Animales humanos… demasiado humanos

Bajo su aspecto de fábula, «Rebelión en la granja» es uno de los libros más cruento e incisivos sobre la corrupción moral del poder.
Bajo su aspecto de fábula, «Rebelión en la granja» es uno de los libros más cruentos e incisivos sobre la corrupción moral del poder.

George Orwell es mundialmente famoso por ser uno de los escritores que más luchó contra el fanatismo y el totalitarismo en sus novelas, y si bien sería difícil elegir nuestra favorita entre 1984 y Rebelión en la granja, en esta ocasión nos centramos en esta última. ¿Por qué? Sigue leyendo.

Por Jaime Fdez-Blanco Inclán

Por si algún despistado no conoce la obra, Rebelión en la granja es probablemente una de las críticas noveladas más brutales que se han escrito contra los totalitarismos y la corrupción del poder, más concretamente contra la situación vivida durante los años 1917-1953, con el triunfo de la Revolución rusa, la creación de la URSS y la toma del poder de Stalin.

Orwell, socialista y partidario del comunismo en su juventud, fue (a raíz de su participación en la Guerra Civil española en las filas del POUM, Partido Obrero de Unificación Marxista, aplastado por los comunistas), un declarado antiestalinista que consideraba que el zar rojo había destruido los ideales revolucionarios y convertido la Unión Soviética en la más sangrienta y hermética dictadura del siglo XX.

¿Y qué demonios tiene que todo eso con la historia de una granja? Gracias a la magia de Orwell, todo.

Ideas y conciencia

Rebelión en la granja es una fábula en la que todos los animales son un alter ego de personajes famosos de la historia, y su trama se ha considerado tradicionalmente un reflejo de lo ocurrido en la Rusia soviética y la Segunda Guerra Mundial durante la primera mitad del siglo pasado.

«Cuatro patas, bien. Dos patas, mal»

La acción se desarrolla en la granja del señor Jones, donde los animales van tomando poco a poco conciencia de su injusta situación y de la necesidad de cambiar cosas si quieren ser dueños de su propio destino. Las ideas sobre libertad e independencia vienen de la mano de Mayor, un anciano cerdo que convence a los demás animales de que el único camino para la prosperidad es la lucha y expulsión de los humanos de la granja, que pasarán a regentar ellos mismos en igualdad de condiciones, derechos y responsabilidades. Mayor muere, pero no sus ideas. Su mensaje cala rápidamente entre los demás animales, gracias a dos cerdos que toman el relevo del fundador: Snowball –que se encarga de incentivar al resto de especies para que lleven a cabo la revolución y dirigirla en sus primeros pasos– y Napoleón –ladino y peligroso líder en la sombra encargado de la coerción–.

Jones es expulsado de su propia granja y los animales toman el control, erigiéndose los cerdos como líderes y vigilantes del nuevo orden por ser los más inteligentes, estableciendo una serie de mandamientos que velarán por la igualdad de la comunidad. Al principio todo parece un paraíso; hay más y mejor comida, se trabaja en armonía y se respira un aire de esperanza y orgullo entre todas las especies: cerdos, caballos, ovejas, gallinas, etc. Y, claro, todo es tan bello que nadie ve las nubes que ya se forman en el horizonte.

Parecidos razonables

  • Mayor es Marx (o Lenin, según se mire): quien crea la doctrina revolucionaria y comienza a movilizar a los animales para que alcancen el poder según esos ideales.
  • El señor Jones es la monarquía: sistema anterior a la revolución y enemigo de esta, cuya clase social ha de ser eliminada.
  • Napoleón es Stalin: el ladino, desconfiado, traicionero y cruel líder que va escalando posiciones en la sombra mientras elimina a todo aquel que puede suponer un peligro para su dominio, el cual, cuando lo alcanza, se mantiene por el miedo y el uso recurrente de la violencia.
  • Snowball sería Trotsky: un ideólogo y hábil revolucionario que se encarga de ejercer de motor gracias a su liderazgo nato, su gran oratoria y su capacidad de movilización, motivos por los que se producirán las primeras disputas por el poder.
  • Squealer es el portavoz de las glorias del régimen, al tiempo que oculta y justifica todos sus atropellos, ejerciendo el mismo papel que en la realidad tuvo el sistema de propaganda y comunicación de la Unión Soviética.
  • El cuervo Moses es la iglesia, pues conforta a los animales con sus historias del más allá y la felicidad que alcanzarán en el cielo de los animales, pese al sufrimiento que ahora les toca vivir.
  • Las ovejas y gallinas son los obreros y los campesinos que forman la mayor parte de la masa social, dócil, analfabeta y manipulable. El caballo Bóxer, por su parte, es el proletariado estajanovista comprometido, rememorando a la figura del héroe soviético Alekséi Stajánov.
  • El burro Benjamin es la clase intelectual: prudente, desconfiado y consciente en todo momento del infierno que se está preparando…, pero totalmente incapaz de hacer algo al respecto. Se mantiene aparte en una actitud claramente estoica.
  • Los perros, obedientes únicamente a Napoleón, brutalmente sanguinarios e inmisericordes, representan la policía política de la URSS: las Cheká, GPU, OGPU, NKVD, KGB, etc., en las que descansaba el poder comunista, arrestando, asesinando y haciendo desaparecer en el Gulag a cualquiera que siquiera se atreviera a pensar fuera de la doctrina oficial.
  • El señor Frederick, quien plantea la alianza con la Granja Animal, representa a Adolf Hitler y el nazismo, tal y como ocurrió en la realidad cuando Alemania y Rusia firmaron el pacto secreto (Ribbentrop-Molotov) de no agresión para repartirse Polonia nueve días antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial.

