Begoña Román (1965) es profesora de filosofía de la Universitat de Barcelona.
Begoña Román (1965) es profesora de filosofía de la Universitat de Barcelona.

Begoña Román es profesora en la Facultad de Filosofía de la Universitat de Barcelona, especialista en bioética. Hablamos con ella de la sociedad de hoy y sus circunstancias, de los cuidados, de la muerte, del transhumanismo… y de cómo la ética debe afrontarlo.

Por Miquel Seguró

El campo de especialización de Begoña Román Maestre es la filosofía práctica, sobre todo en todo lo relacionado con la bioética. Entre otros cargos, es presidenta del Comité de Ética de Servicios Sociales de Cataluña y vocal del Comité de Bioética de Cataluña. Con anterioridad fue responsable de la Cátedra Ethos de la Universidad Ramon Llull. Es la autora de Ética en los servicios sociales, publicado por Herder.

Siempre me he preguntado por qué hablamos de filosofía práctica y no de ética simplemente. ¿No es la ética ya una disciplina práctica?
La filosofía práctica también alude a la filosofía política y a la filosofía social. Sin duda, siempre existe en la filosofía práctica un deseo de estudiar la acción para llevarla a cabo. Aristóteles, en la Ética a Nicómaco, nos dice que estudiamos la virtud para ser buenos.  Además, el buen activismo requiere de una buena teoría que lo respalde. La expresión «ética aplicada» todavía genera mayor perplejidad, como si la ética no fuera aplicada. Con «aplicada» se quiere insistir en que pensamos con otros que tienen que llevar a cabo decisiones muy concretas en un sector particular. El objetivo de la ética aplicada no es hacer un tratado sobre la virtud, sino especificar las virtudes que requiere un profesional, por ejemplo, que tiene que decidir en entornos de incertidumbre y bajo presiones varias, si, por ejemplo, retirar la tutela a unos padres.

«La filosofía práctica alude a la ética y también a la filosofía política y la filosofía social. Siempre existe en la filosofía práctica un deseo de estudiar la acción para llevarla a cabo»

Hoy todo lo relativo a la ética está en boga: ética de la empresa, ética de las profesiones, ética de la salud… ¿Es una nueva manera de entender la filosofía?
No creo que sea del todo nueva, en el espíritu de la filosofía siempre hubo un interés por pensar el presente. Lo que sí es nuevo es cómo se institucionaliza, y que el papel de la filosofía no es de «filosofía primera». Quizás hubo cierto olvido de ser, cierta dejación de la responsabilidad social de la filosofía. En el caso de la medicina, se dijo que salvó a la ética de un estancamiento en análisis lingüísticos y alejados de los problemas de la época. Hoy la complejidad y los riesgos de nuestra sociedad técnica en la aldea global nos exigen pensar junto a otros, en interdisciplinariedad. Las nuevas posibilidades que la técnica ofrece, el multiculturalismo y la aceleración con que se suceden los cambios exigen esa institucionalización de la reflexión ética en forma de comités de ética. La especificidad de la ética aplicada es la crítica, el análisis riguroso y la dimensión meta, de segundo nivel, que, con frecuencia, el resto de las ciencias o disciplinas no suelen hacer.

Se habla de biopolítica muchas veces. ¿Nos puede explicar qué entiende usted por ella?
La expresión la dio a conocer Foucault y tenía una connotación despectiva, aludía al control de las vidas desde lo que el poder consideraba hegemónico, normal y sano.  Se alude así a un poder despótico, autoritario pero que sibilinamente se puede ejercer sin «violencia» explícita sobre todos los que requieren de un saber técnico del profesional que necesitan (médicos, trabajadores sociales, etc.). Pero también se debería hablar, desde el cuidado de la vida de una biopolítica positiva; con ella aludiríamos a la necesidad de que los cuidados sean tema de prioridad política y que la principal necesidad de cuidado es la vida misma que es interdependencia pero sin sumisión a cánones estándar, con deferencia a las diferencias e idiosincrasias.

