Nuestra época, con su desarrollo y su progreso acelerado, debería ser menos estresante que las anteriores. Y, sin embargo, la realidad es muy diferente. © Ana Yael
Nuestra época, con su desarrollo y su progreso acelerado, debería ser menos estresante que las anteriores. Y, sin embargo, la realidad es muy diferente. © Ana Yael

Si analizamos pormenorizadamente la vida moderna, llegaremos a la conclusión ineludible de que la velocidad es una de sus señas de identidad. En Filosofía&Co. hemos querido analizar los efectos para nuestra salud mental del ritmo vertiginoso en el que vivimos hoy, siempre con un nuevo estímulo que detectar, un minuto que arañar, otra cosa que hacer, una moda que seguir o una noticia nueva que conocer. Siempre pisando el acelerador. Y para hacerlo hemos contamos con la colaboración del consultor psicológico argentino Matías Giarratana, que nos ayuda a conocer dichas claves.

Pensemos un segundo cómo es nuestro día a día: tenemos tanto que hacer y tantas expectativas que sería casi imposible no alterarnos preguntándonos si podremos lograr hacerlo todo. Nos consideramos desorganizados y por ello dormimos mal, sin descansar apenas, y nos pasamos la mayor parte del día permanentemente preocupados. No acabamos casi nada a la primera, y cuando lo hacemos, no sentimos que la angustia y el desasosiego desaparezcan, pues siempre hay algo o alguien detrás pidiendo paso. Parar no es ya una opción.

Esta constante sensación de vivir abrumados por las preocupaciones es real, y hace tiempo que nos parece algo normal. Y no debería ser así. De hecho, no es el cometido correcto de nuestra función psicológica. El estrés es parte de nuestra naturaleza, pero no es nuestra naturaleza propia.

Estrés (Psicología clínica), de María Crespo y Francisco J. Labrador (Síntesis).
Estrés, de María Crespo y Francisco J. Labrador (Síntesis).

DEJA TU COMENTARIO

Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre