La filosofía de los gatos

Los gatos solo siguen su naturaleza, por lo general calmada pero atenta. Pasan su tiempo instalados en una apacible tranquilidad, estado en el que cifran su presente y su bienestar. Imagen original en color de karishea (pixabay).
Los gatos solo siguen su naturaleza, por lo general calmada pero atenta. Pasan su tiempo instalados en una apacible tranquilidad, estado en el que cifran su presente y su bienestar. Imagen original en color de karishea (pixabay).

Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos hemos vivido fascinados por el modo de existir de los gatos. Estos pequeños felinos hacen muy raramente algo que no sirva a un fin determinado o que no les procure un placer inmediato. Su modo de estar en el mundo, contemplativo pero realista y práctico, contrasta con la insensatez humana, siempre en busca de ideales inalcanzables.

Por Carlos Javier González Serrano

Cuenta Heródoto que, cuando una casa egipcia ardía en llamas, sus habitantes se preocupaban antes por sus gatos que por sus propiedades. Los egipcios tenían buenas razones para desear que los gatos los acompañaran en el viaje hacia el inframundo, pues los felinos no conocen otra cosa más que la vida hasta que están en el umbral mismo de la muerte. Los gatos no se dejan someter al temor por el final: viven el presente y se entregan a él con una tibia placidez. No por casualidad el culto a los gatos comenzó muy temprano, y se sabe que ya en el siglo IV a. C. existía un «templo del gato viviente» en la necrópolis de Hermópolis, donde los gatos eran momificados. Fueron tantas las momias felinas encontradas que acabaron exportándose a Europa como fertilizante. La tierra que pisamos es ya una tierra de gatos.

Los seres humanos pasamos la vida continuamente angustiados por el modo correcto de existir. Desde hace siglos, con Aristóteles, la razón ha sido la característica fundamental que define a la humanidad. Somos «animales racionales». Sin embargo, es la razón, y de su mano la imaginación, lo que hace que ficciones como el bien, la justicia, la bondad, la amistad o el amor no nos dejen vivir en paz. Siempre aspiramos a alcanzar algo que casi nunca llega o que, de llegar, nos decepciona. El animal humano jamás deja de ambicionar ser algo que no es, con la frustración que este hecho conlleva.

Los gatos, al contrario, no precisan de los servicios de la filosofía o del pensamiento racional. Tan solo siguen su naturaleza, por lo general calmada pero atenta. Mientras, los humanos perseguimos denodadamente la felicidad, que no sabemos siquiera si existe. Los gatos, por su parte, mientras no existen amenazas a su alrededor, pasan su tiempo instalados en una apacible tranquilidad, estado en el que cifran su presente y su bienestar.

Si los gatos lograsen entender la permanente búsqueda humana por el sentido, ronronearían deleitados por tan tremenda absurdidad. Mientras, los humanos son incapaces de descansar hasta que no se han agarrado a un significado de la vida que trascienda su existencia

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Filosofía felina. Los gatos y el sentido de la vida, de John Gray (Sexto piso).

Como defiende John Gray en el libro Filosofía felina. Los gatos y el sentido de la vida, quizá la filosofía no sea más que un síntoma de nuestra permanente ansiedad por encontrar lo imposible. Tanto las religiones como la filosofía responden al mismo ahínco: calmar nuestro nerviosismo teórico y espiritual. Por eso, «lejos de representar una señal de su inferioridad, la ausencia de razonamiento abstracto en los gatos es una marca de su libertad mental». Los humanos, al revés, alabamos nuestros edificios intelectuales y vivimos supeditados a ficciones lingüísticas (el ser, la finitud, la eternidad, etc.). La gran carga humana es, justamente, nuestra condición racional.

Parece que si los gatos pudieran aprender filosofía no estarían en absoluto interesados en ella. Nos dirían que la consciencia está sobrevalorada, pues cuando se convierte en autoconsciencia no hace otra cosa que interponerse en el camino hacia la vida buena. La mente de un gato es indivisa, se centra en el presente: «Los gatos no necesitan examinar sus vidas», escribe John Gray, «porque no dudan de que vivir valga la pena. La autoconsciencia humana ha generado esa agitación perpetua que la filosofía ha intentado, en vano, mitigar».

De hecho, y al contrario de lo que se suele pensar, no han sido los humanos quienes han domesticado a los gatos, sino al revés. Los felinos son quienes nos han dominado, pues gracias a su contacto con nosotros han dejado de depender de la caza para subsistir, aun cuando sigan siendo cazadores natos. Si tuvieran que abandonar a sus compañeros humanos, enseguida retomarían su natural condición de depredadores. Simplemente… les hacemos la vida más cómoda. En contraste con los perros, a los que sí hemos domesticado, los gatos no se han vuelto humanos. Más bien interactúan con nosotros como si fuéramos sus iguales (o incluso sus inferiores, una suerte de súbditos que los adoran y alimentan); pueden llegar a querernos a su manera, pero en lo más profundo de su ser se distinguen de nosotros, pues siempre mantienen su independencia.