«En el espíritu de la filosofía siempre hubo un interés por pensar el presente. Lo que sí es nuevo es cómo se institucionaliza»

Concretando en lo que nos concierne de la ética de la salud, ¿qué debemos entender por ello?
Pues una reflexión sobre cómo entender y valorar la salud. La misma definición de lo que esta sea es objeto de la reflexión. Por ejemplo, diríamos que lo sanitario no agota la salud, que esta es más que mera ausencia de enfermedades y que algunas enfermedades lo han dejado de ser pasado un tiempo al comprobarse la biopolítica que las producía (homosexualidad, menopausia, etc.). El significado y valor que uno otorgue depende mucho de su autonomía, de su edad, de sus conocimientos, etc. Lo que significa el lugar que la salud ocupa en la escala de valores de una persona es una opción. Pero además no es solo una cuestión de voluntad autónoma, la salud tiene altos componentes sociales; tiene que ver con el medio ambiente, con el tipo de relaciones, las laborales, las familiares, con nosotros mismos. La nuestra es una sociedad que genera mucho malestar, mucho cansancio dice Han.

Esta consideración sobre la importancia de ética en las ideas que tenemos sobre la salud, ¿no choca con el positivismo que considera que lo que importa son los datos empíricos y no las reflexiones abstractas?
Sin duda que hay mucho regreso del positivismo, y mucho reduccionismo. Este regreso tiene parte de su explicación en el éxito que nos ha permitido la ciencia, entre otros, las medicinas basadas en la evidencia, todos los desarrollos de la genética, las neurociencias, etc. Pero el humano es un animal enigmático donde la voluntad de vivir y el tipo de razones y creencias que tiene para seguir adelante son cruciales. El humano es un proyecto que se vive subjetivamente (como dijo Sartre), pero es un mamífero social interdependiente. La longevidad que hoy tenemos permite vivir más, pero no mejor si la persona mayor se encuentra excluida o estigmatizada por su edad. Y la soledad humana no se resuelve añadiendo actividades o personas alrededor, hay que atender a la vivencia que de ella hace cada persona.

Una ética por encima de la responsabilidad de cada uno

Ética de los servicios sociales, de Begoña Román (Herder).
Ética de los servicios sociales, de Begoña Román (Herder).

En Ética en los servicios sociales, publicado por Herder, Begoña Román Maestre se hace tres preguntas: ¿Qué ética se necesita para los servicios sociales?, ¿a quiénes van dirigidos los servicios sociales? y ¿cuáles son los principios que guían la toma de decisiones y las virtudes que se requieren en los servicios sociales? Román señala que no es suficiente con que cada profesional asuma su responsabilidad, sino que hay que ir más allá y debe haber una ética que explicite unos valores rectores de los servicios sociales y el papel que desempeñan las personas atendidas. Propone un modelo de participación y empoderamiento centrado en las personas, que además sea capaz de anticipar las posibles circunstancias de vulnerabilidad. Los servicios sociales, dice, deben atender a cualquier persona que corra el riesgo de exclusión social y/o de dependencia, por enfermedad, pobreza, violencia en el hogar, etc.

¿Qué retos considera que debe afrontar la bioética en España?
Para empezar, crear cultura. Hemos hecho mucha formación e institucionalización de comités, pero no ha cuajado en verdaderos cambios de mentalidad y de organización. Pensemos, por ejemplo, en el consentimiento informado. No logró lo que queríamos, a saber, un proceso de comunicación que involucra al paciente en la toma de decisiones. Y se convirtió en un trámite jurídico y ahondó en la desconfianza. Tampoco los pacientes saben de la existencia de los comités; sirven y mucho para acompañar a los profesionales que los consultan con magníficas reflexiones y orientaciones sobre cómo proceder en casos complejos. Pensemos, por ejemplo, en el trabajo de más de 25 años del comité de bioética de Cataluña, muy prolífico y riguroso. Pero no siempre han sido muy eficaces las recomendaciones. No han cuajado siempre en leyes o en directrices. Según la ideología del partido en el poder padecemos retrocesos en ética cívica al servicio de una sociedad plural con respeto a las minorías. Un reto será mejorar la cultura y la incidencia de las recomendaciones.

«La soledad humana no se resuelve añadiendo actividades o personas alrededor, hay que atender a la vivencia que de ella hace cada persona»

¿Qué opina de la demanda que hay entorno a la regulación de la muerte digna?
Me parece necesaria regularla porque hay una población afectada que se siente indefensa. Otra cosa es que no esté de acuerdo en las palabras, que son importantes cuestiones de cosas. Todas las muertes deben ser dignas, aunque no se practique la eutanasia. Tampoco es adecuado identificar la muerte asistida con la eutanasia, y menos aún oponerla a los cuidados paliativos. Hace falta poner orden a estas cuestiones y en la bioética se ha hecho mucho por eso. No se trata en el final de la vida decidir por otros. Cuanto más autónoma, apropiada (la propia, la de uno, y a su manera, según sus valores) y adecuada, sin forzar nada ni nadie, mejor será el final de cada vida.

