Marx lleva su investigación a un nivel de abstracción muy alto: estudia, por así decirlo, la esencia del capitalismo o en qué consiste aquello que tiene que darse para llamar a una sociedad capitalista, exactamente del mismo modo que Platón en sus Diálogos se pregunta en qué consiste aquello que tiene que darse para llamar a un gobernante justo o injusto (...) Es un filósofo con mayúsculas
"Marx lleva su investigación a un nivel de abstracción muy alto –explica Clara Ramas en esta entrevista–: estudia, por así decirlo, la esencia del capitalismo o en qué consiste aquello que tiene que darse para llamar a una sociedad capitalista, exactamente del mismo modo que Platón en sus Diálogos se pregunta en qué consiste aquello que tiene que darse para llamar a un gobernante justo o injusto (...) Es un filósofo con mayúsculas". © Ana Yael

La investigadora Clara Ramas se ha propuesto que hablemos en otros términos de Marx. Que hablemos en otros términos y con otros términos. En concreto ella propone dos para añadir al vocabulario marxista que creemos conocer: “fetiche” y “mistificación”. A ellos les dedica un libro publicado por Siglo XXI que concentra su trabajo de tesis doctoral.

Clara Ramas es doctora europea e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid. Se doctoró con la tesis Hacia una teoría de la apariencia: fetichismo y mistificación en la crítica de la economía política de Marx que la editorial Siglo XXI convirtió en libro. Ese libro es el eje de esta entrevista.
La investigadora Clara Ramas se doctoró con la tesis «Hacia una teoría de la apariencia: fetichismo y mistificación en la crítica de la economía política de Marx» que la editorial Siglo XXI convirtió en libro. Ese libro es el eje de esta entrevista.

A Clara Ramas San Miguel el “crack” del 2008 la pilló estudiando filosofía en la Universidad Complutense de Madrid (España). Antes de esa fecha, Marx podría ser una figura teórica con mayor o menor predicamento a la que muchos querían poner el cartel de “finiquitado”. Pero llegó la crisis que lo cambió todo, el capitalismo comenzó a dar tumbos y Marx y sus teorías volvieron a ser el eje de una discusión política, económica y social que aún no ha acabado. Clara Ramas, que durante sus años de formación universitaria formaba parte de un grupo de lectura dedicado a revisar la obra del filósofo, protagoniza ahora el debate sobre la vigencia de algunos aspectos de las tesis marxistas: se ha centrado en la economía política y ha sacado del armario dos conceptos que con anterioridad no se asociaban rápidamente a la terminología marxista, al menos no lo hacían como otros como “alienación” o “plusvalía”, por ejemplo. Se trata de los conceptos “fetiche” y “mistificación”, alrededor de los cuales Clara Ramas ha levantado una tesis que refresca la manera en que entendíamos la producción marxista, arrojando, de paso, algunas pistas esclarecedoras a la hora de comprender las “leyes” o los “procesos” que rigen las relaciones económicas y sociales. Ha plasmado todo en ello en un libro publicado por Siglo XXI y titulado Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx que vertebra esta entrevista. Se gesta (y se gestiona) mientras se cumplen los diez años de la caída de Lehman Brothers, ese hecho que marcó el inicio de la crítica al capitalismo y la revisión de los valores marxistas. Y por allí empezamos:

En estos diez últimos años Marx y el marxismo se han vuelto una especie de trend topics duraderos por lo que pudieran aportar a la revisión que merecía el capitalismo. ¿Con qué consecuencias, en su opinión?
Creo que con todas. Estamos en un momento histórico de tránsito. Desde 2001 a nivel geopolítico con el 11-S y desde 2008 a nivel económico con la quiebra de Lehman Brothers, se derrumba definitivamente el sueño neoliberal de, digamos, una gobernanza tecnocrática y postpolítica del globo entero. Por supuesto, eso siempre fue más el sueño de sus literatos que la agenda real de sus impulsores, que abogaban más bien por desregularización, inestabilidad, especulación, precarización y expolio. Para comprender todo esto, por qué mientras se habla de derechos humanos el mundo camina en esa dirección, por qué la política nunca parece ser suficiente para frenar un sistema económico que tiene sus propias dinámicas más allá de todo control colectivo o democrático, para todo esto Marx es simplemente imprescindible: desconocer a Marx no es una opción si uno quiere saber en qué mundo vive.

