiene que ver, por un lado, con el deseo de romper el control que tiene Narciso en la medida en que escapa del poder de Eros. Eros es la flecha que desquicia, que hace que pierdas el control. Pero yo en el libro digo que el único sentido en que realmente se cumple esa maldición no va por el lado de la muerte de Narciso, a quien la imagen no puede corresponderlo, sino más bien por el lado del suicidio, porque finalmente Narciso, al igual que Aminias, se suicida. En cambio, cuando Narciso ve su imagen en el espejo de agua, no siente un rechazo; él estira sus brazos y la imagen también estira los brazos; él le quiere dar un beso y la imagen también. Él no experimenta el rechazo que viven Aminias o Eco. Pero finalmente muere en la fuente de un modo sacrificial, suicida, entregando su vida y su cuerpo a esa imagen.

¿Cómo piensa la relación entre narcisismo y suicidio? 
Le agregué una tesis más a las del libro que va a salir publicada en la revista Huellas a fin de año para aclarar puntualmente este tema. A raíz de este mito también podemos ver la relación que la fantasía de suicidio tiene con la idea de fracaso que es propia de la estructura narcisista. Porque es el narcisismo lo que fracasa siempre, se fracasa en relación con el ideal, el deseo no fracasa.

El narcisista cree que, si no logra cumplir con el ideal —tener éxito en el ámbito laboral, amoroso, artístico, familiar, el que sea—, eso equivale a una humillación, a una pérdida de dignidad, y aparece la idea de que mejor morir a ser visto de ese modo. Eso está muy vinculado a las ideas suicidas. El deseo en cambio no fracasa, si no logra algo o algo no se le da, se desvía, rumbea. Si quiere estudiar algo que no existe donde está, viaja o encuentra otra carrera; si quiere estar en pareja con alguien y no es correspondido, busca otra persona; si quiere tener hijos y no puede, adopta, etc. El deseo siempre encuentra otro modo. El que fracasa es el narcisismo frente al ideal.

«Cuando Narciso ve su imagen en el espejo de agua, no siente un rechazo; él estira sus brazos y la imagen también estira los brazos; él le quiere dar un beso y la imagen también»

Estos son los dos ámbitos que distingue en el libro: la esfera erótica y la esfera de la imagen. Está claro que Narciso queda totalmente expulsado de una en pos de la otra, pero en general ¿se vinculan? ¿Cree que hay alguna manera de reconciliarlas? 
Sí, yo creo que están vinculadas. Están vinculadas, en primer lugar, en la medida que son ambas lógicas que nos atraviesan: somos seres eróticos y seres narcisistas. Solo Narciso puede ser un narcisista puro, porque es el símbolo de esa lógica, pero en nosotros siempre está jugando con otros personajes. Somos seres atravesados por el narcisismo, por el erotismo y también por el amor. Pero, además, puede decirse que Eros juega con Narciso. El rechazo en el ámbito erótico genera la ofensa, la guerra, el obstáculo, y puede despertar a Narciso porque el sujeto quiere restablecerse en su imagen. Uno busca ser aprobado y ahí se juega el narcisismo.

Enfatiza mucho que el amor y el deseo son cosas bien diferentes. Y otra también muy distinta es enamorarse.
Sí, en el libro trabajo la oposición entre amor y deseo. Y luego la oposición entre deseo y narcisismo. El enamoramiento narcisista en realidad es investir una imagen, no al otro. Investir masivamente. Idealizar a alguien que te idealiza a su vez genera una libidinización masiva de la imagen del yo, y eso es lo que entiendo por enamoramiento.

Pero en una relación erótica, es decir, de deseo, también juega un papel la idealización. Hay zonas de convergencia, ¿no? Y en el amor también se tiene en cuenta el narcisismo: cuando uno ama, cuida el narcisismo del otro. Porque el sufrimiento narcisista es terrible, acabamos de decir que puede llevar al suicidio.

El narcisista busca ser idealizado por el otro, porque no cree que puede ser amado por lo que es, sino solo a través de su imagen. Entonces va a intentar llenar los agujeros del otro a toda costa, que el otro no se encuentre con ningún vacío, ser incondicional. Frustrar al otro se vuelve algo peligroso, porque la idealización puede caer.

O sea que el narcisismo puede cumplir una función positiva, de autopreservación. Y me parece que no solo en sentido erótico, sino también y como dedica una buena parte en el libro, en relación con la locura, ¿no?
Sí. Narciso representa la unidad del yo, la unidad del sujeto, en contraste con la desintegración de la locura. En ese sentido, algo muy importante que hace Freud es que lo despatologiza, lo entiende como un estadio regular en la constitución del sujeto, una etapa que todos atravesamos y que tiene que ver con esa unidad del sujeto. Lacan lo ve en el estadio del espejo también. El deseo fulminante es parte de la vida de la pasión, pero tenemos nuestras defensas. En fin, quizás tengo una imagen un poco trágica del deseo (risas).