Mucha gente se muere mal, con dolor o angustia, cuando no saben ni profesionales ni familiares qué decisiones tomar porque quien más nos podría ayudar no está en condiciones de participar. Mejorar la planificación de decisiones anticipadas, los documentos de voluntades anticipadas, hablar de la muerte sin tabús ni tapujos nos ayudará a tomar mejores decisiones en escenarios que son muy diferentes a los que hace unas décadas. Antes la gente se moría seguramente mal, con dolor físico, pero la mayoría en sus casas y en pocos días. Hoy se puede hacer tanto, que han que decidir cuándo parar y dejar de hacer. Debería ser la propia persona quien tome esa decisión. La ley pondría orden y respeto a las diferencias. Por eso hay que hacerla bien.

«Según la ideología del partido en el poder padecemos retrocesos en ética cívica al servicio de una sociedad plural con respeto a las minorías»

Este es justamente uno de los temas fundamentales de la filosofía: la muerte. ¿Por qué la eclipsamos tanto de nuestra realidad y vivencia cotidiana?
Creo que han influido muchos factores, no siempre ha sido así. Tiene que ver con que la muerte se produce cada vez más en hospitales, se vela en tanatorios, se reducen las señales de duelos (no vestimos de negro y hay máximo unos días para dolerse y a continuar). Tiene que ver también con que eran relatos religiosos los que marcaban los rituales y el vocabulario. Con la secularización no sabemos ni cómo hablar de ella, porque no tenemos palabras. La hemos tecnificado bajo diagnósticos. Pero, además, tenemos una euforia sobre la ciencia, que creemos que vamos a vivir cada vez más y mejor. Algunos incluso hablan de matar la muerte. La nuestra es una sociedad que se quiere indolora, no le gusta más que el placer y que el dolor les pase siempre a otros y lejos de nosotros. Hay incluso cierta superstición, como que si hablar de la muerte la convocara. Escondemos la muerte de la vida cotidiana, maquillamos a los muertos. Supongo que no nos gusta que nos recuerden que todo se acaba para cada uno de nosotros algún día.

Y del transhumanismo, ¿qué nos cabe esperar?
Para empezar, mucha reflexión sobre nosotros mismos. Los nuevos poderes que la biotecnología nos da pueden usarse para bien y para mal. Hay que pensar juntos qué sean ese bien y mal, y qué tipo de decisiones por otros sin ellos se pueden tomar. Y hay que ser muy cautos. A mí personalmente qué haga uno con su mente y cuerpo, en condiciones de información y competencia, me parece, desde el principio de autonomía, respetable. El problema es cuando tomamos decisiones sobre los otros, sobre la especie humana, sobre nuestra relación con la naturaleza sin conocimiento sobre las consecuencias. Aquí urge tener regulación mundial y un modelo de mundo que querer habitar. Me parece que la cautela y la prudencia es lo primero que deberíamos desarrollar. El pensamiento crítico ante euforias tecnófilas o terrorismos tecnófobos nos será de ayuda.

«Mucha gente se muere mal, con dolor o angustia. Todas las muertes deben ser dignas, aunque no se practique la eutanasia»

Es usted también una de las especialistas en la filosofía kantiana. ¿En qué cree que la filosofía de Kant es actual hoy?
Continúa siendo necesaria la reflexión sobre el deber y la autonomía. El tópico no deja de ser cierto: no hay derechos sin deberes. Y se trata de deberes con pretensión de universalidad. El principal deber en Kant consiste en pensar por uno mismo. La idea kantiana del uso público de la razón sigue siendo necesaria para pensar las organizaciones y las profesiones. La idea de la paz perpetua vale la pena recuperarla, como su idea de Europa. No es un tema menor recordar que la autonomía que se puso en boga fue la de Mill, por la que uno es libre de hacer lo que quiera siempre que no dañe a otros. Kant era más exigente: es un deber ser libre. El deber de pensar por sí mismo, la necesidad de ser ilustrado: para qué pensar cuando puedo comprar un libro, decía críticamente en su escrito Qué es la Ilustración. Ojalá hoy la gente comprara y leyera libros para pensar. Kant sigue siendo un imprescindible.

Haz clic aquí.
Haz clic aquí.
Publicidad

DEJA TU COMENTARIO

Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre