El océano de la existencia

Somos como el agua contenida en la gota, que no desaparece, sino que pasa a formar parte del océano de la vida. Esta metáfora la utilizaba con frecuencia Raimon Panikkar, que nació en 1918 en Barcelona y murió en 2010.
Somos como el agua contenida en la gota, que no desaparece, sino que pasa a formar parte del océano de la vida. Esta metáfora la utilizaba con frecuencia Raimon Panikkar, que nació en 1918 en Barcelona y murió en 2010.

Todos somos como una gota que se desvanece. Frágil, la gota acaba desapareciendo. Pero el agua contenida en ella, por poca que sea, nunca desaparecerá sin más, sino que pasará a formar parte del enorme océano de la existencia, de la vida, de la realidad. El libro El agua de la gota, la obra póstuma de Raimon Panikkar, pasea al lector por el testimonio directo, en primera persona, del filósofo y teólogo indocatalán para averiguar cómo él se descubrió a sí mismo como ese «agua» de la gota que se convierte en vida.

Por Amalia Mosquera

El agua de la gota. Fragmentos de los diarios, de Panikkar (Herder).
El agua de la gota. Fragmentos de los diarios, de Panikkar (Herder).

Nueve años después de la muerte de Raimon Panikkar, la editorial Herder ha publicado un nuevo libro del pensador: El agua de la gota. Fragmentos de los diarios. Y eso es exactamente la obra, ese título y ese subtítulo lo resumen a la perfección. El agua de la gota, porque esa era una expresión muy recurrente en el autor; con ella se refería Panikkar a la capacidad ilimitada y universal contenida en la experiencia humana. Y Fragmentos de los diarios porque el libro recoge una selección de textos entresacados de sus diarios y anotaciones personales que muestran el viaje vital y espiritual del filósofo y teólogo indocatalán a lo largo de los muchos años que vivió.

Identidad vs identificación

«Raimon Panikkar recalcó reiteradamente la diferencia entre identidad e identificación, dos conceptos que, aunque inseparables, no son lo mismo. La diferencia entre ambos es la misma que existe entre el qué objetivo, físico, burocrático de un individuo y el quién de una persona, su realidad más profunda. La identificación se constituye por los datos que pueden encontrarse en una biografía o sencillamente buscando en Internet, mientras que, para descubrir la identidad de una persona, es preciso conocerla y amarla», escribe en el epílogo de El agua de la gota Milena Carrara, su colaboradora más cercana y la persona que se ha encargado de la selección de textos y la edición del libro.

«El agua de la gota» era una expresión muy recurrente en Panikkar. Con ella se refería a la capacidad ilimitada y universal contenida en la experiencia humana

La lectura de esta obra nos permite conocer unos cuantos datos biográficos importantes sobre Panikkar sin necesidad de buscarlos en Internet, los esenciales para descubrir su identificación y entender al autor que tenemos entre manos. Pero nos ofrece sobre todo disfrutar conociendo a fondo su identidad, esa de la que Carrara dice que solo se conoce amando a una persona. Y lo consigue porque este libro no recoge lo que alguien dice que Panikkar pensaba, ni siquiera lo que el propio Panikkar explica que él piensa; este libro muestra el pensamiento de Panikkar en directo, el más íntimo, el que él escribía en un principio para sí mismo, sin filtros ni interpretaciones posteriores, con sus propias palabras, tal cual brotaba en su cabeza en el momento concreto en el que lo vivía, lo pensaba y lo sentía.

Algunos viven concretamente para trabajar. Veo a mi alrededor a gente ocupada en su trabajo y que dirige las horas del día al servicio de ese ideal. Otros viven para pensar y producir o crear intelectualmente, artísticamente, etc. Todo se organiza en función de dicho ideal.
He sufrido y pasado por ambas modalidades, y de una forma muy acusada. He perdido este doble pulso. La acción, e incluso el apostolado, me parecen, por importantes que sean, secundarios y en función de las circunstancias y de la obediencia.
El pensamiento y la creación intelectual también me parecen algo muy relativo y, en cierta forma, irrelevante.
Roma, 16 de agosto de 1960 (El agua de la gota)

Más de 50 cuadernos de espiritualidad y cotidianidad

Raimon Panikkar anotaba en sus diarios sus pensamientos, sus reflexiones, sus proyectos, apuntes sobre sus viajes, comentarios al margen al hacer una nueva lectura de sus propios diarios… Llegó a escribir más de cincuenta cuadernos con sus impresiones más personales, y en diferentes idiomas. Dominaba una decena de lenguas: español, catalán, inglés, alemán, italiano, francés, hindi, latín, griego y sánscrito, y acostumbraba a escribir en el idioma del país en el que vivía en cada momento, que fueron muchos y en distintos continentes.