¿Otra contrafigura posible de Narciso no sería, entonces, Dionisio? Justamente como el cazador que «ama a todas», impulsivo, egoísta…
Qué interesante la relación con Dionisio… Dos personajes muy ligados a lo «narcótico» diría. En Dionisio el yo se disuelve, ahí habría, como decís vos, una contraposición. Como Eros, Dionisio es un dios, y es el «dios loco», nada menos. Sería interesante pensar también la relación que ambos tienen con sus madres, Sémele y Liríope, muy importantes para ambos. Te agradezco la pregunta, me deja pensando…

Su lectura dispara muchas preguntas fuera del libro. De hecho… ahora que nombra a las madres, se me ocurre preguntar por la lectura antipatriarcal que hace del mito, cuando explica que Narciso es producto de una violación a su madre Líriope por parte del río Cefiso. También dice: «Si el enigma está vinculado al odio, proyectar sobre la mujer la idea de un misterio conlleva la misoginia». ¿Cómo se construye este enigma descargado sobre las mujeres? 
En cuanto al tema del enigma, parto de una tesis muy simple: el enigma no es algo que existe en sí mismo, sino que es una proyección del sujeto. Es decir que ninguna cosa es por sí misma enigmática, ni el cielo, ni la muerte, ni la mujer. El enigma es el producto de una proyección de un sujeto deseante, que en la medida en que desea al objeto lo enigmatiza, le atribuye la cualidad de lo misterioso. Tomo en este sentido el concepto de «suprepción» de Kant cuando piensa lo sublime: la sublimidad, el asombro, el maravillarse, siempre está en el sujeto.

El enigma, además, está vinculado a algo que «se me cierra», hermético, que no se me quiere dar… Hay algo que se me sustrae o mezquina. Es un obstáculo que invita a luchar contra él, a develarlo. Ahí aparece el odio. Esa relación entre enigma y odio la planteó Giorgio Colli de manera muy clara. Cuando se dice que la mujer es un enigma, se está proyectando sobre la mujer un deseo que es envidioso, odiante. Todo deseo lo es, claro, pero estamos en una cultura que enigmatiza masivamente a la mujer y su sexualidad, y eso es misoginia pura.

«Somos seres eróticos y seres narcisistas. Solo Narciso puede ser un narcisista puro, porque es el símbolo de esa lógica, pero en nosotros siempre está jugando con otros personajes. Somos seres atravesados por el narcisismo, por el erotismo y también por el amor»

La «mujer-enigma» la llama, donde ubica representaciones femeninas como la esfinge, la mantis religiosa, el velo de Isis, más acá la femme fatale… Por otro lado está la mujer-piedad, que es la que cuida…
Sí, la dicotomía trillada entre la puta y la santa. La femme fatale, que representa la mujer deseada, es la que mata, literalmente, la que te va a llevar a la muerte. Esto en el cine está superexplotado. Deseamos algo que nos enigmatiza, y el deseo conlleva un odio. El odio es finalmente lo que no podemos sacarnos de encima, la dimensión del deseo que más claramente se nos impone. No podés dudar de que odiás a alguien, da una certeza que ojalá brindara el amor. Por eso lo veo como elemento esencial del deseo, algo no podemos resistir, y ante lo que uno tiende a defenderse.

Bueno, da la pornografía como ejemplo. ¿Por qué?
Hay una escena que es muy dominante en la pornografía, y es la escena en que un hombre penetra a una mujer y ella grita, con la boca abierta, en una imagen de goce extático. Yo digo que ahí el hombre está «infligiendo el placer», es decir, que hay un sadismo del hombre en esa escena. El goce de la mujer es lo enigmatizado por excelencia, la causa del odio misógino, podríamos decir. Y esto es así porque se lo idealiza, se lo envidia. La misoginia tiene mucho más de envidia que de desprecio. Es evidente que a pesar del presunto placer de la mujer no es una escena muy amorosa, ¿no?

No. Es casi odiante.
Claro. Y es importante decir que ese éxtasis femenino está enigmatizado también para las mujeres. También nosotras podemos pensar que hay «otra que sí» tiene ese goce ideal, absoluto, que yo no tengo. Se promueve la idea de que hay alguien que sabe algo que vos no sabés, un punto G, H, Q que vos todavía no descubriste. Está enigmatizada nuestra sexualidad para nosotras, lo que por supuesto no ayuda a encontrarse con el erotismo del propio cuerpo.

