Fernando Ángel Moreno es profesor de Teoría del Lenguaje Literario en la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro «La ideología de Star Wars».
Fernando Ángel Moreno es profesor de Teoría del Lenguaje Literario en la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro «La ideología de Star Wars».

Fernando Ángel Moreno es doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y profesor de Teoría del Lenguaje Literario en la Universidad Complutense de Madrid. Hablamos con él de pensamiento, política, utopías, la universidad, cine, estética, ciencia-ficción… y, sobre todo, hablamos de Star Wars y de las ideas que hay en las películas, que recoge y explica en su libro La ideología de Star Wars.

Por Luis Fernández Mosquera

Desde hace años, Fernando Ángel Moreno defiende y trabaja por la interacción entre la academia y la sociedad, lo que le hizo ser uno de los impulsores del movimiento La uni en la calle. Y lo demuestra, por ejemplo, al no hacer distinciones, desde la tribuna, entre literatura, cine o cómic. Mantenemos esta charla a través de Skype. La pandemia y la distancia mandan…

Si me permite el tono coloquial…
Por supuesto, no tengo otro.

La ideología de Star Wars, de Moreno (Guillermo Escolar).
La ideología de Star Wars, de Moreno (Guillermo Escolar).

Estupendo. Pues la primera pregunta es: ¿qué hace un filólogo y profesor universitario escribiendo un libro académico bien gordo sobre Star Wars?
Bien, lo primero es que yo siempre he sido fan de Star Wars, como toda mi generación, que ya sabes que somos unos pesados con esto… Aunque realmente nunca me había puesto porque pensé que iba a ser un trabajazo enorme, que en cuarenta años iba a haber mogollón de bibliografía…, pero empecé a indagar con mi amiga Sara Martín, de la Universidad de Barcelona, y no hay tanto académico. Bueno, hay mucho, pero para lo que debería ser y para lo que es habitual, no es tanto. Y me pidieron una conferencia sobre Rogue One y me lie, me lie y no podía parar, vi que lo que había estado estudiando durante muchos años se volcaba de manera natural en Star Wars.

Por otra parte, lo raro, yo acababa justo de salir de Podemos, donde había tenido un cargo, y todas mis experiencias, todas las contradicciones, alegrías y disgustos, me pareció que tenían mucho que ver con la política de Star Wars, como habrás visto que a veces digo en el libro. Pero que nadie se asuste, que no es un alegato a favor de Podemos en absoluto; al contrario, ahora estoy bastante en desacuerdo con lo que hacen. Pero sí que esas experiencias contribuyeron a la escritura del libro.

Y por último, yo, aunque soy profesor de Teoría del lenguaje literario, que es como la parte densa y abstracta, llevo años investigando sobre cultura popular, cómic, cine y demás, así que no es un terreno extraño para mí.

Pero eso no es muy habitual, ¿no? Se lo digo porque yo estudié Filología en la Complutense también…
¿Cuál?

Filología Hispánica.
Vaya, lo siento mucho [risas].

A mí me gustaba…
[Se ríe] Entonces me alegro mucho. Yo también estudié Hispánicas, ¿eh?, así que no tengo nada en contra [risas].

«Yo acababa justo de salir de Podemos, donde había tenido un cargo, y todas mis experiencias, todas las contradicciones, alegrías y disgustos, me pareció que tenían mucho que ver con la política de Star Wars»

Le decía que no es habitual en la filología académica estudiar la cultura popular contemporánea.
Hombre, en Teoría de la Literatura es algo diferente. Hay rancios también, como en todas partes, pero va cambiando la cosa con las generaciones que hemos crecido ya en otro mundo y estamos más acostumbrados. Y somos unos cuantos: Carmen Méndez, Eduardo Valls, etc. Gente que no hacemos diferencias entre literatura, cine, cómic, sino que nos parecen todas artes igual de dignas y que todas deben estudiarse. Y yo nunca he tenido mucho problema para publicar de estos temas en ningún sitio, la verdad. Sí algo más en cuanto a la consideración de los compañeros, que aunque me respetan mucho, siempre me da un poco la impresión de que es como «oye, qué bien que haces eso, mucho ánimo, qué mono… Volvemos a Garcilaso» [risas]. Pero, bueno, ya te digo que no es tan extraño. Y yo he trabajado mucho con gente de México y de Estados Unidos y allí, como sabes, es mucho más normal, así que es más una cosa de la academia española. Lo extraño en realidad es lo que ocurre en Hispánicas en la Complutense.

Usted empieza el libro planteándose la pregunta de por qué nos gusta Star Wars. ¿Cuál es la respuesta a esa pregunta?
Pues esto tiene que ver con lo que me has preguntado de por qué estudiar Star Wars, y es que yo me di cuenta de que podía explicar, sabiendo Teoría de la Literatura, por qué nos gusta el Quijote o por qué nos gusta Thomas Mann, pero no tenía claro por qué nos gusta Star Wars. Ahora, después de escribir el libro, creo que ya puedo contestar mejor esa pregunta. Yo me di cuenta, acudiendo a otros estudios que hice de filosofía o arte contemporáneo, de que los métodos tradicionales son poco útiles para estudiar cultura popular.

Mi teoría, en este caso, es que Star Wars nos gusta por su ideología…, que es por lo que nos gusta casi cualquier obra, a fin de cuentas, también Garcilaso. Las diferencias están más bien, yo creo, en cómo se transmite esa ideología. Y en el caso de Star Wars, creo que se hace de una forma, diría, muy motivadora, que nos motiva a darle vueltas a ciertos asuntos en el subconsciente.

Usted distingue entre las tres trilogías según su ideología precisamente. A la trilogía original, por ejemplo, la llama la Trilogía del Héroe. ¿Por qué?
Porque Lucas, como él mismo ha reconocido tantas veces, se basa constantemente en Campbell y su idea del viaje del héroe para construir su mitología, aunque al final se lo carga con Luke arrojando el sable de luz, negándose a seguir con la violencia y encontrando así el equilibrio en la Fuerza. Pero hay una estética y una ideología marcada por la representación de unos valores que se suponen eternos a partir de relatos del pasado. Coge una tradición del pasado que está desaparecida y hay que recuperar, la de los Jedi, y esto está muy relacionado (esto sí se ha estudiado bastante) con la crisis existencial de Estados Unidos después de Vietnam y el escándalo del Watergate y el horror que les produce verse a sí mismos y que les lleva a intentar recuperar el pasado glorioso de la Segunda Guerra Mundial, que a Lucas le encantaba, para recuperar ese orgullo nacional perdido. Es el mismo mecanismo que funciona en la literatura épica, en los cantares de gesta en nuestro caso. Y la Trilogía del Héroe es muy nostálgica, efectivamente; está todo el rato insistiendo en grandes valores del pasado que se han perdido, especialmente con un concepto del bien muy puro, muy básico, muy maniqueo.

Pero usted acaba de decir que Luke Skywalker es un héroe atípico en ese sentido. ¿Por qué?
Sí, y mira, yo creo que ahí ya está empezando a funcionar la posmodernidad, que a mí me encanta, la idea de evitar volver al pasado para recuperar un sistema único… En las películas más bien tú ves al pasado, que son Yoda y Obi-Wan, diciendo que hay que matar al malo y derrotarle completamente, que hay que matar a Hitler, ¿no? Y Luke, de una manera muy complicada en la que mezcla afectos, emociones, razón, decide no matar a su padre, decide que esa no es la manera, y elige un camino diferente, basado en el encuentro y no en la violencia.

Y esa es la forma de devolver el equilibrio a la Fuerza.
El Bien y el Mal tienen que ser comprendidos y hay que superar la idea del odio al Mal para buscar las afinidades y los afectos con las personas concretas, sí. Queda muy cursi, pero es el puñetero final de El retorno del Jedi.

«Star Wars nos gusta por su ideología, que es por lo que nos gusta casi cualquier obra, a fin de cuentas, también Garcilaso. Las diferencias están en cómo se transmite esa ideología»

Desde el punto de vista filosófico, usted explica el conflicto entre los Jedi y los Sith que estructura toda la saga como un conflicto entre el estoicismo y el nihilismo nietzscheano. ¿Cómo es esto?
Bueno, es un poco más complicado, sobre todo por la parte de los Jedi, a los que siempre se ha relacionado con el budismo. Por lo que yo he leído, y consultando con compañeros expertos en budismo en la universidad, no lo veo nada claro. La filosofía más compatible con la doctrina de los Jedi me parece la estoica, sin ser tampoco estoicos, porque los estoicos aceptaban las emociones siempre que fuesen controladas por la razón y los Jedi las rechazan de plano, son unos tíos muy chungos. A mí me gusta verlos más desde la filosofía política como una injerencia del poder religioso en el poder político, que es algo horrible y evidente en las precuelas.

Sí me interesa más lo del nihilismo en los Sith, un nihilismo además muy neoliberal en el sentido en que el individualismo nietzscheano en que cada uno debe construir su propia ética, etc., lleva a caer en una mera voluntad de poder, algo que representa muy bien sobre todo Kylo Ren en la última trilogía.

A las precuelas, que es donde más se desarrolla esto, usted las llama la Trilogía del Sabio. ¿Por qué este nombre?
Porque analizando estas películas, que antes me gustaban bastante pero ahora me parecen acojonantes, vi la carga de sabiduría que pretenden tener todos los personajes, que están todos soltando sentencias todo el rato sobre cómo tiene que ser el Estado, cómo tiene que ser el amor, cómo tiene que ser la guerra… Y todos al final la cagan, todos se equivocan. Es algo muy interesante ese descreimiento que no es casual, me parece, que coincide con la era Bush, hay artículos que lo explican. Y Lucas, que es un liberal muy extraño para lo que es el estadounidense, cree mucho en el Estado como respuesta a ese descreimiento y hace una defensa fuerte del Estado. Esto se ve muy bien en las Clone Wars, que recomiendo muchísimo. Me gustaba la contradicción, muy llamativa, entre la búsqueda de la sabiduría durante toda la trilogía y la ausencia de ningún sabio real. El sabio que falta, para mí, termina siendo Luke por lo que ya te he dicho. Por eso es muy importante ver las películas del episodio I al VI y no solo en plan Yoda, IV-V-VI-I-II-III [risas].

Pero el Estado tal y como aparece en estas películas es desastroso. Es muy disfuncional y termina en una tiranía por su propia podredumbre.
Es muy difícil entender quién representa las ideas de Lucas ahí. No es que yo crea mucho en la intención del autor, pero puede ser una buena forma de empezar. Yo creo que podría ser Amidala, el ser más noble de la trilogía y que no deja de creer en el Estado en ningún momento, y si cae es por el amor y no por su ideología. Parece que Lucas propone a través de Amidala que el Estado es lo único que nos queda, que en última instancia no tenemos nada más frente a ese conflicto tan americano entre el individuo y el Estado que es su mito fundacional, ¿no?, la idea de irse al Oeste a hacer nuestra propia fortuna porque el Estado del Este e Inglaterra nos ha machacado.

La imagen de la lucha entre Yoda y Palpatine en La venganza de los Sith me parece acojonante; son el poder religioso y el poder civil lanzándose los escaños del Senado a la  cabeza, destruyendo en cierto sentido el Estado con su lucha. Así que creo que la trilogía reflexiona sobre el problema del Estado constantemente, y esa reflexión, por cómo es Amidala, termina convirtiéndose en una defensa del Estado, como te digo, que puede ser una mierda, pero es lo que hay. El problema, parece deducirse, no es tanto el Estado en sí mismo, sino dejar el Estado a los corruptos. Hay una defensa sobre todo de buscar las voces sensatas. Pero quizás estoy hablando desde lo que a mí me gustaría…

«La filosofía más compatible con la doctrina de los Jedi me parece la estoica, sin ser tampoco estoicos, porque los estoicos aceptaban las emociones siempre que fuesen controladas por la razón y los Jedi las rechazan de plano. Me gusta verlos más desde la filosofía política como una injerencia del poder religioso en el poder político»

Eso le iba a decir… Teniendo en cuenta su ideología y su trayectoria, me pregunto hasta qué punto esto se puede ver objetivamente en las películas o responde a su interpretación.
Yo creo que está en las películas objetivamente… en una parte, pero puedes ver otras que me desdicen. Pero yo creo que todo texto literario lo analizamos desde nuestro mundo y desde nuestra ideología, queramos o no. Esto lo dice Edward Saïd, lo dice todo el mundo. Que no nos cuenten películas José Manuel Blecua, Bousoño o Andrés Amorós, que analizaban desde su ideología también, lo que pasa es que intentaban ocultarlo con esa apariencia objetivista. A mí me gusta más reconocer: «Este soy yo, esta es mi mirada y esto es lo que yo veo». Y luego vendrá otra persona con otro punto de vista y hará su propia interpretación y el lector no es que elija, sino que imagino que las complementará y hará su propia interpretación. Como ves, creo mucho en la subjetividad. No en el capricho, pero sí en la subjetividad. Pero dicho esto, yo creo que esa defensa del Estado sí está en la película. Luego es verdad que pierden y gana Palpatine, y el valor o el significado que le demos a eso probablemente dependerá de nuestra ideología o nuestra forma de pensar.

