El movimiento del feminismo para el 99% lo revoluciona todo para que la igualdad no quede en papel mojado que algunos tienden para que al secarse aparente igualdad de derechos y de trato, sino que sea una realidad que afecte a toda la población mundial. © Ana Yael
El movimiento del feminismo para el 99% lo revoluciona todo para que la igualdad no quede en papel mojado que algunos tienden para que al secarse aparente igualdad de derechos y de trato, sino que sea una realidad que afecte a toda la población mundial. © Ana Yael

En este caso, esa inmensa mayoría es mayoría y es inmensa de verdad: el 99% del mundo entero. Igualdad real es lo que propone este movimiento feminista, diferente, que va más allá y se define, además, como anticapitalista, antirracista, antiimperialista, ecologista e internacionalista. Global. Su meta es acabar con las desigualdades, con todas: por cuestiones de género, socioeconómicas, de raza o lugar de origen. Y al mismo tiempo, según sus tesis, frenar la destrucción del planeta y construir uno más sano y solidario. ¿Un objetivo justo? ¿O excesivamente ambicioso? ¿O utópico? ¿O innecesario o imposible? ¿O difícil, pero imprescindible? Con este feminismo para el 99% arrancamos nuestro dosier sobre igualdad y desigualdad.

“No tenemos ningún interés en romper techos de cristal y dejar que la gran mayoría limpie los vidrios rotos”. La frase tira por tierra una de las ideas más repetidas al hablar de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Y, de paso, toda una opinión (firmemente establecida y muy generalizada) acerca del feminismo. Resulta que eso tan aspiracional de que hay que conseguir que la mujer se haga un hueco en las cuotas de poder y toma de decisiones “rompiendo el techo de cristal”, ese que le impide ascender profesionalmente a puestos de dirección y responsabilidad, requiere una revisión profunda. Tan profunda que acabe con esa idea como meta a alcanzar para lograr la igualdad. Y tiene una explicación. Lo defiende el movimiento del feminismo para el 99% y lo leemos en el Manifiesto de un feminismo para el 99%, el libro que acaba de publicar la editorial Herder, de tres autoras: Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser. Y, atención, porque esto no es lo único que revoluciona.

"Manifiesto de un feminismo para el 99%", de Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, publicado por Herder.
«Manifiesto de un feminismo para el 99%», de Arruzza, Bhattacharya y Fraser, editado por Herder.

En realidad, lo revoluciona todo. Este movimiento y este libro proponen y explican la necesidad de construir otro feminismo, un feminismo diferente con un comportamiento y unos objetivos distintosSi analizamos sus tesis, tendríamos que empezar de nuevo, desde cero. Adiós al planeta Tierra que conocemos; hola a uno nuevo… quizá no tan sencillo de crear. El mundo tal como está organizado habría que derribarlo y volverlo a levantar (esta vez bien). O casi. Poca cosa valdría, porque ya se ha encargado el ser humano durante siglos de irlo construyendo con toda la estructura que va en contra de una vida de bienestar y equilibrio para todos. Y, por supuesto, en contra de la verdadera igualdad. Porque lo que se pone sobre el papel, eso que dicen las leyes, no pasa de ahí, de una idea bienintencionada que no llega a ser real. Y eso en el mejor de los casos, en los países donde sus leyes expresan claramente que todos somos iguales, porque hay tantos en los que ni siquiera… Y resulta también que los considerados «avances» y «logros», las conquistas que las mujeres han ido consiguiendo al alcanzar puestos a los que tradicionalmente solo accedían los hombres, no son tan igualitarios, porque solo involucran y benefician a unas pocas, muy pocas. El resto, la gran mayoría, sigue quedando fuera de esa realidad. «Al encubrir políticas regresivas bajo un aura de emancipación, (el feminismo liberal) hace posible que las fuerzas que apoyan al capital global se presenten como ‘progresistas’ (…) Este es el feminismo de las mujeres con poder: las gurús empresarias (…), las políticas profesionales en traje de chaqueta que cobran honorarios de seis cifras por dar conferencias de Wall Street». Se trata, pues, de construir otro que incluya a todas. ¿Una utopía? Para las autoras de este Manifiesto, no. Ellas trazan el camino que lleva a una sociedad justa de verdad. Los pasos tendríamos que darlos entre todos.

El feminismo liberal frente al feminismo para el 99%

El propósito de este Manifiesto de un feminismo para el 99% es cambiar el rumbo de las luchas feministas hacia el resto de la población y proponer una absoluta reorganización de la sociedad. El feminismo no debería sentirse satisfecho con ver a las mujeres representadas en lo más alto de la escalera social y laboral, dice, sino que debe involucrarse en los problemas políticos, en la precariedad económica y en otras muchas cuestiones.