“Marx es imprescindible para comprender por qué mientras se habla de derechos humanos el mundo camina en otra dirección, por qué la política nunca parece ser suficiente para frenar un sistema económico con sus propias dinámicas más allá de todo control colectivo o democrático”

A usted, en concreto, ¿qué le hizo decidirse por este autor y el estudio de su obra como eje para desarrollar propia investigación filosófica?
Realmente, lo que acabo de comentar: la necesidad de entender en qué mundo vivimos. Marx, específicamente, lleva su investigación a un nivel de abstracción muy alto: estudia, por así decirlo, la esencia del capitalismo o en qué consiste aquello que tiene que darse para llamar a una sociedad capitalista, exactamente del mismo modo que Platón en sus Diálogos se pregunta en qué consiste aquello que tiene que darse para llamar a un gobernante justo o injusto. A esto Platón lo llamó el ‘eidos’, el qué-es de algo: la Justicia, la Belleza, etc. Eso es lo que Marx estudia: el ‘eidos-Capital’, no la manifestación concreta del capitalismo en la Inglaterra del XIX. Este enfoque supone que la de Marx es una teoría de un nivel conceptual muy elevado, pero a la vez permite penetrar en lo verdaderamente esencial, lo que sigue inmutable siempre que hablemos de capitalismo y lo que permite entender su funcionamiento profundo. Por ambos motivos, Marx es un filósofo con mayúsculas.

Clara Ramas en dos palabras

Clara Ramas San Miguel (Madrid, 1986) es doctora europea e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid. Se doctoró con la tesis Hacia una teoría de la apariencia: fetichismo y mistificación en la crítica de la economía política de Marx que la editorial Siglo XXI convirtió en libro. La figura de Karl Marx protagoniza su investigación filosófica así como las relaciones entre este y la tradición filosófica alemana. En este sentido ha trabajado mano a mano con figuras como Michael Heinrich o Günter Figal. Otros autores como Schmitt, Gramsci, Heidegger o Hegel también se encuentran entre sus intereses y ha hablado y escrito sobre ellos en numerosas publicaciones académicas y congresos.

Y se fija en dos términos –fetiche y mistificación– que no son los habituales de la terminología marxista. No solo se fija en ellos, sino que afirma que son la clave para llegar al núcleo crítico de Marx. ¿Cuáles son sus razones?
Creo que estos términos son los únicos que permiten comprender adecuadamente el carácter crítico de la teoría de Marx: una teoría que es crítica, a la vez, de la ciencia económica que le precede y de la sociedad moderna en su conjunto. Además, son los que permiten enlazar con lo político. La lógica del capital y la de lo político son dos lógicas relacionadas, pero no idénticas: las condiciones del eidos-mercancía para todo lo que existe y las condiciones de construcción de una voluntad colectiva o lazo social. La teoría de la hegemonía de Gramsci, por ejemplo, se ha ocupado de esto. Con estos dos términos, Marx esquiva dos muertes de lo político: la del marxismo ortodoxo, que trata de extrapolarlo desde la pura estructura económica, y la del liberalismo, que lo sustituye por ética individual.