Antes ha dicho que los Jedi, que se supone que son los buenos, «son unos tíos muy chungos». ¿Por qué?
En primer lugar, es muy bonito leer la documentación que hay sobre Indiana Jones y el templo maldito y las peleas que hay entre Lucas y Spielberg, porque muestran el descreimiento de Lucas, que había pasado por un divorcio muy traumático y quería hacer una película supertenebrosa, superterrible y Spielberg le decía: «Tío, se te ha ido la pinza». Hay un descreimiento ahí muy fuerte. Y luego, Lucasfilms es una especie de tiranía de Lucas pero en la que todo el mundo puede opinar… una cosa muy extraña.

Lo que se ve en esta trilogía es la realidad del mito. El mito de la antigua República y los Jedi que Obi-Wan le cuenta a Luke en el episodio IV, ahora vemos toda su complejidad. ¿Son los buenos? Sí, les anima el bien, quieren hacer el bien…, pero están metidos en su dinámica, que es enormemente terrible. Por mucho que queramos a Yoda o a Obi-Wan, no podemos estar muy de acuerdo con cómo llevan la educación de Anakin, por ejemplo. O sea, Obi-Wan le está machacando… Es de lo más contradictorio… «Tío, eres un mierda, eres un gilipollas, todo lo haces mal». Cualquier pedagogo que lo viera… Y eso para mí es fruto de la ideología que construye Lucas para los Jedi, que son un cuerpo de élite religioso que sustenta un Estado completo, y Lucas quiere meterlo y no meterlo, intenta conciliarlo con lo que ha contado en el episodio IV, pero es muy difícil, claro.

Se han criticado mucho las precuelas, pero nadie ha criticado cómo están hechos los Jedi, porque a todos nos cuadra, yo creo. ¿A qué nos lleva esto, en mi opinión? A que es imposible hacer un cuerpo de élite religioso que vele por el Estado y que sean siempre los buenos, porque en algún momento los principios religiosos van a chocar con los principios administrativos estatales. Esto es Antígona puro. Entonces yo creo que si los Jedi son tan chungos es por una imposibilidad del propio concepto de poder religioso que sustenta un Estado.

Y luego cada individuo, claro, es diferente. Mace Windu es un descerebrado, Obi-Wan es un hombre de Estado que te cagas, Yoda tiene más de monje budista como aparte, que no se entera mucho. Así que conviene distinguir también cada Jedi en particular. Eso me gusta a mí del episodio VIII, cuando Luke dice que les den a los Jedi de una vez.

¿Por qué dice que Obi-Wan es un hombre de Estado?
Porque cree en la normatividad de la República. Siempre piensa en lo que hay que hacer, en las normas, y se guía por eso. Es lo que en los partidos políticos llamaríamos un hombre de partido. Puedes confiar en que, mande quien mande, él siempre va a ser leal a la República, que siempre lo es. Siempre defiende y se guía por los principios del Estado, de la República y de los Jedi. No creo yo que Obi-Wan hubiera ido a matar a Palpatine como va Mace Windu. Obi-Wan es un soldado que concibe las cosas como una gran estructura (siempre se lo dice a Anakin: «Cuando llegue tu momento llegará, así hemos hecho toda la vida las cosas») a cuyas normas hay que ser fiel porque conviene que funcionen.

«Obi-Wan es un hombre de Estado porque cree en la normatividad de la República. Siempre piensa en lo que hay que hacer, en las normas, y se guía por eso. Es lo que en los partidos políticos llamaríamos un hombre de partido»

Y esa lealtad tan rígida, según dice usted en el libro, tiene consecuencias trágicas.
Claro, como suele ocurrir. Porque siendo tan normativo, mirando tanto el tener que ser en lugar de lo que es, atendiendo el deseo antes que la realidad… Ese es el origen de la tragedia de Anakin, que Obi-Wan crea un ideal de Anakin, lo que Anakin tendría que ser, en lugar de atender a Anakin como persona. Y una vez más, un problema clave es ese extraño papel de los Jedi, que tienen una función enormemente complicado. Pueden decidir si una senadora viaja con escolta o no, tienen mucha influencia en que el Senado acepte un ejército o no, pero luego no mandan, no son el poder ejecutivo…, pero se sienten legitimados, como hace Mace Windu, para eliminar al poder ejecutivo si lo consideran corrupto. Y ahí es cuando se cae todo. Si lo hubiera hecho más legalmente, más estatalmente, quizás habría funcionado mejor. Pero los Jedi tienen la rigidez de la verdad religiosa: «Esto es así, yo lo sé».

Este problema está muy bien llevado en las precuelas, de verdad. Tengo un amigo, muy inteligente y muy culto, que dice que el problema de las precuelas es que son demasiado intelectuales, como el episodio VIII, y que por eso no le ha gustado a la gente, que queríamos más bien a Han Solo rescatando princesas.

La Trilogía del Sabio termina con la instauración de una dictadura desde dentro, no con un golpe de Estado militar. Me pregunto por qué aparece esto en el año 2005 y si es verosímil en sociedades como la nuestra o pura fantasía.
Bueno, ocurrió en los años 30 en Alemania, sin ir más lejos. Hitler no llegó al poder con un golpe de Estado. Y actualmente tenemos ejemplos de autoritarismo como Trump, que no es un dictador y es muy difícil que llegue a serlo por los mecanismos administrativos de Estados Unidos, que lo hacen muy difícil, igual que en España. Pero en Hungría, por ejemplo, han utilizado el estado de alarma para otorgar poderes plenipotenciarios al Gobierno, y en algunos países sudamericanos ha pasado algo similar. Así que sí, es verosímil, es lo que pasa también en nuestra galaxia, está a la orden del día.

Y las películas están hechas durante la época de Bush y con las restricciones de derechos y libertades tras el 11-S, que tiene mucho que ver con lo que hace Palpatine. Por eso siempre digo que mucho cuidadito con Vox. A mí me parece que Vox no tiene tanto alcance, pero hay demasiada gente que querría una cosa así en España, un 20 % o 30 % de la población a la que no le importaría.

¿A la que no le importaría una dictadura?
Una dictadura, sí, porque por fin irían bien las cosas, como dice Anakin en El ataque de los clones. «Ya está bien de discutir ahí en el Senado, si el sentido común es muy sencillo. Gobernar un país es muy fácil. Déjame a mí que yo lo hago». Esto lo podría firmar Abascal.

La última trilogía usted la llama el Star Wars crepuscular, que yo diría que argumentalmente no hacía falta, pero usted explica en el libro que dice muchas cosas de nuestra sociedad. ¿Por qué la llama así y qué relación tiene con nosotros?
Efectivamente, no hacía falta. Star Wars es la historia de Anakin y de su hijo Luke y eso está cerrado en el episodio VI. Pero sí era necesaria en otro sentido, no argumental, porque hemos cambiado como sociedad. Y de hecho, ojalá dentro de treinta años otra gente haga otra trilogía, sería interesante verla.

Crepuscular es una palabra muy de moda que hace referencia al descreimiento que tenemos como sociedad. Hemos leído mucho, hemos estudiado mucho, hemos ido mucho al cine… Ahora todo espectador de cine es un crítico de cine. Como decían mis padres, antes ibas al cine y la peli molaba o no molaba; ahora le ponemos una nota y vemos fallos de guion… Estamos ya de vuelta de todo. Y estar de vuelta de todo implica estar de vuelta de Star Wars. Ya no nos creemos la familia noble y el bien contra el mal puros de la Trilogía del Héroe. Y yo llamaba a esta última trilogía el Star Wars crepuscular (que ahora seguro que ya no lo haría) porque los episodios VIII y IX se cargaban toda la inocencia y la esperanza que había en la Trilogía del Héroe; hacían ver que todo aquello no era tan bonito, que la princesa y el pirata se han divorciado y su hijo se ha vuelto malo. Que es lo que suele ocurrir. Las cosas salen mal y no hay héroes puros. De hecho, la única heroína pura para mí de toda la saga es Leia.

Usted explica este sentimiento melancólico con una serie de promesas de felicidad que hay en la trilogía original y no se cumplen. ¿Qué es este concepto y qué significa el hecho de que no se cumplan?
El concepto es de Sara Ahmed, una autora feminista muy interesante que recomiendo mucho. Son libros muy básicos, de esos tan estadounidenses, que te cuentan en cuatrocientas páginas una cosa que en veinte ya habías entendido, pero son muy interesantes. Ella dice que nuestra sociedad está llena de promesas de felicidad. Si te casas y tienes hijos, serás feliz. Si estudias una carrera, serás feliz. Pero al final nos damos cuenta de que ninguna de estas cosas tiene que ver con la felicidad. Que la felicidad, si nos ponemos un poco budistas o si has ido a catequesis o has tenido una infancia un poco flipada, está en ti mismo y todo el rollo. Entonces, vivimos en una falsa felicidad externa a nosotros (es una idea marxista también).

Entonces, al final de la primera trilogía hay muchas promesas de felicidad. La princesa y el pirata, a pesar de que no deberían estar juntos, van a estar juntos y van a ser felices. Luke ha llegado a un equilibrio personal y ya no necesita más en la vida, ahora ya va a ser feliz. El Estado va a reconstruirse y no va a caer en los vicios de la antigua República porque va a ser una República muy chula gobernada por Leia y por Luke y va a ser todo muy chulo. Y empieza el episodio VII con que nada de eso se ha cumplido, como suele ocurrir. Por eso es muy crepuscular.

¿Y qué ha pasado en nuestra sociedad entre los años setenta, cuando todos íbamos a ser felices según Star Wars, y ahora, cuando casi parece imposible serlo?
Pues ocurrió Chuck Berry. Cuando escribe Johnny B. Goode, al principio del rock, y dice: «Yo no tengo cultura, no tengo estudios, esto no tiene ningún sentido, pero tú vas a comprar mis discos y yo voy a ser millonario». Y la cultura del entretenimiento va a basarse en esto. Como decía García Berrio, y mira que odio citarlo, la bomba atómica nos ha hecho cambiar todo. El punto de crisis de la posmodernidad realmente es la bomba atómica, la idea de que el mundo se va a acabar y todo esto no tiene ningún sentido. Esto lleva a un nihilismo brutal, no tanto el de Kylo Ren, sino el de los ateos, ¿no?, el sentido de «no me cuentes nada, que no me lo creo». Lo que ha cambiado como sociedad creo que es que ya nos hemos cansado de utopías, y eso empieza con la caída de los grandes regímenes modernos, que a ver si se dan cuenta en Filosofía en la Complutense de una vez. Se han acabado todas esas promesas de Hegel y de Kant, se han acabado. Podemos reconstruirlas a nuestra manera, pero no esperemos que eso nos vaya a dar la felicidad, que el Estado sea perfecto… Somos una sociedad que ya no cree en la utopía.

«Lo que ha cambiado como sociedad es que ya nos hemos cansado de utopías, y eso empieza con la caída de los grandes regímenes modernos. Se han acabado todas esas promesas de Hegel y de Kant. Podemos reconstruirlas a nuestra manera, pero no esperemos que eso nos vaya a dar la felicidad, que el Estado sea perfecto…»

¿Cómo se reconstruyen esos proyectos? No sé si nosotros o Star Wars
Con el concepto de comunidad, pero una vez más ya sabes de dónde vengo… Creo que hay que seguir defendiendo el concepto de Estado, nunca dictatorial, sino escuchando a los individuos de forma muy horizontal con una educación política fuerte en la que cada uno se dé cuenta de que tiene que sacrificar una parte. Creo que hace falta una educación política, artística, estética, de gestión emocional desde la infancia. Nosotros… Tú no sé cuántos años tienes, pareces muy joven…

Veinticinco.
Veinticinco. Eres muy joven. Yo tengo cuarenta y nueve ya. Yo creo que tú estás perdido como nosotros los de cuarenta y nueve. Quizás podamos hacer algo por mis hijos, que tienen dos y cuatro años, a ver qué profesores les tocan. Pero mi generación está perdida, es horrible, es espantosa.

