Cientifismo: el valor de la ciencia en el conocimiento

El cientifismo tiene su origen en el enfrentamiento entre la Ilustración y sus enemigos a partir de la discusión sobre el papel de la ciencia en la sociedad moderna.
El cientifismo tiene su origen en el enfrentamiento entre la Ilustración y sus enemigos a partir de la discusión sobre el papel de la ciencia en la sociedad moderna.

En realidad, el cientifismo es la teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que proceden de las ciencias positivas, aunque este término ha sido utilizado por sus enemigos de forma habitual con un sentido negativo por considerar que sus defensores le dan “demasiado” valor a la ciencia.

¿Qué es?

Con sinónimos como cientismo o cientificismo, el cientifismo se define como la teoría que defiende que solo son válidos los conocimientos que proceden de las ciencias positivas. Entendido comúnmente como la tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas, con este término se pretende dar una consideración peyorativa a quienes creen que la ciencia debe ser la verdadera luz en la oscuridad cuando se trata de entender todo lo que pasa y lo que nos pasa. Inmerso en estos tiempos en los que arrecian algunas corrientes dogmáticas, anticientíficas e antiilustradas, el cientifismo viene a reivindicar la visión científica del mundo con sus implicaciones sociales, culturales e históricas. Asimismo, defiende la “actitud científica” como la mejor manera de abordar todas las cuestiones pertenecientes al ámbito del conocimiento.

El cientifismo defiende que solo son válidos los conocimientos que proceden de las ciencias positivas, aunque con este término se pretende dar una consideración peyorativa a quienes creen que la ciencia es la luz para entender lo que pasa y lo que nos pasa

¿Cuáles son su origen y sus principales exponentes?

El origen del cientifismo hunde sus raíces en el enfrentamiento entre la Ilustración y sus enemigos a partir de la discusión sobre el papel que la ciencia debía tener en la sociedad moderna. Aunque se suele considerar que el término fue popularizado por el biólogo y filósofo de la ciencia francés Félix Alejandro Le Dantec, a principios del siglo XX, el concepto había germinado entre algunos de los representantes del sector más transformador de la Ilustración francesa: Diderot, Holbach, Condorcet, Helvétius y La Mettrie, entre otros. Junto con el laicismo, el materialismo o el igualitarismo, el cientifismo aparece con la pretensión de combatir las supersticiones religiosas, espiritualistas y metafísicas que habían impedido el desarrollo de la razón. En palabras de Holbach: “La razón de los hombres está aún tan poco desarrollada que, a pesar de los muchos progresos realizados al respecto, observamos que han quedado sobre otros asuntos en una auténtica infancia. Han medido los cielos, su espíritu se ha lanzado a las regiones desiertas de la metafísica, su vana curiosidad se ha llenado de quimeras, sus ojos se han perdido en las tinieblas evidentes de la teología, su imaginación se ha esforzado por adivinar los misterios del mundo ideal, pero no tienen ninguna idea del mundo real que habitan y no conocen los verdaderos medios de hacerse más felices. Los principios simples y naturales de la moral y la política están todavía por hallar”.

El cientifismo tiene su origen en el enfrentamiento entre la Ilustración y sus enemigos a partir de la discusión sobre el papel que la ciencia debía tener en la sociedad moderna

¿Cuál es su papel en la historia del pensamiento?

A lo largo de la historia el cientifismo ha sido un término muy polémico, a la vez que demasiado polisémico, siempre usado con carácter tendencioso desde los sectores más anticientíficos. Sin embargo, se han considerado cientifistas quienes, desde una mentalidad abierta, reivindicaron el papel de la ciencia frente a la corriente dominante y, por lo tanto, bajo ese término existe también un estilo de pensamiento. De hecho, es preciso rescatar el término de su interesada definición, ya que, como sostiene Mario Bunge, nuestro cientifista actual más ilustre, muchas de las patologías sociológicas, desgraciadamente aún vigentes, como la xenofobia, el sexismo, la aporofobia –rechazo al pobre, definida por la filósofa Adela Cortina–, etc., pueden ser combatidas desde una cosmovisión científica. En efecto, a fenómenos como el de la posverdad (esa vaporosa forma de mentira) que atraviesan el espacio político y que se aceptan con cierta docilidad deben oponerse dosis suficientes de verdad sostenidas en el método científico con el objetivo de buscar soluciones a los problemas del ser humano. Urge devolver a la ciudadanía la pasión por esa actividad tan intensamente humana llamada ciencia.

Libro imprescindible

"Elogio del cientificismo", de Mario Bunge y otros autores. Laetoli.
“Elogio del cientificismo”, de Mario Bunge y otros autores. Laetoli.

Recopilación de ensayos, Elogio del cientificismo, publicado por Laetoli, toma su título del primer capítulo escrito por el filósofo argentino Mario Bunge, al que siguen los demás autores, todos relacionados con el campo de la filosofía de la ciencia. Abordando asuntos como la defensa de la medicina científica, el cientifismo y la paleontología, la ciencia en los medios de comunicación, el cientifismo y la política o la justificación de la ciencia, con el que cierra el libro Miguel Ángel Quintanilla, todos pretenden reivindicar la ciencia y su derivado, el cientifismo, un término que es usado en sentido negativo por los enemigos de la ciencia cuando la “actitud científica” debe ser digna de encendido elogio.

1 COMENTARIO

  1. Me parece que es correcta la postura de considerar como positivo en cientificismo; sin embargo, creo que las cosas que la ciencia aún no puede explicar ni utilizando el método científico debe ser válido aceptar que podrían ser como la mente no científica las considera y que por supuesto la ciencia no puede probar que sean ciertas o falsas. Por lo tanto debe haber algo que sea verdad aunque la ciencia no pueda aprobarlo, aún.

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