“Los medios de comunicación dominantes continúan equiparando el feminismo como tal con el feminismo liberal. Pero lejos de aportar la solución, el feminismo liberal es parte del problema (…)”, dice el Manifiesto. ¿Entonces es urgente dar el salto del feminismo “a secas» o feminismo liberal al feminismo para el 99%? ¿Y no es esta una tarea excesivamente ambiciosa, cuando ni siquiera hemos llegado a los mínimos necesarios en igualdad? Le trasladamos las preguntas a la española Clara Ramas San Miguel, doctora europea en Filosofía, la persona que se ha encargado de la edición del libro de Arruzza, Bhattacharya y Fraser que publica Herder. “Considero que no son tareas distintas –nos responde Ramas–. No puede haber una sociedad deseable para todos sin igualdad. Lo que este Manifiesto hace ver es que la igualdad no se logrará sin una transformación profunda de la sociedad en su conjunto, que afecta a nuestro modelo productivo, la gestión del trabajo reproductivo invisible, o nuestro sistema geopolítico. La desigualdad de género se halla imbricada en todas esas dimensiones. Estamos en un momento de profunda crisis económica, social, ecológica, política, que demanda un cambio desde la raíz. Todos los movimientos políticos de la última década se explican desde esto. El feminismo que proponen las autoras, entendido como proyecto de transformación global de la sociedad, quiere ser una respuesta a ello”.

«No puede haber una sociedad deseable para todos sin igualdad. Lo que el Manifiesto de un feminismo para el 99% hace ver es que la igualdad no se logrará sin una transformación profunda de la sociedad en su conjunto», dice la filósofa Clara Ramas

El feminismo “tradicional”, o feminismo liberal, debe ser superado. Según el Manifiesto de un feminismo para el 99%, solo se ocupa del 1%, y deja al 99 restante al margen de la lucha por la tan ansiada igualdad.

“El feminismo liberal (…) enfoca la mirada (…) en la ruptura del ‘techo de cristal’. Orientado a propiciar que un pequeño grupo de mujeres privilegiadas ascienda en la escala empresarial y en los rangos del ejército, propone una visión de la igualdad centrada en el mercado, que encaja perfectamente con el dominante entusiasmo empresarial por la ‘diversidad’. Aunque condena la ‘discriminación’ y aboga por la ‘libertad de elección’, el feminismo liberal se niega rotundamente a hacer frente a las restricciones socioeconómicas que hacen que la libertad y el empoderamiento sean inaccesibles para la gran mayoría de las mujeres. Su objetivo real no es la igualdad, sino la meritocracia. Más que intentar abolir la jerarquía social, busca ‘diversificarla’, ‘empoderando’ a mujeres ‘talentosas’ para que lleguen hasta la cima (…) Sus promotoras buscan asegurarse de que unas pocas almas privilegiadas puedan alcanzar posiciones y sueldos en nivel de igualdad con los hombres de su propia clase. Por definición, las principales beneficiarias son aquellas que ya poseen considerables ventajas sociales, culturales y económicas. Todas las demás quedan varadas en el sótano”.
Manifiesto de un feminismo para el 99%. Herder

O sea, únicamente una inmensa minoría consigue romper, o puede aspirar a ello, ese famoso techo de cristal, y cuando lo logre, ahí estarán otras (muchísimas) mujeres encargándose de «recoger todos esos cristales rotos por el suelo»: las empleadas de hogar, las inmigrantes, las mujeres de clases más desfavorecidas y en mayor situación de desigualdad, que siguen quedando discriminadas y muy lejos de esa lucha feminista. Igualdad solo entre iguales socioculturaleconómicamente hablando. Igualdad en horizontal, no en vertical.

“Lo que entendemos como feminismo liberal es un feminismo centrado en las libertades y la igualdad formal, que busca la eliminación de la desigualdad de género, pero a través de medios que solo son accesibles a las mujeres de élite”, explicaba en agosto del año pasado la feminista italiana Cinzia Arruzza, profesora asociada de filosofía de la New School for Social Research de Nueva York (Estados Unidos) y una de las autoras del libro Manifiesto de un feminismo para el 99%, en una entrevista en la revista Contexto. El feminismo liberal, dice el movimiento del feminismo para el 99%, consigue que las mujeres con cargos directivos puedan alcanzar sus metas precisamente porque ese liberalismo les permite apoyarse en otras mujeres que no tienen tanta fortuna (en todos los sentidos) ni tantas oportunidades como ellas, generalmente mujeres migrantes no justamente pagadas que se encargarán de los trabajos domésticos de cuidados y limpieza de la casa de quien lucha por ascender (mujeres y hombres que se vuelcan en sus carreras profesionales). “El feminismo liberal le da al feminismo mala reputación –dice en el Manifiesto–. (El feminismo liberal) ve el feminismo como una criada del capitalismo. Quiere un mundo donde la tarea de gestionar la explotación en el lugar de trabajo y la opresión en el conjunto social sea compartida por igual entre los hombres y las mujeres de la clase dominante».

