Blas Radi es profesor de filosofía, becario doctoral de CONICET, activista y co-coordinador de la Cátedra Libre de Estudios Trans*.
Blas Radi es profesor de filosofía, becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, activista y cocoordinador de la Cátedra Libre de Estudios Trans* de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

El filósofo Blas Radi describe su trabajo como «filosofía pública», un quehacer filosófico que tiene por objetivo poner su instrumental en favor de iniciativas que persiguen la justicia social. Es una referencia dentro de los estudios trans. En esta entrevista, Luciana Wisky le pregunta por este y otros asuntos como la perspectiva de género o el sesgo de las revistas académicas.

Por Luciana Wisky

Blas Radi es profesor de filosofía, becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), activista y cocoordinador de la Cátedra Libre de Estudios Trans* de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En los últimos diez años ha dedicado parte de su trabajo a pensar las necesidades y problemáticas de la comunidad trans.

Blas Radi describe su trabajo como «filosofía pública», es decir, como un quehacer filosófico que tiene por objetivo poner su instrumental conceptual en favor de iniciativas que persiguen la justicia social. Explica: «La práctica de la filosofía pública también resulta desafiante. Después de todo, llevar a cabo estas actividades exige competencias para las que las universidades, por lo general, no forman a sus estudiantes».

Hablamos con él sobre sus trabajos en los que desarrolla conceptos de la epistemología social como la ignorancia culpable, la responsabilidad y la injusticia epistémica para pensar problemas acuciantes para la comunidad trans.

En algún momento ha descrito su trabajo como «filosofía pública». ¿A qué se refiere con esta denominación?
Me refiero a un proyecto filosófico eminentemente práctico que busca informar la vida democrática extendiendo los límites del ejercicio profesional más allá de los entornos académicos. Esto supone, para empezar, una práctica metodológicamente promiscua y exogámica, que se involucra con otras disciplinas (en muchos casos empíricas), así como también con problemas y movimientos sociales contemporáneos. Además, entiendo que no se trata de una filosofía «sólo para entendidxs», sino que es apta para todo el público y se expresa en formatos y circuitos poco convencionales.

Involucrarse con la filosofía pública atenta contra el desarrollo profesional dentro de la academia, dado que este tipo de actividades no reciben incentivos disciplinares y carecen de reconocimiento. «La gendarmería de la filosofía» (como la ha llamado Omar Acha) se ocupa regularmente de patrullar las fronteras de la disciplina y acostumbra a sentenciar «eso no es filosofía». Mientras que las reglas —explícitas y tácitas— del campo desalientan a quienes pretenden aventurarse demasiado lejos del perímetro autorizado.

La práctica de la filosofía pública también resulta desafiante. Después de todo, llevar a cabo estas actividades exige competencias para las que las universidades, por lo general, no forman a sus estudiantes. Por ejemplo, demanda combinar el rigor teórico con la pertinencia, la urgencia y la accesibilidad.

Aprovecho para destacar aquí el trabajo de Moira Pérez, que ha articulado con cooperativas de liberadxs su trabajo de investigación y docencia sobre la cultura del castigo; el trabajo de Andrés Padilla Ramírez en el Instituto Nacional de Cancerología, con sede en Bogotá, Colombia; y la propuesta de Claudio Cormick y Valeria Edelsztein con Epistemología 101 y Argumentos en una baldosa, a través de las redes sociales.

Agrego también que es difícil compatibilizar las exigencias de la carrera de investigación con el abordaje de problemas acuciantes que experimentan comunidades marginalizadas. Por ejemplo, las revistas indexadas con mejor ranking conforme a los indicadores bibliométricos publican en inglés y su proceso de evaluación puede demorar hasta dos años.

En mi caso, gran parte de mi quehacer intelectual es aplicado y aborda problemáticas acuciantes de las comunidades trans locales, con una vocación política explícita. Me gusta pensar en lo que hago con la expresión de José Medina: «activismo epistémico». Ahora bien, su eficacia está marcada por tiempos y coordenadas que no son los del capitalismo académico.

«La filosofía pública es un proyecto filosófico eminentemente práctico que busca informar la vida democrática extendiendo los límites del ejercicio profesional más allá de los entornos académicos. Es una filosofía apta para todo el público y se expresa en formatos y circuitos poco convencionales»

Usted ha señalado que las publicaciones sobre temas trans en filosofía se multiplicaron, pero eso no es necesariamente bueno. En Epistemic Responsibility and Culpable Ignorance: About Editorial and Peer Review in Practical Philosophy aborda algunos problemas que detecta en la publicación de artículos académicos sobre estos temas en prestigiosas revistas de filosofía. ¿Cuáles son los problemas que usted observa?
Escribí ese trabajo a raíz de una nueva publicación desinformada respecto de «temas trans» en una revista de filosofía en español. Este no es un fenómeno nuevo ni extraordinario. De hecho, es uno de los problemas recurrentes que abordamos quienes trabajamos en el campo de los estudios trans.

