Félix Schwartzmann: el pensador del «ser americano»

Ilustración a partir del retrato del filósofo Félix Schwartzmann de la página de la universidad de chile www.uchile.cl
Ilustración a partir del retrato del filósofo Félix Schwartzmann de la página de la universidad de chile www.uchile.cl

Maestro de generaciones, profesor durante décadas de la cátedra de Historia y Filosofía de las Ciencias en la Universidad de Chile, Félix Schwartzmann produjo una extensa bibliografía, altamente prestigiada y estudiada en todo el mundo. Pero además de su mérito académico, su obra es esencial para entender mejor qué significa «ser americano». Por eso siempre es recomendable volver a su figura y a su legado.  

Por Rogelio Rodríguez Muñoz

El filósofo chileno Félix Schwartzmann Turkenich (1913-2014) no fue jamás alumno regular de una universidad. Después de sus estudios secundarios se incorporó al Instituto Pedagógico, pero muy pronto decidió dejar los estudios y viajar por América. Para ello se hizo linotipista. Entre sus 20 y 30 años viajó por diversos países, experimentando en carne propia la condición de sus pueblos, contactándose con escritores y pensadores, absorbiendo con hondura las circunstancias latinoamericanas que le llevarían, más tarde, a plasmar por escrito y en términos filosóficos esta importante experiencia de vida. Al volver a Chile trabajó en imprentas y diarios durante varios años. Se casó y formó familia. Fue padre de cuatro hijos que lo acompañaron en sus vicisitudes hasta su incorporación en la Universidad de Chile.

«… deinde philosophari»

antropología filosófica, de Schwartzmann, en cervantesvirtual.com
El sentimiento de lo humano en América: ensayo de antropología filosófica, de Schwartzmann, en cervantesvirtual.com

Tras las valiosas experiencias vitales atesoradas, Schwartzmann se centró en su producción filosófica. Nunca las olvidó; le fueron de gran provecho. El primer tomo de El sentimiento de lo humano en América fue la tesis que le permitió obtener, de acuerdo con los reglamentos y estatutos entonces existentes, el título de profesor extraordinario de Sociología. Era el año 1949. Dos años después, el libro obtuvo el Premio Municipal de Ensayo. También en el año 1951 ganó por concurso la Cátedra de Historia y Filosofía de las Ciencias.

Diez años y un viaje a París –donde tomó contacto con maestros pensadores como Alexandre Koyré y Gastón Bachelard– le llevó escribir su Teoría de la expresión, obra merecedora del Premio Municipal de Filosofía «Andrés Bello» en el año 1969.

Antes de consagrarse a la producción filosófica, Schwartzmann viajó por diversos países, absorbiendo con hondura las circunstancias latinoamericanas que más tarde plasmaría en términos filosóficos

Fue director, por más de veinte años, de la Revista chilena de Filosofía. Redactó, asimismo, la Declaración de Principios de la Universidad de Chile en el proceso de reforma universitaria, a fines de los años 60. Fue elegido miembro del Consejo Superior Universitario entre 1968 y 1970. Presidió la Comisión Central de Investigaciones Científicas y llegó a ser asesor jefe de la Comisión Central de Publicaciones de la Universidad de Chile.

Original y profundo pensador de la cultura, de la convivencia social y de los modos de vida del ser americano, Schwartzmann ha llegado a ser el filósofo chileno más nombrado en los estudios internacionales sobre pensamiento latinoamericano. El último reconocimiento en su país fue distinguirlo como Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 1993.

Soledad y voluntad de vínculo

La obra El sentimiento de lo humano en América es una perspicaz y profunda reflexión sobre el ser americano. En la relación del hombre americano con su prójimo, Schwartzmann revela marcados contrastes: por una parte, percibe soledad, aislamiento, indiferencia, impotencia expresiva, impiedad psicológica, mediatización de los lazos afectivos, incapacidad de integración en el prójimo; por otra, habla de una voluntad de vínculo del hombre americano, de su lucha por advenir a sí mismo, de su entrega y compromiso, de su conciencia de la solidaridad, del anhelo del individuo por pertenecer a una comunidad.

En El sentimiento de lo humano en América se revelan marcados contrastes en la relación del americano con su prójimo: aislamiento frente a anhelo de comunidad, indiferencia frente a compromiso…

Somos un continente de contradicciones. La reflexión crítica de Schwartzmann es una invitación a abrirnos a un autoconocimiento lúcido y penetrante de nuestra manera de ser y existir.

Este tema de la autognosis fue siempre un estímulo y una preocupación para este pensador, quien en 1993 ensayó narrar la historia de la voluntad de conocerse en nuestra entera cultura: el resultado es su libro Autoconocimiento en Occidente, descripción de las formas de autognosis en distintos periodos de la historia y sus interacciones con los modos de vida social, desde Píndaro y Heráclito hasta las investigaciones sobre inteligencia artificial en nuestra época y las actuales concepciones de la conciencia.

Inventar el futuro

Schwartzmann manifestó siempre que era deber de los hombres inventar su futuro y no padecer un destino impuesto contra su voluntad. Sin embargo, desde temprano percibió que un economicismo extremo comenzaba a roer los cimientos de la sociedad americana, atentando contra su modo de ser. Un nivel artificial de aspiración a bienes de consumo –confundiendo el consumismo con el desarrollo– llevaba, a su juicio, a la «impotencia del hombre actual», en que los ciudadanos ya no seríamos libres para decidir nada, sino que serían los «nucleócratas», los «tecnócratas» quienes decidieran.

Entre las intuiciones certeras de Schwartzmann respecto del futuro, el ansia de bienes y la confusión de consumismo con desarrollo que llevaría a una sociedad de personas incapaces ya de decidir

En varios de sus escritos alertó también sobre los riesgos nucleares, las amenazas genéticas, el avance exacerbado del nacionalismo. Y también sobre la errónea creencia de que los problemas sociales solo pueden arreglarse desde la economía. Fiel a la vocación humanista manifestada en las páginas esclarecedoras de sus obras, Félix Schwartzmann abogó permanentemente por enfrentar con lucidez los signos de la época y buscar soluciones a las crisis desde lo humano.

Este apasionado amante de la sabiduría –ganador indiscutible del derecho a ubicarse entre los clásicos de la filosofía hispanoamericana– dejó sus ideas como valioso legado para la reflexión y la investigación del mañana. Su larga vida –cuando murió en febrero de 2014 tenía más de 100 años– y su vasta obra habían hecho de Félix Schwartzmann Turkenich uno de los más grandes filósofos chilenos. Su partida permitió apreciar una vida fecunda cerrada bajo el sello de la tarea plenamente cumplida.

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