«Aunque condena la ‘discriminación’ y aboga por la ‘libertad de elección’, el feminismo liberal se niega a hacer frente a las restricciones socioeconómicas que hacen que la libertad y el empoderamiento sean inaccesibles para la gran mayoría de las mujeres». Manifiesto de un feminismo para el 99%

El feminismo liberal, explica el Manifiesto, jugó su última gran batalla en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos. Y la perdió. La candidata Hillary Clinton no consiguió entusiasmar y movilizar a las mujeres votantes. ¿Por qué? El feminismo para el 99% ve la causa en que Clinton personificaba la enorme desconexión que existe entre el ascenso de las mujeres de la élite a altos cargos profesionales y altos niveles socioeconómicos por un lado, y el mejoramiento de la vida de la inmensa mayoría por otro. Para el feminismo para el 99%, la respuesta ante este feminismo “tradicional” (el que Sheryl Sandberg, directora de operaciones de Facebook, llamó el feminismo del lean in –atreverse, arriesgar– en su libro Vayamos adelante (lean in): las mujeres, el trabajo y la voluntad de liderar), es la reacción activa: nada de luchar por que unas poquísimas mujeres privilegiadas puedan llegar alto; luchemos por que todas las mujeres sean iguales entre sí e iguales a los hombres. “Lejos de celebrar directoras generales que ocupen las oficinas con mejores vistas, queremos deshacernos de ellas y de esas oficinas prestigiosas”, dice el Manifiesto.

Todas las mujeres, no una élite

Y todas las mujeres quiere decir todas las mujeres: blancas, negras, orientales, árabes, musulmanas, católicas, etc., etc., etc. Porque, escriben Arruzza, Bhattacharya y Fraser, el feminismo liberal, “falto de sensibilidad ante la clase y la raza, une la causa al elitismo y al individualismo”. ¿Y qué proponen para remediarlo? Un feminismo antirracista y antiimperialista.

“Hoy, igual que en momentos anteriores de crisis capitalista aguda, la raza se ha convertido en un tema candente, exacerbado e intensamente discutido (…) El historial feminista en relación con la raza ha sido ambivalente, en el mejor de los casos. Influyentes sufragistas blancas de los Estados Unidos se dedicaron de forma explícita a diatribas racistas tras la Guerra Civil, cuando se concedió el voto a los hombres negros y se les negó a ellas. En el mismo período, y bien entrado el siglo XX, líderes feministas británicas defendían el dominio colonial en la India por razones ‘civilizadoras’ en clave racial, como algo necesario para ‘levantar a las mujeres de color de su precaria condición’. Aún hoy, prominentes feministas en países europeos justifican las políticas antimusulmanas en términos similares (…) La vinculación histórica del feminismo con el racismo ha asumido también formas ‘más sutiles’. Incluso cuando no han sido explícita o intencionalmente racistas, feministas liberales y radicales por igual han definido ‘sexismo’ y ‘cuestiones de género’ de una manera que universaliza erróneamente la situación de las mujeres blancas, de clase media. Al abstraer el género de la raza (y de la clase), han priorizado la necesidad de ‘la mujer’ de escapar de la domesticidad y ‘salir a trabajar’ – ¡como si todas fuéramos amas de casa de clase media urbanas!– (…) Las feministas para el 99 % reconocemos sinceramente esta vergonzosa historia y decidimos romper decisivamente con ella. Entendemos que nada que merezca el nombre de ‘liberación de la mujer’ se puede conseguir en una sociedad racista o imperialista. Pero también entendemos que la raíz del problema es el capitalismo, y que el racismo y el imperialismo son partes integrantes suyas”.
Manifiesto de un feminismo para el 99%. Herder

"Feminismo del 99 %", de Luciana Cadahia y nueve autoras más (Lengua de trapo y Ctxt).
«Feminismo del 99%», de Luciana Cadahia y nueve autoras más (Lengua de trapo y Ctxt).

