«La ética del cuidado es una responsabilidad de todos, hombres y mujeres, porque se trata de un interés humano. La Covid-19 ha traído muchos cambios, pero aún no lo ha desfeminizado», nos dice Ester Busquets, doctora en Filosofía y diplomada en Enfermería, coordinadora de formación e investigación de la Cátedra de Bioética Fundación Grífols-Uvic-UCC (Barcelona).
«La ética del cuidado es una responsabilidad de todos, hombres y mujeres, porque se trata de un interés humano. La Covid-19 ha traído muchos cambios, pero aún no lo ha desfeminizado», nos dice Ester Busquets, doctora en Filosofía y diplomada en Enfermería, coordinadora de formación e investigación de la Cátedra de Bioética Fundación Grífols-Uvic-UCC (Barcelona).

Ester Busquets es autora del libro Ética del cuidado en ciencias de la salud. Lo escribió antes de la crisis sanitaria y su público era, en principio, el de los profesionales de este ámbito. Pero las circunstancias lo han hecho no solo de máximo interés, sino también de interés generalizado, pues como escribe Busquets, «somos lo que somos gracias a que otros nos han cuidado y nos cuidan».

Por Pilar G. Rodríguez

La crisis sanitaria nos ha traído nuevas palabras —para empezar, el nombre del virus o la enfermedad—, pero también ha descubierto otras de toda la vida que estaban ocultas, ocultadas o que, sencillamente se usaban para otros fines, porque ¿cuántas veces no se habrá empleado «vulnerable» como sinónimo pulcro de pobre? Y ahora, sin embargo, frente al poder letal del nuevo virus, tímidos y a media altura, desplegamos la pancarta donde se lee: «Vulnerables somos todos». Lo éramos, lo somos y lo seguiremos siendo. Otra cosa es si lo seguiremos recordando.

Ética del cuidado en ciencias de la salud, de Ester Busquets (Herder).
Ética del cuidado en ciencias de la salud, de Ester Busquets (Herder).

Quienes lo sabían, lo saben y quizá deban recordárnoslo son aquellos que han hecho del cuidado su profesión. Han puesto el cuerpo, pero algunos también han puesto la mente y el tiempo al servicio del cuidar y de la reflexión sobre su significado. Personas como Ester Busquets Alibés, que es doctora en Filosofía y diplomada en Enfermería. Esta investigadora y experta en ética del cuidado ha escrito un libro, con prólogo de Victoria Camps y publicado por Herder, dedicado a su especialidad y destinado, en principio, a profesionales. Las circunstancias lo han hecho de interés general. O quizá las circunstancian lo que han favorecido es que descubramos la Ética del cuidado en ciencias de la salud como una obra de interés general, pues, como afirma la autora al comienzo de la obra, «somos lo que somos gracias a que otros nos han cuidado y nos cuidan; somos responsables de devolver el cuidado recibido a nuestro alrededor». En este proceso nos involucra a todos. Ese compromiso, también.

Ahora la vulnerabilidad vuelve a ser objeto de reflexión filosófica y de titulares en los medios, obviamente. La pregunta es: ¿por qué no lo era antes? ¿Estaba oculta u ocultada?
Yo diría que es más objeto de titulares que de reflexión filosófica. La sociedad contemporánea intenta alejarse lo más posible de la conciencia de vulnerabilidad. Pascal ya recordaba en el siglo XVII que «los hombres [y las mujeres], al no haber podido remediar la muerte, la miseria, la ignorancia, se han dado cuenta que para ser felices, no hay que pensar en ello». Esto ayuda a comprender que mucha gente, cuando los medios insisten tanto en la vulnerabilidad humana, especialmente con el recuento diario de muertos por coronavirus, sienten la necesidad de desconectar y no pensar en ello.

La reflexión filosófica siempre ha tenido en cuenta que la vulnerabilidad es una característica inherente a la condición humana, de la cual no podemos librarnos por más que lo deseemos. «El yo, de pies a cabeza, hasta la médula de los huesos, es vulnerabilidad» decía Lévinas. Pero esto se olvida fácilmente ante el optimismo que genera la cultura tecnológica. Con lo cual me temo que la conciencia sobre la vulnerabilidad se alejará nuevamente de nuestra sociedad a medida que la pandemia retroceda.

