Aristóteles: ¿qué fue antes, el amigo o el ciudadano?

Aristóteles ve el estudio de la amistad como una cuestión importante por dos razones que presenta en su «Ética a Nicómaco»: porque se trata de una virtud y porque es muy necesaria para la vida. Imagen: fragmento de ilustración de Gerd Altmann en Pixabay.
Aristóteles ve el estudio de la amistad como una cuestión importante por dos razones que presenta en su «Ética a Nicómaco»: porque se trata de una virtud y porque es muy necesaria para la vida. Imagen: fragmento de ilustración de Gerd Altmann en Pixabay.

Aristóteles dedica a la amistad un importante espacio en diferentes escritos. Además de preguntarse por sus diferentes tipos, por el interés, el egoísmo o la justicia en ella, también plantea la relación entre la amistad y la ciudadanía. Sin embargo, podría parecer que el orden de los factores en la ecuación no siempre está claro ni para él mismo. ¿Hay que ser conciudadanos primero para poder ser amigos? ¿O es la amistad la que forja la ciudadanía?

Por Mercedes López Mateo

Aristóteles fue el discípulo de Platón y su Academia, la que más renombre ha tenido en la historia de la filosofía. Del estagirita —gentilicio con el que es conocido por nacer en la antigua ciudad de Macedonia llamada Estagira— solo nos han llegado sus notas de clase, los llamados textos esotéricos, pues fueron escritos dentro (en griego, eso) del Liceo, la escuela que fundó en Atenas a sus 50 años aproximadamente. Debido a esto, su estilo es sistemático, aunque en ocasiones la lectura se vuelve complicada al escasear las explicaciones, sobre todo cuando llega a aporías, como sucede con la cuestión de la amistad.

Como Aristóteles provenía de la región de Macedonia, aunque vivió en Atenas la mitad de su vida, no disponía del estatuto de ciudadano. Los extranjeros como él, que gozaban de ciertas libertades pero, por ejemplo, no podían participar de la política y deliberación pública, eran llamados metecos. Aunque este concepto no tenía en sí una connotación peyorativa, no eran vistos como los hombres libres con ciudadanía.

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Aristóteles, de Ross (Gredos).

Por ello, es interesante preguntarse por los límites de la amistad, tanto dentro como fuera de la polis. En líneas generales, estudiar la amistad es visto por Aristóteles como una cuestión importante por dos razones que presenta en el Libro VIII de su Ética a Nicómaco. Por un lado, porque se trata de una virtud (o, más bien, se basa en ella) y, por otro, porque es muy necesaria para la vida. «Sin amigos nadie desearía vivir aunque poseyera todos los demás bienes».

Pero, atención, no saquemos citas de contexto, porque esa amistad de la que hablaba Aristóteles no es la nuestra. El filósofo escocés de principios de siglo XX William David Ross, gran estudioso y traductor de Aristóteles, nos recuerda que la palabra griega para amistad, philía, contaba con un sentido mucho más amplio que el actual. «Puede designar cualquier atracción mutua entre dos seres humanos». De este modo, cuando Aristóteles se pregunta por la amistad dentro de la polis hace referencia a todo tipo de relaciones sociales y lazos de afecto, desde las familiares hasta, incluso, las puramente eróticas.

«Sin amigos nadie desearía vivir aunque poseyera todos los demás bienes». Aristóteles

De esta manera, entre todos esos distintos lazos de afecto, también está incluida la concordia civil entre ciudadanos. Sin embargo, hace un momento hemos dicho que no toda la gente que habitaba en la polis, por mucho que fuera de por vida, contaba con el estatuto de ciudadanía. Entonces, ¿es posible que un ciudadano de pleno derecho sea amigo de un esclavo o de un extranjero? ¿Es la amistad la que funda la comunidad política, o es la comunidad política la premisa imprescindible para la amistad? Lo cierto es que, dependiendo de a qué texto de Aristóteles nos dirijamos, la respuesta puede ser completamente opuesta.

Ética a Nicómaco

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Ética a Nicómaco, de Aristóteles (Gredos).

Si nos fijamos en las palabras de Aristóteles en Ética a Nicómaco, la respuesta es que sí es posible. Al no entender en este texto la condición de identidad política que es la ciudadanía como necesaria para que se produzca la amistad, nada impide que un polites (πολίτης) —es decir, un ciudadano de la polis— sea amigo de alguien con un estatus de libertad diferente, como pueden ser un esclavo o un extranjero residente de la polis (meteco).

En el Libro IX, Aristóteles explica que, al igual que los amantes aspiran a verse porque en esa cercanía se origina el amor, los amigos aspiran a la convivencia. De la amistad nace una voluntad o un deseo: el de vivir en compañía. Los amigos son aquellos que comparten opiniones, gustos o actividades y, decidiendo vivir juntos en torno a esto común, construyen a continuación la comunidad política donde vivir bien entre ellos.