Así que la nueva propuesta es un feminismo antirracista y antiimperialista… y anticapitalista. Y ecologista. La argentina Luciana Cadahia, doctora en Filosofía, es actualmente profesora de Filosofía Contemporánea en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia) y miembro del Consortium of Critical Theory Programs (ICCTP) liderado por la filósofa estadounidense Judith Butler. Es una de las diez autoras del libro Un feminismo del 99% que el año pasado publicó Lengua de trapo-Colección Contextos. Hablamos con ella sobre este movimiento para saber más a fondo en qué consiste, si va de la mano con el feminismo que conocemos hasta ahora, si uno es la evolución del otro… “Cuando me propusieron escribir en un libro colectivo con ese título la apuesta consistía en pensar un feminismo que fuera más allá de las reivindicaciones de género, es decir, se trataba de dar un paso propositivo y pensar al feminismo como una posición política y una alternativa a las formas de vida neoliberal –nos explica Luciana Cadahia–. En mi caso particular, me interesaba pensar ese feminismo como otra forma de articular la ‘posición femenina’ y la ‘posición masculina’. Es decir, cómo se puede vincular lo femenino y lo masculino de manera tal que no reproduzca la lógica patriarcal propia del capitalismo. Más aún, me interesaba pensar cómo ese mismo juego posicional termina por alterar la posición misma y da lugar a algo completamente nuevo. Porque, a fin de cuentas, lo ‘femenino’ y lo ‘masculino’, más allá de un juego posicional, no existe”.

“El feminismo que tenemos en mente reconoce que debe responder a una crisis de proporciones que hacen época: el desplome de los niveles de vida y el amenazante desastre ecológico; las guerras devastadoras y las expropiaciones intensificadas; las migraciones en masa recibidas con alambradas de púas; el racismo y la xenofobia envalentonados, y la abolición de derechos ganados con mucho esfuerzo, tanto sociales como políticos. Aspiramos a hacer frente a todos esos desafíos (…) Este feminismo no se limita a ‘cuestiones femeninas’, tal como se definen tradicionalmente. Representando a todas las explotadas, dominadas y oprimidas, quiere convertirse en una fuente de esperanza para la humanidad entera (…) El feminismo para el 99% abraza la lucha de clases y la lucha contra el racismo institucional. Se centra en las preocupaciones de las mujeres de clase trabajadora de todo tipo (…) Incondicionalmente internacionalista, se opone firmemente al imperialismo y a la guerra. El feminismo para el 99% no solo es antineoliberal, sino también anticapitalista”.
Manifiesto de un feminismo para el 99%. Herder

«El feminismo para el 99% va más allá de las reivindicaciones de género; piensa el feminismo como una posición política y una alternativa a las formas de vida neoliberal. A mí me interesó pensar ese feminismo como otra forma de articular la ‘posición femenina’ y la ‘posición masculina’», dice la filósofa Luciana Cadahia

Un problema político

Para la filósofa argentina Luciana Cadahia, la expresión «el feminismo del 99%» es una apuesta y un significante. Y nos lo explica así: “Es una apuesta donde el problema del feminismo no se limite a las mujeres y los colectivos LTBIQ, sino que se vuelva un problema político de primer orden para todo aquel que desee transformar las relaciones materiales y simbólicas de existencia. Dicho de otra manera: significa comprender que cualquier transformación política verdaderamente sustantiva tiene que pasar por una interpelación feminista. De lo contrario, a mediano y largo plazo, volveríamos a caer en las formas de desigualdad que organiza el capitalismo. Y esto no solamente es una expresión de deseo, sino que es lo que vemos en las calles actualmente. Si nos preguntamos por aquella forma de movilización social de carácter transnacional y transversal que más fuerza ha cobrado desde la crisis del 2008, vemos que tiene un nombre: feminismo. Por tanto, desconocer que la energía social emancipadora se está organizando a partir del significante ‘feminismo’ es no darse cuenta de cuál es el nuevo sujeto político de nuestro tiempo”.

Pues resulta que sí, que hay muchas personas que parece que lo desconocen o que, al menos, no quieren admitirlo, e incluso quieren luchar contra el feminismo. Si feminismo significa igualdad, no superioridad de la mujer sobre el hombre; si feminismo no es lo contrario de machismo, ¿por qué hay hombres, e incluso mujeres, que se sienten amenazados por él? Parece que en el mundo, paralelo al ascenso y la fuerza de los movimientos feministas, se está produciendo un repunte de las posturas contrarias. ¿Puede suponer un freno real a la fuerza que el feminismo está alcanzando en los últimos años, o ya es imparable? “Considero que ahora mismo nos encontramos en un momento de inflexión sumamente interesante –nos dice Luciana Cadahia–. La posición social de las mujeres nunca estuvo tan politizada como hasta ahora. Pero junto a esto parece emerger una reacción conservadora que busca retroceder en materia de derechos y formas de vida alternativa a la estructura de la familia burguesa. No obstante, si prestamos atención a esta ‘reacción’ nos damos cuenta de que las figuras masculinas que las protagonizan parecieran ser una mala copia de las supuestas ‘masculinidades viriles’. Pensemos en figuras como Trump, Bolsonaro o Macri; allí descubrimos una figura masculina quebrada por un mandato paterno del que no pueden hacerse cargo. Se trata de unas masculinidades tóxicas e incapaces de estar a la altura del personaje que buscan representar. Creo que deberíamos prestar más atención a ese fenómeno de debilitamiento de la figura viril de lo masculino. Con esto no estoy diciendo que no sean sujetos peligrosos y que no tengan capacidad para revertir muchas conquistas; lo que estoy tratando de insinuar es que algo del orden de lo masculino patriarcal ya está quebrado y otra cosa completamente nueva está empezando a surgir. De lo que no estoy muy segura es que se trate per se de una forma social crítica del orden económico actual. Y eso es lo que me preocupa, a saber: que el empoderamiento femenino se vuelva una forma más de neoliberalismo. De ahí la necesidad de diferenciar los empoderamientos neoliberales de los empoderamientos plebeyos. Creo que en estos últimos está la clave de la emancipación”.

