El hombre lleva toda su historia haciéndose preguntas, queriendo saber, necesitando saber, y la filosofía, más de 25 siglos intentando formular este deseo y buscando respuestas que lo satisfagan. Dios siempre ha estado entre ellas. © Ana Yael
El ser humano lleva toda su historia haciéndose preguntas, queriendo saber, necesitando saber, y la filosofía, más de 25 siglos intentando formular este deseo y buscando respuestas que lo satisfagan. Dios siempre ha estado entre ellas. © Ana Yael

Si escribes en Google la pregunta “¿Existe Dios?” pueden salir 176.000.000 resultados. O más. Y a partir de ahí, ideas de todo tipo: sí, uno; sí, uno, pero otro diferente; sí, muchos; no, ninguno; no sé… Buscar a Dios en el siglo XXI. Nada nuevo más allá de la forma de hacerlo. Desde que el ser humano existe ha anhelado incansablemente respuestas a todas sus preguntas acerca de él mismo, de la vida, del mundo, del origen de todo, en un debate que no se limita al mundo racional, sino que implica al de las creencias. Y la figura de un Ser superior ha estado presente, para otorgarle la creación, el principio y el final de todo, o para negarlo. Los filósofos, los primeros.

"El Dios de los filósofos. Curso básico de filosofía", de José María Barrio, publicado por Rialp.
“El Dios de los filósofos. Curso básico de filosofía”, de José María Barrio, publicado por Rialp.

“Blaise Pascal pensaba que nada tiene que ver el Dios del que hablan los filósofos con el Dios al que adoran las grandes religiones monoteístas, de tradición semita (‘el Dios de Abraham, Isaac y Jacob’)”, escribe José María Barrio, doctor en Filosofía y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, en El Dios de los filósofos, publicado por Rialp. “Joseph Ratzinger –el papa Benedicto XVI– ha defendido justamente lo contrario, a saber, que son el mismo. (…) La cuestión acerca de Dios es la que nutre la mayor parte del debate filosófico desde que nació entre los griegos del siglo VI a. C. (…) Este tema abastece no solo la fibra esencial de la conversación humana, sino también, y muy particularmente, lo más nuclear de la discusión filosófica desde que existe esta”.

La historia sobre esta diferenciación entre el Dios de la fe y el Dios de los filósofos comienza con una pequeña hoja de pergamino, llamada Memorial, que unos días después de la muerte de Pascal se encuentra cosida al forro de su casaca. Así nos lo cuenta Ratzinger al inicio del libro que lleva este mismo título, El Dios de la fe y el Dios de los filósofos, editado por Encuentro. La hoja relata la vivencia de la transformación que experimentó Pascal la noche del 23 al 24 de noviembre de 1654. Al comienzo del texto, Pascal escribe estas palabras: “Fuego, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el de los filósofos y los sabios”. El matemático y filósofo Pascal había experimentado al Dios vivo, al Dios de la fe, y esto le permitió comprobar lo diferente que era la realidad de este Dios de lo que, por ejemplo, la filosofía matemática de Descartes decía sobre él. Así, Pascal escribió sus Pensamientos como una reflexión sobre el ser humano hasta su encuentro con el Dios que es la respuesta a sus preguntas, el Dios de Jesucristo, de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Nietzsche.
Lechuza.

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1 COMENTARIO

  1. Mi ilustre antepasado, el Pepe Cueva en el principio de los tiempos, paseaba por su lujosa caverna cuando sintió un ruido atronador mientras el suelo temblaba, dejó por un momento de hacerse esas raras preguntas que siempre lo acuciaban y distraían tales como: ¿quién soy? ¿de donde vengo? ¿qué es el cosmos? y otras menudencias por el estilo. Salió y con gran estupefacción vio que la montaña de al lado había entrado en erupción. Claro que el no conocía esta forma de hablar, el les decía a su clan que la montaña se había enojado y que evidentemente el ente o ser que la moraba se había enojado y era inmensamente poderoso, era un dios y que ese enojo se debía seguramente a que algunos del clan se habían portado mal… Y allí nació la primera religión madre de todas, el animismo. Quizás no fue el dios de la montaña el primer dios. posiblemente fue el sol, la luna, el mar, etc. Los dioses nacen del miedo en especial del miedo a la muerte y a lo desconocido y la ignorancia. entonces para cubrir el vacío del desconocimiento, inventamos al dios de los huecos, que es la verdadera esencia de todos los más de 6000 dioses que a lo largo de la historia hemos creado ya con fines más sutiles y más terrenales. Esta religión permanece viva en todas los posteriores hasta las últimas. Otro de los componentes deviene de que nuestra mente aborrece el vacío, la duda, no les gusta vivir en la pregunta y ha usado el “poder” del pensamiento mágico para sumar dioses y dogmas religiosos. Además se suma al deseo por carencia de control sobre la vida y como el paradigma de control es relativo y efímero, el humano busca controlar su vida sus congéneres su entorno y eso nos lleva a buscar un superhombre en la cumbre de la evolución, con todos los dones, una figura poderosa patriarcal para que nos cuide y nos diga lo que tenemos que hacer, los padres amados. Creer, tener fe no es saber y comprobar. Creer es fácil, instantáneo y no le interesa probar nada. Saber, en cambio, es largo, arduo, requiere esfuerzos muy grandes, pero es lo que nos permitido evolucionar y nos ha traído hasta aquí. Los muchos dioses y sus muchas religiones solo han traído genocidio, guerras, torturas, perjuicio, crímenes y demás males. Para colmo, las religiones siempre han tratado de ligar ciencia con religión para legitimarse… y muchos muy inteligentes lo han intentado tratando de probar la existencia de dioses, demonios, ángeles, milagros, almas, espíritus, milagros, sanadores espirituales y demás fantasmones desde antiguo y… han fracasado siempre. Pero el temprano adoctrinamiento que nace del abuso parental con el bautismo y posterior presión familiar y social obra como un lavado de cerebro, deja atrás el hecho incontrovertible que venimos al mundo sin dioses ni dogmas, es decir ATEOS.

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