Tengo la impresión de que ni la popularidad que estos temas han ido ganando en los últimos años en la academia ni el prestigio de las revistas que hacen lugar a publicaciones sobre ellos han alcanzado para garantizar la calidad y el rigor que caracteriza a la filosofía en otras áreas. Incluso aquellas revistas que gozan de muy buena reputación suelen bajar considerablemente sus estándares cuando se trata de publicar artículos sobre estos temas. En estas condiciones, con demasiada frecuencia se publican artículos desinformados sobre «temas trans» que devalúan el campo y, lo que resulta más preocupante, tienen un impacto desproporcionado sobre las comunidades.

En el artículo que mencionás, analizo este problema en los términos de falta de responsabilidad epistémica, imputable a los sujetos a cargo de la evaluación. La noción de «responsabilidad epistémica» es elusiva y, en principio, contraintuitiva. Al fin y al cabo supone la existencia de obligaciones epistémicas, algo que resulta difícil de compatibilizar con la involuntariedad de las creencias.

Sin embargo, existen casos en los que indudablemente los sujetos deben conocer como, por ejemplo, el ejercicio profesional. Por eso defiendo que la publicación de artículos desinformados supone una transgresión de los estándares de la evaluación editorial y la evaluación por pares, y que esto constituye un caso ordinario de ignorancia culpable.

¿En qué consiste la «ignorancia culpable»?
El concepto de «ignorancia» es objeto de muchos debates en la intersección de la ética y la epistemología. Algunos se refieren a su carácter exculpatorio. Intuitivamente podemos inclinarnos a pensar que no es correcto culpar a alguien que realiza una determinada acción ignorando que no debía hacerlo. Más todavía si la persona consideraba que estaba haciendo algo bueno. La posición filosófica por detrás es una que entiende que la responsabilidad requiere una cierta conciencia del agente que lleva a cabo una acción.

Otros enfoques consideran que los sujetos sí pueden ser culpables por su ignorancia. En este caso, hablamos de ignorancia culpable toda vez que esta es producto de la transgresión de deberes epistémicos que se podría haber esperado razonablemente que el/la/lxs agente/s en cuestión cumpla/n.

Es razonable esperar que unx médicx que receta una cierta medicación sepa cuáles son sus efectos adversos y cómo interactúan con condiciones preexistentes de su paciente. En tanto profesional de la salud a cargo del tratamiento tiene la obligación de saber.

Si volvemos a la pregunta anterior tenemos un ejemplo muy nítido también. Se puede esperar razonablemente que las personas que hacen los referatos conozcan los temas que evaluarán y que lxs editorxs de la revista sepan quiénes son lxs expertxs en los temas correspondientes.

Estas expectativas epistémicas quedan justificadas por las obligaciones derivadas de sus respectivas funciones profesionales. Las normas de este trabajo intelectual son públicamente reconocidas. Especialmente por el comité editorial de la revista, que además es el encargado de hacerlas cumplir.

«Incluso aquellas revistas que gozan de muy buena reputación suelen bajar considerablemente sus estándares cuando se trata de publicar artículos sobre temas trans»

La publicación de artículos sobre cuestiones trans es un reto para muchas revistas académicas. Y no todas se comportan de la misma manera. Mientras que algunas simplemente responsabilizan a autorxs y revisorxs (incluso revelando su identidad, esto es, violando el anonimato con el que lxs compromete la política de doble ciego), otras adoptan estrategias diferentes.

El año pasado, por ejemplo, la Revista Interamericana de Psicología solicitó a un conjunto de académicxs de gran trayectoria y reconocimiento en el campo que enviasen una contribución sobre políticas investigativas y editoriales en los que aborden cuestiones técnicas y metodológicas para enriquecer el trabajo de editorxs y revisorxs. Jaime Barrientos Delgado fue una de las personas invitadas. Él me propuso que escribamos un artículo juntos sobre sesgos heterocisexistas en investigación en psicología, que acaba de ser publicado.

En su artículo Reproductive injustice, trans rights and eugenics, usted sostiene que, en la práctica, las personas trans son forzadas a elegir entre el derecho a la identidad y el derecho a la salud sexual y reproductiva. ¿En qué consiste este fenómeno que usted observa? ¿Y no cree que, en cierto sentido, es necesario el reconocimiento de estos derechos?
En ese artículo sostengo que incluso en contextos donde el reconocimiento de una identidad de género distinta a la asignada al nacer no incluye exigencias de esterilización forzada, todavía corresponde hablar de eugenesia. Utilizo la distinción de James Bowman entre eugenesia activa y pasiva. La primera se refiere a las políticas que alientan o desalientan la reproducción entre ciertas poblaciones y la segunda a las que, aunque no se lo proponen de manera explícita, tienen el mismo efecto.

Es relativamente fácil asociar las políticas de reconocimiento de la identidad de las personas trans a la eugenesia activa. Después de todo, en muchos países la rectificación del nombre y género exige la esterilización forzada.

Ahora bien, que los Estados no incluyan estos requisitos no significa que no desalienten la reproducción de las personas trans por otros medios. De ahí la actualidad de la eugenesia pasiva, que pone a las personas trans en situación de tener que elegir entre su derecho a la identidad de género y sus derechos reproductivos.

