Podría parecer que el avance de la técnica y el triunfo de la ciencia hace inútil todo debate sobre la existencia de Dios, pero nada más lejos de la realidad. A pesar de que ahora conocemos el mundo con mayor exactitud, la gran pregunta acerca del sentido de la vida sigue sin resolverse. Dentro de esta pregunta, Dios es una respuesta común. Baste recordar lo dicho por Maimónides, médico, rabino y teólogo judío de origen cordobés, en su célebre Guía de perplejos:
«Una vez comprendidas las materias de la física, ya has penetrado en la mansión y te paseas por el vestíbulo; finalmente, después de haber terminado las Ciencias Físicas y estudiado Metafísica, has comparecido ante el soberano (…) Este último grado es el de los auténticos sabios. Pero aquí también se dan categorías de perfección: aquellos que ocupen su pensamiento solamente en Dios, esos se encuentran en la sede del soberano».
En este artículo, queremos recorrer el debate sobre la existencia de Dios. Para ello, recuperaremos los principales argumentos a favor de su existencia y los principales en contra. Por mucho que la creencia en Dios sea finalmente una cuestión de fe, el debate sobre su existencia y sus consecuencias es filosófico.
Argumentos sobre la existencia de Dios
Uno de los argumentos más antiguos a favor de la existencia de Dios es el que dio Aristóteles. Para Aristóteles, todo lo que es movido es movido por algo (el balón se mueve porque alguien lo golpea). El movimiento de un cuerpo, por tanto, siempre es dado por otro cuerpo anterior que le confiere dicho movimiento. Visto así, el universo entero es una cadena de acción/reacción, de cuerpos que se traspasan el movimiento unos a otros.














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