La filosofía que se esconde detrás de “Juego de tronos”

Los cuatro primeros títulos de la saga
Los cuatro primeros títulos de la saga "Canción de hielo y fuego", publicados por la editorial Gigamesh.

Juego de tronos es un fenómeno mundial como hacía tiempo que no veíamos. La ficción de George R. R. Martin ha atrapado a millones de personas en todo el planeta, batiendo todo tipo de récords. ¿Qué filosofía hay tras esta saga de libros y serie de aventuras, batallas, conquistas, ambición, muertes, etc.? ¿Por qué ha triunfado en el mundo entero? 

Uno de los aspectos determinantes de este éxito son sus personajes, perfectamente caracterizados. Conocemos cómo son, cómo piensan y qué filosofía es la que rige sus acciones. Y es ahí donde entramos en la zona de influencia de la ética que, en este mundo en que se narran las aventuras y desventuras de los ciudadanos de Poniente (el continente ficticio donde se desarrolla buena parte de la trama), es bastante frágil, cuando no peligrosa.

Poniente, el continente donde se desarrolla casi toda la trama de Juego de tronos.
Poniente, el continente donde se desarrolla casi toda la trama de “Juego de tronos”.

¿El triunfo de la maldad?

Tal como explicaba en uno de los capítulos de la primera temporada Petyr Belish (el actor Aidan Gillen, en la serie), “desconfiar de mí es lo más inteligente que habéis hecho desde que os bajasteis del caballo”. Es este un mundo realmente peligroso y despiadado, en el que los sutiles y traidores suelen tener bastante más éxito que los sinceros y frontales. Y esto, en una narración que está llena, plagada, de conflictos, guerras y sangre, la verdad es que da mucho juego. El espectador sufre al ver cómo el héroe, que se encuentra atado de pies y manos por su código de conducta, se las ve y se las desea para salir a flote, máxime cuando observa cómo la maldad es infinitamente más recompensada en la mayoría de las ocasiones. ¿Es el triunfo de la maldad? Lo cierto es que la ética sí existe en el universo creado en la ficción por George R. R. Martin. El gran problema está en que no todos sus habitantes la interpretan de la misma manera o tienen la misma visión de qué es bueno o qué es malo.

El espectador sufre al ver cómo el héroe, atado de pies y manos por su código de conducta, se las ve y se las desea para salir a flote

Ética deontológica o los deberes morales indestructibles

Por un lado, podemos encontrar personajes como Brienne de Tarth, Sir Barristan Selmy o buena parte de la familia Stark, todos ellos personajes leales, incorruptibles, fieles a sus palabras y sus promesas, consecuentes con unos valores que establecen la integridad como la piedra de toque de su conducta. Huelga decir que en no pocas ocasiones son ellos los personajes más tristes y frustrados de toda la ficción, sabedores de que la rigidez de sus normas choca a menudo con lo que sus intereses y la prudencia más básica recomendarían. Son personajes que sostienen un código deontológico que, a la manera de una lista de mandamientos, ciñen su comportamiento a una norma, justificando la realidad y sus acciones en torno a ella. Una suerte de imperativo categórico que entiende la moral como un conjunto de dogmas universales y cuyo respeto es, en gran medida, lo que determina el grado de honorabilidad del ser humano. Sus valores y su propia capacidad para vivir acorde a los mismos. En este sentido, la serie muestra exponentes de todos los extremos, como el hermético Stannis Baratheon, para quien no hay más Dios que la ley y el deber.

El problema con este tipo de códigos es que, pese a facilitarnos una regla clara y visible que determine nuestros actos, difícilmente pueden adaptarse a todas las situaciones que se nos plantean. No son precisamente flexibles. ¿Servir a un rey psicópata que desea masacrar a miles de inocentes por cumplir un juramento de obediencia? Puede ser una buena excusa…, pero difícilmente podremos determinarlo como una actuación moral.

El fin justifica los medios

Por otro lado, encontramos otros personajes en los libros y la serie que no tienen tantos problemas. Son aquellos que callan cuando les conviene, que traicionan si es necesario y que, principalmente, miran su propio ombligo sin preocuparse de qué efecto tendrán sus acciones en quienes los rodean (“El oro puede guardar un secreto por un tiempo, pero una flecha lo guarda para siempre”). Son -y cualquier seguidor de la serie estará de acuerdo- los que la mayoría odia, pero que al mismo tiempo no podemos dejar de admirar por el realismo de que hacen gala y su fría inteligencia. Y sí, a ellos les suele ir mejor que a los primeros. Juego de tronos es como la vida real: la virtud suele tener más castigo que el vicio.

La obra de George R.R. Martin ha logrado un éxito sin precedentes gracias a la adaptación realizada por HBO para la televisión.
La obra de George R. R. Martin ha logrado un enorme éxito gracias a la adaptación de HBO para televisión.

Meñique, La araña, Cersey… Son todos ellos personajes que parecen preocuparse muy poco por la maldad o bondad de sus actos, sino que se fijan en otro parámetro: si sus objetivos son convenientes. Es lo que se conoce como Teleología, la doctrina filosófica que investiga las causas finales; en este caso, en la bondad o maldad de los resultados de las acciones. Si el fin que logramos con dicha acción es bueno (o lo consideramos como tal), esta está más que justificada. Matar por la espalda, asesinar a inocentes o engañar son actos necesarios, siempre y cuando alcancemos con ellos un bien mayor.

Hay personajes a los que la mayoría odia, pero que al mismo tiempo no podemos dejar de admirar por su realismo y su fría inteligencia

El fallo en este caso está en que prácticamente todo puede ser justificado si apelamos a los fines. Las mayores atrocidades en la historia se han perpetrado para lograr objetivos loables. Y si bien, en la práctica, guiarnos por este tipo de código puede beneficiarnos, es probable que tengamos problemas a la hora de definirnos como personas “morales”.

La filosofía a la hora de construir personalidades

En base a estas dos visiones del mundo es en la que se estructuran casi todas las personalidades de la saga, y es que dota a su universo del encanto que posee: entendemos perfectamente a los personajes. Están bien trabajados, son sólidos y acordes con la realidad. Encontramos en ellos desde el ideal que ansiaríamos ser o conocer hasta la maldad pura y dura tal y como la concebimos. Son, en definitiva, filosóficamente estables y eso dota a su historia de una fuerza tremenda. Y es que, para que una historia sea buena, debe conseguir, indefectiblemente, que comprendamos cómo piensan y por qué actúan sus protagonistas.

El pensamiento de “Juego de tronos”

"Juego de tronos y la filosofía", Roca editorial
“Juego de tronos y la filosofía”, publicado por la editorial Roca.
"Filosofía de hielo y fuego". Ediciones Invisibles.
“Filosofía de hielo y fuego”. Ediciones Invisibles.

Diferentes libros han analizado la filosofía que hay detrás de la saga Canción de Hielo y fuego (Juego de tronos es, en realidad, el primer libro). Unos han optado por comparar la aplicación en su historia de los grandes pensadores; otros se han centrado en analizar la trama y sus personajes.

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