¿Perdida en qué sentido?
Está perdida como esperanza de cambiar algo para bien. Mi generación yo creo que no ha aportado una mierda, no me gusta nada. Y encima tienen el valor de insultaros a la gente joven, a los estudiantes, cuando han hecho un mundo de mierda. Vosotros todavía tenéis más acceso a la información, más apertura de mente… Pero no veo una salida en este momento. Podemos aprovechar las situaciones para intentar meter a la gente más sana posible en las instituciones y no tolerar ni sombra de corrupción. Pero vamos, estoy yo un poco crepuscular también. Y esta pandemia no me ha ayudado mucho…

Hablando de la comunidad, usted interpreta Star Wars como una defensa de la amistad por encima de la familia pese a que es la historia de una familia. ¿Puede explicar esto?
Sí. Yo creo que en Star Wars los lazos familiares no se ven muy claros, tú no ves nunca a Luke, Han y Leia desayunando por la mañana como una familia normal. Les ves en espacios de amistad y camaradería, con un rollo adolescente que también está en American Graffiti, por ejemplo, un rollo más de comunidad que de familia, entendiendo comunidad y amistad como una relación en la que no hay lazos preestablecidos, sino lazos que ponemos nosotros voluntariamente y que no son incondicionales. Y esto también responde a tu pregunta de antes. No podemos ya hacer nada incondicional, férreo, absoluto para siempre. Hay una frase que dice un amigo mío, que en el mundo de Conan todo el mundo es muy educado porque no hay tantas leyes y si a alguien le insultas te abre la cabeza de un hachazo. Es decir, la idea es que con mis padres o mis hermanos no puedo tener la misma movida que con mis amigos, con los que tengo que ser mucho más educado para mantenerlos. Con la familia, en cambio, todo es una mierda, acabas peleándote y perdonándote porque es familia, por obligación. Las amistades son mucho más puras, te obligan a pensar, a calmarte a hacer autocrítica. Y esto nos lleva al concepto de Estado por medio de la fraternidad, o de la hermandad, mejor. Y ahí no solo yo, sino algunos filósofos como Fernando Broncano, mantenemos que hay que defender el concepto de hermandad otra vez, el concepto de amistad. Como decía una persona atea que conocí, la idea de que yo te quiero no porque lo mande Dios o una tradición, sino porque quiero, y que voy a defender voluntariamente tus derechos y tu libertad. Eso es la amistad o la hermandad en un sentido político.

Y en Star Wars está muy claro que todo el mundo funciona con esa camaradería porque quiere, de forma voluntaria. Por eso me gusta mucho El despertar de la fuerza y el personaje de Rey me tiene enamorado, me parece maravilloso. No sonríe en toda la película más que tres veces, es una persona amargada, hundida, destruida, sin identidad. Pero sonríe tres veces en relación al Halcón Milenario, que es el símbolo de la amistad, el lugar donde la gente es amiga.

«Hay que defender el concepto de hermandad, de amistad, la idea de que yo te quiero no porque lo mande Dios o una tradición, sino porque quiero, y que voy a defender voluntariamente tus derechos y tu libertad. Eso es la amistad o la hermandad en un sentido político»

Enseguida le preguntaré por Rey, pero antes me interesa el malo, Kylo Ren, al que usted relaciona con el objetivismo de Ayn Rand. ¿Qué es el objetivismo y qué tiene Kylo Ren de objetivista?
Ayn Rand es un personaje enormemente siniestro, una mujer muy curiosa que además acabó dependiendo del Estado, no sé si lo sabes, acabó en una residencia pública. Ella defendía la voluntad de poder, la voluntad del individuo, y creía que acababan gobernando los débiles de espíritu por sus corruptelas y porque se les permite. Bien, hasta ahí hay una parte en la que yo podría estar de acuerdo. Pero ella añade que por tanto no hay que ayudar a los débiles y que el Estado lo que hace es fomentar la debilidad, así que muy nietzscheanamente cada uno debe construir individualmente su propia ética al margen de la sociedad y hacerse fuerte para resistir cualquier embate. Entonces, como ves, es muy nietzscheano, muy individualista, tiene mucho que ver con la voluntad de poder. Pero cuando piensas que eso va a ayudarte a todo y dejas de lado toda la tradición, toda la camaradería, toda la empatía (porque es muy racional y no cree nada en las emociones, teóricamente)…

Y además tiene una parte metafísica muy chunga que defiende que las cosas son más evidentes de lo que parecen, que son objetivas, que esta mesa que yo tengo delante es negra y rectangular y no me vengas con historias de subjetividades relativistas. Como ves, tiene mucho que ver con el cuñao actual, con la idea de que «esto es así». Cree de verdad que se puede llegar a una verdad única. Pero evidentemente podemos llegar a verdades científicas sobre, no sé, la capa de grasa del coronavirus, pero no podemos llegar a la verdad absoluta sobre qué estás pensando ahora tú de mí o yo de ti. La verdad humana es muy difícil porque hay demasiados factores. Ayn Rand no cuenta con que la gente es mucho más compleja y no se puede reducir a todo el mundo a débil o fuerte.

En cuanto a Kylo Ren, es, a diferencia de Vader, alguien que no cree en el Estado, no cree en construir unas normas, unas leyes. Vader es un burócrata, es un hombre de Estado como era Obi-Wan, y lo demuestra constantemente.

¿Diría que es el reverso negativo de Obi-Wan?
Sí, sí, totalmente. Es el discípulo perfecto de Obi-Wan, solo que pervertido. Kylo, en cambio, no cree en la tradición porque le ha fallado del todo. Me decía una amiga que Kylo le encanta porque es el único que de verdad ve la realidad de que estamos en un mundo completamente nuevo y no podemos apoyarnos en nada de lo anterior. Yo no creo en eso, pero es verdad que Kylo representa ese nihilismo objetivista en el que las cosas son como son y yo soy el más fuerte (es muy competitivo el objetivismo, si tú llegas a un sitio es porque te lo has merecido, porque eres el que mejor lo ha hecho y el azar no existe). Kylo Ren defiende la voluntad de poder y yo creo que ese es el motivo de que le guste a tanta gente. Y por eso me da miedo que le guste a tanta gente. Es un personaje muy interesante, pero una persona… Pretende ser el superhombre de Nietzsche, sin nada detrás, solo él. Por eso rompe la máscara de Vader y en el episodio IX, cuando aparece el emperador, va a matarlo y no a rendirle pleitesía, porque se lo toma como un desafío personal, le da igual su ideología, lo que representa… Es un personaje vacío de ideología, todo yo. Y es terrible, porque es alguien a quien pondríamos en el poder hoy en día, alguien a quien mucha gente podría admirar precisamente por no tener ideología.

Usted explica a Rey también como un personaje con una identidad muy débil que representa nuestro sentir o nuestra identidad posmoderna. ¿Cómo es esto?
Sí, es el lado luminoso de Kylo. Me parece un personaje muy difícil y muy bien construido por la actriz y por los guionistas. Efectivamente, no tiene identidad. No tiene apellido, la abandonaron sus padres, es una vagabunda, una mendiga que solo como si consigue trabajar, mujer… Es menos que un esclavo, porque Anakin de niño es esclavo, pero al menos está protegido por su madre y por su dueño y ella ni eso, es una homeless. De nuevo, es un personaje que no cree o al que no le sirve nada de lo anterior. Es muy bonito para mí cómo en el episodio VIII va a ver a Luke Skywalker, el gran patriarca blanco, y ve que no la puede ayudar. Aprende de él lo que puede, pero también lo tiene que dejar atrás para construir su propia identidad. De momento su identidad es un montón de ideas desincronizadas, como se ve cuando entra en la laguna en un remake de cuando Luke entra en el árbol en el episodio V, que chasca los dedos y se ven un montón de Reys desincronizadas, de identidades desincronizadas, y ella tiene que construirse una identidad coherente. Luke la ayuda, Leia la ayuda, pero es ella quien tiene que hacerlo. Por eso a mí que termine el episodio IX llamándose Rey Skywalker… Me hubiera gustado mucho más como Malcolm X o como Muhammad Ali, que se hubiera hecho ella su propio nombre.