Esto significa que la amistad entre ciudadanos ha sido elegida por ellos mismos. Se trata de una amistad deliberada desde la cual han decidido vivir juntos y tener un proyecto político común con quienes se sienten afines. Por tanto, si la amistad es anterior a la comunidad, si para considerarse conciudadanos antes tienen que considerarse amigos, parece que nada nos impide entablar amistad con un esclavo.

En Ética a Nicómaco explica que de la amistad nace una voluntad o un deseo: el de vivir en compañía

Pero ¿y con un extranjero? En primer lugar, eso dependerá del tipo de extranjero del que estemos hablando. En las ciudades-estado griegas no se apreciaba por igual al extranjero que habitaba en ellas (meteco) que al extranjero visitante que hablase griego o que al bárbaro, con quien no podían entenderse porque no compartían una lengua común. Para Aristóteles, en la Ética, la relación de hospitalidad con los extranjeros es también un tipo de amistad (asociativa, como las de conciudadanos).

En definitiva, la amistad que Aristóteles describe en esta obra no está restringida por los límites de la polis porque es ella misma la que funda la comunidad política. No obstante, tampoco se trata de una amistad ilimitada o universalista, pues con los que nada se comparte, no se puede construir una amistad. No será hasta la llegada del estoicismo que comience a entenderse la existencia de algo común a todos los seres humanos. En época de Aristóteles, hubiera sido imposible comprender la famosa sentencia de Terencio: «Soy humano y nada humano me es ajeno».

Política

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Política, de Aristóteles (Tecnos).

Sin embargo, las palabras de Aristóteles en el Libro IV de la Política son bien distintas: aquí la comunidad política antecede a la amistad. La comunidad tiene algo ya de amistoso en sí misma y es únicamente desde su preexistencia que se genera la amistad. La pertenencia a la polis, entonces, no se basa como veíamos antes, en unos intereses comunes, sino que ahora es cuestión de naturaleza. Si soy ateniense, por ejemplo, no es por elección propia debido a que me sienta afín a su comunidad política, sino porque he nacido y vivo en Atenas.

La polis es entonces el espacio que permite que se produzca la amistad entre sus ciudadanos, pero siempre con la condición de que se trate de una verdadera comunidad. Uno de los elementos que van en contra de la esencia de la comunidad verdadera es la enemistad interna, es decir, la guerra civil (en griego, stásis, que también significa discordia). Por eso, la comunidad no solo invita a sus ciudadanos a ser amigos, sino que aleja de ella a los que no lo son, pues «los hombres no quieren compartir con los enemigos ni siquiera el camino».

En Política, la comunidad tiene algo ya de amistoso en sí misma y es únicamente desde su preexistencia que se genera la amistad

Así, ya no se trata, en Política, de una amistad elegida voluntariamente, sino que es una amistad institucional. La amistad sigue siendo necesaria y fundamental, pero ahora es fruto del azar. A no ser que un ciudadano se exilie o traicione a su polis, sus amistades vendrán determinadas por la concordia civil.

¿Qué sucede con los extranjeros en este caso? Mientras que la guerra interna es antinatural a la polis, el conflicto con el resto de pueblos es algo lógico. El extranjero, entonces, es visto como un enemigo en potencia. Como la amistad es la consecuencia casi forzosa de compartir unos límites geopolíticos, entonces aquel extraño que no pertenezca a ellos será visto como posiblemente hostil, ya que nada le obliga a ser amistoso.

Sea cual sea el texto de Aristóteles que observemos, lo que no debemos perder de vista es que el fin último de los ciudadanos para el estagirita era la felicidad y que para alcanzarla es necesario un buen régimen político que garantice la buena vida y el ejercicio de la virtud. ¿Y para nosotros hoy? ¿Qué debe ir primero para tener un buen proyecto político común? ¿El amigo o el vecino?

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2 COMENTARIOS

  1. En la actualidad la amistad tiene muchas paradojas: la vecindad y la amistad en el campo y en la provincia, es superior a la de las ciudades, por miedo, por prevención, por la primacía del interés individual, aunque aparentemente prime la ciudadanía y los lazos de relación social comunitaria; aunque se salven de esto, un poco, los barrios y las cuadras. La amistad ya no necesita dela cercanía física, casi, ni del conocimiento personal; pues el papel de las redes y la virtualidad, han superado esta condición originaria de lo filial; incluso se puede hablar del la relación filial y erótica sin el tacto real. Hoy día la democracia parece englobarlo todo, por encima de la amistad; pero son tiempos muy distantes de la Academia y de la Ética a Nicómaco.

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