La fuerza de la unión

El movimiento huelguista feminista de hoy comenzó en Polonia en octubre de 2016: más de 100.000 mujeres organizaron paros y manifestaciones como protesta contra la prohibición del aborto en su país. Esa fuerza feminista llegó a Argentina a finales de ese mismo mes, cuando las mujeres pararon y salieron a la calle y gritando “Ni una menos” ante el brutal asesinato –después de drogarla y violarla– de Lucía Pérez, una adolescente de 16 años. Lo que empezó siendo una serie de acciones concretas en algunos países se convirtió en un movimiento mundial el 8 de marzo de 2017. La ola se extendió a España, Italia, Brasil, Perú, México, Estados Unidos, Turquía… Hoy ya es una marea, dice el Manifiesto de un feminismo para el 99%, “un nuevo movimiento feminista mundial que puede redibujar el mapa político”. Hace ahora un año, el 8 de marzo de 2018, una huelga feminista y su manifestación en las calles pararon España. Las organizadoras reivindicaban “una sociedad libre de opresiones, de explotación y violencias machistas” y llamaban “a la rebeldía y a la lucha contra la alianza entre el patriarcado y el capitalismo, que nos quieren obedientes, sumisas y calladas”. Ese capitalismo al que el feminismo para el 99% culpa de serel sistema que genera jefes, produce fronteras nacionales y fabrica los misiles que las defienden”. Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, las autoras del Manifiesto de un feminismo para el 99%, son tres de las organizadoras de la Huelga Internacional de Mujeres en Estados Unidos de 2018. Con su Manifiesto quieren explicar por qué las feministas deben elegir este camino de las huelgas, por qué deben unirse con otros movimientos anticapitalistas. “Solo de esta manera, conectando con los activistas antirracistas, con los ecologistas y con los activistas de los derechos de los trabajadores y de los emigrantes, puede el feminismo estar a la altura del desafío de nuestros tiempos. Al rechazar el feminismo del 1%, nuestro feminismo puede convertirse en un faro de esperanza para todos”.

Violencia de género

Pero contra cualquier forma de empoderamiento, ya sea «neoliberal» o «plebeyo», contra cualquier libertad o modo de emancipación; contra todo, la terrible violencia de género, también en multitud de formas, no solo los golpes físicos. Una de cada tres mujeres, dicen las investigaciones que manejan las autoras del Manifiesto de un feminismo para el 99%, ha sufrido algún tipo de violencia de género a lo largo de su vida. Muchos de los acosadores son compañeros cercanos, responsables del 38% de los asesinatos de mujeres, denuncian en el libro. “La violencia del compañero, que puede ser física, emocional, sexual o todas a la vez, se encuentra difundida por toda la sociedad capitalista, en cualquier nación, clase o grupo étnico-racial”.

