«Cuarentena»: la vida de aislamiento como refugio

Anselm Grün y Simon Biallowons firman esta novedad de Herder. Los autores de «Cuarentena» siguen la Regla de san Benito, aportando una serie de guías o criterios para llevar de la mejor manera la existencia cuando se está en reclusión.
Anselm Grün y Simon Biallowons firman esta novedad de Herder. Los autores de «Cuarentena» siguen la Regla de san Benito, aportando una serie de guías o criterios para llevar de la mejor manera la existencia en reclusión.

La soledad y la reclusión de este periodo de cuarentena nos exponen a la intemperie interior, a un conjunto de interrogantes que debemos contestar para encontrar el sentido. Pero no solo con y en nosotros mismos, sino también y sobre todo en nuestra relación con los demás. Junto al filósofo Simon Biallowons, el monje, guía espiritual y doctor en teología Anselm Grün escribe un bello y breve tratado que ayuda a entender el ineludible valor del recogimiento.

Por Carlos Javier González Serrano, filósofo

Cuarentena, de Anselm Grün junto con Simon Biallowons (Herder).
Cuarentena, de Anselm Grün junto con Simon Biallowons (Herder).

No por casualidad los libros del monje Anselm Grün (1945), de la abadía de Münsterschwarzach, han sido traducidos a más de treinta idiomas. Su vocación de servicio al prójimo y, sobre todo, su dilatada experiencia como guía espiritual hacen de él un referente inexcusable en tiempos en los que nos vemos expuestos, obligadamente, a la reclusión y el confinamiento. Herder Editorial publica un reciente y muy pertinente escrito, Cuarentena. Cómo lograr la armonía en casa, en el que —junto al filósofo Simon Biallowons (1984)— se exploran las consecuencias anímicas y espirituales de permanecer encerrados.

Se trata de una obra indispensable para pensar nuestra circunstancia, sacudida de pies a cabeza por una pandemia, la del coronavirus, que nos ha obligado a permanecer en nuestras casas y enfrentarnos al aburrimiento, a la saturación de información y, en ocasiones, a la realidad de datos nefastos que no invitan al optimismo. Pero, muy al contrario, Grün y Biallowons ven en esta situación una oportunidad única para reflexionar sobre la vida y sobre la relación que mantenemos con nuestros semejantes. Eso sí: en esta situación excepcional, en un contexto en el que, de alguna forma, nos vemos arrinconados y no cabe posibilidad de escapatoria.

En el contexto de pandemia, de saturación informativa y de aluvión de datos poco halagüeños Grün y Biallowons ven una oportunidad para reflexionar sobre la relación que mantenemos con nosotros mismo y nuestros semejantes

Resulta sintomático que Grün dedique este libro a todas aquellas personas que han perdido el equilibrio emocional o espiritual debido a tales circunstancias: «Hemos redactado estos pensamientos —asegura el monje—, no obstante, para todos los que se han visto sacudidos por esta crisis y tienen la sensación de que deberíamos volver a reflexionar sobre nuestra vida». El pensamiento, precisamente, acude siempre a su insoslayable cita cuando se abre un paréntesis, cuando se inaugura un espacio intersticial en el que los hechos dejan hueco para elaborar una necesaria reflexión para sentirnos acompañados y no caer en el empeño de tan solo sobrevivir, sino de vivir bien.

«Me protejo para protegerte»

Grün escribe sin tapujos: esta crisis nos ocupará por un tiempo y nos situará ante estas cuestiones: «¿Cómo nos entendemos como seres humanos en esta sociedad?, ¿dónde encontramos el sentido de nuestras vidas?, ¿qué huella queremos dejar en nuestro mundo?». Este libro alberga nada menos que la experiencia de más de 1.500 años; experiencia acumulada por monjes recluidos en sus distintos lugares de confinamiento voluntario. Su máxima es elocuente: «Me protejo para protegerte». La solidaridad y el airoso manejo de la situación a la que —en terminología heideggeriana— hemos sido arrojados se convierten en valores fundamentales para tomar decisiones que no solo nos repercuten a nosotros, sino a aquellos con quien compartimos habitáculo.