Los gatos no se someten a los humanos porque no necesitan líderes. Cada ejemplar, por su cuenta, es un líder nato: «Ni obedecen ni veneran a las personas con las que tantos de ellos cohabitan actualmente. Aunque ahora dependan de nosotros, se mantienen independientes de nosotros. Si nos muestran afecto, no es un cariño interesado. Si no disfrutan de nuestra compañía, se van. Si se quedan es porque quieren estar con nosotros», explica Gray.

En definitiva, mientras los humanos nos pasamos la vida reprimiendo nuestra naturaleza, los gatos siguen libre y alegremente la suya. En muchas ocasiones son despreciados porque viven con una aparente indiferencia hacia quienes los cuidan: los alimentamos y agasajamos y, en el mejor de los casos, solo obtenemos de ellos su enigmática compañía: «Si los tratamos con respeto, nos toman cariño, pero no nos echarán de menos si nos vamos. Sin nuestro apoyo no tardan en volver a asilvestrarse. Aunque muestran escasa preocupación por el futuro, parecen preparados para sobrevivirnos».

Los seres humanos somos frágiles porque no podemos evitar planificar y decepcionarnos. Los gatos no necesitan forjarse una imagen distorsionada de sí mismos ni preocuparse por la no existencia: viven sin miedo ni angustia y no luchan por estar en constante actividad

Cuando los humanos decimos que nuestra meta en la vida es ser felices, damos a entender con ello que en realidad somos infelices, puesto que buscamos aquello de lo que carecemos. La felicidad siempre se sitúa en el futuro, en el horizonte, y esperamos a que se realice en algún momento. Mientras tanto, como ya apuntó Séneca, la vida se nos escapa y la ansiedad por lo que nunca llega se va abriendo paso. A juicio de John Gray, y aunque la filosofía se ha presentado tantas veces a lo largo de la historia como un remedio (como un fármaco para el alma), la filosofía no es más que un síntoma del trastorno que pretende curar: «Los demás animales no necesitan distraerse de su condición. Esa felicidad que en los humanos es un estado artificial, es para los gatos su condición natural».

Y es que los gatos jamás se aburren. Si no encuentran estímulos a su alrededor, tienen suficiente con ellos mismos: se acicalan, observan su alrededor o, simplemente, duermen. Los humanos, al contrario, como defendió Arthur Schopenhauer, cifran su existencia en un péndulo que va del dolor al aburrimiento. Por contra, los gatos son siempre felices siendo lo que son, siendo ellos mismos, mientras el ser humano se martiriza constantemente intentando encontrar la felicidad (que anhela mas no alcanza) y huyendo de sus propios instintos (que ha de negar y a los que no suele dar rienda suelta). Por eso, justifica Gray, «los amantes de los gatos no los adoran porque se reconozcan en ellos; les encantan por lo diferentes que estos animales son de ellos».

7 consejos que tu gato te daría

Los gatos viven. Los humanos creen que lo hacen. Las personas pasan sus días tratando de aparentar ser el personaje que se imaginan ser, por lo que su existencia deja de pertenecerles y se convierten en esclavas de sus propias creaciones. Por eso, si un gato pudiera darnos algunos consejos, serían más o menos los siguientes:

1 Vive el momento y no te ahogues en preocupaciones por cosas que, seguramente, nunca ocurrirán. La vida no es un relato, sino lo que ocurre en ese relato. Si piensas que puedes escribir tu vida de principio a fin, te darás de bruces contra la frustración.

2 No tienes por qué amar a otros humanos. Aprender a ser indiferente también es una virtud, pues vivirás con más tranquilidad e incluso te permitirá ser amable con quien te rodea.

3 Busca el placer por el placer. Duerme si te apetece. Pasea por el placer de pasear. Buscar en todo una utilidad es el principio de la esclavitud.

4 Deja de servir a otros y pensar en sus intenciones; mejor, atiende a tus propios fines y sírvete a ti mismo. No es cierto que no tengas tiempo suficiente. Más bien, no lo administras como debes.

5 Deja de perseguir la felicidad porque quizá jamás la encuentres. Lo importante es el bienestar. No pases tu vida corriendo detrás de quimeras. Hoy es lo que importa. Ahora es la única posesión.

6 No pretendas convencer a ningún humano de que sea razonable, pues todos se creen en posesión de la verdad y nadie creerá estar equivocado. Vive tranquilo, sin enojarte por la presuntuosidad de los otros.

7 No hay por qué encontrar un sentido para todo. Ni siquiera para nuestro sufrimiento. Las cosas suceden, y basta. Quien justifica su dolor con cualquier ficción acaba por apegarse a él.

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11 COMENTARIOS

  1. Insisto me gustaría ser. como. los gatos, sólo vivir no buscar la felicidad porque además no exist, sólo el momento y hay que aprvecharlo.

