Los estoicos defienden que, para vivir virtuosamente, los seres humanos han de mantenerse unidos a su racionalidad y alejarse de las pasiones y las emociones. Ilustración: ©Ana Yael.
Los estoicos defienden que, para vivir virtuosamente, los seres humanos han de mantenerse unidos a su racionalidad y alejarse de las pasiones y las emociones. Ilustración: ©Ana Yael.

Entre los distintos modelos éticos, uno de los primeros en establecerse como piedra angular de la ética fue la búsqueda de la virtud. Han sido muchos los filósofos que le han dado a esta un papel principal a nivel ético −y muchos más aún los que la han colocado como pieza indispensable−, pero sin duda alguna fue Aristóteles quien mejor ejemplificó esta visión.

"Ética a Nicómaco", de Aristóteles
«Ética a Nicómaco», de Aristóteles. Pertenece a la colección Clásicos de Grecia y Roma de Alianza editorial.

«Si la ética no tuviera ninguna relación con la felicidad, no sé para qué la íbamos a querer», ha dicho el filósofo español Fernando Savater. Y explica las dos opiniones esenciales que hay sobre esa relación: para Spinoza, la felicidad no es el objetivo de la ética, sino la ética misma, y para Kant, por medio de la ética nos hacemos merecedores de la felicidad. La ética como fin o medio para alcanzar la felicidad.

Aristóteles, en sus grandes obras Ética a Nicómaco y Ética a Eudemo, determina que el fin de toda vida humana no es otro que la felicidad, porque sólo ella es deseada por sí misma. La virtud sería el camino para alcanzar dicha felicidad, pues de su aplicación todo es beneficioso.

Sin embargo –se preguntó el filósofo–, ¿en qué consiste la virtud? “Es la dorada mediocridad”, se responde Aristóteles. El justo medio entre dos extremos, como la valentía, que es el equilibrio entre la cobardía y la temeridad; o la frugalidad, entre la pobreza y el derroche. Para Aristóteles, las virtudes son ejercitadas y alcanzadas mediante la práctica continuada, y a las que hemos de aspirar son estas cinco: la fortaleza, la templanza y la justicia (virtudes éticas, de la parte irracional del alma), por un lado, y la sabiduría y la prudencia (virtudes dianoéticas, de la mente), por otro. A esta última le concede Aristóteles un gran valor, pues es la que nos indica el justo medio, un recurso casi invencible para poder reconocer y saber alcanzar las demás.

Para Aristóteles el fin de toda vida es la felicidad. La virtud sería la herramienta para conseguirla

No fue de todas formas el único filósofo que dio un papel fundamental a la virtud, también lo hicieron antes que él Sócrates y Platón, si bien la otra gran escuela que más hincapié hizo en la misma fue la stoa (Zenón, Epicteto, Séneca, etc). Los estoicos entienden la virtud como el bien supremo, interpretándola como el vivir de acuerdo a la naturaleza humana, esto es, la razón. De ese modo, los estoicos defenderán que los seres humanos, para vivir virtuosamente, han de abrazar completamente su racionalidad y alejarse de las pasiones y las emociones, desarrollando al máximo posible su autocontrol.

!!–privado–!!

Disfrutemos, que son dos días

Otro de los grandes baluartes que ha tenido la ética es el placer. La ética hedonista entiende que la felicidad viene de una vida con mucho placer y poco –o, mejor,  ningún– dolor. También hay numerosas diferencias en cuanto a este enfoque. Aristipo de Cirene apostaba por un hedonismo basado en el placer corporal. Para él, aquello que es placentero es bueno, y aquello que no, malo. Aun así, avisaba del riesgo que supone dejarse dominar por el placer, pues si este nos posee, su pérdida nos perturbará, de modo que nos hará infelices. Hemos de disfrutar de él, pero sin depender de él.

Filosofía & co. - 9788415217558
«Filosofía para la felicidad», de Epicuro (y otros autores), publicado por Errata Naturae.

El gran referente de la ética basada en el placer fue sin duda Epicuro, quien enseñaba en su escuela de El Jardín que el placer es la base de nuestra felicidad, pues es un fin que no se busca más que por sí mismo. Sin embargo, él antepone los placeres espirituales (la amistad, la serenidad, etc.) a los corporales, pues mientras que los primeros pueden estar bajo nuestro control, no ocurre así con los segundos. Epicuro antepone una vida tranquila sin dolor a una vida placentera con él. De este modo, y pese a que ambas doctrinas tuvieron disputas durante siglos, los estoicos y los epicureístas acabaron teniendo una actitud práctica similar: los dos buscaban una ética que perseguía la felicidad con lo mínimo y los dos hicieron del ascetismo y el refrendo de los deseos la piedra de toque sobre la que construir sus respectivas éticas.

