El feminismo de Rosalía de Castro

La escritora gallega Rosalía de Castro nació en Santiago de Compostela (A Coruña) el 24 de febrero de 1837 y murió en Padrón (A Coruña) el 15 de julio de 1885.
La escritora gallega Rosalía de Castro nació en Santiago de Compostela (A Coruña) el 24 de febrero de 1837 y murió en Padrón (A Coruña) el 15 de julio de 1885. Dibujo póstumo de Rosalía de Castro realizado por Antonio Portela Paradela en 1902. Imagen de dominio público distribuida por Wikimedia Commons.

La escritora y pensadora María Xosé Queizán (Vigo, 1939), directora de la revista Festa da palabra silenciada (elaborada por FIGA –Feministas Independentes Galegas–), publica en Xerais un conciso, original y reivindicativo ensayo en el que pone de relieve la vertiente feminista de la obra y el pensamiento de Rosalía de Castro, quizá –con permiso de Cela, Valle-Inclán, Pondán o Castelao– la figura literaria gallega más universal. El libro, escrito en el idioma que Rosalía tanto defendió y empleó en sus escritos, el gallego, presenta un significativo y elocuente título: Rosalía de Castro e o poder sexual (en adelante, se traducen al español las citas reproducidas del libro de Queizán).

"Rosalía de Castro e o poder sexual", de María Xosé Queizán, publicado por Xerais.
“Rosalía de Castro e o poder sexual”, de María Xosé Queizán, publicado por Xerais.

A juicio de la autora, uno de los conceptos clave en la obra tanto poética como narrativa de Rosalía es el de la seducción, “entendiendo esta como el poder sexual que los hombres ejercen sobre las mujeres”. Queizán sostiene como tesis principal que Rosalía fue la primera escritora gallega del siglo XIX cuyo leitmotiv fue la sexualidad y el poder patriarcal: “Fue pionera, con originalidad y con audacia, en un tema vigente y de actualidad, causante de un holocausto que no cesa”, asegura Queizán en contundente y certera expresión. Un “holocausto” tan gravoso como peligrosamente silente que esconde cientos de muertes que la violencia machista se cobra cada año en España: “Las víctimas tienen derecho a un minuto de silencio de las autoridades, delante de los edificios de los ayuntamientos correspondientes donde se produjeron los crímenes. […] Las feministas condenan los abusos y los crímenes año tras año”, apunta Queizán, mientras que la sociedad, parece, sólo “lamenta” esa lacra.

Las novelas rosalianas cuentan con numerosas protagonistas femeninas que, incluso tras haber sufrido abusos o malos tratos, siguen cerca de los hombres que perpetran tales hechos: “Una mujer que padece los efectos del abuso del patriarcado, tanto en el aspecto político como emocional”. Escribe Queizán que la obra de Rosalía “es feminista avant la lettre, y no puede entenderse de no ser leída bajo estos parámetros”. No debe despistarnos la dulzura y modestia del carácter natural de Rosalía: su osadía como escritora en los temas elegidos, siempre tratados con hondura (si bien literaria), la sitúan como una de las poetas y narradoras de la historia más concienciada con los abusos que la mujer de su tiempo (y de todo tiempo) sufría (y ha sufrido).

Venid ahora vosotras, esclavas mías, hermosas hijas del libre pensamiento, que lucháis por romper unas cadenas que sólo desata la muerte; valientes amazonas que no vaciláis en medir vuestras fuerzas con el gigante invisible que os vence… (El caballero de las botas azules).

Uno de los textos más claros a este respecto es el prólogo de La hija del mar, novela en la que Rosalía lleva a cabo una tenaz y valiente reivindicación de la condición femenina, siendo ella la primera en considerarse víctima, al haber sido maltratada no pocas veces por haber elegido como oficio la escritura. También por su marido, quien envidió su capacidad y su progresivo éxito. En dicho prólogo, Rosalía se muestra tan mordaz como irónica, y en él explica que, una vez que se ha admitido que la mujer también posee alma, quizá se necesiten otros tantos años para reconocer que el sexo femenino está suficientemente dotado para escribir libros, pues “todavía no les es permitido a las mujeres escribir lo que sienten y lo que saben”.

Posible me sería añadir que mujeres como Madame Roland, cuyo genio fomentó y dirigió la Revolución francesa en sus días de gloria; Madame Staël, tan gran política como filósofa y poeta; Rosa Bonheure, la pintora de paisajes sin rival hasta ahora; Jorge Sand, la novelista profunda, la que está llamada a compartir la gloria de Balzac y Walter Scott; Santa Teresa de Jesús, ese espíritu ardiente cuya mirada penetró en los más intrincados laberintos de la teología mística; Safo, Catalina de Rusia, Juana de Arco, María Teresa de Austria y tantas otras cuyos nombres la historia, mucho más imparcial que los hombres, registra en sus páginas, protestaron eternamente contra la vulgar idea de que la mujer sólo sirve para las labores domésticas y que aquella que, obedeciendo tal vez a una fuerza irresistible, se aparta de esa vida pacífica y se lanza a las revueltas ondas de los tumultos del mundo es una mujer digna de la execración general.

Para leer el texto completo sobre Rosalía de Castro entra aquí.

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