Ya que lo menciona, ¿el episodio IX tiene algo que ver…?
Se me va la conexión. Dices episodio IX y te pierdo [risas].

«Darth Vader es un burócrata, es un hombre de Estado como era Obi-Wan, y lo demuestra constantemente»

Bueno, a no ser que sea demasiado terrible, ¿tiene algo que ver con todo lo que ha dicho hasta ahora ideológicamente?
Bueno, el episodio IX me parece algo incoherente argumentalmente. Es una película con unos agujerazos de guion increíbles. Todo lo que se ve allí es increíble, es absurdo, y yo creo que tiene mucho que ver con los cortes, yo creo que era una película de tres horas y media o cuatro y han cortado muchísimo. Pero, claro, tenemos que trabajar con lo que queda, que es lo que tenemos. E ideológicamente no concuerda mucho con lo anterior. Que Rey sea hija de Palpatine nos quita esa idea posmoderna de que no hay por qué seguir la sangre, la nobleza, etc. La idea de la amistad sí creo que está bien mantenida. No hay un duelo final real entre Rey y Kylo, entre las dos visiones de cómo salir de la posmodernidad, de la imposibilidad de creer en el pasado. Me gusta mucho el beso, me parece magnífico porque tiene mucho que ver con El retorno del Jedi, con las dos personas contrarias que tienen que encontrarse, y lo máximo para eso es el amor, que, como diría Dante, es la máxima expresión de la vida… Pero la figura de Palpatine ahí… Es que ideológicamente no sigue nada, todas las preguntas que se habían planteado quedan sin respuesta.

A mí la peli me encantó, ¿eh? Me lo pasé fenomenal y me pareció superdivertida, me emocioné un montón de veces, me gusta el rollo pulp del Emperador metido ahí en ese coro lovecraftiano tan chungo… Pero, efectivamente, desde el punto de vista ideológico no veo que tenga mucho que ver con ninguna de las otras dos. De hecho, se cargan hasta la idea del equilibrio en la Fuerza del episodio VI. Aquí no hay ningún equilibrio, si ganan los Jedi. Vale, por resistencia pasiva o lo que tú quieras, pero ganan los Jedi. ¿Qué equilibrio es ese? En el episodio VI ganaba el encuentro, no ganaban los Jedi. No sé, no entiendo ideológicamente la película, no le veo la coherencia ideológica que tenían las ocho películas anteriores, incluso las diez, con Han Solo y con Rogue One. Y ya te digo, me encanta la peli, me lo paso como un enano. Pero no me cuadra.

Hay otras dos preguntas que quiero hacerle sobre Star Wars. La primera es sobre el feminismo, porque se suele hablar de Star Wars como una saga feminista. ¿Hasta qué punto esto es así?
Como todo, hay que verlo en su contexto. Desde luego, en 1977 se podía haber hecho una película muchísimo más feminista que la que hace Lucas en el episodio IV, eso no es feminista para nada. Lo que pasa es que tiene toques feministas comparado con lo que era el cine de Hollywood y las películas de aventuras de aquel momento: Leia se salva a sí misma y, cuando el caballero de la blanca armadura entra a rescatarla al castillo, ella le dice: «Eres muy bajito para ser un soldado de asalto, quita, que ya me rescato yo». Es lo que se ha dicho siempre de Leia. Es una mujer la que gobierna la rebelión o, como decía Carrie Fisher, se libera de Jabba con su propia cadena estrangulando al gran espermatozoide… Pero tiene otras muchas cosas que no son feministas: la acción está llevada por los hombres, hay muy pocas mujeres soldado… Eso la trilogía clásica, pero hay, como en toda la saga, un montón de ideas distintas y a veces contradictorias que hacen que las feministas la entiendan algunas como muy feminista y algunas como muy machista. A mí me gusta mucho la saga precisamente por eso, porque me parece que ha volcado muchísimos problemas de su tiempo de forma muy compleja y a veces contradictoria.

Las precuelas son más interesantes en ese sentido, más claramente feministas. Amidala es una mujer empoderada que por culpa del amor romántico se destruye a sí misma. Cualquier mujer que caiga en la trampa del amor romántico puede autodestruirse, me parece una lección feminista muy interesante. Pero otra vez, una trama llevada por personajes masculinos. De nuevo, tenemos una gran película masculina con grandes ideales masculinos y personajes muy masculinos, como Han Solo, que le encanta a todo el mundo y a mí también, pero ideológicamente me parece horroroso desde este punto de vista, con su descreimiento y su «hola, nena, yo te salvo» y esa forma de hablar.

Y luego está la nueva trilogía, en la cual, sobre todo en El último Jedi, hay una apuesta explícita por el feminismo donde yo creo que se ve la mano de Kathleen Kennedy, la productora. La resurrección de Leia, al parecer, fue forzada por ella, que es muy activista para estos asuntos. Pero cosas más profundas: la trama ahora ya sí está llevada por los personajes femeninos, Rey y Leia, y los hombres van a su ritmo, hay un contenido muy claro de rechazo de la violencia, de defensa del encuentro, de la compasión, del entendimiento… todos ellos ideales tradicionalmente menos masculinos.

¿Qué tiene Leia que la hace tan admirable, como decía antes?
Mucho. El salvarse a sí misma, constantemente. Es una pena que en El retorno del Jedi no tiene más importancia, por razones argumentales probablemente (el héroe es Luke, ella no es piloto, ya tienes dos frentes abiertos), y queda en el hogar cuidando a los ositos de la cuarta luna de Endor. Luego, en la última trilogía, ves que pasa del contrabandista y no se van con Han Solo porque es una mujer de Estado, una mujer política que cree en la política y renuncia a su entrenamiento jedi, al camino de Luke, para dedicarse al Estado. El Estado para mí siempre tiene que ser un elemento de concordia, de armonía, no de virilidad, de competición de machos alfa, sino algo donde haya diálogo. Y en ese sentido, me gusta mucho cómo trata a Poe Dameron, que es el machito típico, defendiendo, digamos, el sentido de Estado pero no de un modo patriarcal, sino compasivo y dialogante. Por eso es un personaje que representa algunas reflexiones sobre posibles masculinidades y posibles feminismos que pueden ser caminos que seguir ahora y en el futuro. Pero es un tema del que deberían hablar las feministas, sobre todo. A mí sencillamente me interesa desde mi acercamiento al feminismo.