Fabulación histórica

Bajo este panorama el libro nos ofrece una fábula íntimamente ligada con la realidad, en la que poder, la corrupción, la crueldad y el totalitarismo quedan reflejados con todos los ingredientes que la historia del siglo XX nos mostró.

Las luchas de poder, el precio de la ignorancia, la falta de respuesta al abuso o la ausencia de principios morales como herramienta para alcanzar una posición dominante, golpean al lector en este pequeño libro, que página tras página deja de parecer un hermoso cuento lleno de animalitos para transformarse en una bomba que sacude nuestra conciencia. Sus protagonistas van desarrollando personalidades que nos retrotraen a episodios negros de la historia de la humanidad, con una exactitud velada que pone los pelos de punta por el contexto de candidez en que se desarrolla. Y es que ahí está el gran mérito de Orwell: mostrarnos la parte más dura del mundo bajo su apariencia más dulce.

Rebelión en la granja es una analogía que nos muestra, de un modo sutil y directo al mismo tiempo, la corrupción del poder y los peligros que este conlleva. El control absoluto, el fanatismo, el dominio de las estructuras legales, la mentira, la propaganda, la violencia, la manipulación de la ignorancia y la información, etc. Todos los elementos están en la novela en las voces y acciones de estos animales que se comportan como «humanos, demasiado humanos» y que nos dicen tanto o más sobre nuestra naturaleza que un tratado filosófico sobre el tema. Esa es la genialidad de esta obra. El afrontar la realidad histórica mediante un entorno y un contexto que bien podría ser propio de un cuento infantil.

«El único humano bueno es el humano muerto»

No es una sorpresa que Rebelión en la granja, publicado en 1945, se haya convertido en un auténtico superventas a lo largo y ancho del mundo, llegando a ser considerada la gran obra de Orwell y rivalizando en fama y fieles con la otra gran novela del escritor británico, 1984. 

Más allá de la novela

Debido a su éxito, Rebelión en la granja ha sido llevada al cine en varias ocasiones. La primera fue en 1954 de la mano de Joy Batchelor y John Halas, quienes realizaron un soberbio film que nos narra las aventuras/desventuras de la Granja Animal a imagen y semejanza de las películas animadas de Walt Disney. Por su parte, la versión de 1999 de John Stephenson nos traslada de nuevo a la misma granja, esta vez con animales y actores reales, si bien en ambos casos la trama difiere ligeramente del libro original. Y, como ya ha sucedido con otros clásicos como Watership Down (cuya película de dibujos de 1978 -traducida en España como Orejas largas- traumatizó a miles de niños por su violencia explícita y crudeza), se prepara una versión actual para Netflix, de la mano de Andy Serkis, el popular Gollum del El señor de los anillos. Aunque lo ideal es y será adentrarse en las páginas originales de Orwell, para disfrutar de esta mítica historia como se merece: en el formato original en que fue concebida.

Entre líneas

Rebelión en la granja, de George Orwell (DeBolsillo)
Rebelión en la granja, de George Orwell (DeBolsillo).

«Así continuó la serie de confesiones y ejecuciones, hasta que la pila de cadáveres yacía a los pies de Napoleón y el aire estaba impregnado con el olor de la sangre, olor que era desconocido desde la expulsión del señor Jones. Cuando terminó esto, los animales restantes, exceptuando los cerdos y los perros, se alejaron juntos. Todos estaban estremecidos y consternados. No sabían qué era más espantoso: si la traición de los animales que se conjuraron con Snowball o la cruel represión que acababan de presenciar. Antaño hubo muchas veces escenas de matanzas igualmente terribles, pero a todos les parecía mucho peor la de ahora, por haber sucedido entre ellos mismos».

«Las raciones fueron nuevamente reducidas para economizar petróleo. Pero los cerdos parecían estar bastante a gusto y, en realidad, aumentaron de peso».

«De algún modo parecía como si la granja se hubiera enriquecido sin enriquecer a los animales mismos; exceptuando, naturalmente, a los cerdos y a los perros en el poder».

«Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo; y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién otro».

«¡Ah! ¡Eso es distinto! –gritó Bóxer. –¡Si el camarada Napoleón lo dice, debe ser así!».

«Y cuando días después se anunció que los cerdos se levantarían por la mañana una hora más tarde que los demás animales, tampoco hubo queja alguna al respecto».

«Napoleón ya jamás volvió a ser conocido solo como Napoleón. Siempre se referían a él de un modo más formal, como «nuestro líder, el camarada Napoleón», y los cerdos se inventaron títulos tales como «Padre de todos los animales», «Terror de la humanidad», «Protector del rebaño», «Amigo de los patitos» y cosas así. En sus discursos, Squealer hablaba con las lágrimas corriendo por sus mejillas acerca de la inteligencia y la bondad de Napoleón, del profundo amor que este sentía por todos los animales del mundo, especialmente por los infelices que aún vivían en la ignorancia y la esclavitud en otras granjas. Se volvió común brindar a Napoleón todo el mérito por cada logro exitoso y cada golpe de la fortuna».

«Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros».

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