  2. Estoy encantadísimo con lo diferente que es respecto a todos los demás la gata que vive con nosotros, para otro más de los «nuestros» éramos suficientes.
    Para no prejuzgar, si yo leyese el libro referido creo que en buen grado estaría de acuerdo con María, además de algunas otras cosas que hecho en falta, pues aunque el artículo de la revista sea una interpretación para elaborar el resumen-presentación del libro, la misma lógica de la exposición parece mostrar que no está presente en él ese fundamento que parece llevar a Marco a hablar de «subjetividades» (el entrecomillado es mío). Así, por ejemplo, no entiendo cómo los gatos no DUDAN del valor de vivir sin EXAMINAR sus vidas.
    Como mínimo a partir de Nietzsche es aceptado sin «grandes problemas» ese movimiento vitalista, propio del momento, como una visión filosófica más donde la razón es la gran carga para la vida, pero el hombre superior no es un gato sino un niño. A la vez, y algo posterior en el tiempo, surge otro planteamiento filosófico donde necesariamente el ser y la nada (contrariamente a lo dicho por Parménides) se implican mutuamente y, en esa filosofía, la existencia es un proyecto, eso sí, sin ningún fin que no sea el proyectarSE mismo. En ese sentido la Felicidad y la Libertad hay que contextualizarlas muy bien, pues quizá la clave del planteamiento de John Gray se encuentra en su afirmación «Los demás animales no necesitan distraerse de su condición. Esa felicidad que en los humanos es un estado artificial, es para los gatos su condición natural» pero admite que en la condición-naturaleza de los gatos está ausente el razonamiento abstracto, y por eso no necesitan filosofía, no obstante en cuanto que distingue a los humanos de los gatos por su distracción respecto a su naturaleza, en la naturaleza del humano esa felicidad no es algo ARTIFICIAL sino natural, y en esa línea proyectarse de modo permanente, como indica el existencialismo, es presenteidad de la acción (no hay dicotomías antes y después, ser y nada) y por tanto la idea de felicidad no es algo fuera del momento (tampoco lo era para Aristóteles por muy teleológico que fuera su pensamiento, su idea de sustancia así lo muestra), por esto debería aclararse como principio del discurso, además de felicidad y libertad, la noción de naturaleza o condición en cada caso, pues de ella dependen las otras dos nociones y, también, porque naturaleza no es solo de los gatos, también los humanos tenemos la nuestra en la que parece que actuar según instinto no nos hace libres, porque lo hacemos SEGÚN. ¿Cabría esta interpretación de libertad en los gatos?.
    Pienso que los homínidos evolucionaron y SURGIÓ LA FILOSOFÍA, partiendo de que si las especies anteriores a la humana no hubieran existido tampoco existirían los humanos, y ya que uso el término evolución asumir que este no hace referencia a una ruptura total con lo anterior (Parménides diría que del no ser no surge ser), a la vez que tomar en consideración las aportaciones actuales de la etología desde donde hay más cosas que las dichas por Aristóteles respecto a EL animal racional, incluyendo aquí estudios que permiten justificar porqué algunos de esos animales no humanos, gatos incluidos, son capaces de convivir con los humanos, y, en general, de la neurociencia con nuevas visiones respecto al animal humano y el razonamiento abstracto.
    No he leído el texto de Gray, pero me encanta aquello que escribió Aberto Caeiro en EL GUARDADOR DE REBAÑOS cuando dice << ¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen aquellos árboles? … ¿Pero qué mejor metafísica que la de ellos que es no saber para qué viven ni saben que no lo saben?.

  3. Ojalá. pudiera ser como el gato, que me amen y no amar y observar plácidamente la vida pero no, en esta sociedad todo te afecta aunque no quieras. y si te topas con personas egoístas y las llegas a amar ya » te. fregaste» no las puedes desechar como ellas lo hacen y buscas desesperadamente una salida. Es muy difícil. Desearía volverme un gato. no gata y como mi Felix, ser medianamente. feliz.

  4. Precisamente entender la filosofía del gato es la manera humana de superar al gato, posicionándolo a la merced del desarrollo humano.

  5. Interesante. Filosofia animal. Deseando leer la filosofia de las tortugas de Galapagos, a ver que es lo que hacen para vivir tanto…Quizas me ayude su pensamiento quelonico en busca de la trascendencia vital…quien sabe.

    • Bueno, supongo que según el autor y sus seguidores, ahora debemos tirar dos mil años de filosofía y empezar a construir un mundo algo así como de gato-humano, dónde podamos permitirnos en este mundo tan complejo maullar, arañar, dormir, mover la cola, dejar crecer las uñas y estirarnos ante las delicias de deudas, divorcio, depresión, trabajo, etc.

  6. Exponer pensamientos supuestamente analíticos para hacer una comparación entre seres me parece presuntuoso, porque las afirmaciones deben ser hechas con objetividad y este artículo carece de eso.
    Sobre la especie humana es posible documentar los análisis, ya que expresan sus emociones o reacciones en cambio lo dicho sobre otras especies simplemente son subjetividades

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