En otro de sus ensayos lleva más allá esta relación con el enigma y dice que «el deseo es al conocimiento, lo que el amor a la verdad». ¿Puede desarrollar un poco esta doble relación? 
Sí, eso es una lectura un poco libre del prefacio del Origen del drama barroco alemán de Benjamin, donde él hace algo que no hace nunca en ningún texto que es criticar el término conocimiento. Para él siempre es un término positivo. Pero en ese texto hace una separación radical entre conocimiento y verdad, y yo planteo que su caracterización puede pensarse como una relación entre deseo y amor.

El conocimiento tiene que ver ahí para Benjamin con el intencionar de una conciencia que busca poseer el objeto y develar. La verdad en cambio es «la muerte de la intención» subjetiva, donde «el fuego de la búsqueda se apaga». Yo vinculo conocimiento a deseo, en el sentido de que el deseo busca poseer y develar. La piedad o el amor compasivo en cambio tienen que ver con sostener los velos, no desgarrarlos. Con un gesto que deja ser al otro. No lo espía ni lo investiga, ni tampoco le exhibe. Tiene que ver con una detención de los impulsos crueles que nos atraviesan. Estas «delicias de la crueldad», como las llamo en el libro, son las que ejercemos cuando desgarramos velos: espiar, hurgar, exhibir, provocar, chusmear, desafiar, herir, matar.

¿Algo así como la curiosidad? En el libro está ligada a Psique, que sería una mujer distinta, ¿no?
Exacto, la curiosidad es desgarramiento de velos, y en ese sentido también está vinculada a la crueldad. A Psique ser curiosa le permite salir del narcisismo, y ser una heroína en el ámbito erótico. Al final se convierte en la esposa de Eros… Al comienzo del relato es una chica tan hermosa que nadie se le anima, es venerada como una estatua, pura imagen. Pero sale de esa belleza narcisista porque la curiosidad la impulsa a mirar el rostro de Eros. Por eso digo que Psique hace el movimiento desde Narciso hasta Eros.

Narciso en cambio tiene atrofiada la curiosidad. Si vos le preguntás a un narcisista que está trabajando para su ideal si realmente le gusta eso que hace, si es una persona honesta te va a decir que no tiene lugar para hacerse esa pregunta. No tiene el margen, va hacia al cumplimiento del ideal de manera compulsiva.

Es como si conociera o si «ya supiera» sin aprender, sin hacer ninguna experiencia. Que, bueno, según el mito no la tiene, la única imagen que vio además de sí mismo fue la de su madre. Ahí se me ocurre echar mano a otro de sus ensayos: Mímesis y terror. ¿Qué función cumple la mímesis?
Quizás Narciso cae en la soberbia porque no tiene con qué hacer mímesis. Pienso la mímesis como una dimensión que es la de nuestra permeabilidad al entorno, que nos vuelve influenciables, sugestionables, crédulos, inocentes. Es la imitación inconsciente y corpórea. Esa vulnerabilidad, nuestra capacidad de ceder poder a otros, tiene dos facetas. Por un lado, podemos ser curados. Nos hace capaces de entrar en una relación transferencial en que otro puede ser mediador de un camino de cura, sea en el psicoanálisis o en cualquier terapia. Por el otro, ceder poder también abre la posibilidad de ser abusados, dañados, engañados. Por eso también tanto temor a las relaciones transferenciales. Por eso hay tanta gente que tiene miedo a analizarse. El analista te acuesta en el diván… (risas).

También sucede en el ámbito de la filosofía: ser docente de alguien es una relación transferencial. Lo tenemos un poco olvidado quizás, pero ahí también hay un vínculo muy fuerte donde hay autoridad, rivalidad y temor a la pasividad. El alumno que cree saber todas las respuestas es muchas veces el mismo que no quiere analizarse, que no quiere dar autoridad a otro. La mímesis tiene que ver con encontrarse con la propia credulidad, con el hecho de que uno le cree al otro.

En el plano del arte es lo que permite el placer estético…
Claro, es lo que permite entrar en un pacto de ficción, llorar por lo que le pasa a un personaje. Por eso Platón ve muy bien cómo el arte está del lado de la mímesis y no de la filosofía, que se caracteriza en cambio por un pensar crítico, racional, «desconfiado», por la autonomía como ideal de «pensar por uno mismo», no dejarse engañar. La mímesis se opone al control, y en esa maleabilidad se asocia con la infancia, donde uno aprende imitando. Lo que el pensamiento ilustrado sospecha y no soporta en que la infancia es inerradicable, siempre seguimos siendo influenciables a las imágenes, siempre seguimos «votando mal».

