La reflexión sobre la víctima, la “mitología victimista” y las perversas apropiaciones de ambas le ha llevado a Daniele Giglioli muchos años de trabajo y varios intentos hasta encontrar el tono adecuado a la hora de explicarlas. Que la reacción natural y justa ante una víctima es inclinarse a ayudar, interesarse por ella se entiende sin pensar. Pero como observador social, y formando parte de una investigación de más largo alcance que explica en esta entrevista, Giglioni se ha dado cuenta de que esa inclinación personal se está trasladando e implantado en la sociedad muy fácilmente, revestida de la misma “naturalidad” y sin filtro.
Con estas consideraciones arranca su ensayo: “La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable”. Giglioni diagnostica y objeta: “La condición de víctima quiere ser una respuesta unánime; pero una respuesta unánime es solo una respuesta falsa –afirma en las últimas páginas de su Crítica de la víctima–, que no permite ver cuáles son las verdaderas líneas de fractura, injusticia y desigualdad por las que se haya segmentado el terreno de las relaciones de fuerza”. En este sentido la víctima sería capaz de anular o inmunizar contra cualquier crítica, construir grandes acuerdos, lo que no ha pasado en absoluto desapercibido para aquellos con ambición de poder.
Vayamos por partes, intentando, como también desea el libro, superar “la desorientación que es deseable que generen consideraciones como estas”. Solo reflexionando, puntualizando, preguntando (y repreguntando si es necesario) se puede comprender el fenómeno que desvela Giglioli en su libro sin perder de vista el objetivo de “intentar o re-intentar sentirnos partes en la causa, no representantes de una universalidad espectral como la prometida por la ética victimista”.
Para comenzar la revisión, quizás, no estaría de más hacer algunas aclaraciones previas como, por ejemplo, sobre la diferencia entre una víctima de las que analiza el libro de alguien victimista. ¿Se puede ser a la vez víctima y victimista?Sí, es posible, porque lo primero es un hecho, algo que me ha ocurrido. Lo otro es una toma de posición respecto a ese hecho, una construcción vital alrededor de ello. ¿Quién soy? Una víctima y alrededor de eso construyo mi identidad.
También cabe preguntar por las víctima que toman la palabra en representación de otras víctimas con un dolor, una experiencia parecida sin adoptar un discurso victimista…
Tenemos dos naturalezas: una es la mortal, el cuerpo, que está construida a base de experiencias y sufrimiento; y otra inmortal, la palabra. En esta última no importa tanto que sean exactamente mis propias palabras las que me vayan a ser atribuidas o recordadas como mías en el futuro, como que vayan creando un conjunto de palabras o un concepto potencialmente inmortal. Una víctima que alza la voz al servicio de una causa común venciendo su sufrimiento personal, su vergüenza y su miedo establece un tránsito entre estas dos naturalezas. Ya no es solo un animal que sufre, sino que se transforma mediante ese uso de la palabra en un zoon politikón.
“La condición de víctima quiere ser una respuesta unánime; pero una respuesta unánime es solo una respuesta falsa», afirma Giglioni en las últimas páginas de Crítica de la víctima














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