«Las cartas terapéuticas. Una técnica narrativa en terapia familiar», publicado por Herder, busca estimular el uso de la comunicación escrita en psicoterapia. © Ana Yael
«Las cartas terapéuticas. Una técnica narrativa en terapia familiar», publicado por Herder, busca estimular el uso de la comunicación escrita en psicoterapia. © Ana Yael

Querido lector, querida lectora de Filosofía&Co.: ¿Qué te parece si este mes leemos cartas? Cartas, sí. De esas que hace años que no circulan ni llegan a nuestro buzón. Este dosier reúne textos de cuatro libros sobre correspondencia: la que el psiquiatra judío Viktor Frankl escribió al regresar a Viena después de ser prisionero en cuatro campos de concentración; la que se intercambiaron Hannah Arendt y Martin Heidegger; la que el escritor alemán Wolf Wondratschek imaginó hasta dar lugar a su obra Cartas de Kelly; y la que todos podemos escribir como forma de terapia si sabemos cómo. Por esta última empezamos. Lo que vas a leer a partir de aquí, en esta primera parte del dosier, es un fragmento del libro Las cartas terapeúticas. Una técnica narrativa en terapia familiar, de Juan L. Linares, Mª José Pubill y Ricardo Ramos. (¡Atención! SORTEAMOS UN LIBRO de cartas indispensable en el pensamiento, Llegará un día en el que serás libre (ebook), de Viktor Frankl, entre todos los suscriptores a nuestros dosieres. Si aún no lo eres, date de alta ahora y participarás).

No cabe duda de la importancia de la comunicación en el campo de la salud mental: el sentido común dice que la comunicación humana es el principal vínculo de bienestar y de sufrimiento, así como el más potente instrumento para modificar los estados mentales individuales y las relaciones interpersonales. El hombre ejerce de animal social comunicando y, de esa forma, conquista al mundo a la vez que se deja conquistar por él.

(…) Una posible definición de la comunicación sería la que la identificara con un proceso de contextualización mutua entre lenguaje y relación. La relación contextualiza, en efecto, el lenguaje; piénsese sino en las diversas fórmulas coloquiales y de respeto que pueden llegar, como en el japonés y en otras lenguas orientales, a generar distintos idiomas superpuestos, relacionalmente definidos.

Pero también, recíprocamente, el lenguaje contextualiza la relación; lo que se dice de algo a alguien, y cómo se lo dice, modifica la manera de relacionarse con ese alguien. En el curso de la comunicación, cada comunicante, mientras comunica, va preguntándose tácitamente (y respondiéndose silenciosamente) cuestiones tales como: ¿quién soy yo, para ti, para que me digas eso así?, ¿quién eres tú para mí, aquí y ahora, para que acepte que me digas eso?, ¿cómo tendrías que decirme eso a mí, siendo yo para ti quien soy o quien he sido? (Pecheux, 1969).

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