El feminismo para el 99% señala directamente cómo la violencia de género la podemos encontrar en cualquier período del capitalismo. Este asigna el trabajo reproductivo a las mujeres y limita su capacidad de participar en el mundo del “trabajo productivo”. Como consecuencia, la mayoría de ellas acceden a trabajos sin futuro en los que ni siquiera cobran lo suficiente para poder mantener a su familia. Y este es solo el comienzo de un círculo vicioso altamente negativo para su desarrollo: un trabajo sin proyección y un sueldo bajo reducen las posibilidades de abandonar una relación no satisfactoria y restan autonomía. “El principal beneficiario de todo ese estado de cosas es el capital”, acusa este movimiento. ¿Cómo hacerle frente? “Las respuestas feministas convencionales a la violencia de género son comprensibles, pero inadecuadas. La respuesta más difundida consiste en reivindicar la criminalización y el castigo”. Este tipo de ‘feminismo carcelario’, como lo llaman, se basa en que las leyes, la policía y los tribunales tienen suficiente autonomía como para oponerse a la violencia de género, y esto, para el feminismo para el 99%, es un error. Y lo argumenta con palabras duras: “El sistema de justicia penal pone en su punto de mira de manera desproporcionada a hombres de color pobres y de clase trabajadora, incluidos los migrantes, mientras que deja a sus colegas profesionales de cuello blanco libres para violar y maltratar; también deja que las mujeres paguen los platos rotos: viajando largas distancias para visitar a sus hijos y esposos encarcelados, ocupándose solas de sus hogares y encargándose de las consecuencias legales y burocráticas del encarcelamiento”. Y da más razones: las campañas contra la trata de mujeres y contra la esclavitud sexual, dice, se utilizan en muchas ocasiones para deportar a mujeres migrantes, mientras que sus violadores y los hombres que se aprovechan de ellas siguen viviendo en libertad; las leyes que tipifican como delito la violación dentro del matrimonio y el acoso en el lugar de trabajo no ayudan a las mujeres que no tienen otro lugar al que ir. “En esas condiciones, ninguna feminista con una pizca de sensibilidad a la clase y a la raza puede dar su apoyo a una respuesta puramente policial a la violencia de género”, dice el Manifiesto.

«Contra lo que sostiene el feminismo liberal, el sexismo no puede ser derrotado por la dominación de la igualdad de oportunidades, ni tampoco, como propone el liberalismo ordinario, por la reforma legal (…) Lo realmente necesario es superar el obstinado nexo que el sistema establece entre producción y reproducción, su entrelazamiento entre ‘hacer beneficios’ y ‘hacer personas’, y su subordinación de lo segundo a lo primero».
Manifiesto de un feminismo para el 99%. Herder

En México, la discriminación por orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales es un fenómeno estructural. Son palabras de Alexandra Haas Paciuc, presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, en la presentación del Glosario de la diversidad sexual, de género y características sexuales sobre su país. “Lejos de limitarse a casos aislados o aleatorios, esta forma de exclusión se manifiesta en acciones repetidas y generalizadas que –sobre la base de estereotipos– restringen los derechos de las personas. Prácticamente todas las instituciones facilitan (o favorecen) las diferencias de trato injustificadas: desde las familias, donde se excluye a hijos e hijas que no se ajustan a las expectativas sociales, hasta escuelas, centros laborales o el Estado, cuyas políticas tienden incluso a ignorar la diversidad. Esto se ha reproducido a lo largo de la historia por generaciones (…) La discriminación impide, sin justificación alguna, que todas las personas accedan a los mismos derechos. Por una parte, contraviene normas y principios internacionales que forman el núcleo de la igualdad y la no discriminación; por otra, la discriminación niega la dignidad de las personas y ocasiona que grandes sectores sociales enfrenten amplias dificultades para lograr su potencial o poner su talento en práctica. Ante esto, el llamado a construir un México incluyente es esencial para crecer y desarrollarnos como país. La discriminación encuentra su raíz en los prejuicios”.

“El feminismo del 99 nació precisamente para establecer la idea del poder de la clase obrera», decía Tithi Bhattacharya, coautora del Manifiesto, en La izquierda Diario

La redistribución y la desigualdad

A final de 2018, la revista Contexto organizaba en Zaragoza (España) las primeras Jornadas Internacionales Feministas Ctxt y en ellas se debatía sobre la pregunta de cómo puede cambiar el feminismo el mundo. «El feminismo es el movimiento social más potente que hay ahora mismo, y es un fenómeno mundial», decía en la mesa Hacia un feminismo del 99% en ese encuentro Clara Serra, profesora de filósofa, presidenta de la Comisión de la Mujer en la Asamblea de Madrid (España), candidata a las primarias de Más Madrid para las próximas elecciones autonómicas y una de las autoras del libro de Ctxt Un feminismo del 99%. «Este movimiento es un muro de contención contra la ultraderecha. Hay una internacional reaccionaria y hay otro movimiento compuesto por mujeres que han salido a la calle contra Trump, contra Bolsonaro, en Europa… Esto de que en todos los países salgan las mujeres a manifestarse no es un conjunto de casualidades ni de coincidencias. Esto es porque el feminismo tiene ahora mismo la llave para ser un proyecto de confrontación frente a los proyectos más reaccionarios, peligrosos y monstruosos que hay en el mundo y tiene la llave para ofrecer una alternativa y un proyecto de futuro».

