La existencia -o no- de Dios es un tema que ha preocupado a la humanidad desde antiguo y ha sido analizado por la mayoría de las ramas del conocimiento. © Ana Yael
La existencia -o no- de Dios es un tema que ha preocupado a la humanidad desde antiguo y ha sido analizado por la mayoría de las ramas del conocimiento. © Ana Yael

Desde hace miles de años, la humanidad se ha preguntado qué hay “más allá”. Pensadores e intelectuales de todas las doctrinas han tratado de responder a la cuestión de la existencia de Dios, y muchos creyeron haber encontrado pruebas de que, efectivamente, Dios existe. Otros muchos no, pero de estos nos ocuparemos en el siguiente capítulo de este dosier. Aquí nos sumergimos en las teorías y reflexiones de grandes filósofos de la historia que han creído en ese Ser superior.

Muchos considerarán que hay cuestiones más importantes, pero la existencia o no de Dios es un tema que tiene una enorme trascendencia. Y no solo por el hecho en sí, la demostración o la negación, sino por el valor cultural que este tema ha aportado a la historia de la humanidad. ¿Cuántas de las mentes humanas de todos los siglos han afrontado la cuestión? ¿Qué impacto han tenido las diferentes opiniones y doctrinas? El mundo como lo conocemos es en buena parte el resultado de lo que se ha dicho y proclamado respecto a la existencia de Dios.

La existencia -o no- de Dios es un tema que ha preocupado a la humanidad desde antiguo y ha sido analizado por la mayoría de las ramas del conocimiento a lo largo de nuestra historia. Y la respuesta tiene una incidencia profunda en nuestra forma de vida. Baste recordar lo dicho por Maimónides, el médico, rabino y teólogo judío de origen cordobés, en su célebre Guía de perplejos:

“Mientras solamente te ocupes de las Ciencias Matemáticas y de la lógica, eres de los que dan vueltas en torno a la morada y buscan la entrada (…) Una vez comprendidas las materias de la física, ya has penetrado en la mansión y te paseas por el vestíbulo; finalmente, después de haber terminado las Ciencias Físicas y estudiado Metafísica, has comparecido ante el soberano (…) Este último grado es el de los auténticos sabios. Pero aquí también se dan categorías de perfección: aquellos que, tras haber dominado la Metafísica, ocupen su pensamiento solamente en Dios, totalmente entregados a él, alejándose de todo lo que no sea él, y centran su atención intelectual en reflexionar sobre los seres con el objetivo de extraer de ellos la demostración de la existencia de Dios (…) esos se encuentran en la sede del soberano: es el grado de los profetas”.

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