«Narciso tiene atrofiada la curiosidad. Si vos le preguntás a un narcisista que está trabajando para su ideal si le gusta eso que hace, si es una persona honesta te va a decir que no tiene lugar para hacerse esa pregunta. Va hacia al cumplimiento del ideal de manera compulsiva»

A propósito del control, ¿cómo observa la producción —y estetización— constante de imágenes en redes sociales? ¿Estaremos controlando demasiado la imagen que queremos dar al otro? 
Claro, pero lo cierto es que ese control es una ilusión. Lo que observo es una suerte de invitación al exhibicionismo, que apela a las zonas más frágiles de nuestra subjetividad. Detrás de una supuesta vanidad, hay un gran temor a no ser si uno no se exhibe, y una tentación que es finalmente autodestructiva, porque la persona que se exhibe está de algún modo «poniendo el cuellito». Creo que se paga. La exhibición profana el espacio sagrado de intimidad, que delimita una zona de amor, de confianza. Un momento íntimo a solas o con alguien es profanado cuando lo exponemos a la mirada de cualquiera. Como siempre, depende de cada persona y de cómo se usen las redes, que pueden ser espacios para crear lazos, para mostrar cosas no íntimas que merecen ser mostradas, etc. Pero sin duda que hay aspectos nocivos para muchas personas.

¿Está interesada en el estudio de otras mitologías? ¿En qué temas está trabajando actualmente?
Sí, sí. En primer lugar, pienso que la mitología está puesta en el lugar de la alta cultura y eso hace que se pierda el hecho de que es cultura popular. Me gustaría investigar el cómic, que arma sus mitologías. Para pensar la venganza, por ejemplo. Como hablo de Narciso, se asocia el libro a la mitología griega, pero, como sabés, tomo también la Sirenita, Blancanieves, el hombre lobo, películas, etc.

Creo que los mitos se definen por la idea de que no hay un original. Tendemos a pensar que los mitos tienen una fuente. Pero ¿cuál es la fuente de un mito? Justamente la gracia del concepto de mito es que no hay un «original», hay versiones. Ahora quiero estudiar en profundidad la versión de Pausanias del mito de Narciso, que es totalmente distinta. Estoy pensando un ensayo que se llama La versión de Pausanias. Ahí Narciso tiene una hermana gemela con la que tiene una relación incestuosa; ella muere y él se acerca al agua para recordarla, en un duelo. También estoy profundizando el tema del enigma. Estos ensayos forman parte del libro que viene, que va a salir por una editorial chilena preciosa que se llama Pólvora.

En cualquier caso, lo que me parece importante decir es que todas las versiones y lecturas de un mito revelan y velan aspectos del símbolo que tratan. La versión de Ovidio, la de Freud o la de cualquiera. Siempre se revela algún aspecto de un arquetipo o personaje y en el mismo acto se oculta otro. Creo que el trabajo del mito es como el del sueño: disfraza para mostrar. Yo discuto a Ovidio y a Freud en lo que velan, pero yo estaré velando otra cosa: no hay modo de conocer sin velar. Y eso es lo interesante de estas historias que necesitan seguirse contando, porque son inagotables en lo que se puede revelar y velar en ellas.

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3 COMENTARIOS

  1. Todo me pareció interesante. Lo que me llamó la atención es la distancia que existe o más bien separación entre. la filosofía, pensamiento crítico, revelación, no dejarse engañar, autonomía del pensamiento y el arte que se sustenta en la mímesis, ilusión, credulidad, ficción. Creo que todos vivimos en un pacto de ficción como sobrevivencia, como aferrarse a algo. Otro punto. es la ficción en las redes sociales que te invitan al exhibicionismo, a disfrazarte, a ese pacto de ficción para que existas y tenga sentido tu presencia ahí. No obstante, volviendo al arte, a las imágenes: filmes, pinturas, poesía, literatura, etcétera creo, se recupera de algún modo el pensar crítico, el conocimiento de la realidad, la conciencia posible.

  2. Excelente trabajo en el que se funden la filosofia,psicoanalisis y mito. Esta nueva perspectiva a mi entender podria complementarse con el narcicismo en la mujer. Por si te interesa mi tesis doctoral El mito,segun Freud, Jung y Lacan» que podrias encontrar en mi pagina http://www.jorgegarzarelli.com.ar Desde ya causa alegria saber que hay personas como vos que hacen que ciertas «rigideces»psicoanaliticas» desaparezcan con una finalidad plastica y mas cercana a la actualidad.

  3. Genia Florencia Abadi !!!
    Hay que leerla muy lentamente para que no se escapen los conceptos .
    No para , no deja nada librado al azar .
    Felicitaciones Flor !!! 😘👏👏👏

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