Raimon Panikkar fue un hombre y un pensador de un recorrido existencial e intelectual largo, rico y fuera de lo común

Así que en El agua de la gota, selección de esos diarios y notas escritos de su puño y letra a lo largo de casi toda su vida, desde el 7 enero de 1934 hasta el 19 de agosto de 2007, está lo que Panikkar pensaba sobre todas las cosas importantes y trascendentales: la vida, la muerte, la resurrección, la experiencia mística, el trabajo, la filosofía…

Debemos desprendernos de los símbolos más queridos de nuestra infancia y derribar nuestras convicciones más veneradas, así como muchas de las reflexiones de nuestra madurez. En nuestro caso, por ambas partes: hindú y cristiana. No digo que uno deba dejar de ser hindú o cristiano artificialmente. No podemos realizar este proceso por pura voluntad. Cada uno de nosotros tiene que desprenderse de todo lo que crea que puede ser abandonado. Es un salto al vacío, aunque este símil es confuso, ya que no hay nada donde sumergirse.
Podríamos decir lo siguiente: cada uno de nosotros se da cuenta de que las dos creencias son mutuamente incompatibles y se cancelan la una a la otra. Antes de hacer concesiones o adaptaciones, primero debemos habitar el vacío, desnudos, sin ninguna de las dos creencias; por la misma razón que las tomamos en serio, no podemos aferrarnos a ellas. Son igual de potentes, y por tanto, invalidan el resultado. Este cero representa el punto de partida, pero solo puede ser así si lo consideramos un primer punto de llegada.
Barcelona, 25 de agosto de 1947 (El agua de la gota)

El filósofo y teólogo cuyo pensamiento fue un diálogo intercultural e interreligioso entre Oriente y Occidente, el hombre que se definió a sí mismo como cristiano-hinduista-budista-secular y tuvo una identidad «cuádruple» que vivió teórica y existencialmente, plasma en este libro sus impresiones sobre la religión y las religiones, la fe, la espiritualidad, Jesucristo…, pero también sobre sus padres, la situación política y social de la época, su salud, sus viajes de un lado al otro del mundo, su vida en la India, los libros que leía, sus momentos de fortaleza y también los de debilidad… y a través de todo ello conocemos a un hombre y un pensador de un recorrido existencial e intelectual largo, rico y fuera de lo común, como ha dicho de él Victorino Pérez Prieto, teólogo, filósofo, profesor y autor de varios libros sobre Panikkar.

«Panikkar solía llevar al límite un conjunto de ideas, hasta que se desbordaban y penetraban en un nuevo terreno». Rowan Williams

Pensar con Panikkar

«Como pensador, Panikkar nunca se detenía, lo cual no significa que divagara de forma caótica de una teoría a otra, o de un sistema a otro. Sería más exacto decir que solía llevar al límite un conjunto de ideas, hasta que se desbordaban y penetraban en un nuevo terreno», escribe sobre él en el prólogo del libro el teólogo anglicano y exarzobispo de Canterbury Rowan Williams. «Para entender su trabajo, tenemos que pensar junto con él (…) Los grandes pensadores, desde Platón hasta Hegel y Wittgenstein, han hallado formas de escribir filosofía que son capaces de conducirnos a través del despliegue espectacular de su pensamiento, de forma que nos permite caminar con ellos y no simplemente leer sus conclusiones acabadas y pulidas. Observar a Panikkar trabajando, mental y espiritualmente, como sucede en los textos de este libro, es de gran ayuda para comprenderlo como un pensador, cuya talla todavía es insuficientemente apreciada».

El 16 de junio de 2004, Panikkar escribía: «He hojeado unos cuantos cuadernos de mis diarios. Me reencuentro tal y como era. Son sinceros y no han sido retocados, aunque posiblemente nadie los pueda entender sin conocerme y sin conocer mi pasado». Se equivocaba el filósofo: quince años después, reunidos todos esos diarios, reunidos, traducidos y ordenados cronológicamente todos esos pensamientos en un único volumen, nos permiten conocerlo y valorarlo muy bien.

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