Cuantos más, mejor

Los intereses de la ética no se han quedado sólo en el aspecto individual. También se buscó establecer un marco de referencia a nivel colectivo, para toda la sociedad. Uno de estos ejemplos es el que propone la filosofía utilitarista. El utilitarismo establece un tipo de ética teleológica, que se fijó una meta muy clara: buscar el mayor bien para el mayor número de personas. Su fundador fue Jeremy Bentham (Londres, 1748) y propuso una meta vital muy sencilla: buscar el máximo placer y huir de todo dolor. La ética es, para Bentham, el cálculo que nos permite atisbar cuánto placer o dolor se desprenderán de una determinada acción.

El utilitarismo establece buscar el mayor bien para el mayor número de personas

Para los utilitaristas hay siete criterios que tener en cuenta a la hora de medir nuestras acciones: intensidad del placer, duración, certeza, cercanía, fecundidad (posibilidad de que esa acción genere más placer), pureza (mirar que ese placer no venga acompañado de dolor en el futuro) y extensión. Este último aspecto es de gran relevancia, pues en caso de encontrarnos en la disyuntiva de optar por un placer para nosotros mismos o un placer para varias personas, hemos de optar por esta última opción, pues aun provocándonos dolor, beneficia a más gente. A nivel estatal, diríamos que los legisladores han de realizar un proceso similar, estimando en cada caso si sus leyes van a aportar más placer o dolor al conjunto de la sociedad a la que van dirigidas

Del egoísmo a la cooperación: de mi felicidad a la de todos

El clásico de Adela Cortina:
El clásico de Adela Cortina: «Para qué sirve realmente la ética», editado por Paidós.

En su libro ¿Para qué sirve realmente la ética?, la filósofa Adela Cortina nos habla sobre el paso del “egoísmo estúpido” a la “cooperación inteligente”. Toda una declaración de intenciones y principios la elección de los adjetivos. La filósofa deja claro que la cooperación es uno de los fundamentos básicos para el buen funcionamiento de la vida social. “Nos hemos acostumbrado a creer que actuar racionalmente significa tratar de maximizar el beneficio sin más, a cualquier precio”, dice. Y habla de la reciprocidad como la base de la cooperación. “Cuando hacemos algo esperamos retorno (…) Se trata de crear “pactos de ayuda mutua con aquellos que nos son necesarios para sobrevivir y prosperar”. Estos acuerdos llevan consigo el compromiso personal y convencido de cumplir las normas éticas que establece la comunidad. La ética nos sirve “para recordar que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual”.

Stuart Mill matizó el utilitarismo originario y radical de Jeremy Bentham: el mayor bien para la mayoría con respeto a las minorías y al individuo.
Stuart Mill matizó el utilitarismo originario y radical de Jeremy Bentham: el mayor bien para la mayoría con respeto a las minorías y al individuo.

Si bien fue Bentham el fundador de esta corriente filosófica, la gran estrella del utilitarismo fue John Stuart Mill, y lo fue, precisamente, por ponerle freno. La visión utilitarista, pese a que suena muy bien de primeras, tiene el gravísimo problema de que casi cualquier acción puede ser considerada como válida si se arguye que es para lograr la felicidad de la mayoría. ¿Matar a uno para salvar a varios? ¿Sacrificar a una persona para que sus órganos curen a una decena? ¿Cometer un genocidio para salvaguardar una nación?

Mill entendía que era lógico y acertado buscar una ética que buscara a su vez la felicidad para el mayor número de personas, pero también era consciente de que esa visión fácilmente desembocaría en que la mayoría terminara aplastando a la minoría (o al individuo, la minoría más pequeña que existe). De ahí que estableció un límite: la libertad individual. Es decir, el propio bien del mayor número de personas no es razón suficiente para vulnerar los derechos de un individuo siquiera. El único supuesto en que pueden ser doblegados los derechos individuales por la fuerza es cuando dicho individuo/minoría ha atacado/robado/perjudicado a otro/otros. Así lo explicaba el propio Mill, en una de sus obras más conocidas, Sobre la libertad: “La libertad del individuo acaba donde comienza la libertad de los demás”.

La ética de la empresa, el deporte, el periodismo…

Aparte de la idea general de ética que podamos tener, existen muchas éticas, tantas como contextos a la que la ética se pueda aplicar. De ahí el interés que despierta una colección de libros: Éticas aplicadas, de la editorial Herder, que se centra en estos aspectos particulares donde la ética puede tener un papel vinculante.
Éticas aplicadas es una colección que se aleja de la abstracción, buscando en su lugar encontrar respuestas respecto a la aplicación de la ética en determinados entornos sociales que, por su peso en nuestro mundo, son susceptibles de mejorar gracias a una correcta visualización de qué acciones serían buenas y cuáles malas.
Obviamente, la colección podría describir innumerables aplicaciones de la ética. Debido a esto, se centra en unos cuantos aspectos –aunque es probable que su número vaya aumentando con el tiempo, sin duda–, concretamente en aquellas aplicaciones que tienen una mayor importancia para la humanidad, por su poder e influencia. Estos son los campos más relevantes sobre los que pone la lupa.

"Ética de la empresa", de Carlos María Moreno, en la colección Éticas aplicadas de Herder editorial.
«Ética de la empresa», de Carlos Mª Moreno, en la colección «Éticas aplicadas» de la editorial Herder.

Ética de la empresa
Esta obra, de Carlos María Moreno Pérez, se centra en la influencia de la ética dentro del ámbito empresarial. La ética, como tal, tiene que ver con las personas –cómo han de actuar para vivir bien–, pero puesto que las personas forman parte de las empresas y las empresas forman parte de nuestra vida, la influencia de la ética puede hacer que ciertos valores de la cultura las impregnen. Ya que las empresas son parte de la sociedad y la ética repercute en ellas, la aplicación de una en la otra puede ser beneficiosa para ambas. En esta obra encontramos tanto preguntas para reflexionar como ideas que motiven a la acción, al abordar diferentes ámbitos como los valores que han de regir la empresa: la corrupción de esos valores, la reputación o el futuro de los negocios, etc. También incluye algunas nociones generales sobre el concepto de la ética general, antes de poner la lupa en su uso para el ámbito empresarial.

 

"Ética de los medios de comunicación", de María Javiera Aguirre Romero. En la colección de Éticas aplicadas de Herder.
«Ética de los medios de comunicación», de María Javiera Aguirre Romero. En la colección «Éticas aplicadas» de la editorial Herder.

Ética de los medios de comunicación
Otro de los campos que más importancia tiene es el de los medios de comunicación –el llamado “cuarto poder”–, a través de los cuales conocemos la actualidad de nuestra época. Cumplen varias funciones –desde el mero entretenimiento a la información, el análisis, el debate…–, pero en esta obra, María Javiera Aguirre hace hincapié en su labor democratizadora: los medios como herramienta para informar a la opinión pública. Para informar bien, se entiende. En este sentido es donde la ética juega un papel fundamental, pues varios ejemplos ha dado la historia del peligro –y el poder– que pueden alcanzar los medios al ser aplicados bajo códigos morales cuestionables si no reprobables. Este libro indaga en cómo un determinado marco ético puede afectar, y en qué medida, a la profesión, pues, si bien es cierto que la función principal de los medios es informar al público, no lo es menos el hecho de que, además, han de vivir en el mundo, como cualquier persona, lo que significa que han de lidiar con sus propios problemas y necesidades, todo ello conservando un equilibrio.

 

"Ética de los servicios sociales", de Begoña Román Maestre, en la colección Éticas aplicadas de Herder editorial.
«Ética de los servicios sociales», de Begoña Román, en la colección «Éticas aplicadas» de Herder.

Ética de los servicios sociales
Begoña Román Maestre, la autora, intenta en este libro que el lector tenga un conocimiento mejor y más amplio de la labor que desempeñan los servicios sociales en la actualidad, en nuestro siglo. Y para hacerlo parte de tres preguntas fundamentales: por un lado, ¿qué es la ética?; por otro, ¿a quiénes van dirigidos estos servicios y por qué?; y ¿cuáles son los principios que han de guiar nuestra toma de decisiones y qué virtudes han de requerir los servicios sociales? Una ética en los servicios sociales es sumamente importante y por ello ha de descansar en unos principios rectores sólidos, no solo ampliamente conocidos, sino también practicados. El libro propone en este sentido varias ideas acerca de principios y valores que pueden ser útiles, así como las virtudes intrínsecas que esta ética debe desarrollar y con los que impregnar dichos servicios.

 

"Ética del deporte", de Guillem Turró, en la colección "Éticas aplicadas" de la editorial Herder.
«Ética del deporte», de Guillem Turró, en la colección «Éticas aplicadas» de Herder.

Ética del deporte
El deporte es un signo de nuestro tiempo –o más bien de todos los tiempos– que influye en buena parte de nuestra vida. De ahí que sea interesante pensar en cómo el mismo invade nuestra existencia para hacer una crítica y extraer posteriormente una serie de conclusiones éticas. Examinar el deporte nos permite ver sus luces y sus sombras y apreciar la diferencia –si la hubiera– entre lo que es hoy día el deporte y lo que podría llegar a ser. Analizándolo desde una perspectiva moral, podemos identificar sus problemas y sus potencialidades. La praxis deportiva aporta unos enormes beneficios, ya sean físicos, mentales o sociales, pues gracias a él nos enriqueceremos como personas. El deporte puede hacer que ganemos valores morales y nos permite avanzar en nuestro camino vital. Ética del deporte, de Guillem Turró Ortega, explora la dimensión moral del deporte y reivindica su grandeza.

Sigue leyendo… ¿Qué es la ética y por qué la necesitamos? (Parte 1)

Sigue leyendo… ¿Qué dicen sobre la ética los grandes expertos? (Parte 3)

Sigue leyendo… Luis María Cifuentes: «La educación ética es esencial en una sociedad» (Parte 4)

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