Con respecto a la segunda pregunta, sí, creo que el reconocimiento de estos derechos es necesario, pero también lo es su ejercicio. Enfatizo esto porque en la actualidad pareciera que muchos movimientos sociales dejaron de invertir en la transformación social mediante estrategias que incluyen el cambio legislativo para abocarse de lleno al cambio legislativo como un fin en sí mismo. En estos términos, por momentos se depositan muchos recursos y expectativas en la promoción de derechos cuyo reconocimiento mediante leyes o decretos tiende a funcionar en el imaginario colectivo como un índice de justicia social, aunque estos derechos queden abstractos.

Hace poco terminé una investigación más ambiciosa y extensa sobre las paradojas de los derechos y los desafíos que la participación política entraña para lxs activistas, bajo la dirección de Macarena Marey. Espero poder compartir los resultados próximamente.

Recientemente presentó un trabajo sobre salud reproductiva trans, injusticia epistémica e ignorancia. ¿Cómo establece esa relación?
Este trabajo está directamente vinculado con mi investigación doctoral (en curso) y fue escrito a cuatro manos con Florencia Rimoldi, que es mi codirectora. Federico Penelas es mi director.

En el artículo ofrecemos un ejercicio reflexivo a partir de un lamentable episodio de mala praxis que tuvo como víctima a un hombre trans embarazado. Lo que hacemos es explotar las virtudes de la metodología no ideal partiendo de injusticias concretas para revisar y ajustar nuestro instrumental conceptual. Y defendemos que, aunque se trata de un caso que combina aspectos de injusticia testimonial e injusticia hermenéutica, desde nuestra perspectiva, se explica mejor incorporando la lente crítica de la epistemología de la ignorancia.

«En muchos países la rectificación del nombre y género exige la esterilización forzada»

Haciendo un resumen muy apretado: el caso que tomamos en consideración patentiza que algunas expresiones de injusticia epistémica no pueden ser comprendidas meramente como un déficit de credibilidad debido al influjo de prejuicios identitarios negativos ni como un vacío interpretativo epistémicamente simétrico. Y tampoco pueden ser enfrentadas debidamente mediante el recurso a las virtudes testimonial y hermenéutica.

La idea de fondo es que la comprensión de la ignorancia en términos agenciales, la ignorancia activa, refuerza el compromiso no ideal de la injusticia epistémica y aporta a análisis más robustos y filosóficamente interesantes de las injusticias. Sobre esta base, y a partir de un trabajo aplicado, concluimos que el adecuado abordaje del fenómeno de la injusticia epistémica debe tomar en consideración aspectos actitudinales y cognitivos cruciales de la injusticia en las interacciones humanas y las instituciones sociales. Estos aspectos son los que pone en juego la ignorancia. Nuestras conclusiones cobran particular relevancia para los movimientos sociales.

¿Podríamos aplicar estas consideraciones respecto de la responsabilidad epistémica y la ignorancia a la investigación «con perspectiva de género»?
Sí. La perspectiva de género, con todas sus virtudes, es también una tecnología de reproducción del binario de la diferencia sexual. Los límites que reducen su capacidad perceptiva son la contracara de su eficacia normativa. En tanto ortopedia social, la perspectiva de género produce un universo humano compuesto por un grupo muy específico de sujetos. De hecho, en nuestra cultura «género» funciona como sinónimo de mujeres heterosexuales, cis y endosex.

El protocolo de la corrección política que hoy vemos instalado en las instituciones —académicas y extraacadémicas— explicita la regulación del género a través de fórmulas bastante transparentes: «mujeres y personas LGBTI», «mujeres y diversidades». De esta manera, se reinscribe la heterosexualidad, la cisexualidad y la endosexualidad como definitorias del ser mujer. La «diversidad», mientras tanto, aparece como una marca inequívoca de extranjería.

Esta manera de regular y administrar el género se traduce en una multiplicidad de problemas. Algunos alcanzan a la investigación. La investigación empírica con perspectiva de género, por ejemplo, tiende a asumir como axioma el dimorfismo sexual, el binarismo de género y una relación biunívoca entre identidad y características sexuales. Esto puede verse, por tomar un caso, en la estadística con perspectiva de género, que se resiste a aplicar el par conceptual «trans-cis» (algo que también afecta a sus propios resultados, porque produce datos contaminados).

Federico Penelas ha señalado de manera muy lúcida que la intransigencia respecto de «cis» responde a un caso particular de injusticia hermenéutica. Un caso en el que el concepto está disponible, pero tiene una circulación restringida.

Prestar atención a este fenómeno, a la trama de relaciones de poder dentro de las prácticas epistémicas, implica desenmascarar las «epistemologías de la ignorancia» y sus dinámicas de autorización y silenciamiento. Autorización de ciertas voces y significados sociales a costa de otros, que son menoscabados y suprimidos. Responder a este fenómeno exige mucho más. Demanda un compromiso con el rediseño de nuestros límites conceptuales, una tarea colectiva de imaginación poética y resistencia epistémica.

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