Quería preguntarle también por la estética de Star Wars, que usted relaciona con el pulp. ¿Qué es el pulp y qué importancia tiene en Star Wars?
El pulp es un tipo de cine y sobre todo de literatura de consumo de masas muy básico, todo lo de «ja, ja, ja, te mataré, soy el doctor Malvado», pistolas de rayos, etc. Es una estética de la que beben muchísimo Spielberg y Lucas a partir del cine de serie B y que ha llegado a grandes películas. Se basa mucho en la referencia visual, en imágenes básicas que representan grandes conceptos en colisión unos con otros. El ataque de los clones me parece la más clara; yo creo que casi cada plano podría ser una portada pulp y representa grandes conceptos en colisión. Pero, para entenderlo mejor, yo siempre pongo dos ejemplos. Supongamos que quiero hablar de política, del conflicto o las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno en el franquismo. Puedo hacer una reflexión filosófica entre dos personas en una mesa de un café. O puedo hacerlo como en La venganza de los Sith, con dos seres con poderes sobrenaturales que representan al poder religioso y el poder civil tirándose escaños a la cabeza. Es una exageración, pero es una imagen muy poderosa, nos toca directamente al inconsciente. Por eso soy un gran defensor de esa estética. Otro ejemplo que me gusta es en Los vengadores, cuando el martillo de Thor golpea el escudo del Capitán América. El martillo de Thor es la religión, que intenta abrirse paso siempre a base de martillazos, y el escudo es el Estado, que intenta aguantar. ¿Quién vence? A mí me flipa, es una imagen muy poderosa que representa de forma básica conceptos fundamentales. Esto bebe mucho del Romanticismo. Cuando ves cuadros de Friedrich o de Turner, funciona la misma idea de golpear rápidamente con imágenes muy poderosas.

En Star Wars, efectivamente, esto es muy importante. La Trilogía del Sabio es muy pulp, sobre todo El ataque de los clones, y el episodio IX también, que por eso me gusta tanto.

«El Estado para mí siempre tiene que ser un elemento de concordia, de armonía, no de virilidad, de competición de machos alfa, sino algo donde haya diálogo»

Dice en el libro que hay que ser muy maduro estéticamente para disfrutar esta estética igual que se disfrutan las novelas realistas, por ejemplo.
Para hacer análisis estético sí, porque tienes que haberte planteado realmente qué es la estética y haber estudiado mucha estética, yo creo, y ser capaz de entender que es una estética que debe divertirte mucho pero que no es solo mero entretenimiento. Ayer precisamente estuve viendo por primera vez con mi mujer, que es doctora en Estética, Infinity War, y le estaba gustando porque entendía mucho la parte divertida, pero también la parte profunda de los personajes y los conflictos que representan. Alguien que sepa mucho de estética pero no de entretenimiento y esté buscando siempre el mensaje filosófico puro, profundo, la complicación, no va a disfrutarlo porque le va a parecer todo muy básico. Pero teniendo en cuenta seriamente todo lo que han aportado estéticamente el siglo XX y el siglo XXI, y también el XIX, se puede entender mucho mejor. A mí me pasa mucho, con profesores de Literatura de cincuenta y cinco o sesenta años, que son incapaces de disfrutar Star Wars, y yo creo que es porque no la entienden, no saben lo que están viendo. O al revés, gente a la que le encanta y dice incluso: «Es mi película favorita, pero no me dice nada profundo». Sí, sí te lo dice, pero no te estás dando cuenta.

Quería hacerle una pregunta sobre ciencia-ficción, que es su especialidad. ¿Por qué es tan importante en nuestra sociedad? ¿Cuál es la razón de su éxito?
Porque es el gran género de la posmodernidad, el primer gran género de nuestro tiempo. Desde la Ilustración hemos roto con la superstición, con la religión en el sentido tradicional, con la fantasía idealista…, pero no podemos romper del todo con el idealismo. Es lo que hablábamos antes: tenemos la razón, lo material, pero las personas no somos reducibles a una fórmula sencilla, somos mucho más complicados y necesitamos otros medios para entendernos. ¿Qué hace la ciencia-ficción? Toma es base material y la extrapola, busca lo ideal sin desprenderse de lo material. No se ata al realismo, porque el realismo se pone muchas ataduras y acaba reflexionando mucho sobre la anécdota. Si tienes una novela realista sobre Hitler, lo más fácil es que el mayor foco de interés sea Hitler, su historia y su psicología, mientras que la ciencia-ficción va a otro sitio tomando toda la materialidad de hoy en día, la extrapola, y propondrá una reflexión no sobre Hitler, sino sobre el concepto de dictador. Funciona un poco como un laboratorio donde estudiar emociones, razonamientos, miedos de nuestra sociedad… Por eso tiene mucho sentido que haya hoy, por ejemplo, muchas series sobre robots. La ciencia-ficción permite una forma de experimentación que no teníamos antes, por eso creo que es el gran género de nuestro tiempo.

Voy a cambiar de tema y preguntarle un poco sobre política, que es su otra faceta, especialmente la política universitaria, ya que usted fue responsable del área de Universidades en Podemos Madrid. Ahora Podemos tiene el Ministerio de Universidades y ya vamos conociendo algunas de las ideas del ministro Castells para la reforma universitaria. ¿Qué opinión le merecen esas ideas?
Ya no estoy ni mucho menos tan metido como antes. Con dos niños pequeños y de vicedecano, ya no sigo tanto la alta política, tampoco la universitaria, como cuando estaba metido en La uni en la calle y leía artículos constantemente…

Que Castells sea un ministro podemita es algo… que yo discutiría muchísimo por lo poquito que sé y lo que me ha llegado.

Bueno, es un ministro propuesto por Podemos, ¿no?
Podemos ha sido bastante ignorante siempre en materia de política universitaria. Y la gente que tenían que sabía de política universitaria la han dejado siempre de lado y les han machacado y ha sido patético cómo han tratado el asunto. Recuerdo un programa de Ana Pastor sobre política universitaria y las declaraciones Pablo Iglesias daban vergüenza ajena, teniendo tanta gente alrededor que sabía mucho de política universitaria. Yo no sé quién en concreto ha propuesto a este ministro, pero tiene varias cosas que a mí no me convencen.

