¿Cuántas veces se nos ha acusado a las mujeres de «fantasiosas»? ¿De «no tener los pies en la tierra», de vivir en «una realidad aparte»? Seguramente muchas y, si nos fijamos en los diferentes ámbitos que transitamos, quizás hasta varias veces por día.
Hasta hace no tanto, aún circulaban estudios que pretendían probar, en una suerte de eugenesia revisitada, que el cerebro de las mujeres tenía el hemisferio derecho (encargado de controlar la vida emocional) más desarrollado y los hombres, en cambio, el izquierdo («el cerebro racional»). Aún hoy existen anuncios publicitarios y productos segmentados para público femenino que nos instan a aprovechar nuestro costado «sensible» y «romántico».













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