Fetiche y mistificación para niños

Una buena manera de asegurar que todo el mundo entiende los conceptos es pedirle a Clara Ramas que intente explicarlos para los más pequeños. Tomamos el ejemplo de la editorial Errata Naturae, donde tienen publicado un cuento titulado El fantasma de Karl Marx dirigido a niños entre 9 y 13 años, y le preguntamos a la investigadora cómo explicaría fetiche y mistificación a este público:

“Un poco complicado… Intentaría explicar el fetichismo diciendo que este término de Marx significa que los objetos que nos rodean cuentan historias: tienen un origen, una historia detrás. Por ejemplo, una camiseta que vestimos parece un objeto sin más, que está ahí y ya; pero en realidad, lleva la historia del trabajo que han realizado personas para fabricarla, normalmente en condiciones bastante malas, en lugares lejanos del planeta. Ocurre lo mismo con el dinero: parece un objeto que tiene poder por sí mismo, pero no valdría nada sin las relaciones de poder entre personas que hay detrás. Fetichismo significa olvidar la historia humana y social que está encarnada en la camiseta o en el dinero. ¡No sé si quedaría muy claro!”

Tanto Michael Heinrich como Carlos Fernández Liria, que le acompañan en el libro, están de acuerdo en que uno de los hitos de su trabajo es separar claramente fetiche y mistificación que antes, al parecer, iban siempre de la mano y quizá unidos de manera indebida o farragosa al menos. ¿Puede explicar brevemente, para alguien que no haya leído el libro, en qué consiste esa diferenciación?
Ambos son formas de apariencia, donde una relación o fenómeno no es lo que parece. El fetichismo se da cuando hay cosificación: lo que es una relación social entre personas existe o se manifiesta como una propiedad de una cosa. Por ejemplo, en el dinero. La mistificación ocurre cuando una relación aparece invertida y tergiversada. Por ejemplo, en el interés, que parece tener su origen en el capital, cuando lo tiene, como toda la producción de valor de cambio, en el plustrabajo.

Fetiche y mistificación, nivel avanzado

Hemos resumido al máximo las nociones básicas sobre ambos términos según se explican en el libro de Siglo XXI. Compartimos con vosotros nuestras notas de lectura. Se trata de nociones literales extraídas del libro.

"Fetiche y mistificación capitalistas", de Clara Ramas, publicado en Siglo XXI Ramas
«Fetiche y mistificación capitalistas», de Clara Ramas, publicado en Siglo XXI.

Hipótesis: los conceptos de fetichismo y mistificación son fundamentales en el proyecto de una crítica de la economía política. Por tanto, el propósito de este trabajo será articular una lectura de la crítica de la economía política de Marx alrededor de los conceptos de fetichismo y mistificación.

Ambos términos se enmarcan –y son nucleares– dentro de la teoría de la apariencia. Designan dos estructuras diferenciadas: mientras la primera supone la cosificación de relaciones sociales que aparecen como propiedad natural de una cosa, la mistificación es la aparición de una forma de manifestación que oculta al relación real y la presenta de forma invertida.

Dentro de cada uno de ellos, se pueden distinguir tres tipos de fetichismo (mercancía, dinero y capital) y otros tres de mistificación (salario, ganancia o interés y renta de la tierra). Los seis los desarrolla Ramas en los capítulos correspondientes del libro.

Los dos conceptos se engloban dentro de una teoría de la apariencia, de la ocultación, de fenómenos que no son lo que parecen. Desvelar los procesos, sacarlos a la luz es una buena tarea a la que usted le dedica casi 300 páginas. Qué le diría a quien piense que todo esto no es más que una ilusión, un delirio.
Le diría que la ilusión y el delirio es la sociedad en la que viven. Delirio es que los estados pierdan su soberanía porque los gobernantes no puedan legislar en contra de los intereses del capital internacional ni se sostienen sin deuda. Delirio es que, como leí hace poco en un titular, se pueda decir que la economía va mal pero los mercados van bien. Delirio es leer también esta otra noticia: “Si uno busca quién es el dueño del mercado inmobiliario español tendrá que coger un avión de casi nueve horas a Nueva York. El fondo de inversión Blackstone domina el real estate patrio con una cartera diversificada con 20.000 millones en activos”, concretamente, 55.000 viviendas de alquiler. Delirio es que un rider de Glovo o Deliveroo se considere un “trabajador autónomo”. Delirio es que cada año se destruyan toneladas de comida mientras personas mueren de hambre porque la objetividad del trigo o la mantequilla como valor de uso, alimentar a personas, no coincide con su objetividad como valor de cambio, ser rentable. Tratar de comprender los mecanismos que han llevado a algo así, la estructura subyacente, que no aparece en la superficie ni en nuestro día a día, no es un delirio: diría que es un imperativo.

“Delirio es que se pueda decir que la economía va mal, pero los mercados bien (…). Tratar de comprender los mecanismos que han llevado a algo así, la estructura subyacente, no es un delirio, sino un imperativo”

De hecho, “El fetichismo es la naturaleza misma de las relaciones de valor –dice usted (pág. 81)–. Es solo la costumbre de la vida cotidiana que puede hacer aparecer como algo trivial y evidente de suyo el que una relación social de producción tome la forma de un objeto”. Desde ese punto de vista, el riesgo del fetichismo es pasar inadvertido, es dejar de ser. Entonces… ¿qué se puede hacer para ser consciente o más consciente de ese fenómeno?
No es tanto un problema de toma de conciencia individual. La cuestión es que este fenómeno rige por entero nuestras relaciones sociales. Frente a algunas lecturas del fetichismo de Marx, que privilegian el punto de vista de la conciencia individual o su relación con la conciencia religiosa, psicológica, etc., a mí me interesa recordar que Marx hace una teoría del “carácter social el trabajo” –cuya clave es, sostengo, el concepto de fetichismo–. Esto significa que a Marx le interesa cómo están organizadas nuestras relaciones sociales, como un todo. Entender la sociedad, como dice a veces, como “un organismo”, una totalidad que es más que la suma de sus miembros y que desarrolla dinámicas autónomas que afectan y determinan día a día la existencia de los individuos.

Entrenando el fetichismo (sin saberlo)

A veces los concepto se estudian y se comprenden en marcos teóricos, pero no resulta fácil “desprenderlos” de sus contextos habituales, en apariencia inofensivos. Este párrafo del ensayo Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg, habla sin mencionarlo de esa teoría de la apariencia que origina el estudio de Ramas y pone un ejemplo de fetichismo del dinero de lo más habitual.

"Las pequeñas virtudes", de Natalia Ginzburg (Acantilado).
«Las pequeñas virtudes», de Natalia Ginzburg (Acantilado).

“Esa hucha de barro de aspecto inocuo, con forma de pera o de manzana, habita durante meses y meses en el cuarto de nuestros hijos y ellos se habitúan a su presencia; se habitúan al placer de introducir, día a día, el dinero por la ranura; se habitúan al dinero custodiado allí dentro, que crece allí, en el secreto y la oscuridad, como crece una semilla en el seno de la tierra; se aficionan al dinero, primero con inocencia, como se aficionan a todas las cosas que crecen gracias a nuestro celo, sean plantas o animalitos; y siempre ansiando ese costoso objeto visto en un escaparate, y que será posible comprar, como nosotros les hemos dicho, con el dinero así ahorrado. Cuando, al fin, la hucha se rompe y el dinero se gasta, los niños se sienten solos y desilusionados: ya no está el dinero en el cuarto, custodiado en el vientre de la manzana, y tampoco está la rosada manzana; en su lugar está un objeto largamente ansiado en un escaparate, y del que nosotros les hemos hecho apreciar la importancia y el valor, pero que, ahora, en el cuarto, parece gris y sin gracia, marchito después de tanta espera y de tanto dinero. De esta desilusión, los niños no le echarán la culpa al dinero, sino al objeto mismo; porque el dinero perdido conserva, en la memoria, todas sus lisonjeras promesas (…). Preferirán el dinero a las cosas. No es malo que hayan sufrido una desilusión; lo malo es que se sientan solos sin la compañía del dinero”.