Clara Serra explicaba refiriéndose a palabras de Fraser qué ha pasado para que el neoliberalismo progresista –al que va asociado un feminismo–, habiendo sido hegemónico en el mundo durante mucho tiempo, haya dejado de convencer a muchas personas (y ponía el ejemplo de la candidatura de Hillary Clinton que veíamos anteriormente), por qué ha perdido su poder de persuasión (quién iba a imaginar que personas que antes votaban a Hillary Clinton votaron a Trump). El feminismo es al mismo tiempo una alternativa y un muro de contención frente a los proyectos racistas, xenófobos y homófobos, decía Serra. Por un lado, el feminismo tiene un fuerte compromiso con la defensa de los derechos civiles y las libertades, porque a la mujer siempre se le han arrebatado. El reconocimiento de las identidades, como las llama Nancy Fraser, catedrática de filosofía y política en la New School for Social Research de Nueva York, una de las intelectuales feministas más destacadas en el mundo hoy y coautora del Manifiesto de un feminismo para el 99%. Pero, por otro lado, no ha sabido darle a la población certezas y seguridades «porque ha arrasado con lo que Nancy Fraser llama la redistribución». El feminismo tiene que construir una alternativa a esos proyectos fracasados que están siendo sustituidos por los partidos más reaccionarios que se ocupe de solucionar la injusta distribución de los recursos y la desigualdad, que afecta en mayor medida a las mujeres: la última crisis ha sido una crisis que ha golpeado especialmente a las mujeres. Los recortes en la ley de dependencia, por ejemplo, han hecho que los cuidados recaigan en las mujeres; las pensiones más bajas las sufren las mujeres; el hecho de que la educación infantil sea inaccesible para muchas familias ha hecho que muchas mujeres dejen de trabajar para ocuparse de sus hijos pequeños…

«El tiempo de ver las cosas desde la barrera ya ha pasado y las feministas debemos tomar posición: ¿continuaremos persiguiendo la «dominación de la igualdad de oportunidades» mientras el planeta arde? ¿O reimaginaremos la justicia de género de una forma anticapitalista, una forma que lleve, más allá de la crisis actual, a una nueva sociedad?».
Manifiesto de un feminismo para el 99%. Herder

Bebiendo de las fuentes de Marx

El feminismo para el 99% encuentra inspiración en el Manifiesto comunista. ¿Qué toma de él y qué aporta hoy diferente en su lucha? le preguntamos a la filósofa Clara Ramas San Miguel. “Es llamativo que el Manifiesto comunista haya servido de inspiración para escritos y presentaciones de movimientos políticos del más diverso signo: ¡ni siquiera la alt-right se ha privado de presentar su manifiesto como copia del de Marx («un fantasma recorre el establishment…»)!”. La alt-right es la “derecha alternativa”, grupo de ultraderecha que apoya a Trump. “Esto nos habla de una cosa: su poder hegemónico –nos dice Clara Ramas–. Es decir, su capacidad para articular el terreno de conceptos políticos y de ser un universal deseado por todos los que proponen un proyecto concreto. Cuando incluso tu enemigo histórico, como es el caso de la derecha radical para el ‘comunismo’ o la ‘izquierda’, necesita partir de tu marco, es que has ganado una jugada muy importante. Es lo mismo que empieza a ocurrir con el feminismo: hasta los adversarios políticos saben que tienen que apropiárselo (recordemos el fracaso estrepitoso del PP y Ciudadanos cuando intentaron desmarcarse del 8M). Precisamente esto creo que es lo principal que el feminismo para el 99% toma de Marx: la aspiración a hablar no para una parte de la sociedad, sino para la mayoría. La diferencia no la veo tanto con Marx como con algunos de sus malos lectores, que estrecharon sus ideas hasta convertirlas en dogmas para solo los convencidos. Son esas interpretaciones dogmáticas las que están ‘pasadas de moda’, pero no el impulso transformador original. Del mismo modo, el feminismo del 99% presenta un proyecto que transforma la sociedad en su totalidad, también para las mujeres que aún no se consideran feministas, también para los hombres”.

Tithi Bhattacharya, coautora de Manifiesto de un feminismo para el 99%, es marxista y feminista, profesora de historia especializada en Asia del sur y directora de Estudios Globales en la Universidad de Purdue, en Indiana (Estados Unidos). “La idea de la clase obrera como sujeto revolucionario no es una posición muy habitual en el feminismo en general, e imagino que tampoco es generalizada en el feminismo del 99 %. ¿Qué significa la defensa de esa propuesta en el marco de los debates del feminismo en la actualidad?”, le preguntaba en septiembre de 2018 Paula Varela a Bhattacharya en una entrevista para la revista La izquierda Diario. Y ella respondía: “El feminismo del 99 (…) nació precisamente para establecer esta idea del poder de la clase obrera. Particularmente en Estados Unidos y el norte de Europa, pero también en vastas regiones del mundo (yo trabajo de forma muy cercana con el feminismo de India, de donde provengo), la idea de feminismo que se gestó durante el neoliberalismo fue la que construyó esta vaga figura del empowerment. Esa idea de ‘empoderamiento’ evita la pregunta de quién es la que se empodera y para qué fines; esas son las preguntas que el neoliberalismo silencia. El feminismo se volvió algo cercano a la idea de ‘empoderamiento’ de las mujeres, lo que, en términos reales, se transformó en la idea de éxito de un sector muy pequeño de las mujeres de todo el mundo: éxito como políticas, éxito como mujeres de negocios, etc. Cuando las mujeres escalan estas posiciones y tienen éxito, eso es considerado un éxito para el feminismo. Mientras que el verdadero problema es que, para la gran mayoría de las mujeres en todo el mundo, el neoliberalismo significó un empobrecimiento absoluto de las condiciones de vida y las condiciones de trabajo. Entonces, si el feminismo quiere convertirse en una amenaza para el sexismo y la violencia capitalistas (…), tiene que ser un feminismo anticapitalista. Esta forma de entender el feminismo está estrechamente ligada a la cuestión del poder de la clase obrera (…) Las mujeres, las minorías étnicas o, más aún, las personas trans, no son vistas como miembros de una clase, entonces somos comprendidas por nuestra opresión más que por nuestra pertenencia de clase”.

¿Qué puede aportar la filosofía a la lucha a favor de la igualdad? “La posibilidad de que el pensamiento no sea una propiedad masculina”, responde la filósofa Luciana Cadahia

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¿Qué puede aportar el mundo de la filosofía a esta lucha a favor de la igualdad y en contra de las desigualdades? “La posibilidad de que el pensamiento no sea una propiedad masculina”, nos responde la filósofa argentina Luciana Cadahia. La filosofía ha sido tradicionalmente machista porque la filosofía es un campo de la vida del ser humano y el ser humano lo ha sido. Pero siempre ha habido mujeres destacadas en el mundo del pensamiento. ¿Cuándo empezó a reivindicarse su espacio? “Considero que la filosofía es uno de los espacios más machistas que hay en el ámbito de la cultura –asegura Cadahia–. Hace poco, en Colombia, varias colegas hicimos bastante ruido a raíz de una plaza de filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. En ese departamento solamente hay una mujer y, tras el concurso, se esperaba la incorporación de otra. Sobre todo porque se presentaron compañeras con un nivel altísimo. No obstante, todas quedaron fuera y la plaza la obtuvo un hombre. Sin desconocer sus méritos, sabíamos que había mujeres cuya hoja de vida estaba en pie de igualdad con el ganador. Por eso protestamos públicamente y jamás nos imaginamos que nos encontraríamos con respuestas tan básicas o testoterónicas como las que recibimos. Yo misma pertenezco a una facultad donde solamente somos cinco mujeres en una planta de más de 20 profesores. En otras disciplinas, aunque resulta difícil encontrar paridad de género, las brechas no son tan grandes. Por otra parte, y yendo más allá de una posición laboral, aún resulta muy difícil visibilizar nuestro trabajo y que sea considerado en pie de igualdad. Es verdad que hay mucha más visibilidad que hace 40 años, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Ahora mismo, incluso, estamos preparando un libro de filósofas donde no necesariamente el tema sea hablar de nosotras mismas. Porque, justamente, ese es otro de los problemas. Si estás en un espacio de filosofía, o en tu mismo departamento, creen que por ser mujer tus orientaciones filosóficas estarán centradas en temas de género. Es decir, que solamente serás reconocida en público si hablas de cosas de género, pero es más difícil que te inviten a hablar de Hegel o Kant, por ejemplo. De ahí que este libro que estamos armando, elaborado con mucho sentido del humor, tenga la finalidad de mostrar que no solamente tenemos que hablar de nosotras mismas para hacer filosofía”.

Las 11 tesis del manifiesto

  1. Llega una nueva ola feminista que reinventa la huelga.
  2. Hay que superar el feminismo liberal.
  3. El feminismo para el 99% es anticapitalista.
  4. Vivimos una crisis de la sociedad en general, no solo económica.
  5. El capitalismo estableció nuevas formas de sexismo al separar la producción de seres humanos de la producción de beneficios, asignando la primera tarea a la mujer y subordinándola a la segunda.
  6. La violencia de género tiene muchas formas, no solo la física, y hay que combatirlas todas.
  7. Hay que liberar la sexualidad.
  8. El feminismo para el 99% es antirracista y antiimperialista.
  9. El feminismo para el 99% es ecologista: lucha por evitar la destrucción del planeta.
  10. El capitalismo es incompatible con la democracia real y con la paz.
  11. El feminismo para el 99% llama a todos los movimientos radicales a unirse contra el capitalismo.

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