«La sociedad contemporánea intenta alejarse lo más posible de la conciencia de vulnerabilidad»

¿Cree que ha servido para algo? ¿Aprenderemos algo?
Toda experiencia sirve para algo, aunque muchas veces ignoremos para qué. Ante la incertidumbre del presente debemos darnos tiempo para preparar el futuro, pero se hace difícil saber hacía dónde nos llevará esa pandemia y qué  aprenderemos de ella tanto a nivel personal como colectivo. Hay voces que vaticinan que nada será como antes, y otras que opinan que todo será como antes, aunque sea un poco peor. Seguramente habrá aprendizajes muy desiguales. Pero a mí me gustaría que esta experiencia de responsabilidad que tenemos hacia la vida de los demás, de la cual hemos tomado más conciencia estos días, continuáramos viviéndola, o al menos teniéndola presente, igualmente cuando disminuya el miedo y la tensión sanitaria y social. Se trata de un deseo sobre el cual no proyecto demasiadas ilusiones. Las personas son muy olvidadizas, sobre todo cuando la vida vuelve a sonreír.

Ester Busquets: ética del cuidado

Doctora en Filosofía y diplomada en Enfermería, Busquets Alibés es profesora en la Facultad de Ciencias de la Salud y el Bienestar de la Universidad de Vic-Universidad Central de Cataluña. Actualmente es coordinadora de formación e investigación de la Cátedra de Bioética Fundación Grífols-Uvic-UCC y vocal de la Comisión Deontológica del Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Barcelona.

Asimismo, forma parte de distintos comités de ética, tanto del ámbito asistencial como de investigación. Su especialidad es la ética del cuidado y todo tipo de cuestiones relacionadas con la bioética.

¿En qué lugar deja esta crisis, esta avalancha de muertes, a los transhumanistas?
El transhumanismo pretende domesticar la vida mediante el poder tecnológico para evitar el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y hasta la condición mortal. Pero con la Covid-19 hemos descubierto que somos más vulnerables y más mortales que nunca, y que el gran poder tecnológico del siglo XXI no siempre puede curar ni salvar vidas. El ser humano es y será siempre en su naturaleza un ser vulnerable, y pienso que es más sensato aprender a convivir con la fragilidad que intentar trascender los límites actuales de la naturaleza humana para alcanzar un estadio diferente y superior (transhumanismo). Sin embargo, dado que el ser humano necesita relatos que le abran horizontes de  esperanza, podría ser que en la sociedad postcovid, el transhumanismo se convirtiera en una propuesta mucho más seductora y mucho más amplia socialmente de lo que es ahora. Ante la precariedad y la dependencia humana, el transhumanismo sueña con la invulnerabilidad. Esa invulnerabilidad que nos hace autosuficientes para poder prescindir del cuidado.

«El ser humano es y será en su naturaleza un ser vulnerable. Es más sensato aprender a convivir con la fragilidad que intentar trascender los límites de la naturaleza humana. Pero necesita relatos que le abran horizontes de esperanza; en la sociedad postcovid, el transhumanismo podría convertirse en una propuesta mucho más amplia socialmente»

Después del trauma por la crisis sanitaria, ¿dejaremos final y formalmente atrás eso de que la ética del cuidado y la responsabilidad es más cercana a las mujeres?
Creo que la crisis sanitaria ha situado el cuidado en un terreno privilegiado de la vida social, pero no se observa un cambio significativo en la cuestión de género. El cuidado sigue en manos de las mujeres por esa construcción social de género que arrastramos históricamente. La ética del cuidado es una responsabilidad de todos, hombres y mujeres, porque se trata de un interés humano. La Covid-19 ha traído muchos cambios, pero aún no lo ha desfeminizado.

En ninguna otra materia es tan grande la brecha entre teoría y práctica. ¿Ni tan inmoral, se podría decir? Porque ¿se puede explicar, teorizar sobre los cuidados sin haber cuidado?
Aristóteles, en la célebre Ética a Nicómaco, ya señala con acierto que la dirección de la auténtica educación moral no consiste en una educación teórica sobre el bien (valores), sino en la adquisición de hábitos buenos (virtudes). Lo importante no es saber qué es el bien, sino obrar bien. La teorización de la ética del cuidado adquiere sentido en la medida que orienta la vida práctica. Y se puede teorizar sobre los cuidados sin haber cuidado, lo que pasa es que a esa teorización le faltará el complemento de la experiencia. Creo que se teoriza de otra manera cuando no hay la experiencia práctica.