Como extremo de este fenómeno, Žižek opina en La vigencia de El manifiesto comunista (nuevos cuadernos Anagrama) esto: “El fetichismo alcanza su punto culminante justo cuando el propio fetiche se desmaterializa, se convierte en una entidad virtual inmaterial y fluida; el fetichismo del dinero culminará con el paso a su forma electrónica, cuando desaparezcan los últimos vestigios de su materialidad”. ¿Quiere matizar o puntualizarlo?
Concuerdo. Creo que desarrolla una intuición importante que está ya en Marx y que otros como Derrida han proseguido también. Se trata de lo peculiar de que la mercancía sea, dice Marx, una cosa “sensible-suprasensible”. Es decir, es algo que existe a la vez como materia y más allá de ella. Marx dice que el valor es una “objetividad espectral”, de ahí que Derrida hable, recogiendo el famoso fantasma que recorre Europa en el Manifiesto comunista, de “espectros de Marx”. Esto, además de interesarnos a los filósofos y de meter a Marx de lleno en el diálogo con los grandes metafísicos de la historia, como Platón, Aristóteles o Kant, tiene efectos sociales bien reales que se palpan en una sociedad como la nuestra, de la información y la financiarización inmateriales.

En su obra se da cuenta en varias ocasiones de las versiones, traducciones, supresiones, ediciones de El capital, por ejemplo, y las enormes dificultades a la hora de manejar los textos de Marx. ¿Tiene sentido acercarse a Marx sin ser un experto, sin manejar o conocer esos detalles? O también ¿por qué todo individuo debería intentar acercarse al pensamiento de este filósofo?
Depende. Hay, como con cualquier pensador, niveles de comprensión diferentes. El problema no es de erudición por erudición: el problema es que toda una tradición histórica bastante simplificadora ha construido un enorme aparato de “marxismo ortodoxo” que en ocasiones no deja ver algunos puntos importantes de la obra de Marx. De ahí la necesidad de tener al menos la noción de que hay, en palabras de Robert Kurz, un Marx “exotérico” y otro “esotérico”.

Robert Kurz y las dos caras de Karl Marx

El filósofo y escritor alemán, estudioso del marxismo, Robert Kurz fue quien vio y supo definir esa doble vertiente de Marx. Desde las revistas Krisis y Exit! Se centró en la crítica del valor, heredera del Marx “esotérico”. ¿Pero quién es este Marx? ¿Y el “exotérico”?

Por un lado, estaría el Marx del Manifiesto Comunista, el más extensamente conocido, punta de lanza del movimiento obrero, azote del capitalismo, el agitador de las mentes a base de ideas, calle y megáfono. Este Marx volcado hacia fuera es el “exotérico”. Tal y como indica el adjetivo, se trataría del más común o accesible para todos y no solo para las personas iniciadas.

Por otro lado, se encuentra el Marx más silencioso, recluido en la Biblioteca Británica quizá, intentando establecer y desvelar vínculos ocultos, relaciones no explícitas, pero reales, entre la mercancía, el trabajo y el valor social. Este Marx “esotérico”, obsesionado con la teoría de la apariencia, ese Marx que apuntaba también no ser marxista, es el que esboza las nociones de fetiche y mistificación, ampliamente desarrolladas en el estudio de Clara Ramas.

Finalmente, en la RAE existen estas dos acepciones de «marxista». Elija la que quiera para contestar si es usted marxista. O las dos.
1. adj. Perteneciente o relativo al marxismo.
2. adj. Partidario del marxismo. Apl. a pers., u. t. c. s.
Lo primero que podría decir es que el propio Marx afirmó: “Yo no soy marxista”, entendiendo por tal, precisamente, perteneciente o partidario de ese aparato que explicábamos arriba. Ahora bien, si entendemos “ser marxista” como reconocer la necesidad del pensamiento de Marx para comprender el mundo moderno en que vivimos y ser capaces de articular una crítica al mismo, entonces no veo posible no serlo.

Sigue leyendo… Karl Marx quiere cambiarlo todo: su vida y su pensamiento (Parte 1)

Sigue leyendo… Marx bajo los focos (Parte 2)

Sigue leyendo… Marx en blanco y negro: seguidores y críticos del pensador (Parte 3)

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