Sí que me gustan algunas ideas. Por ejemplo, la lucha contra la precariedad, en la que yo he estado muy en la vanguardia en Madrid y en España. Pero ha hecho algunas declaraciones el ministro de tendencia al modelo universitario norteamericano en el que no creemos (competitividad, ranking, esas cosas). Pero, ya te digo, no estoy tan al tanto hoy en día como para opinar sobre ello.

«Hay gente a la que le encanta Star Wars y dice: ‘Es mi película favorita, pero no me dice nada profundo’. Sí, sí te lo dice, pero no te estás dando cuenta»

Entonces le pregunto no tanto como político sino como profesor. Con el confinamiento, Castells dijo que conviene pensar en que la universidad debe ser capaz de funcionar íntegramente de forma digital. Como profesor universitario, ¿qué le parece esta idea?
El horror absoluto. El horror absoluto. Yo también oí esas declaraciones… Es algo contra lo que luchamos mucho en Podemos y en La uni en la calle. A mí me parece bien lo digital en el sentido de que alguien pueda acceder a clase a distancia, pero es que la universidad no es solo meter un conocimiento directamente a una persona. Es una idea muy de ciencias: este es el concepto, lo entiendes, te lo aprendes y ya está, ya eres ingeniero o lo que sea. Es muy objetivista, por cierto, en la línea neoliberal de Ayn Rand. La universidad más humboldtiana tiene mucho de espacio de intercambio, para hablar, para discutir, y ahí es fundamental la presencialidad.

Yo he dado ahora clases virtuales y en la pantalla las sensaciones, las reacciones, no son las mismas. Nos interrumpimos menos, se tiende más a la clase magistral. Y por supuesto, la atención es mucho menor, cualquiera puede estar mirando Facebook sin enterarse de nada. Joder, lo hago yo en la mitad de las reuniones que tengo por videoconferencia… ¿Que permite cosas, que viene bien para situaciones como esta pandemia? Claro que sí. Yo creo, por ejemplo, que todas las clases que se dan en el aula deberían grabarse y poder volverse a ver en casa, ¿por qué no? Y ahora, por ejemplo, quiero abrir con unos compañeros un canal de Youtube donde transmitiremos conocimiento, y me parece complementario. Complementario. Pero cuidado con la sustitución de la presencialidad por lo digital, que me da la impresión de que es de lo que hablaba Castells. Eso me parece terrible. Y, como te digo, una idea objetivista muy chunga. Es que así no hacen falta ni profesores, con una lista de bibliografía que leer… ¿Para qué necesito un transmisor, un filtro, unos compañeros de clase?

Antes ha dicho que estaba en desacuerdo con la línea de Podemos últimamente. Como alguien que ha ocupado un cargo en Podemos, ¿cuál ha sido el problema?
Yo tuve un cargo muy pequeñito, ¿eh? Sí es verdad que estaba muy metido, iba a muchas reuniones y conocí a mucha gente que hoy son diputados y siguen siendo amigos míos, y mi vida fue Podemos durante un tiempo.

Ahora en el Gobierno no sé muy bien qué están haciendo, cuáles son decisiones del PSOE y cuáles son de Podemos, la verdad. Pero el giro que dio de repente hacia los buenos y los malos, de un izquierdismo muy radical, no me gustó mucho. No porque yo no esté completamente de acuerdo con esas ideas, que yo soy muy de izquierdas, sino porque ese tipo de discurso me parece que impide que la gente dialogue, que negocie y hable entre ella. Dio una sensación de «somos nosotros contra vosotros» terrible. En el primer Podemos, en el que yo estuve, cuando se hablaba de casta, se refería a una élite corrupta, no de la derecha o de la izquierda. Y en aquella época y antes, desde el 15-M, que yo también participé, yo hablaba con mucha gente de derechas y al final resultaba que estábamos de acuerdo en casi todo, menos en un diez o un cinco por ciento. Podíamos ser de izquierdas o de derechas, pero como decía Adorno, estábamos de acuerdo en que nadie debe pasar hambre. Bueno, pues vamos a hablar de cómo conseguirlo, igual incluso te convenzo de que hay que subir los impuestos. Yo vi entonces un momento muy alto de diálogo y el primer Podemos conseguía sacar la parte de izquierdas de toda persona, hasta el punto de que yo conocí gente de derechas que iba a votar a Podemos. Cuando Pablo Iglesias hace ese giro hacia una cuestión identitaria con blancos y negros, creo que eso nos dirigía hacia el fracaso.

Esto suena muy errejonista, como se suele decir…
Es que yo era muy errejonista, sí.

¿Y qué tal ve ahora a Errejón?
Yo voté a Más Madrid y a Más País y les seguiré votando, pero tengo mi opinión sobre cómo se funciona ahí dentro por lo que me cuentan bastantes amigos que tengo… Pero es la opción que veo más razonable. Pero, bueno, yo no sé nada de política, ¿eh? Siempre me equivoco, por eso ahora me limito a votar, charlar con amigos de confianza y poco más.

«La ciencia-ficción es el gran género de la posmodernidad, el primer gran género de nuestro tiempo. Desde la Ilustración hemos roto con la superstición, con la religión en el sentido tradicional, con la fantasía idealista…, pero no podemos romper del todo con el idealismo»

Se lo decía porque, aunque Más Madrid tuvo mucho más éxito, Más País, con solo dos diputados, no parece haber sido capaz de sacar lo que todo el mundo tiene de izquierdas, como usted ha dicho del primer Podemos.
Una cosa que yo viví en Podemos es cómo los medios de comunicación son capaces de hundir a alguien. Más País fue completamente apagado, ahogado, por los medios de comunicación. Y, por otra parte, una cosa es lo que yo opine ideológicamente de Errejón, de Más Madrid y de Más País y otra cosa son sus estrategias para conseguir votos. Y yo creo que no ha funcionado, quizás una parte por sus propios errores y otra parte porque fue apagado por los medios.

Más País, en mi opinión, debería ocupar el lugar del PSOE, debería ser esa izquierda dialogante que el PSOE debería ser y no es para nada. Veremos qué ocurre. No le auguro buen porvenir a Más País, la verdad. Me gusta ideológicamente, hay gente muy capaz y muy válida y desde luego no veo a ningún corrupto. Eso me llamaba mucho la atención cuando estaba en Podemos, el sentir que puedo poner la mano en el fuego por cada uno de ellos y decir: «Este tío no se va a llevar pasta. Puede equivocarse, como todos, pero esta tía jamás va a renunciar a los ideales porque la sobornes».

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