Aplicando la ética: a la virtud por el cuidado

Editado por Herder, Ética del cuidado en ciencias de la salud forma parte de la colección que esta editorial dedica a las éticas aplicadas. La dirige el doctor en Filosofía y Teología Francesc Torralba, quien, en citas como esta, que recoge el libro de Busquets, muestra la insuficiencia del principialismo y la necesidad de recurrir a la ética de las virtudes:

«Para cuidar a un ser humano vulnerable no basta con los principios morales de beneficencia, no-maleficencia, autonomía y justicia, la tetraología básica de la ética biomédica, sino que se requiere una disposición, una actitud, un temple anímico que debe perdurar en el tiempo (…). La ética del cuidar, desde nuestro punto de vista, no debe erigirse a imagen y semejanza de la bioética norteamericana de corte principialista, sino que debe partir de la ética de las virtudes (…). La tarea de cuidar requiere el cultivo de virtudes y solo desde la vivencia de dichas virtudes es posible cuidar adecuadamente». De Ética del cuidar. Fundamentos, contextos y problemas (Madrid, Fundación Mapfre Medicina; Barcelona, Institut Borja de Bioètica).

¿Qué nos enseña la ética del cuidado sobre las grandes cuestiones de la filosofía: cómo vivir y cómo morir?
El cuidado es una forma de situarse ante estas dos realidades. La sabiduría del cuidado es haber descubierto que sin cuidado no hay vida, o al menos vida de calidad, ni hay muerte de calidad. El cuidado permite vivir en el mundo —y también salir de él— de la mejor manera posible. Es una lástima que en tiempos de bonanza olvidemos el valor central del cuidado y que necesitemos la tempestad de la enfermedad y la muerte para revalorizarlo.

«La crisis sanitaria ha situado el cuidado en un terreno privilegiado de la vida social, pero no se observa un cambio significativo en la cuestión de género. El cuidado sigue en manos de las mujeres por esa construcción social de género que arrastramos históricamente»

El ejemplo de Gerasim

En el libro Ética del cuidado en ciencias de la salud tiene mucha importancia el relato de Tolstói La muerte de Iván Ilich. Busquets recurre al moralista ruso para descubrir en esa pequeña novela, y concretamente en uno de sus personajes, Gerasim, un modelo de referencia que ilustra a la perfección el paradigma del cuidado interpersonal. En él confluyen numerosas virtudes capaces de construir un modelo de ética del cuidado. En concreto, Busquets localiza diez: disponibilidad, veracidad, competencia, confianza, paciencia, comprensión, afabilidad, consuelo, alegría y cuidado de sí. Todas ellas están presentes y van apareciendo a lo largo de la novela, pero en concreto, la autora reproduce un párrafo que las concentra. Estas son algunas de sus frases y las virtudes que comportan:

Disponibilidad, cuidado de sí, alegría
Gerasim, el ayudante del mayordomo, era el que siempre venía a llevarse los excrementos. Gerasim era un campesino joven, limpio y lozano, siempre alegre y espabilado (…).

Afabilidad, disponibilidad
(…) con gesto rápido volvió hacia el enfermo su cara fresca, bondadosa, sencilla y joven, en la que empezaba a despuntar un atisbo de barba.
—¿Qué desea el señor?

Competencia
Gerasim fue a su amo, le agarró a la vez con fuerza y destreza —lo mismo que cuando andaba— le alzó hábil y suavemente con un brazo y con el otro (…).

Paciencia
—Otra cosa. Acerca, por favor, esa silla. No, la otra, y pónmela debajo de los pies. Me siento mejor cuando tengo los pies levantados.

Disponibilidad, confianza
A partir de entonces Iván Ilich llamaba de vez en cuando a Gerasim, le ponía las piernas sobre los hombros y gustaba de hablar con él.

Comprensión, consuelo
(…) nadie  quería siquiera hacerse cargo de su situación. Únicamente Gerasim se hacía cargo de ella y lo trataba con cariño; y por eso Ivan Ilich se sentía a gusto solo con él.

Veracidad, comprensión
Gerasim era el único que no mentía, y en todo lo que hacía mostraba que comprendía cómo iban las cosas y que no era necesario ocultarlas sino sencillamente compadecer.

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