Este libro alberga la experiencia de monjes recluidos en sus distintos lugares de confinamiento voluntario. Su máxima es elocuente: «Me protejo para protegerte»

Más que nunca estamos comprobando la honda verdad de aquel provecto dicho, de raigambre evangélica, que dice que «no solo de pan vive el hombre». Además del alimento para nuestros cuerpos, necesitamos cubrir un espectro espiritual que tiene que ver con nuestras inquietudes existenciales. Con demasiada asiduidad, apunta Grün, no solo evitamos a los otros, sino también y sobre todo a nosotros mismos: el yo se convierte en un enemigo en vez de contar con él para avivar y enriquecer nuestro capital interior. La interioridad asusta porque en ella aguardan oscuridades y secretos en ocasiones inconfesables, pero por eso mismo debemos aprender a vivir primero con nosotros mismos para, después, aprender a vivir con los demás. Las palabras de Grün resultan en este punto esclarecedoras: «Soportarlo, soportar tanto a los otros como a uno mismo, tanto la vida en común como también la soledad, constituye todo un arte. Nosotros, los monjes, tratamos de ejercitarnos en él. Hemos descubierto a este respecto muchos tesoros que también debemos redescubrir nosotros mismos; para esto sirve también este libro».

La estrategia de los monjes

En Cuarentena, Grün y Biallowons exponen algunas estrategias utilizadas por los monjes que pueden funcionar y resultar muy útiles fuera de las fronteras monásticas, sobre todo en situaciones excepcionales como las que vivimos (y podemos vivir en el futuro). Siguiendo la Regla de san Benito, los autores aportan una serie de guías o criterios para llevar de la mejor manera la existencia en común cuando esta se da en total reclusión. Sobre todo, precisaremos de una gran dosis de capacidad emocional.

La Regla de san Benito

La Regla de san Benito (Regula Sancti Benedicti) es un conjunto de normas que el propio santo dictó en el siglo VI, relacionadas con la vida entre monjes que llevan una existencia en reclusión y que, sobre todo, tienen que ver con el (difícil) cumplimiento del silencio, la moderación, la discreción, la moderación en las pasiones, la obediencia, la solidaridad y, sobre todo, la humildad. San Benito dio gran importancia a la figura del guía espiritual y de la autoridad del abad del monasterio de turno, a quien se considera la personificación de Cristo en el encierro de los hermanos. Por eso, en palabras del santo, su misión consiste más en hacerse «querer que temer». La Regla encierra un fuerte componente social y humano, incluso filantrópico, y consiste en que los fuertes se hagan mejores y los más débiles no caigan en el desánimo, siempre apoyados por aquellos primeros. De esta Regla se desprende el conocido dictum latino ora et labora, es decir: reza y trabaja, como pilares de la reclusión.

Por eso, escribe Grün que «la escucha de uno mismo y de los otros es esencial para la compenetración con la propia alma y con los otros. Quien no escucha, no siente y está desprovisto de toda apertura a la emocionalidad, lo cual se muestra de modo especial en el caso de una estrecha vida en común». En el encierro se abre el momento más propicio para preocuparnos por los demás, para conocer las necesidades de los otros, sus metas y aspiraciones. Se crea así una comunidad emocional, en la que no vemos al resto como entidades ajenas, sino como personas que participan de nuestro proyecto y en cuyo proyecto también participamos nosotros.

Sin duda, este librito (que se lee en una tarde y sirve para toda una vida) se convertirá en un aliado del que echar mano cuando las cosas se tuerzan, pues «tenemos la tarea, pero también la oportunidad —escribe Grün—, de verificar el equilibrio y, si es necesario, de trabajar en él: en el equilibrio propio y en el de los que están con nosotros. Y algo nos ayuda en esto: la preocupación adecuada ante la preocupación incorrecta. Precisamente ahora». Ese ahora en el que se forjan el cuidado y la solidaridad con el otro cuando las circunstancias no acompañan, cuando no son las más favorables, cuando encontramos piedras en el camino que no debemos sortear, sino afrontar. Por eso la empatía y la compenetración emocional se convierten en máximas que se deben respetar para, de la mano, hacer frente a la adversidad.

La hora del cuidado 

Las crisis sacan a relucir lo más primitivo de nuestra condición, y por ello y a la vez, anuncia Grün, también son los momentos más propicios para enseñarnos a vivir de manera auténtica, a «ser solidarios con los otros, atentos a la naturaleza, sensibles con nosotros mismos». No lo olvidemos: «Me protejo para protegerte». Ese cuidado propio se convierte en un cuidado de todos: desinteresado, atento, solidario.

Un libro atemporal —pero muy oportuno— que nos ayuda a ver la vida de manera diferente (no solo en tiempos de crisis) y que permitirá reconocer a padres y madres, parejas y amigos que la existencia en común necesita de unas pautas presididas por el cuidado mutuo. Grün y Biallowons reúnen en este texto la sabiduría milenaria de gentes que, a lo largo de los siglos, han permanecido en un deliberado encierro y que han debido aprender a convivir en una solitaria compañía. Un muy útil recetario antropológico con el que sabremos dar con el adecuado equilibrio entre proximidad y distancia y encontrar, igualmente, nuestros nichos y espacios de libertad (compartida). Una joya bibliográfica que aquieta el alma para saber vivir en tiempos de zozobra.

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